Ruptura epistemológica: enfoques disciplinarios sobre el rock
3.2 El rock y la identidad juvenil
3.2.1 Identidad y rock en México
3.2.1.1 Ruptura histórica
Tras la Segunda Guerra Mundial, comenzaron a gestarse una gran cantidad de movimientos sociales, políticos y culturales que involucrarían a la juventud, sin embargo no fue hasta 1954 (oficialmente, el año de nacimiento del rock and roll) que la sociedad norteamericana primero, y más tarde las europeas y latinoamericanas, observaron cómo la juventud dejó de ser una etapa de transición a la vida adulta para convertirse en un grupo social con la disposición, capacidad y voluntad de transformar su entorno.
Antes de la incursión del rock en las sociedades de posguerra, el papel de la juventud en la vida política, cultural y social era construido a través del mundo adulto, que en una actitud pa- ternalista, enfocaba sus energías en continuar con la reproducción de un sistema social donde las decisiones eran tomadas unilateralmente, por lo que la incursión del rock en la vida de las co- lectividades conservadoras vendría a significar un corte en el continúo histórico con un objetivo claramente libertario, es decir un acontecimiento, entendido como: “el efecto que excede sus causas (…) un cambio del planteamiento a través del cual percibimos el mundo y nos relaciona- mos con él” (Zizek, 2014: 13) por lo que el hablar de un acto libertario al considerar al rock como acontecimiento nos remite necesariamente a una nueva forma de entender al mundo desde la perspectiva juvenil en una especie de emancipación de las sociedades conservadoras adultas.
Como ya se ha señalado, el rock significaría en un primer momento una ruptura histórica, un corte con las estructuras sociales cuyo carácter libertario describe un acontecimiento. Por ello, al referirnos a la construcción de lazos identitarios en el rock, se considera que el rock y parti- cularmente el de los setenta rompió un paradigma al colocar al joven en el foco de los procesos de transformación social que se gestaron en la época.
El caso de México no fue la excepción, pues a pesar de que en un primer momento el rock and roll fue bien aceptado por la ideología dominante, (a finales de los cincuenta y durante casi toda la década de los setenta) el ambiente de efervescencia tras el movimiento estudiantil del 68 puso en la mira del gobierno y de las industrias culturales a los jóvenes y todas sus manifes-
Portada de Locos del Ritmo de su albúm homónimo
44 El concepto de imaginario ha sido ampliamente utilizado para explicar algunas acciones colectivas en contextos deter- minados y es entendido como el contenido simbólico que dota de contenido a una sociedad. “En él reside el conjunto de metáforas, iconos, ideales y nociones que aportan consistencia a la convivencia social” (Sánchez, 2011: 15)
45 Ya lo señalaba Zizek (2010) al referirse al papel de los sujetos dentro de los acontecimientos. El esloveno señala que el acontecimiento requiere de un sujeto militante, comprometido de alguna forma con las maneras en las que se va presentando la ruptura histórica, con ello coincide María del Carmen de la Peza (2014) quien además de explicar que el rock es un complejo fenómeno sociocultural lo sitúa en una dimensión política, donde los jóvenes, a través de prácticas sociales como discursos y acciones realizadas en el espacio público se convierten en actores y espectadores. En dichas acciones y particularmente en las realizadas por las culturas juveniles durante los sesenta y setenta “él rock se presenta como aquello que potencia sus actividades musicales y sus estilos de vida política y sociocultural” (Adame, 2014: 131.)
taciones, incluido el rock, cuyas líricas se fueron diversificando hasta que muchas de ellas se convirtieron en una crítica al sistema social hegemónico.
De esta forma, a finales de los sesenta y durante buena parte de la siguiente década, el rock mexicano, en términos de Deleuze (2005) no sólo tuvo un impacto en ese tiempo y espacio par- ticular, pues la ruptura que representó sobresaltó las estructuras pasadas y modificó las iden- tidades juveniles rockeras futuras; gracias al acontecimiento del rock, el proceso de formación de los lazos identitarios de la juventud mexicana ayudó a que se apropiara no sólo de la música, sino de su papel como impulsor de cambios sociales que aún continúan emergiendo.
Partimos así de considerar que una ruptura histórica de la magnitud del rock setentero en México, cuyos resultados se dejaron sentir no sólo en lo artístico pues también afectó en las for- mas de socialización de la juventud, involucró la formación de una identidad juvenil alrededor de la apropiación simbólica tanto de la música como de los ideales, propuestas e incluso relaciones sociales construidas a partir del uso del rock como parte de un proceso de distinción social, como señala Bourdieu, en su obra La distinción, criterio y bases sociales del gusto.
Para el caso del rock mexicano, fenómeno cultural que tiene cerca de 50 años de existen- cia, son varias las generaciones de jóvenes urbanos que, en su proceso de construcción como jóvenes, se han apropiado del mismo usándolo como espacio privilegiado para reconocerse e identificarse entre sí como rockeros y para distinguirse de otros jóvenes no rockeros que habitan en la misma ciudad.
