Ruptura epistemológica: enfoques disciplinarios sobre el rock
3.2 El rock y la identidad juvenil
3.2.1 Identidad y rock en México
3.2.1.2 Elementos performativos
La identidad, entendida como la reconstrucción de prácticas y elementos culturales, realizadas a través de la interacción social en un contexto histórico particular de acuerdo con Gilberto Gi- ménez (2000), es un elemento decisivo en la conformación de grupos sociales pues así como tiene la función de unificar, puede ser un elemento que distinga y separe. En este sentido, la idea de que un acontecimiento pueda, a través de actos performativos, otorgar un sentido de pertenencia, nos remite a tocar el punto del sujeto militante y acto político46 como parte del
proceso de formación de la identidad, particularmente en lo relacionado al rock, cuyos primeros “sujetos militantes” no tuvieron una idea lo suficientemente clara del rumbo que tomaría esta manifestación sociocultural:
El acto demandaría sujetos militantes que constituyeran al acontecimiento, esto es, que operaran pre-acontecimiento (…) La tesis de Žižek a este respecto es la siguiente: “No hay Acontecimiento al margen de la decisión subjetiva comprometida que lo crea (…) Para Žižek, la gratuidad del acto no puede sino entenderse ligada a la centralidad de la decisión sub- jetiva militante que en un solo tiempo da lugar al acto y constituye al sujeto del mismo. (Camargo, 2011: 18)
Si partimos entonces de que las identidades son los sentimientos de pertenencia a un grupo social que a la vez comparten un conjunto de normas derivadas tanto de actitudes, compor- tamientos, deseo, imágenes e intereses, es posible afirmar que las identidades juveniles en México se han desarrollado, en parte, gracias a la aparición del rock en la escena sociocultural del país, pues este posibilitó, formas de pensar, de comportarse y de comunicarse derivadas por dos aspectos principales: el gusto o disgusto por este género musical en particular y el papel de los llamados “rockstar47” que permiten a los jóvenes contar con una serie de elementos para
construir una identidad en torno a la figura del ídolo rockero. Sin embargo, habrá que señalar que no solo las identidades rockeras posibilitan a los jóvenes adquirir un sentido de pertenencia, pero si facilitan aquellas identidades que se construyen en torno a la rebeldía y a la negación del autoritarismo como un componente del mundo adulto.
De esta manera, otro aspecto formador de identidad en el rock mexicano es sin duda su capacidad performativa; presente desde que el rock cruzó la frontera mexicana. Los actos performativos rockeros
46 De acuerdo a Camargo (2011) el acto político se originaría como el “fruto de una decisión subjetiva militante de un sujeto que no puede existir sin el acto”, pues obedece a decisiones que se toman en un proceso de militancia alrededor de los acontecimientos que en el pasado fallaron en cuanto sus alcances y objetivos, mismos que darían ciertas pistas de un acontecimiento por venir.
