Ruptura epistemológica: enfoques disciplinarios sobre el rock
3.1 Contexto sociocultural: México y Argentina en la década de los setenta
3.1.2 Aspectos socioculturales de Argentina en los setenta
3.1.2.4 El contexto cultural argentino en los setenta: entre la censura y el exilio
Sin duda, la llegada de la última dictadura militar a la Argentina significó un cambio drástico en la vida sociocultural, “el régimen militar instaurado el 24 de marzo de 1976 en la Argentina autodenominado Proceso de Reorganización Nacional implicó un verdadero quiebre económico social político y cultural,” (Canelo, 2008: 24)
El terreno cultural argentino durante los setenta fue uno de los más afectados por las medi- das represivas implementadas tanto por los gobiernos democráticos como por los militares. Su- cesos como la fuga de cerebros, el exilio de artistas e intelectuales y la permanente persecución política configuraron un contexto cultural que confirma que manifestaciones culturales como el rock eran verdaderos acontecimientos, una ruptura con las viejas ideologías represivas cuyas dimensiones, aún hoy en día se pueden percibir.
Antecedentes: La cuestión cultural en Argentina ha sido piedra angular en el desarrollo del país. La cultura argentina es rica en manifestaciones artísticas; desde los tangos40 de Gardel
hasta su basta literatura. Música, danza, pintura, arquitectura, han sido ampliamente exploradas por la nación argentina.
En este sentido, el antecedente más cercano a la década abordada, es la Revolución Ar- gentina (1966-1973), la cual realizó una serie de modificaciones legales donde se empezó a vislumbrar el establecimiento de una política de censura misma que se reflejó en todas las manifestaciones culturales, basta recordar la intervención a la autonomía universitaria por parte de Onganía, que sienta las bases para el posterior exilio tanto de profesores como de músicos, escritores y pintores, instalando la llamada “cultura del miedo”.
“Algunos no aceptaron esto y emigraron al exterior por una combinación variable de razones políticas y profesionales o se refugiaron en un exilio interior, en ambos recoletos casi domés- ticos practicando el mimetismo a la espera de la brecha que permitiera volver a emerger”. (Romero, 2001: 188)
Sin embargo, la luz al final del túnel estaba lejos para el campo cultural argentino, debido a la gran capacidad de censura de los gobiernos militares y paradójicamente también del breve periodo del gobierno democrático. Es por ello que a aquellos que vivieron el proceso de la Re- volución Argentina han sido bautizados por varios intelectuales de la época como parte de una generación frustrada41, que de acuerdo a Manzano (2014) fue la consecuencia de la experiencia
colectiva de la intolerancia hacia el régimen peronista.
La cultura juvenil: El concepto de cultura juvenil, entendido como aquellas manifestaciones simbólicas propias del sector juvenil influenciadas tanto por la tecnología como por los medios
de comunicación es un tema ampliamente analizado en los estudios latinoamericanos; la juven- tud ha ido ganando un territorio cada vez más importante en la conformación de las sociedades modernas, defendiendo a través de sus prácticas sociales su posición en el mundo adulto y siendo pieza fundamental de los movimientos sociales más importantes de la segunda mitad del siglo pasado.
Pudo ser ésta una de las razones por las que, tradicionalmente, los gobiernos de corte au- toritario han implementado estrategias para controlar las acciones de estos grupos juveniles, pues además de ser un numeroso sector de la población, la juventud tiene una gran capacidad crítica y de movilización.
De esta forma, las manifestaciones culturales derivadas de ésta se mantuvieron en lo subte- rráneo, pues los censores colocados por los gobiernos en turno, consideraban subversivo casi cualquier cosa producida por la juventud.
“A partir de marzo de 1976 era imposible de hacer un tipo de vida social cualquiera pues estaban prohibidas las reuniones de más de tres personas de manera que la planificación de cualquier actividad cultural se hacía muy difícil” (Estrella, 1981: 124)
Así, de acuerdo a una variedad de textos y decretos citados por Andrés Avellaneda42, (1986),
la dictadura militar, que contó con un gran apoyo de los Estados Unidos existieron tres temas de enorme preocupación para la política argentina en los setenta: los jóvenes, la cultura y la educa- ción. La juventud, decían, era el grupo más vulnerable ante la penetración ideológica comunista. En segundo lugar, en la cultura y el arte es donde más sería notoria por ser manifestaciones del pensamiento y finalmente la educación, refiriéndose obviamente a las universidades donde la “afectación” debía ser controlada.
