Ya lo señalaba Monsiváis (1989) cuando se refería al carácter polisémico del rock; para el es- critor nuestro objeto de estudio sobrepasaba el concepto simplista de género musical pues lo consideraba como un generador de sensaciones hasta ese momento desconocidas, el compa- ñero de nuevos códigos comunicativos expresados con el cuerpo y también de nuevos sueños.
El estudio y análisis de cualquier género musical implica un verdadero esfuerzo multi y trans- disciplinario. En el caso particular del rock, habrá que enfrentarse a la imposibilidad de eti- quetarlo desde una sola perspectiva, pues sus alcances han permeado en la mayoría de las sociedades contemporáneas, y redefiniendo los efectos que la música popular conlleva. Así, partiendo de su carácter musical, coincidimos con Siegmeister:
Si realmente tenemos que valorar el lugar y las potencialidades de la música como parte de la civilización, es necesario examinarla objetivamente conforme fue apareciendo en diferentes momentos de la historia, considerar su relación con la vida y la sociedad, y cómo esa relación fue evolucionando desde los primeros tiempos hasta nuestros días. (Siegmeister, 1987: 27)
De esta manera y tras el establecimiento de las principales temáticas sobre el estado del arte que guarda el rock setentero es innegable que su abordaje ha sido descrito desde diversos ámbitos, siendo los relacionados con el ámbito cultural, lo más prolífico y señalando el papel de la juventud tanto en la creación como en el desarrollo del género.
La juventud como actor social y como problema de estudio hace su aparición en la segunda mitad de nuestro siglo. A partir de ese momento deja de ser un simple adjetivo para devenir en un “modo de ser”. Lo joven, de calificativo genérico, pasa al estatuto de sujeto que como tal, demanda legitimidad y participación en las decisiones sociales, culturales y morales. (Navarro, 2005:74)
No se puede negar que textos provenientes tanto de la comunicación, como de la sociología y de la antropología marcan en algún sentido la importancia del estudio y análisis de los contextos en el desarrollo de las manifestaciones culturales como podría considerarse al rock, sin embargo no se hace una revisión de los mismos para conocer las implicaciones que el rock trajo como una ruptura histórica y el papel de los jóvenes en ese rompimiento y su posterior desarrollo.
Ya en los apartados anteriores se observó cómo diversos autores, desde diversas perspecti- vas literarias han tomado como objeto de estudio tanto al rock en general, como al de la década que nos ocupa, sin embargo y más allá de entender al género musical que venimos comentando como parte de la cultura popular o como un resultado del nacimiento de una cultura juvenil es necesario señalar la ausencia de un supuesto teórico que analice los elementos sociohistóricos que configuren al rock como una ruptura histórica.
Así mismo, grandes especialistas en el tema rockero, particularmente en México se abocan a la narrativa del contexto en el que se desarrolla nuestro objeto de estudio sin señalar explícita-
mente un concepto del rock (por lo menos en lo que respecta a los años setenta) que explique su función como acto libertario, primero de la juventud y más tarde de un amplio sector de la sociedad que fue testigo de grandes movimiento sociales cuya banda sonora fue el rock.
En el caso de los escritores de la onda (José Agustín, Federico Arana y Parménides García) se observa que el rock es parte central de la narrativa de la década de los sesenta y setenta, apareciendo en su obra en forma constante, explicando (ya sea a través de ensayos, novelas o cuentos) las formas en que una buena parte de la juventud mexicana se apropió del género, así como el contexto social, político y cultural en el que se fue dando dicha apropiación.
Sin embargo, es innegable que hay una ausencia tanto conceptual como metodológica que explique cómo las condiciones sociohistóricas se configuraron para que el rock en forma un tanto sorpresiva irrumpiera transformando la situación de la cultura juvenil de los años sesenta y setenta, convirtiéndose en lo que se podría considerar como un acontecimiento. Siguiendo a Zyzek, este concepto se define en un primer acercamiento como “aquello que no puede ser creado, que nos sorprende” (Zyzek, 2014).6
De igual forma, la gran cantidad de producciones audiovisuales e impresas referentes al Festival de Avándaro, nos muestran algunos de los aspectos característicos de los jóvenes se- tenteros, su forma de vestir, de bailar, el goce estético que provocaba la música en aquel evento.