47 Estrella de rock; el término hace referencia a la capacidad de los medios de comunicación de convertir a los músicos de rock en figuras simbólicas inalcanzables, pero con la peculiaridad de que a través de sus actos performativos dan un sentido de pertenencia a los consumidores del género
en México son una hibridación cultural tanto de la música como de la actitud rockera americana e in- glesa que pronto se presentó ante millones de jóvenes como un patrón de conductas y estilos a seguir y que gracias al crecimiento exponencial de las industrias culturales se popularizó en un tiempo rela- tivamente corto, lo que prácticamente obligó a la juventud de los años cincuenta y sesenta, a adoptar la apariencia, actitud y lenguaje diferentes a lo acostumbrado en la sociedad mexicana, ayudando a la formación de una cultura juvenil con un alto grado de concientización, misma que surge por una cre- ciente necesidad de formar parte de la toma de decisiones políticas, económicas, sociales y culturales de las clases hegemónicas (politización de la juventud), y que el rock, sin duda, contribuyó a crear. Así, desde la génesis del rock a mediados de los cincuenta, se vienen observando una serie de actos per- formativos que construyen la identidad rockera enunciando “pautas de vida para ser asumidas como verdaderas dentro de la comunidad rockera”. (Urteaga, 2002: 137)
En realidad, los actos performativos en relación a la identidad rockera son fácilmente iden- tificables en los conciertos, pues coincidiendo con Urteaga éste será un lugar clave dentro del proceso de construcción de la identidad rockera, “es un espacio privilegiado en donde el mundo imaginado y el mundo real se funden en la dimensión simbólica para modelar la cosmovisión de la comunidad rockera”. (Urteaga, 2008:204)
Cuando un músico de rock se coloca al frente de un escenario no sólo se presenta a sí mis- mo, sino también a una serie de elementos que afirman el sentido de pertenencia del consumi- dor rockero. Los intérpretes de rock logran así, en términos de Urteaga (2008), una experiencia integral de identificación emocional colectiva, donde las formas de vestir, el lenguaje corporal, las actitudes e incluso señales obscenas, son capaces de llevar al público a una especie de ritual, donde el líder carismático (el cantante) verbaliza acciones que realizan los consumidores rockeros, transformando así la realidad.
Los conciertos son el núcleo central del rock y en ellos se conjugan todos los lenguajes: el musical (sonido), el literario (palabra), el visual (apariencia) y el corporal baile. Los cuatro forman una gran amalgama qué es el lenguaje comunicacional o de las tocadas que tiene que ver con la percepción del movimiento. (Estrada, 2008:26)
De esta forma, se observa que los actos performativos en el rock y en los eventos cuasi ri- tuales que lo acompañan, se engloban en una serie de conductas repetitivas que van creando un universo simbólico a través de acciones colectivas ejecutadas tanto por músicos, difusores y productores, lo que inevitablemente lleva a la formación de lazos identitarios que contribuyen al encuentro de nuevas formas de socialización alrededor del rock, al tiempo que modifican la cultura en un tiempo y espacio determinado.
Coincidimos con Urteaga (2008) y Valenzuela (2003) en el sentido de que la identidad juvenil se construye y se representa desde dos esferas principales: la esfera de la socialidad y la esfera
Portada de la Revista Alarma, referenciando el festival de Avándaro
cultural. La primera se refiere a las formas de relacionarse con el otro, en este caso teniendo como mediador a la música rock ya sea para unir o para separar a través de las experiencias compartidas. La cultural se refiere a las conductas que construyen las fronteras con el mundo adulto y con otros jóvenes que no sienten afinidad con el rock, marcando así una distinción a través de actitudes, vestuarios y por supuesto la música. Estos elementos como los mediado- res más importantes que construyen la identidad de los jóvenes y los diferencia de los adultos.
El ‘nosotros’ rockero, es decir la identidad rockera, requiere de ritos que se actualizan en la memoria colectiva del mito, la representación social de sí mismos para afrontar su cotidia- nidad como jóvenes y rockeros. En este sentido uno de los rituales más importantes como lugar de construcción identitaria es la tocada/concierto. (…) Hablar de rituales, hablar de participación y comunión entre músicos y audiencias rockeras es hablar de simbiosis que se realiza y se expresa no sólo en el orden de lo verbal, de la rola, de alguna frase de los ídolos sino también en la facha, en los gestos (…) (Urteaga, 2008: 137)
Otro de los aspectos performativos que más ha sido utilizado como vehículo de identificación rockera es sin duda el uso del término rebelde como sinónimo de rockero y es que cada etapa histórica del rock ha representado una ruptura con estructuras pasadas, lo que se asocia con una actitud de rebeldía48. Pasó con los jipitecas, quienes cansados del rock and roll melódico
y con temáticas superfluas, apostaron por la expansión de la conciencia colectiva a través del tratamiento de temas por demás importantes para la juventud de esos días, así también como una forma de resistencia a la represión. Fueron los jipitecas también los encargados de desa- rrollar una contracultura en México a través del rock y de sus actos performativos que comuni- caban un rechazo a las estructuras autoritarias y promovían la libertad en todos sus sentidos. “Algunos seguidores imitaron conductas, pensamientos, imágenes, vestimentas y otros rasgos socioculturales como forma de refrendar su desagrado por la institucional dando pie a lo que se llegó a llamar la contracultura” (Valenzuela, 2003: 340). Por ello, no es de extrañar que tras el movimiento estudiantil del 68, el ser joven en México fuera casi lo mismo que ser delincuente.
