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PARTE III: EL MODO RECONSTRUCTIVO DE REPRESENTAR EL PASADO

3 M ALA GENTE QUE CAMINA DE B ENJAMÍN P RADO

4.3 Características formales del relato

4.3.1 La estructura y la temporalidad

Soldados de Salamina tiene una estructura tripartita. La primera parte de la novela

se titula “Los amigos del bosque” y, en ella, el narrador da cuenta de sus circunstancias personales, cuenta cómo conoció la historia de Sánchez Mazas y narra el proceso de investigación en torno a la biografía del falangista. La segunda parte del libro, titulada “Soldados de Salamina”, consiste en el “relato real” escrito por el narrador como resultado de la investigación que realiza en la primera parte de la novela. “Soldados de Salamina” es una biografía de Sánchez Mazas, que también contiene reflexiones sobre el falangismo. El narrador-protagonista Cercas, supuesto autor de la biografía, no aparece en ella como personaje. La tercera parte de la novela se llama “Cita en Stockton”4 y comienza cuando el narrador acaba de terminar su “relato real”, que ocupa la segunda parte del libro. Resulta que Cercas no está contento con su relato, sino que siente que le

3 Como argumenta Antón (2006), Conchi actúa, por tanto, “como un espejo que devuelve, aumentada

y fortalecida, la imagen del personaje masculino, por supuesto, principal”.

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El título alude a la película Fat City de John Huston. Stockton es la ciudad en la que se ambienta la película, “una ciudad atroz, donde no hay oportunidades para nadie, salvo para el fracaso” (Cercas 2001: 178). En la novela, Bolaño y Miralles vieron la película juntos y, después, Miralles le dijo al chileno que los dos iban a “acabar igual [que el protagonista], fracasados y solos y medio sonados en una ciudad atroz” (Cercas 2001: 179).

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falta una perspectiva republicana. Gracias a Bolaño, conoce la historia de Miralles, la que le permite completar su libro.

En las últimas páginas de la novela, el tono y el ritmo de la narración cambian radicalmente: el narrador abandona su habitual economía narrativa para dejarse llevar por el patetismo. En una sola oración de cuatro páginas, Cercas fantasea cómo Conchi, Miralles, Bolaño y él mismo formarán “una familia estrafalaria” (Cercas 2001: 206)5

; imagina la futura muerte y el entierro de Miralles; decide que contará en su libro la historia de Miralles y los demás personajes del pasado que ha llegado a conocer para que estos sigan viviendo en la memoria del lector; y expresa su rebosante alegría por el hecho de que finalmente tiene su “relato real” completo. Las primeras palabras de este “relato real” son las mismas que empiezan la primera parte de la novela. En suma, las múltiples líneas argumentales del libro —la crisis personal y familiar, la crisis profesional y el proceso de concienciación histórica del narrador-protagonista— se resuelven a la vez al final de la tercera parte de la novela.

En Soldados de Salamina, la acción se desarrolla en dos tiempos, el pasado y el presente, que se representan como momentos aislados. El relato marco, que narra la investigación histórica del narrador-protagonista, se sitúa entre los años 1994 y 2000. El relato secundario, que aborda las vidas paralelas de Sánchez Mazas y Miralles, se sitúa principalmente en la guerra civil y en la segunda guerra mundial. Los antecedentes de la guerra civil, así como la posguerra y el franquismo se abordan solo desde la perspectiva de Sánchez Mazas. Por consiguiente, la novela no indaga en las políticas de la República y prácticamente excluye del relato la represión de los vencidos durante el franquismo. Asimismo, la novela no discute el proceso de transición de la dictadura a la democracia en España, aunque se alude a ese periodo como el origen del olvido actual sobre el pasado español.