Además, otro factor que fomentó que la cultura juvenil argentina sufriera por las acciones represivas, fue la iglesia católica, que pasó a formar parte de los censores no oficiales tanto en el periodo de Isabel Perón como en la posterior dictadura, supervisando las actividades de los jóvenes y prohibiendo una gran cantidad material considerado amoral, por lo que los jóvenes no solo fueron perseguidos por la milicia, sino también por la propia sociedad civil que se convirtió en uno de los elementos que más ejercieron la censura. De esta forma, revistas, libros, música, cine y otras manifestaciones artísticas y culturales fueron perseguidas, como en el caso del rock que se vio afectado, más no desaparecido, como se puede apreciar en el siguiente relato de Tomas Gubitsch:
“Luis Alberto Spinetta, que había sido el principal compositor del grupo Almendra, se había convertido desde entonces en una figura casi legendaria para la juventud. En el mes de agosto (1976) el grupo dio un concierto en el estadio Luna Park delante de 13 mil personas. La policía está omnipresente como en cada uno de los recitales del grupo para evitar las perturbaciones” (Gubitsh, 1981:162)
Sin embargo, es necesario señalar que paradójicamente, el proceso globalizador y la in- fluencia norteamericana e inglesa en Argentina tuvieron cierto efecto positivo en el desarrollo de la cultura juvenil, pues a pesar del alto grado de censura y del manejo autoritario dentro de los medios de comunicación, la llegada de industrias transnacionales (disqueras, editoriales, revistas, etc) fue inevitable en el país sudamericano y en otros muchos países latinoamericanos, lo que trajo consigo que la movilización juvenil no fuera aislada, sino un conjunto más o menos organizado con un objetivo en común: el alto a la represión y a la censura.
“El descontento también se nutrió de un repertorio transnacional de imágenes, sonidos e ideas que se extendió por todo el mundo. Mientras que un segmento de las mujeres y los hombres que ocupaban la categoría iconoclasta de la juventud, cuestionaron el autoritaris-
42 Investigador y docente de la Universidad de Florida en el área de Estudios Latinoamericanos. Sufrió en carne propia la represión de la dictadura, misma que le hizo emigrar a los Estados Unidos. Ha estudiado ampliamente las relaciones entre la literatura latinoamericana y los gobiernos autoritarios.
43 Al cumplirse 20 años del golpe militar del 76, El Clarín publicó Los archivos secretos de la represión cultural, un informe que por vez primera explica detalladamente la llamada Operación Claridad, donde “Por primera vez se cono- cen los archivos secretos que revelan el mecanismo utilizado tras el golpe militar para la depuración ideológica en el ámbito cultural, artístico y educativo (…)un gigantesco operativo encubierto de identificación, espionaje e información a los grupos operativos militares sobre personas del ámbito y cultural”.
mo. Este descontento se plasmó en una cultura de la contestación a la que muchos actores trataron de poner fin” (Manzano, 2014: 16)
Así, al igual que en México, la juventud, particularmente la de clase media, se convirtió en el centro de la cultura contestataria mediante una serie de prácticas consideradas contraculturales y subversivas tanto por los gobiernos como por un sector importante de la sociedad civil, por ello al hablar de contexto cultural, en ambos países, es necesario señalar que la juventud, parti- cularmente la de los setenta fue, a través de su necesidad de buscar formas libres de expresión, gestora de los cambios sociales que cambiaron el rostro latinoamericano en las últimas décadas del siglo XX.
La censura cultural: La censura se instala no solo con las prohibiciones políticas, sino tam- bién en la cultura, siendo notable en el manejo de los medios de comunicación; revistas, perió- dicos, compañías disqueras, casas editoriales, radio, televisión e incluso los espacios culturales se convierten rápidamente en objeto de la “preocupación” para el gobierno que a través de una extensa normativa legal que incluyó tanto operativos públicos como la quema de libros o la edición de manuales para detectar a los “enemigos del régimen” como ocultos, que incluyeron acciones como listas negras relacionadas al material cultural permitido por la Junta Militar en el marco de lo que se conoce como “Operación Claridad43”.“Los primeros años de la dictadura
borraron de los medios masivos y los circuitos el acceso a un público amplio a cualquier intento que le pareciera mínimamente alternativo o contestatario para su poder”. (Warley, 1993: 201)
Cualquier revisión bibliográfica acerca de la censura durante la década que nos ocupa, sitúa como eje de las prácticas represivas, en un primer momento, a la Triple A creada por López Rega, organización a través de la cual comenzaron las torturas y desapariciones forzadas de aquellas personas que el Estado consideraba como subversivas. Tras el golpe de estado, para- dójicamente existió una continuidad en el régimen del terror, misma que llevó a la Junta Militar, a través de Videla (y de la creación de grupos especiales), a extender la depuración ideológica comenzada con Isabel Perón, persiguiendo y reprobando a todo aquel que ejerciera una labor intelectual contraria a lo establecido por el régimen.
Es así, que uno de los sectores culturales que más sufrió el paso de la censura fue la literatu- ra, seguida de la música. En ambos campos, las pérdidas simbólicas solo fueron superadas por las pérdidas humanas; escritores, editores, músicos, locutores, cantantes y promotores cultura- les pasaron a engrosar las ahora tristemente célebres listas negras donde tanto la Triple A, como
los grupos encargados de la depuración ideológica durante el mandato de Videla calificaron y clasificaron en distintos niveles de subversión.
