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Ruptura epistemológica: enfoques disciplinarios sobre el rock

2.3 El consumo cultural del rock como generador de identidad

El consumo como un acto que va más allá de lo económico ha sido tema de discusión en los estudios latinoamericanos. Partiendo de que todo consumo es per se cultural puede ser enten- dido como un lugar estratégico para que no sólo los científicos sociales, sino la ciudadanía en general se pregunte por el tipo de sociedad que se está construyendo, ello partiendo de que el consumo siempre es activo.

Por ello partimos de definir al consumo cultural como: “el conjunto de procesos de apropia- ción y de usos de productos en los que el valor simbólico prevalece sobre los valores de uso y de cambio, o donde al menos estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbó- lica” (García Canclini, 1993: 54)

Entonces el consumo cultural como una acción simbólica de los seres humanos podrá ser también un lugar de expresión, de generación de identidad; como señala Martín Barbero (1991) en el consumo se produce sentido a través de una lucha que no acaba con poseer físicamente el objeto, siendo la utilidad que le otorga cada persona la que brinda una forma social a los productos al cargarlos de mecanismos simbólicos que dejan al descubierto el capital cultural de cada individuo.

Asimismo, dentro de los estudios culturales latinoamericanos el hablar de consumo cultural como generador de identidad requiere de dimensionar el papel de los medios de comunicación masiva; la evolución y popularización de las industrias culturales hace poco más de tres déca- das, será decisiva en la forma en que el rock se consume culturalmente, pues se convierten en la plataforma perfecta para el desarrollo de una cultura juvenil cuyo estandarte generacional será el rock. La música a través de las industrias culturales ha ayudado a la consolidación de códigos simbólicos que ayudan a dar identidad a la cada vez más heterogénea cultura juvenil.

De esta forma, el empuje de los jóvenes y de lo que muchos investigadores han llamado “culturas juveniles” que en la actualidad representa, de acuerdo a Urteaga (2005) un abanico de intereses, identidades, y códigos simbólicos diferentes que son conocidos simplemente como cultura juvenil, es un elemento que explica que la apropiación simbólica del rock por parte de estos, brinde un sentido de pertenencia al grupo, mismo que se expresa a través del consumo cultural del rock

Por tanto, el consumo cultural del rock estará vinculado principalmente a tres aspectos: en primer lugar el desarrollo del concepto de cultura juvenil, las industrias culturales y por supuesto la identidad, misma que implican una serie de categorías que permiten que los jóvenes com- partan un universo simbólico a través de distintos aspectos como la forma de hablar, la facha, la música, etc. “(…) en la modernidad los estilos visuales que adoptaron los jóvenes, a través del consumo de ropa, se han vuelto importantes para el establecimiento de una identidad y de relaciones con los amigos” (Furlong y Cartmel, 2001:109)

Para entender al consumo cultural del rock como un elemento que puede ayudar a generar identidad es necesario comprender los elementos simbólicos que sirven de hilos conductores para que los jóvenes que consumen establezcan relaciones sociales donde el rock puede propor- cionarles un sentido de pertenencia, sin importar clase social, sexo o religión, pero también habrá que señalar que dicho sentido adquiere importancia solo dentro de contextos sociales específicos.

Se entiende así que el sentido de pertenencia o identidad a cierto grupo se refiere a la cons- trucción de límites simbólicos que en un tiempo y lugar determinado señalan los que pertenecen al grupo juvenil y marca a quienes son excluidos, esto en el marco de la interacción social.

Históricamente, después de la incursión del punk en la escena mundial, la música en general se convierte en un medio de consumo cultural juvenil mucho más poderoso en comparación con los primeros años de vida del rock, y a la vez se observa que esta manifestación artística se convierte en un eje de construcción de identidades.

Con ello, como señala Valenzuela (1993) la participación de la juventud es definitiva en la construcción de los espacios sociales simbólicos, pero también en la conformación de nuevas formas de socialización cuasi rituales donde se apropian de dichos espacios y formas y que les sirven para diferenciarse de los establecidos por la sociedad global.