Rebeldes, estudiantes revoltosos, subversivos, delincuentes y violentos son algunos de los nombres con que la sociedad ha bautizado a los jóvenes a partir de la última mitad del siglo. Clasificaciones que se expandieron rápidamente y visibilizaron a cierto tipo de jóvenes en el espacio público cuando sus conductas manifestaciones y expresiones entraron en conflicto con el orden establecido y desbordaron el modelo de juventud que la modernidad occiden- tal, en su versión latinoamericana, les tenía reservado. (Valenzuela, 2003: 356)
Así, el sentido de los movimientos contraculturales en México, dentro de los cuales el rock fue uno de los más importantes, fueron vistos por la ideología dominante como un problema de dimensiones inquietantes49. La solución: la censura y la represión de cualquier manifestación
juvenil por el riesgo que representaba para la permanencia de las viejas estructuras en el poder.
La cultura del rock de la década de los sesenta y principios de los setenta puede ser con- siderada como una contracultura pero no sólo por lo que tiene de anti sistémico sino por lo que tiene de alternativo, de propositivo y creativo. Produjo, nutrió y retroalimentó aspectos lúdicos, subversivos artísticos y convivenciales que conformaron estilos de vida alternativos (Adame, 2014: 135)
48 De ahí el surgimiento de frases como “rebelde sin causa” que fue usada para minimizar los actos libertarios de los primeros rockeros, aunque coincidiendo con el concepto de acontecimiento, la causa no aparece de inmediato, sino en forma retrospectiva.
49 Bajo este tenor, la idea de acontecimiento coincide con algunas de las características del rock como una contracultura, en el sentido de que la ruptura o corte va enfocado a combatir una ideología dominante basada en un cuestionamiento a la fantasía de orden, progreso y alineamiento que imponían las clases hegemónicas. Ante ello, la contracultura del rock, como un acontecimiento, impulsa a la juventud a ser protagonista de una cambio social cuyo ingrediente principal es hacer que la voz del joven se escuche.
Así, tras el Festival de Avándaro, la cuestión del rock como parte de la contracultura tomó más fuerza tanto al interior de la cultura juvenil setentera como al exterior, donde la sociedad fue cómplice y partícipe de la censura. De esta forma, el rock entró en un periodo de veto de las industrias culturales, lo que trajo consigo nuevas formas de construcción de lazos identitarios creados alrededor de la contracultura rockera, así como también nuevas formas de relacionarse y nuevos actos performativos generadores de identidad, particularmente en el contexto subte- rráneo de los hoyos funky. “La reacción contra Avándaro fue inmediata; la sociedad conserva- dora, la derecha mexicana y los medios de comunicación condenaron el evento y lo rociaron con drogas y violencia. Se mostró a los jóvenes como corruptores de los símbolos y valores nacionales” (Zolov, 2002: 281).
Sin embargo, una de las peculiaridades de la música rock es precisamente su capacidad de reinventarse y de persistir en la cultura juvenil. Esa capacidad de adaptación a los contextos ad- versos y su gran capacidad de improvisación hicieron del rock de los setenta un acontecimiento, debido en parte a la improbabilidad de que rompiera con sus propias estructuras, llegando con más fuerza que la que tuvo en un primer momento y afianzándose en la cultura musical popular urbana a través de músicos que se consolidaron como rockeros en los hoyos funky50 y expre-
sando en palabras, música y actitudes un acto de liberación frecuentemente relacionado con una faceta rebelde que desde su nacimiento mostró al mundo.