Asimismo, en lo relacionado a la literatura argentina durante los setenta, hay una creciente ola represiva a partir incluso de la misma dictadura de Onganía, que tiene su punto más alto en la dictadura militar con el secuestro de una de las figuras más importantes del campo intelectual argentino, Rodolfo Walsh, escritor que desde su trinchera trató de luchar contra el terrorismo de estado, plasmando en varios de sus libros como “Operación Masacre” y “¿Quién mató a Rosen- do? un testimonio de los horrores cometidos durante la época más álgida de la represión militar. Walsh es recordado por su célebre “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”: “Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerrilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla” (Walsh: 1977)
En este fragmento, se observa la rabia y el coraje con que Walsh trató sin éxito de hacer un llamado a la tolerancia y al entendimiento de las diferencias por parte de la Junta Militar. Sin embargo, su esfuerzo fue infructuoso, pues un día después de su publicación, el 25 de marzo de 1977 fue una víctima más de la censura, al ser acribillado y posteriormente secuestrado.
De la misma forma que la literatura y los géneros periodísticos, los medios de comunicación masiva (cine, radio y televisión) soportaron los frecuentes ataques a la libertad de expresión, pues las listas negras también incluían temas e incluso palabras prohibidas, por lo que parte de la censura consistió en un control absoluto del radio y la televisión, extinguiéndose así la posibilidad de la sociedad argentina de encontrar información no manipulada por la dictadura y además, cerrando los espacios de expresión para muchas manifestaciones juveniles de reciente aparición, mismas que fueron enviadas a la escena “underground”.
En la cuestión musical, por ejemplo no sólo el rock sufrió una fuerte represión durante los años que nos ocupan, otros géneros musicales tuvieron la misma suerte, al ser considerados como potenciales agitadores, entre ellos, el mismo tango, la música folk y el blues. “Los intér- pretes de música moderna por el hecho de tener los cabellos largos, las ropas excéntricas, unas actitudes anticonformistas han sido considerados como agentes de la decadencia y en conse- cuencia subversivos. (Hernández, 1981: 270)
Así, los testimonios de los músicos perseguidos en la Argentina de los años setenta son una muestra de la década de terror a la que fue sometida la cultura, pero en especial sus crea- dores. Detenciones arbitrarias, torturas, encarcelamiento y una serie de violaciones a los de- rechos humanos presentes en los testimonios de una gran cantidad de músicos, provenientes de todos los géneros. La “lista negra” se nutrió con temas de personajes como Charly García, Mercedes Sosa, Luis Alberto Spinetta, León Gieco e incluso Sandro, otrora figuras icónicas de la música popular argentina, que durante la dictadura fueron perseguidos hasta llegar, varios de ellos, al exilio.
Quema de libros considerado como subversivos durante la dictadura militar
Se confirma así, que el contexto sociocultural de la Argentina durante los setenta se volvió intolerable para una cantidad de intelectuales, músicos, escritores y periodistas que salieron del país durante esos años, muchos por un largo tiempo, otros más que murieron lejos de su patria esperando una estabilidad política que nunca llegó. De una forma incidental, una gran cantidad de exiliados argentinos llegaron a México y aún hoy en día recuerdan con tristeza el terrible epi- sodio de la represión militar.
Si bien la cultura argentina fue atacada constantemente por el estado, no se puede negar que finalmente la maquinaria estatal no logró la tan ansiada “depuración ideológica” que tantas vidas arrebató. En primer lugar por las movilizaciones de un grupo que hasta hoy es referente en la sociedad argentina: Las madres de la Plaza de Mayo, que lograron atraer la atención mundial sobre la crisis de derechos humanos que vivieron y sufrieron en la década de los setenta. En segundo lugar, la búsqueda de una identidad juvenil argentina que provocara un rompimiento con la ideología del antiguo régimen. Gran parte de esa búsqueda se dio a través de la música y muy particularmente a través del rock hecho por argentinos.
La cultura rock actuó como plataforma donde los jóvenes pudieron articular y practicar crí- ticas poéticas a la vida ordinaria (…) los rockeros cuestionaron los valores vinculados a las nociones hegemónicas de masculinidad. También cuestionaron los sitios y las prácticas a través de las cuales se supone que hay que aprender como las Escuelas, el servicio militar y trabajos remunerados. (Manzano, 2014: 17)
Se observa así que el contexto sociocultural argentino proporciona un espacio idóneo para comprender al rock como un acontecimiento, pues a pesar de la censura, la represión y la in- comprensión de la dictadura militar, el rock progresivo o nacional surge como un elemento de ruptura que de acuerdo con Zizek (2006) rompe con el curso normal de las cosas.