Este protagonismo de los jóvenes y particularmente hablando del contexto mexicano ha traído, como señala Urteaga (2005) que la juventud produzca un universo de imágenes cultu- rales13 de sí misma, en otras palabras hoy en día se encuentran pequeñas subculturas con una

identidad definida y una actitud ante la vida que si bien ayudará a diferenciarlas, también tendrá puntos y códigos en común.

Es por ello que al hablar de cultura juvenil no se puede dejar de lado el papel fundamental que ha desarrollado la música popular y muy en particular el rock, pues fue el parte aguas a través del cual la juventud cristalizó sus aspiraciones de convertirse en protagonista de grandes cambios a nivel social, cultural y político no sólo en México, sino alrededor de todo el mundo.

Es importante aclarar entonces, que a pesar de la relevancia que tiene en el campo de las ciencias sociales el estudio de esos microuniversos, de esas subculturas derivadas del rock (como los hippies, los punks, los dark, los góticos), la importancia del consumo cultural del rock deriva de su papel como detonador cultural de las primeras construcciones simbólicas de identidad entre los jóvenes que se apropian de él no solo como género musical que conforma diversos estilos14, sino como un complejo universo simbólico asociado con sentimientos inten-

sos de pertenencia al grupo, rebeldía y libertad.

2.3.1 Enfoque antropológico: la visión desde la antropología

Una de las disciplinas sociales que con más frecuencia ha intentado explicar las prácticas so- ciales relacionadas con el rock es la antropología y no podría ser de otra forma partiendo que su objeto de estudio es el estudio integral del ser humano, lo cual se vincula directamente con la cuestión cultural.

El enfoque antropológico ha aportado al estudio del rock una visión integrada de los ele- mentos que estructuran tanto su producción y circulación como su consumo, lo que resulta de utilidad para la presente investigación.

De la misma forma, de dicho enfoque se retoman los aportes de investigadores como Martiza Urteaga y Alfredo Nateras en relación a los comportamientos ritualísticos que están presentes

El uso de la mariguana se relacionó frecuentemente al rock y a su rebeldía

13 De acuerdo con Urteaga (2005) por imágenes culturales se entiende un complejo de elementos ideológicos y simbólicos apropiados por la juventud. Esto significaría en el caso del rock que muchos jóvenes consumidores del género integrarían elementos materiales e inmateriales diversos a través de los cuales refuerzan su sentido de perte- nencia al grupo. Estos elementos pueden provenir de la moda, la música, la forma de hablar, etc.

14 Se retoma la definición de Feixa (1998) quien señala que para las culturas juveniles, el estilo será la manifestación simbólica de éstas, expresada en conjunto coherente de elementos materiales e inmateriales que los jóvenes consi- deran representativos de su identidad como grupo.

en las culturas juveniles latinoamericanas en torno a la música y a sus espacios físicos y simbó- licos, que han sido ampliamente descritos a través de un detallado trabajo etnográfico, mismo que se sitúa en contextos predominantemente urbanos, por lo que la ciudad se convierte en el lugar del rock, característica que le permite a la antropología diferenciarse de otras disciplinas que se han encargado del estudio científico del rock pues no consideran de forma importante la resignificación que hacen los consumidores del género.

Así, las ciudades se han convertido en espacios multiculturales, pues como señala Cerrillo (2012) citando a Alfredo Nateras, lo urbano se configura “a partir de la posibilidad de compar- tirlo y reconocerlo en ritos, imágenes y discursividades (…) la apropiación del espacio genera procesos psicosocioculturales” (Nateras, 1995: 31)

En el caso del rock mexicano, habrá que poner atención a la relación que ha mantenido con las grandes ciudades desde su inició pues, para la antropología es importante describir esos espacios urbanos que ayudan al intercambio simbólico del género, como es el caso de Ciudad de México, Monterrey o Guadalajara, donde se ubican lugares considerados como de culto para el rock, como el Tianguis Cultural del Chopo.

