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PARTE III: EL MODO RECONSTRUCTIVO DE REPRESENTAR EL PASADO

3 M ALA GENTE QUE CAMINA DE B ENJAMÍN P RADO

5.1 Una perspectiva transnacional

Los rojos de Ultramar (2004) de Jordi Soler —oriundo de México— es una novela

que sondea la memoria de la guerra civil española. La obra indaga en las consecuencias tanto individuales como colectivas de la contienda enfatizando la experiencia de los exiliados. El narrador de la obra, trasunto ficticio del propio autor, es nieto de un republicano catalán exiliado que decide investigar los pasajes desconocidos de la biografía accidentada de su abuelo. Paso a paso, el narrador reconstruye el periplo de su abuelo Arcadi que, después de perder la guerra, pasó casi un año y medio en un campo de concentración en el sur de Francia. Gracias a la ayuda del embajador mexicano Luis Rodríguez, Arcadi consiguió partir hacia México, donde fundó una plantación de café en la selva veracruzana junto con otros cuatro catalanes exiliados. Aunque los cinco “rojos de ultramar” rehicieron su vida en México, nunca dejaron de soñar con volver a España, por lo que llegaron a implicarse en los años sesenta en un complot cuyo objetivo era matar a Franco, algo que consideraron imprescindible para poder regresar a su tierra natal. A través de la historia particular de su abuelo, el narrador no solo profundiza en la historia del exilio republicano, sino que también explora las huellas emocionales del destierro, que persisten durante generaciones.

La novela comparte muchos rasgos formales y temáticos con las novelas reconstructivas de autores españoles —por ejemplo, el recurso de la autoficción y la metanarración, el tema de la transmisión intergeneracional de la memoria y la búsqueda identitaria, la denuncia de la desmemoria y la voluntad testimonial—, por lo que Los

rojos de ultramar no puede considerarse especialmente original desde el punto de vista

narratológico o temático en el contexto español.2 Sin embargo, la obra aporta al debate español en torno a la memoria histórica una novedosa visión desde fuera de las fronteras nacionales. Por medio de la voz del narrador, portador de dos culturas (la mexicana y la catalana) y dos lenguas (el castellano y el catalán), la novela proporciona una perspectiva transnacional y multicultural, que se aproxima a lo que Michael Rothberg (2009) ha denominado memoria multidireccional. Aparte de reivindicar la memoria del exilio republicano, Los rojos de ultramar también muestra sensibilidad hacia otras historias y memorias diaspóricas, como las del colonialismo europeo y la expulsión de judíos de España. De este modo, la novela no representa el exilio republicano como un acontecimiento singular, sino como una historia de destierro y exclusión entre muchas otras.

1 He publicado una versión preliminar de este capítulo en la revista Olivar (Liikanen 2013).

2 En cambio, Pablo Sánchez (2007: 163), que analiza la novela desde el punto de vista de las

relaciones literarias transatlánticas, argumenta que “desde la orilla americana la tentativa de Soler es bastante excepcional (ya que, como miembro de una generación crecida y educada plenamente en México, no pertenece estrictamente al colectivo de lo que llamaríamos exiliados)”. Sin embargo, Quijano Velasco (2011) desmiente en parte este argumento al detectar muchas similitudes entre Los rojos de ultramar y Las

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5.2 La organización del relato

Los rojos de Ultramar consta de seis capítulos. El primer capítulo se titula “La

guerra de Arcadi” y narra, en primer lugar, la génesis del propio relato. El narrador cuenta cómo su abuelo Arcadi le entregó, en 1995, las memorias que había escrito al llegar a México en 1940. El narrador, que quiso hacer algo con la historia, grabó unas conversaciones con su abuelo para cubrir las lagunas que percibía en el manuscrito. Sin embargo, el narrador llegó a abandonar el proyecto hasta que, en una visita a España, se dio cuenta de que los jóvenes universitarios ignoraban la historia de la guerra civil y el exilio. Sintiéndose “un poco ofendido de que el exilio republicano hubiera sido extirpado de la historia oficial de España” (Soler 2004: 16), el narrador decidió retomar la historia de su abuelo. En segundo lugar, este capítulo narra el inicio del exilio de Arcadi, que en la fase final de la guerra civil decide cruzar la frontera y buscar asilo en Francia, donde sin embargo acaba encerrado en el campo de concentración de Argelès- sur-Mer.

En el segundo capítulo, “La Portuguesa”, el narrador rememora con mucho humor algunos episodios de su infancia, que transcurrió en la plantación de café que Arcadi fundó en la selva veracruzana con sus compañeros catalanes. Aparte de recrear la vida cotidiana de la familia, el narrador llama la atención sobre la desigualdad social y la supervivencia de las estructuras coloniales en el México contemporáneo por medio de las historias de los criados de su propia familia y de los trabajadores de la plantación.

El tercer capítulo, denominado “Argelès-sur-Mer”, relata la estancia de Arcadi en el campo de concentración francés enfatizando las condiciones inhumanas de los presos. En este capítulo, se presenta también al personaje de Luis Rodríguez, embajador de México en Francia. El embajador Rodríguez era el encargado de llevar a cabo el ambicioso proyecto del general Lázaro Cárdenas, cuyo objetivo era dar asilo en México a todos los republicanos españoles que lo quisieran.

“The french connection”, el cuarto capítulo, narra la huida de Arcadi y su vida errante por el sur de Francia hasta llegar al Hotel Midi donde el embajador Rodríguez lo protege de la deportación a España. Asimismo, este capítulo profundiza en el arduo trabajo del embajador para poner a salvo el mayor número posible de republicanos españoles. Además, el narrador sintetiza en pocas páginas el destino infeliz de los familiares de Arcadi que se quedaron en España.

En el quinto capítulo, titulado “El complot”, el narrador cuenta el proceso de investigación que él mismo lleva a cabo en Francia para rastrear la trayectoria de su abuelo. El narrador entrevista a un amigo de Arcadi que le revela que en los años sesenta el abuelo había formado parte de un complot de la Izquierda Internacional cuyo objetivo era asesinar a Franco. El resto del capítulo narra minuciosamente la historia de ese proyecto de atentado, en cuya preparación Arcadi perdió un brazo y un amigo suyo, la vida.

El capítulo final, nombrado “La Guerra de Arcadi” al igual que el primero, narra la ansiada vuelta de Arcadi a su Cataluña natal en 1979, donde sin embargo se siente un extraño y se da cuenta de su desarraigo. Esta experiencia dolorosa, que Arcadi vive como una segunda derrota, produce un cambio profundo en el personaje. Arcadi

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renuncia a sus convicciones de toda la vida y va aislándose progresivamente hasta convertirse en “un santón de la selva” (Soler 2004: 234).

Como muestra la descripción de los capítulos, el relato se organiza temáticamente y, en muchos casos, los capítulos se articulan en torno a un espacio concreto, lo que produce una estructura clara. Los capítulos contienen a menudo anécdotas y personajes que parecen desconectados de la trama principal, pero en la mayoría de los casos estos vuelven a aparecer en el relato más adelante y su pertinencia para la trayectoria de Arcadi se hace evidente.