“Las identidades rockeras mexicanas se han construido históricamente como colectividades juveniles a partir de su identificación con la música/ruido definido por ellos (as) mismos (as) en cada época como “rock” y en contraposición a otros grupos de jóvenes de otro y/o del mismo horizonte generacional que no gustan del rock” (Urteaga, 2000: 137)
Así, la historia del rock mexicano ha significado para varios autores por lo menos tres even- tos clave, en los que se puede observar una generación de identidad construida a partir de la creación de universos simbólicos relacionados con las necesidades y demandas que la juventud que cada época reclamaba, así como también el papel que jugaban en la sociedades de esos años. Estos eventos, por sí solos, representan rupturas históricas con estructuras pasadas, no sólo aquellas relacionadas a lo político45, sino también (en el caso de los dos últimos) a la propia
dinámica del rock mexicano.
Evento Construcción de la
identidad Fechas Características
Llegada del rock and roll a
México - Incipiente creación de un universo simbólico alrededor del rock and roll (formas de vestir, de hablar, de socialización) (Urteaga, 2005)
Finales de los cincuenta y
sesenta -Naciente cultura juvenil. -Aceptación por parte de las clases hegemónicas - Rock and roll como una moda
La Onda -Universo simbólico que crea un sentido de pertenencia
-Rock como contracultura -Emancipación de la sociedad convencional (González, 1999) - Avándaro como mito fundacional del rock mexicano
Mediados de los sesenta y
setenta - Politización a raíz del movimiento estudiantil del 68 y del “Halconazo” - Desarrollo de una conciencia generacional que involucró la transformación de las estructuras sociales pasadas. - Rechazo al autoritarismo - Censura
Punk -Rechazo a los ideales
pacifistas del jipiteca -Hoyos funky como espacio de socialización -Surgimiento de circuitos alternativos para la difusión y consumo de rock (Tianguis del Chopo
Finales de los setenta y ochenta
- Represión -Subterraneidad -Clandestinidad
Se observa entonces que la ruptura histórica que significa el acontecimiento, estuvo presen- te en los tres momentos descritos, sin embargo, el que resalta para fines de la presente inves- tigación, será el segundo, el de la onda, cuyos efectos aún hoy en día siguen presentándose al hablar de rock mexicano e identidad. De esta forma, la onda cuyo mito fundacional fue sin duda el Festival de Avándaro, transformó las formas de socialización y de identificación juvenil:
Entre los músicos rockeros y el público ondero se desarrollan procesos de identificación distintos a los que los grupos rocanroleros suscitaron (…) la identidad ondera en México se crea dotándose de espacios propios y de nuevas formas de sociabilidad juvenil urbana: re- des amicales que trascenderían física y simbólicamente los límites del barrio, de la escuela, de la clase social de pertenencia y de las tradicionales formas agregativas juveniles (…) sin embargo no se constituyó como un movimiento organizado; estuvo formado por diversos grupos que tenían en una sola consigna: pongamos en práctica nuestra propia libertad. (Urteaga, 2011: 103)
Además, la conformación de grupos juveniles que de alguna forma coincidieron con los idea- les de los hippies americanos, conocidos en nuestro país como jipitecas, aunado al auge del movimiento de la onda, significó para la juventud nuevos espacios para la formación identitaria dentro de los cuales se construiría al rock como contracultura.
A mediados de los años sesenta y setenta, la apropiación del rock como movimiento con- tracultural por parte de jóvenes “clasemedieros” y la creación del rock ondero inaugura un segundo momento de formas juveniles de “estar juntos” (…). La onda jipiteca construye un “mapa imaginario de ciudad ondera” el cual articula las redes de sociabilidad con ciertos lugares (cafés cantantes, salones de baile, conciertos) para escuchar rock en vivo. (…) (Ur- teaga, 2011: 212)
Así, el rock representaría un ícono de la lucha contra la opresión y retomaría el sentido de rebeldía, que lo caracteriza desde mediados de los cincuenta:
El rock es casi exclusivamente un fenómeno social, y por lo tanto un símbolo de rebelión juvenil. Como manifestación secundaria de una revolución sexual, como el surgimiento de una contracultura. Lo cierto es que la manera como el rock influye en la personalidad de los jóvenes las repercusiones sociales, políticas y económicas que provoca lo han convertido
en un fenómeno con propuestas de lectura múltiples, que rebasan los significados previsi- bles (Torres, 2002: 70)
Así, la formación de identidad en torno al rock mexicano presenta rasgos muy particulares como la apropiación simbólica de conceptos abstractos como la rebeldía, lo contestatario y la protesta que estuvo presente en las dos etapas que tocan a los años setenta (la onda y el punk). “(en el rock) la protesta no solo es el rezongo, es el llamado a un cambio en la ruta de la vereda, de tal manera que una protesta no sólo es un reclamo, sino además un reinicio; es una discre- pancia contra algo establecido, y a la par el empeño por mejorarlo o transformarlo” (González, 2000: 23)
Además habrá que retomar lo dicho tanto por Deleuze (2005) como por Lazzarato (2006) en el sentido de que los acontecimientos también son generadores de identidad que se expresa a través del lenguaje, mismo que posibilita el estar juntos para crear nuevas relaciones con el entorno.