En fechas recientes, directores de cine como Olallo Rubio, tratan de ofrecer una visión retros- pectiva no solo mencionando a los grupos que participaron, sino considerando las repercusio- nes de éste festival en el desarrollo del rock como parte de una industria cultural y su posterior ingreso al “underground7” con los Hoyos Funky” entendidos como espacios subterráneos de in-
teracción simbólica que tuvieron al rock como una forma ritualística de socialización, pero ¿esta serie de sucesos pueden ser elementos suficientes para considerar al rock desde la óptica de un acontecimiento? Ninguno de los materiales revisados parece abordarlo desde esta perspectiva.
El balance que obtuvimos al realizar la revisión histórica anterior es que el rock ha sido un tema recurrente en la literatura, en la sociología, en la antropología y en la comunicación; se ha discutido desde su perspectiva ritualística, como una forma de socialización que genera identidad e incluso como un movimiento con repercusiones sociales de gran magnitud, se han estudiado sus antecedentes musicales, sus fusiones (hibridaciones) su desarrollo y sus alcances.
Incluso se ha tratado de analizar el contexto sociocultural en el que se ha desenvuelto desde hace más de sesenta años, sin embargo, existe una ausencia de términos, teorías y metodolo-
Parménides García Saldaña
6 Cabe señalar que la obra de Zyzek aborda el concepto de acontecimiento en lo relacionado a los actos relacionados con el poder político (acto político) sin embargo, la categoría es susceptible de utilizarse para explicar otro tipo de actos que se pueden clasificar como culturales, donde el rock cumpliría con los elementos para conceptualizarse como un acontecimiento
7 Subterráneo. Se refiere a la imposibilidad del rock de desarrollarse dentro de las industrias culturales (radio y televi- sión) y las formas de supervivencia que se emplearon para continuar su evolución
gías que conceptualicen al rock como un acontecimiento y es ahí donde radica la importancia de la presente investigación.
Así, el arribo del rock (particularmente el producido en la década de los setentas) como parte central de una naciente cultural juvenil, su consumo cultural como generador de identidad y el contexto sociohistórico en el que se da dicho arribo, pueden caracterizar al rock como un acto libertario cuyo devenir se define en el marco de un acontecimiento.
Como corolario a este primer capítulo, es necesario hacer un ejercicio reflexivo respecto a los ejes sobre los cuales se ha trabajado al rock de los años setenta, apuntando a que la producción literaria respecto al tema del rock es abundante, sin embargo, se nota que hay una tendencia muy marcada en los análisis provenientes de la antropología y de los estudios culturales de entender a este género musical solo como una manifestación cultural con altos índices de ritua- lización y de territorialidad, cuya mediación está viciada por las industrias culturales y que cruza con aspectos políticos, sociales, económicos y culturales en contextos predominantemente ju- veniles, olvidando en primer lugar que la idea de que el rock está hecho por y para la juventud es subjetiva, toda vez que una de las implicaciones más poderosas del mismo es apropiarse de la juventud no como una etapa transitoria, sino como una actitud ante la vida. En segundo lugar, estos análisis no dan la importancia necesaria al lenguaje del rock, entendido como la apropia- ción simbólica de elementos que fomentan los lazos de pertenencia al grupo, cuestión que sí se considera al rock como acontecimiento vendría implícita.
De la misma forma, esta reflexión nos lleva a la elaboración de una crítica respecto al abor- daje que ha hecho la sociología, en el sentido de que predominan los análisis centrados en la producción y difusión del rock y no en las afectaciones en el universo simbólico de los consu- midores, que continuamente se apropian de nuevos significados y significantes que construyen un imaginario colectivo cuyo eje central es, nuevamente, el lenguaje del rock, que tampoco es tomado en cuenta por esta disciplina.
Es por ello que en el siguiente capítulo se explica con mayor detenimiento los temas centra- les que tanto la antropología, los estudios culturales y la sociología han abordado para el estudio del rock. Ello obedece a la necesidad de mantener una vigilancia epistemológica que ayude a conocer y reconocer los productos académicos derivados del análisis de este género musical y que a su vez será el primer paso para acercarse a la construcción del objeto de estudio de la presente investigación: el rock como acontecimiento.
El análisis del rock como un fenómeno sociocultural de gran impacto se ha abordado desde dis- tintas disciplinas, sin embargo, una investigación de la naturaleza de la presente, debe presentar una perspectiva que contribuya a la creación de nuevos conocimientos científicos. Por ello y de acuerdo a Bourdieu (2002), en la primera parte del capítulo se realizó una revisión crítica de los enfoques que han centrado su atención en el rock, siguiendo lo señalado por el sociólogo fran- cés acerca de la ruptura epistemológica necesaria para la construcción del objeto de estudio.