El relato se caracteriza por el amplio uso de leitmotivs, esto es, ideas o elementos recurrentes que crean unidad en la obra. Por ejemplo, el tema del “relato real”, o de los límites entre historia y ficción, es un motivo central, así como la cuestión del heroísmo y la idea de que los muertos no se mueren del todo mientras alguien de acuerda de ellos. Asimismo, en la novela hay varias citas repetidas que aluden a cuestiones temáticas centrales. Por ejemplo, la frase de Oswald Spengler sobre el pelotón de soldados que salva la civilización —la que el narrador asocia primero con los falangistas y luego con Miralles— y la frase de Andrés Trapiello, según la que los falangistas ganaron la guerra, pero perdieron la historia de la literatura. También el pasodoble Suspiros de España funciona como leitmotiv en la obra. La canción es el elemento que vincula a los tres protagonistas (Miralles, Sánchez Mazas y Cercas) destacando quizás la única cualidad compartida por todos ellos: su españolidad (Santamaría Colmenero 2013: 341-342).

4.3.2 Soldados de Salamina como relato de investigación

Soldados de Salamina puede clasificarse como una novela autogeneradora, ya que

el narrador-protagonista describe el proceso de creación de la misma obra ante la que se

5 Entonces, “[…] Miralles dejaría de ser definitivamente un huérfano (y quizá yo también) y Conchi

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encuentra el lector.6 A esta estructura autogeneradora se unen características propias de la novela de aprendizaje —la historia de la evolución personal, profesional y moral del narrador-protagonista—, así como de la novela negra. Aunque la trama detectivesca es central a la novela, el autor sin embargo invierte varias convenciones del género negro, como muestra José Martínez Rubio (2012c). Al contrario que el detective de una novela negra o policiaca tradicional, el narrador-protagonista de Soldados de Salamina investiga un crimen que no llegó a producirse (un fusilamiento fallido), y en lugar de perseguir a un asesino, busca a un hombre que no mató. Lo que le intriga es, en realidad, el secreto de un perdón: “qué pensó [el miliciano] al mirarle [a Sánchez Mazas] a los ojos y por qué lo salvó” (Cercas 2001: 180). Asimismo, Soldados de Salamina subvierte los roles tradicionales de la víctima y del criminal, ya que cabe preguntarse “si Miralles es más víctima que criminal, o si Sánchez Mazas es más criminal que víctima” (Martínez Rubio 2012c: 75). En realidad, la novela representa a ambos personajes como víctimas del olvido: mientras que Miralles perdió la guerra civil y vive en un hogar de ancianos en Francia olvidado por todos, Sánchez Mazas —según la frase acuñada por Trapiello— ganó la guerra, pero perdió la historia de la literatura (Cercas 2001: 140).

Asimismo, en Soldados de Salamina la atención se desplaza de la muerte a la investigación; lo que se procura reconstruir no son los pasos de un crimen, sino las distintas fases de una investigación histórica y la construcción de un relato sobre el pasado (Martínez Rubio 2012c: 76, 78-79). Además, en Soldados de Salamina la meta de la investigación se amplia en comparación con la novela negra: el objetivo del narrador-protagonista no es identificar al culpable o a los culpables de un crimen, o ni siquiera a los responsables de una guerra, sino más bien comprender toda una coyuntura histórica a la luz del momento presente. Y por último, la novela de Cercas se diferencia de la novela negra tradicional en cuanto a la voluntad de neutralidad del investigador. En el género negro, el objetivo del detective es atar los cabos y resolver el caso de la forma más o menos objetiva. En principio, el narrador-protagonista de Soldados de Salamina también persigue la mayor neutralidad posible y procura convencer al lector de la validez de los resultados de su investigación detallando sus fuentes de información y exponiendo sus métodos de trabajo; al final del libro, sin embargo, el narrador renuncia a la distancia crítica, se deja llevar por sus emociones y asume un compromiso moral con los protagonistas del pasado. Lo que al final importa no es la objetividad o la realidad de los hechos, metas inalcanzables, sino la interpretación subjetiva y el significado que el relato construido por el protagonista otorga a los acontecimientos del pasado.