Siguiendo a Cerrillo, las actividades que se realizan en esos espacios no solo se refieren al consumo masivo de música rock, sino también a comportamientos rituales que requieren de un espacio que funcione con la sacralidad de un templo15 y donde la apropiación simbólica del

género musical dependerá del capital cultural existente en dicho lugar, lo cual nos habla de hibri- dación como de una democratización cultural, obligando al científico social a voltear la mirada a las características locales más que al rock como fenómeno global.

En el estudio hecho por Urteaga, la antropóloga demuestra, que las subculturas juveniles de la Ciudad de México encuentran en los espacio rockeros la diversidad de rituales “que dan cuenta de la lucha de poderes, donde las instituciones son la parte antagónica y donde la ex- clusión, la represión y la censura se reflejan en contracultura, rebeldía y contestación” (Urteaga, 1998: 151)

Estas características enunciadas por Urteaga son identificables en el periodo que abarca la presente investigación, pues es alrededor de la década de los sesentas y los setentas cuando el rock estaba convirtiéndose en el punto de encuentro de una cultura alternativa profundamente alejada de las estructuras dominantes, definiéndose como:

(…) Un medio de comunicación y de expresión entre muchos jóvenes, a través del cual crean sus propios símbolos –ideales y reales- que los ubican y ayudan a definirse a sí mismos. En el rock se genera un puente intercomunicativo entre los jóvenes, que enriquece la vida emocional y robustece su identidad en el aspecto creativo, en las experiencias de carácter ritualístico y colectivo. (Estrada, 2000: 15)

De esta forma los rituales serán vistos como comportamientos que pierden su significado instrumental para adquirir una función simbólica, más aún cuando se habla de aquellos rituales de interacción en torno al cuerpo, que son poseedores de una lógica que logra generar signifi- caciones, a partir de signos claramente perceptibles e interpretables, tales como las posturas, los gestos y las mímicas.

La ritualización de ciertos comportamientos en el rock, pueden ser entendidos como una forma de lenguaje que nace por la interacción social, por ello, como afirman Edmond y Picard (1992) no existe significado ni pertenencia más que en relación al contexto en el cual se desa- rrolla, como por ejemplo en los conciertos.

15 En la ciudad de México aún se pueden encontrar espacios que han sido utilizados como templos para el consumo cultural del rock: Rockotitlan, El circo volador y el Foro Alicia son ejemplo de ello. En la Tijuana de los años sesentas y setentas, un digno representante fue la Avenida Revolución que vio nacer a iconos rockeros como Javier Batiz y Carlos Santana.

De esta forma, si se habla de códigos comunicativos vinculados al rock, será imprescindible localizar sus rituales, que se manifiestan en plenitud durante conciertos o recitales en los que se observan acciones que adquieren un simbolismo vinculado a la búsqueda de un sentido de pertenencia como movimientos corporales, entonación de ciertas frases en distintos momentos o inclusive el uso de señas que forman parte del universo rockero. Estos comportamientos ritua- lísticos no son una simple traducción de las representaciones sociales precedentes, pues deben ser consistentes con el propio cosmos juvenil.

Es por ello que el enfoque antropológico se ve en la necesidad de analizar concienzuda- mente las prácticas culturales relacionadas a la música en un tiempo definido y en un contexto urbano local, no sólo para describir el funcionamiento y apropiación de estos espacios ritualís- ticos sino para entender la relación de dichas prácticas con la cosmogonía de un grupo social determinado, que para algunos serían las culturas juveniles.

Por otro lado, para Miguel Ángel Adame Cerón (2014), cuando se aborda el rock desde la an- tropología es preciso hacerlo desde alguna de las tres líneas que se han abierto para este propó- sito; estas serían: 1. como una subcultura juvenil 2. como contracultura y 3. como una festividad.

