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Conciencia e intencionalidad: la tesis de Husserl

In document Auroux Silvain La Filosofia Del Lenguaje (página 187-190)

Que el lenguaje signifique implica que existen conexiones entre los signos lingüísticos, las representaciones mentales y el mundo exterior. La problemática de la intencionalidad supone que esta conexión tiene por

1. Esta propiedad ha sido puesta en evidencia por la teoría cartesiana del cogito ("yo pienso") y ha sido radicalizada por la teoría kantiana del sujeto trascendental: existe un "yo pienso" que acompaña todas mis representaciones, el sujeto trascendental es este "yo" que no puede jamás ser objeto.

2. Cf. Platón, Fedro: "¿Quieres hablar del discurso de quien sabe, del discurso vivo y animado, del cual el discurso escrito no es propiamente hablando más que la imagen?" (276 b).

fundamento las propias representaciones. En las segundas Investigaciones

lógicas, Husserl intenta describir los actos (intencionales) que confieren

la significación1. Se ve perfectamente el papel del acto de conciencia en el caso del nombre:

Lo que importa, en primer lugar, no es la representación; no se trata de dirigir el interés hacia ella ni hacia lo que ella pueda concernir, lo que importa es dirigirla hacia el objeto representado; se trata de apuntar ha- cia él, de nombrarlo y de establecerlo para nosotros como tal (PUF, 1969: 67).

Hacer reposar la significación sobre el acto de conciencia tiene con- secuencias ontológicas bastante fuertes: es absolutamente necesario que la significación se construya en el interior de la esfera de la conciencia (de la interioridad del sujeto pensante). Es una consecuencia que Husserl des- cribe perfectamente en Lógica formal y trascendental:

Las formaciones lógicas [...] están dadas exclusivamente en el interior, exclusivamente gracias a las actividades espontáneas y en ellas (PUF, 1965: 112).

Las entidades intrínsecas a la conciencia son de un género bastante particular: son las ideas, los conceptos, los actos intelectuales (afirmar, negar, dar un sentido, etcétera). No hay en la conciencia cosas como los objetos del mundo o las colecciones (o clases) de estos objetos. Pero el problema es relacionar estos dos tipos de entidades, ya que el lenguaje ha- bla del mundo.

La tesis husserliana (que podemos bautizar tesis de la intencionali-

dad, en sentido propio) consiste en sostener que esta relación es el hecho

1. La utilización de la descripción definida (la significación) no debe llevar a equívo- cos; existen diversos conceptos posibles de significación, de los cuales Husserl distingue cinco: la indicación (los signos concebidos como índices, por ejemplo, una marca de tiza para distinguir una puerta de otra; no hay allí significación en el sentido propio); el conte- nido en tanto que sentido intencional (significación pura y simple, que corresponde a un acto donante de sentido); el contenido en tanto que sentido satisfecho (una expresión posee una significación cuando la posibilidad de una ilustración intuitiva, formando una unidad, co- rresponde a su intención; no es el caso del círculo cuadrado); el contenido en tanto que objeto (la referencia de Frege); la connotación (cuando un nombre designa su objeto por el lado de una propiedad; el término proviene de J. St. Mill). Es claro que para Husserl sólo el acto do- nante y el acto de satisfacción dan origen a la significación en el sentido propio

de la sola conciencia1. Esta tesis elimina inmediatamente una concepción conductista de la significación (Skinner, por ejemplo) que la reduce a ser una respuesta (diferida y sustituía) de un estímulo externo. Desde este punto de vista, el contenido de la tesis de la intencionalidad no se remonta a Husserl, sino a la Lógica de Port-Royal (1662), cuando Arnault y Lance- lot hacen de la afirmación un acto intelectual necesario para la constitu- ción de un enunciado e intentan construir una representación del razona- miento humano que se apoya enteramente sobre los contenidos de con- ciencia que son las ideas.

Una idea es un contenido intencional ("la forma de nuestro pensa- miento mediante la cual tenemos, inmediatamente, conciencia de estos mismos pensamientos", decía Descartes); en este sentido posee lo que los señores de Port-Royal denominan una comprensión (es decir, una defini- ción con la ayuda de otras ideas; por ejemplo, la comprensión de la idea de hombre es "animal racional"). Pero está también ligada a otra cosa completamente diferente: posee una extensión (por ejemplo, la clase2de los hombres). Es por referencia a la extensión que se reemplaza, frecuen- temente, el término comprensión por el de intensión (¡con s!). Se visuali- za así, fácilmente, la oposición entre intensión y extensión. Lo que la tra- dición posteriormente denominará la ley de Port-Royal las relaciona explí- citamente la extensión y la comprensión de los conceptos varían en pro- porción inversa, o también: cuanto mayor sea la extensión de una idea me- nor será su comprensión y recíprocamente. La ley de Port-Royal es, sin duda, la concepción más simple, más clara y la más fuerte de la tesis de la

1. Es evidente que algo del problema de la intencionalidad se encuentra expresado en el texto de Platón citado más arriba. Sin embargo, el problema no puede formularse explí citamente más que en la hipótesis de la ontología dualista cartesiana, para la cual el espíri tu no tiene nada en común con el mundo. En tanto nos apoyemos en la concepción antigua (la participación platónica que relaciona el mundo sensible con el mundo de las ideas o la teoría aristotélica de la percepción, acto común del perceptor y lo percibido), no hay ver dadera autonomía del espíritu y, por ende, no hay problema de intencionalidad en sentido propio. La fuente de este último es, indiscutiblemente, la forma en la cual, en la filosofía medieval, por una parte la intentio secunda (el concepto general) adquirió el estatuto no realista de entidad mental y por otra parte el actus exercitus (el acto del espíritu durante la enunciación) adquirió independencia en relación a su contenido.

2. Nuestra exposición no es del todo exacta históricamente: recién en el siglo XVIII se considerará a las extensiones como clases de individuos y, en rigor, la formulación de la ley de Port-Royal que damos más adelante no aparece de esta forma en la Lógica. En aras de la precisión histórica, el lector debe mantener estas observaciones en su memoria; no intervienen, sin embargo, en la continuación de nuestra argumentación. Se hallará en Au- roux, 1993, una exposición técnica e histórica completa acerca de estas cuestiones, de las que ya hemos echado un ojeada en el cap. 4 cuando tratamos el problema de la referencia.

intencionalidad. Permite a Arnauld y Nicole construir la lógica como un cálculo sobre las ideas.

In document Auroux Silvain La Filosofia Del Lenguaje (página 187-190)

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