4.3.3 “Un relato real”: autoficción, metaficción y retórica de la anti- ficcionalidad

Soldados de Salamina es una novela que juega deliberadamente con los límites entre

historia y ficción, vida y arte. El autor utiliza varias estrategias que producen

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Steven Kellman (1980: 3) define la novela autogeneradora de la siguiente manera: “The self- begetting novel, projects the illusion of art creating itself […] it is an account, usually first-person, of the development of a character to the point at which he is able to take up his pen and compose the novel we have just finished reading. Like an infinite recession of Chinese boxes, the self-begetting novel begins where it ends.”

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indefinición con respecto a la referencialidad del texto. Por un lado, la novela está construida sobre una “retórica de la anti-ficcionalidad” (Gómez López-Quiñones 2006: 16, 55) pero, por otro lado, también se utilizan técnicas narrativas propias de la metaficción, que llaman la atención sobre la naturaleza ficticia del texto. En el momento de la publicación de Soldados de Salamina, esta combinación resultó novedosa para una buena parte del público y dio lugar a algunas confusiones entre lectores (e incluso críticos) incautos.7 Sin embargo, las técnicas que a principios de los 2000 aún resultaban sorprendentes, se han popularizado más adelante en la novela de la memoria —en buena medida gracias al éxito de Soldados de Salamina— y, por consiguiente, han perdido parte de su efecto.8

En Soldados de Salamina hay dos elementos clave que pueden crear confusión respecto a la referencialidad de la obra. En primer lugar, como ya se ha mencionado, el narrador-protagonista de la obra se llama Javier Cercas al igual que el autor y, además, se presenta como el autor del libro que el lector tiene en sus manos. Debido a esta homonimia, Soldados de Salamina puede considerarse una obra de autoficción, forma híbrida que Manuel Alberga (2000: 425) define como

[…] un tipo de relatos que se caracterizan por presentarse como novelas, es decir, como ficción, y al mismo tiempo tienen un apariencia autobiográfica, ratificada por la identidad de autor, narrador y personaje.

En la autoficción, los datos biográficos se mezclan con otros ficticios de modo que este tipo de relatos se sitúan en un “campo intermedio entre los dos grandes pactos literarios, entre los relatos ‘verdaderos’ y los ‘ficticios’” (Alberca 2000: 426). Según Alberga (2000: 427), uno de los rasgos distintivos de las obras de autoficción es precisamente crear incertidumbre en el lector.

Aparte del nombre compartido, el relato contiene también otros elementos que pueden encaminar al lector a identificar el narrador-protagonista con el autor real. Por un lado, se reproduce en la novela (con cambios mínimos) un artículo periodístico, supuestamente escrito por el narrador-protagonista, que el propio autor había publicado anteriormente en el diario El País. Por otro lado, los títulos de las dos obras literarias que

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Por ejemplo, Ruiz Vega (sin fecha) parece identificar el narrador con el autor y, por ejemplo, regaña a Cercas por mofar en su libro al historiador Miquel Aguirre por su aspecto “cuando es fácil deducir que sin su ayuda no hubiera podido escribir el libro” y porque es poco caritativo también con Conchi, “su entonces compañera sentimental, a la que pone de boba intrascendente y obsesa sexual”. Con respecto a Conchi, Ruiz Vega añade, entre paréntesis, que “hay que imaginar que para la hora de la publicación de este libro ya habrían abandonado su relación, porque si no es motivo sobrado para hacerlo.” El autor cita también el caso del periodista Arcadi Espada, que al parecer también cayó en la trampa inicialmente, aunque es un lector mucho menos ingenuo que Ruiz Vega (Cercas 2005); sobre el debate entre Cercas y Espada, véase Ruiz Martínez (2013). Cercas también cuenta que algunos lectores se han sorprendido al ver a su padre vivo y que varias personas le han dado el pésame a su madre (Cercas & Trueba 2003: 11).

