PARTE III: EL MODO RECONSTRUCTIVO DE REPRESENTAR EL PASADO
3 M ALA GENTE QUE CAMINA DE B ENJAMÍN P RADO
3.6 La novela como testimonio y medio de divulgación
Mala gente que camina es una novela que emplea una amplia gama de técnicas
metaficticias, por lo que llama la atención la ausencia de una reflexión explícita sobre el valor de la literatura y el tipo de conocimiento particular que la ficción puede aportar frente a otros discursos como el historiográfico o el testimonial.
El narrador de Mala gente que camina es profesor de literatura y, cuado lee por primera vez Óxido, se fija en las virtudes literarias de la novela:
Contra todo pronóstico, el libro de Dolores Serma me dejó impresionado. Era una historia que parecía tener el sello de Kafka, además de alguna conexión con la literatura gótica; y que, para estar escrita en 1944, resultaba muy moderna: sin duda, ésa podría ser indistintamente el comienzo de un relato de Samuel Becquett o de Julio Cortázar. Su estilo era de una sequedad hipnótica, en eso coincidía con Carmen Laforet, y el escenario que creaba […] era muy eficaz, te producía una inquietud adictiva algo mareante.
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Era indiscutible que Dolores Serma tenía buena prosa, y desde luego, nada en común con las retumbantes hipérboles de algunos narradores orgánicos del franquismo. (Prado 2007: 139)
Sin embargo, resulta evidente que para el narrador el valor de la obra radica en su calidad de testimonio sobre el robo de niños, mientras que los méritos literarios de Óxido solo le sirven como pretexto para convencer a Carlos que le permita consultar los documentos personales de Serma:34
—[…] hasta ahora [no] sabías que la literatura fue su gran vocación, y no un simple pasatiempo. Ni que su novela podría llegar a ser considerada una de las grandes obras de la posguerra. Eso lo cambia todo.
Estuve atento al impacto que le causaba [a Carlos] aquella exageración. No vi gran cosa.
—Perfecto —dijo—, y hasta ahí ya sabes que cuentas con nuestro apoyo y nuestra gratitud.
—Sí, pero el problema es el siguiente: estoy seguro de que Óxido contiene algunas claves autobiográficas y necesito conocer algo más la vida de Dolores y de su hermana, para comprobarlo. (Prado 2007: 315)
Asimismo, el análisis textual de Óxido que el narrador lleva a cabo es muy mecánico y se centra en la búsqueda de correspondencias exactas entre el mundo narrativo y la realidad cotidiana de la España de la posguerra.35 Para el narrador es evidente desde el primer momento que Óxido es una alegoría del rapto de los hijos de las represaliadas. Sin embargo, no se contenta con el hallazgo de esta obra literaria singular, sino que anhela encontrar otras pruebas que confirmen su sospecha de que Dolores Serma fue testigo de los hechos históricos a los cuales su obra alude. Solo cuando descubre los apuntes personales de la escritora, puede finalmente dar por cierto que “lo que había contado en su novela era la verdad” (Prado 2007: 328). Por consiguiente, para el narrador el valor de la obra de Serma no se halla en su capacidad de evocar el ambiente represivo de la posguerra o de transmitir al lector la angustia de la protagonista que busca durante años a su hijo desaparecido, sino que la considera valiosa por su correspondencia con la realidad y porque está basada en hechos reales vividos por la autora.
Al escribir su propia novela, el objetivo del narrador es dar a conocer los resultados de su pesquisa. No elige el género de ficción por causa de una vocación literaria, sino que recurre a él como subterfugio para evitar la previsible demanda de Carlos: “La ficción es uno de los dos únicos territorios en que es posible esconderse de los abogados. El otro es el cementerio” (Prado 2007: 421), explica. Lo que hace el narrador, por
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El narrador utiliza la misma estrategia también en las páginas 307-308 y 316-317.
35 La novela narra la historia de Gloria, que durante años busca angustiosamente a su hijo en las
calles de una ciudad fantasmagórica a pesar del acoso de las autoridades; según el narrador, las zanjas que se van abriendo en la ciudad en la que se ambienta la novela son “un reflejo de las fosas comunes de Franco” (Prado 2007: 143); en el relato reina la oscuridad “porque [en la posguerra] había continuos cortes de luz; y si Gloria camina entre ‘árboles cortados’ y ‘chimeneas frías’ es porque se prohibió el gasoil para las calefacciones’” (Prado 2007: 143); y las calles que parecen cambiar de nombre son simplemente el reflejo del hecho de que “los vencedores sustituyeron los nombres de la ciudad de los vencidos” (Prado 2007: 143).
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consiguiente, es reducir la literatura a un mero medio de difusión de conocimientos históricos, lo que explica en parte la abundancia de datos y la escasez de introspección y profundización en la vivencia de los personajes. De hecho, la postura del narrador se asemeja en muchos sentidos a la del propio autor. Al igual que el narrador, también el autor de la novela tiende a anteponer el mensaje al medio y el contenido a la forma, lo que le lleva a desaprovechar, en parte, el potencial estético, expresivo y persuasivo propio de la literatura. Como señala Santamaría Colmenero (2012: 63-64), Mala gente
que camina transmite “una concepción simplista de la forma en la que el arte puede
expresar una verdad”, y al apropiarse de un afán más propio de la historiografía que de la literatura, la novela también “pierde parte de su ímpetu para generar otro tipo de conocimiento distinto del que puede proporcionar la historiografía” (Santamaría Colmenero 2012: 63-64).
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4SOLDADOS DE SALAMINA DE JAVIER CERCAS