PARTE I: LA NOVELA COMO MEDIO DE MEMORIA CULTURAL EN LA
4.2 Cartas y monólogos: una multitud de voces
Cartas desde la ausencia comprende cuatro partes, de las que dos consisten en
correspondencia y dos son monólogos interiores. La forma epistolar, al igual que la del monólogo interior, permite reducir al mínimo el papel del narrador y otorgar la voz a los propios personajes. Por tanto, el narrador de la novela solo retiene las funciones de seleccionar el material narrativo y organizar el relato. Minimizada la intervención del narrador, el lector tiene un acceso aparentemente inmediato a la correspondencia de los personajes, así como al discurso interior de dos personajes, Jaume y Andreu. Tanto los monólogos como las cartas hablan de experiencias duras, incluso extremas, en tiempos de guerra, dictadura y revolución, y revelan a menudo un lado íntimo y vulnerable de los personajes, lo que contribuye a crear una fuerte conexión emocional entre el lector y los protagonistas.
Sin embargo, las cartas no proporcionan acceso a la mente de los personajes ni a la realidad de los hechos, por lo que no siempre resultan fidedignas. En ocasiones, los personajes omiten cosas, embellecen la verdad o directamente mienten en sus cartas por varios motivos, tanto para ahorrar sufrimiento a sus seres queridos como para cubrirse las espaldas. Tampoco los monólogos son del todo sinceros porque, en lugar de registrar el fluir del pensamiento espontáneo del personaje, son en realidad una especie de “cartas mentales”, discursos interiores hasta cierto punto elaborados, que un personaje a punto de morirse, incapaz ya de escribir, dirige a una persona amada. Aunque ambos monólogos contienen un elemento de confesión, también puede detectarse en ellos el deseo de los personajes de justificarse y de dejar una buena imagen de sí mismos.
La correspondencia está afectada también por la censura. Los personajes toman en cuenta la censura oficial al escribir, por lo que ejercen autocensura y callan sobre ciertos asuntos o utilizan expresiones veladas, circunloquios y eufemismos. Aparte de ocultar referencias a las creencias o actividades políticas no aprobadas por el régimen en poder
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—el franquista en España y el estalinista en la Unión Soviética—, los personajes hablan de modo encubierto también sobre ideas o actividades contrarias a la moral establecida, como las relaciones extramaritales o el aborto en el caso de España. Sin embargo, los personajes no siempre utilizan el correo normal, sino que recurren a otros medios para hacer llegar cartas de contenido comprometido, lo que les permite expresarse de modo más directo y tratar cuestiones delicadas. A pesar de la autocensura de los remitentes, parte de la correspondecia incluida en la novela ha sido censurada: las cartas de Jaume enviadas desde la cárcel durante la guerra civil y las cartas que Andreu y Víctor envían desde la URSS a partir de 1948. No obstante, el lector llega a conocer el contenido total de las últimas porque las partes tachadas por las autoridades aparecen en la novela meramente subrayadas.1
Debido a la ausencia de una voz narradora que interprete las cartas u ofrezca datos adicionales,2 el lector tiene que atar cabos por sí mismo y adquiere, por consiguiente, un papel más activo que en las dos obras analizadas anteriormente. Sin embargo, la novela no resulta en absoluto difícil de seguir. Las cartas se completan unas a otras y, en los casos en que proporcionan datos contradictorios, resulta bastante fácil deducir lo que es cierto y por qué motivo alguien dice lo contrario. Asimismo, los monólogos aportan información complementaria, sobre todo en cuanto a la vida de Andreu y Víctor en la Unión Soviética. El monólogo interior de un Andreu mayor resulta una forma más apropiada que la epistolar para narrar ciertos episodios de la vida de los hermanos, ya que al llegar a la URSS los niños apenas sabían escribir y, más adelante, Andreu se implicó en actividades políticas que no podía discutir por correspondencia.
En total, Cartas desde la ausencia tiene una decena de personajes centrales, que pertenecen a tres generaciones: la primera la forman Jaume, su esposa Carmen, su hermano Ramon y su amante Elisa, junto con Gloria y Salvador, matrimonio amigo de Jaume y Carmen; la segunda incluye a Andreu y Víctor, así como a Beatriz, hija de Gloria y Salvador; Paula, hija de Beatriz y Andreu, representa a su vez a la tercera generación. Aunque muchos de los personajes son militantes comunistas, las voces que confluyen en la obra son de gran variedad. Las cartas de hombres y mujeres, soldados y civiles, militantes y apolíticos, adultos y niños retratan los acontecimientos de modo diferente y enfatizan distintos aspectos de la vida, creando así un amplio panorama de su tiempo. Además, el formato epistolar contribuye a crear una impresión de “historia vivida”: en las cartas, lo político y lo privado se entremezclan de modo natural, ya que los personajes utilizan este medio tanto para expresar sus sentimientos —el afecto, el entusiasmo, la desesperación, el miedo, la añoranza— como para discutir cuestiones políticas, asuntos prácticos y novedades de amigos y familiares.
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Una nota de la autora a pie de página aclara que la versión de las cartas incluida en la novela se corresponde con el duplicado guardado por el Servicio Exterior de Falange, que interceptaba todas las cartas de los niños de Rusia y las censuraba antes de entregarlas a sus destinatarios (Riverola 2008: 192) .
2 No obstante, la novela contiene tres notas de la autora, dos de las cuales (Riverola 2008: 54, 62)
aportan información sobre algún personaje histórico y una (Riverola 2008: 192) que se refiere al procedimiento a que las autoridades españolas sometían las cartas de los menores expatriados.
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