8 “[L]os mecanismos desplegados por Soldados de Salamina resultan efectivos por inusitados, es

decir, por definirse frente a un corpus narrativo que no utiliza estas estrategias. En el momento en que éstas pasasen a incorporarse a una mayoría significativa de narraciones, el efecto de extrañamiento se diluiría y su lógico destino sería la pérdida de efectividad. Es decir, sería inevitable la defunción de unas técnicas narrativas (que buscan alejar el relato de su propia literariedad) cuando éstas fuesen identificadas de inmediato como estrategias literarias por una mayoría de lectores” (Gómez López-Quiñones 2006: 58).

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el narrador-protagonista ha publicado antes de iniciar la escritura del “relato real”, El

inquilino y El móvil, coinciden con los títulos de dos libros publicados por el autor real.

Sin embargo, la novela contiene también elementos que permiten distinguir el narrador- protagonista del autor. Por ejemplo, la fecha de nacimiento del narrador-protagonista, 1954, no coincide con la del autor (1960). Asimismo, a diferencia del narrador- protagonista, el autor no se divorció en 1994 y su padre seguía vivo en el momento de la publicación del libro.

El segundo factor clave que se presta a crear confusión sobre el carácter ficticio o no del texto es el hecho de que el narrador-protagonista insista en que su obra no es una novela, sino “un relato real, un relato cosido a la realidad, amasado con hechos y personajes reales” (Cercas 2001: 52). Además, la palabra “novela” no aparece ni en la cubierta ni en la contracubierta del libro (edición de Tusquets Editores), aunque un lector atento puede leer en la biografía del autor en la solapa del libro que, “además de

Soldados de Salamina”, Javier Cercas es autor “de otras tres novelas”. Asimismo, la nota

del autor, que se sitúa al principio de la obra, permite al lector creer que se encuentra ante un libro de no ficción. La nota reza que “[e]ste libro es fruto de numerosas lecturas y de largas conversaciones. Muchas de las personas con las que estoy en deuda aparecen en el texto con sus nombres y apellidos” (Cercas 2001: 13). Aparte de los personajes conocidos, como Rafael Sánchez Ferlosio, Rafael Sánchez Mazas, Andrés Trapiello y Roberto Bolaño, también Miquel Aguirre, “los amigos del bosque” y los demás testigos de la peripecia de Sánchez Mazas son personas reales y aparecen en el libro con sus nombres y apellidos verdaderos.9 El hecho de que el narrador-personaje de la novela dé cuenta de casi todas sus fuentes de información (testimonios, libros, catálogos de archivos, etc.), que además son reales y en su mayoría comprobables, contribuye a crear una fuerte ilusión de realidad. Por añadidura, se reproduce en el libro un documento histórico auténtico, una página del diario que Sánchez Mazas llevó cuando estaba escondido en los alrededores de Cornellá de Terri con los amigos del bosque.10

Aunque Soldados de Salamina emplea varios recursos que enfatizan la referencialidad del relato, la novela también contiene muchos elementos ficticios y señales de ficcionalidad. En primer lugar, el exagerado personaje de Conchi, poco verosímil, proporciona un buen ejemplo de un elemento ficticio por excelencia. Asimismo, en la obra hay algunas subtramas completamente ficticias, como la pérdida

9 De hecho, el autor reconoce que muchos de los acontecimientos narrados en la novela tuvieron

lugar realmente, aunque hayan sido modificados y literaturizados. Por ejemplo, el autor conoció la historia del fusilamiento de Sánchez Mazas por su hijo Rafael Sánchez Ferlosio, aunque no fue en una entrevista. Al igual que el narrador-protagonista, el autor recibió una carta del historiador Miquel Aguirre después de haber publicado en El País el artículo “Un secreto esencial”, y fue éste quien le puso en contacto con Jaume y Joaquim Figueras, Daniel Angelats y Maria Ferré. Asimismo, el escritor chileno Roberto Bolaño fue amigo de Javier Cercas en la vida real y también la persona que le contó la historia de Miralles, a quien había conocido en el Camping Estrella del Mar, al igual que en la novela. El personaje de Miralles está basado en la biografía verdadera de un soldado republicano, aunque alterada en cuanto a algunos detalles, pero el autor de la novela reconoce que, en la vida real, nunca intentó buscarlo (Cercas & Trueba 2003; Bueres 2001).