1. Rock como subcultura: En esta perspectiva el rock sería el resultado de la hibridación de dos músicas populares: el blues y el country. “Se trata de una cultura de y para el pueblo, contextuada en estos grupos y en un período de auge económico y político que repercutirá inmediatamente, sobre todo en los sectores juveniles y estudiantiles de finales de los años cincuenta y principios de los sesenta” (Adame: 2014) Sin embargo, la rápida aceptación de los jóvenes llama la atención de la cultura de masas quien a través de las industrias culturales, transforma el sentido popular del género. Es durante esa primera etapa de comercialización del rock cuando surgen grupos que tratan de usar al rock que se da fuera del circuito comercial para abanderar movimientos sociales como los feminis- tas, ecologistas y pacifistas.

2. Rock como contracultura: Esta línea es una de las más explotadas, pues considera que el rock surge como la opción contestataria al sistema represor no sólo de Estados Unidos sino del resto del mundo. “La contracultura es (o intenta ser, a pesar de innegables excesos) una nueva visión del mundo. Una cosmovisión diferente al horizonte romo de la tecnocracia industrial, y por supuesto, feliz. Cabe hablar, refiriéndose a la contracultura, de una de las más grandes posibilidades de cambio y de renovación que le han venido a la cultura occidental” (De Villena, 1975: 15-16). Así el rock es una contracultura por el am- biente en el que nació y en el que se sigue desarrollando, por sus aspiraciones rebeldes que son manifestadas tanto en la música como en la actitud ante la vida16.

3. Rock como festividad: La perspectiva señala que la motivación para que el rock se haya mantenido vigente hasta nuestros días es la búsqueda del éxtasis colectivo o la fes- tividad. “Plantea y pone énfasis en primer lugar en los aspectos rebeldes de los jóvenes rocanroleros y luego rockeros de los sesenta y principios de los setenta, seguidamente y en conexión con ello, los aspectos ritualísticos, festivos y de placer comunal de la cultura juvenil del período” (Adame:2014)

Es así como el enfoque antropológico con las tres perspectivas presentadas puede servir para el análisis de un fenómeno cultural como el rock, sin embargo, habrá que señalar que cada perspectiva debe adecuarse al análisis del género musical en un tiempo y espacio bien

16 En México se observa un fenómeno que habla por sí solo del sentido contracultural que tuvo el rock durante los años setenta, nos referimos a los hoyos funky. A pesar del ambiente de violencia que existía al interior de estos es- pacios culturales subterráneos, los hoyos funky lograron preservar el espíritu rebelde del rock mexicano; la censura y represión hacia el género en cuestión construyeron un nuevo universo simbólico basado principalmente en un mito de refundación que fue el Festival de Avándaro pues a raíz de éste, el movimiento rockero mexicano será transfor- mado en una especie de “ritual prohibido”, compuesto por músicos y consumidores que se organizarán en redes sociales que bien pueden definirse como bandas o tribus rockeras, con comportamientos cuasi-rituales que sirven para construir una identidad.

definido, pues sin duda la cosmogonía juvenil evoluciona influenciada por factores políticos, económicos, sociales e incluso tecnológicos, por lo que sus rituales, simbolismos y significa- ciones cambiarán.

Por último, a manera de conclusión de esta primera parte, habrá que señalar que cada uno de los enfoques revisados (sociológico, estudios culturales y antropológico) aportan elementos que sirven a los propósitos del presente trabajo de investigación, sin embargo no son suscep- tibles de omitir ciertos aspectos o de inclinarse en forma evidente hacia otros que sesgarían cualquier análisis integral. Así mismo, la revisión de dichos enfoques se realizó con una actitud de vigilancia, pues siguiendo a Bourdieu, es necesaria la crítica de lo ya escrito en la materia para realizar una ruptura epistemológica que permita la construcción del objeto de estudio. Por tanto, el objetivo de estos apartados fue el de realizar una reflexión crítica de los conceptos, autores y teorías más utilizadas para la comprensión científica del rock, no olvidando que tras esta revisión y al tratarse de miradas disciplinarias (parciales) se requiere de una integración que se pueda explicar en los términos de un modelo conceptual.

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