10 La inclusión del documento puede también funcionar al revés. El autor dice al respecto: “a pesar

de que hicimos una foto y la pusimos en el libro, mucha gente creyó que era falsa […] Y no, simplemente la puse ahí porque en el libro se transcribe lo que está escrito en ella, y para demostrar que era real” (Cercas & Trueba 2003: 68).

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del padre y de la mujer en el inicio de la obra y el encuentro de una figura paterna y la consolidación de una relación de pareja al final, cuya función principal es crear coherencia y cerrar el relato. En segundo lugar, se utiliza en la novela una técnica que, según Dorrit Cohn (1999; 1990), constituye una característica distintiva de la ficción: la focalización interna. Por ejemplo, en la biografía de Sánchez Mazas, el narrador- protagonista —autor ficticio del texto— narra a menudo las percepciones, los sentimientos y los pensamientos del falangista, que son imposibles de comprobar. En tercer lugar, el autor de la novela también pone una suerte de instrucciones de lectura en boca de algunos personajes, sobre todo en la de Bolaño, que nunca toma muy en serio la intención del narrador de escribir un “relato real”, sino que elogia las ventajas de la imaginación.11 En la tercera parte de la novela, cuando el narrador está empeñado en encontrar a Miralles para poder terminar su “relato real”, Bolaño insiste en que lo mejor que puede hacer es inventar la entrevista: “La realidad siempre nos traiciona”, dice, “lo mejor es no darle tiempo y traicionarla antes a ella. El Miralles real te decepcionaría; mejor inventártelo: seguro que es más real que el real” (Cercas 2001: 170).12

Aunque Soldados de Salamina indaga en unos acontecimientos históricos y se construye en gran medida a partir de materiales y datos históricos, estos elementos están sin embargo integrados en una trama ficticia, por lo que Soldados de Salamina debe ser entendido como una novela (Ruiz Martínez 2013: 142; Cifre Wibrow 2012b: 224-225). Es, además, una novela autoconsciente y metaficticia, que al discutir su propio proceso de creación y sus propias características no solo tematiza la relación entre la ficción y la realidad, sino también una serie de otras cuestiones literarias, como la relación entre la literatura y la política, y la formación del canon literario nacional, sobre las que volveré más adelante. Uno de los temas literarios que Soldados de Salamina desarrolla, aunque sutilmente, es la representación literaria de la guerra civil española, dado que la novela no solo relata unas historias situadas en el pasado bélico, sino que también da cuenta de las incertidumbres del narrador sobre la manera en la que los acontecimientos deberían narrarse.

Al conocer la historia del fallido fusilamiento de Sánchez Mazas, el narrador- protagonista empieza a sentir curiosidad por la guerra civil y “por las historias tremendas que engendró”, las que antes le habían parecido meras “excusas para la nostalgia de viejos y carburante para la imaginación de los novelistas sin imaginación” (Cercas 2001: 21). De esta forma, el narrador expresa hartazgo ante un tema literario del que en su opinión se ha abusado en las últimas seis décadas. Sin embargo, como señala Gómez López-Quiñones (2006: 56), el hartazgo no se debe a la pérdida de interés del propio referente histórico (como comprueba el hecho de que la investigación histórica absorbe al narrador por completo), sino más bien al desgaste de un determinado tratamiento

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También el personaje de Miralles dice en una ocasión que “hay que ser un mentiroso redomado para ser un buen novelista, ¿no?” (Cercas 2001: 174).