• No se han encontrado resultados

La escritura y el nacimiento de las ciencias del lenguaje

In document Auroux Silvain La Filosofia Del Lenguaje (página 59-63)

Una tradición tenaz, entre los historiadores, los filósofos e, incluso, los lingüistas, sostiene que el conocimiento lingüístico sería el origen de la escritura. ¿Cómo imaginarse que una tecnología tan abstracta y tan compleja, que incorpora un conocimiento tan fino de la estructura lingüís- tica, haya podido desarrollarse sin un saber previo y bien constituido? Las ciencias del lenguaje derogarían así la ley común de que todos los saberes científicos son productos de la escritura. Pero, por un lado, la etnología nos muestra que no hay, en las civilizaciones orales, saber lingüístico se- mejante a nuestras gramáticas, nuestras lógicas y nuestras retóricas. Por otro lado, la historia nos muestra indudablemente que en las civilizaciones donde surgió un saber lingüístico (véase el apéndice 1) éste ocurrió indu- dablemente después de que la escritura llegara a ser una técnica bien do- minada. Para la historia de los conocimientos lingüísticos el umbral de la

escritura parece ser, entonces, fundamental.

La expresión "conocimiento lingüístico" es profundamente ambigua. Conocer una lengua es saber hablarla. Si yo sé hablar español, de una cierta forma, sé necesariamente qué es un nombre o un adjetivo. Ello no significa que sepa explicarlo. Se puede imaginar un estado de aprendizaje de la lengua en el cual el sujeto no posea las palabras "nombre" y "adjeti- vo" ni ninguna equivalente, pero sí pueda hacer frases en español que in- cluyan nombres y adjetivos. "Conocimiento" o "saber" lingüístico poseen, entonces, dos sentidos muy diferentes. En el primer sentido, este saber es inconsciente y no está representado. Siguiendo una terminología creada por el lingüista francés A. Culioli, diremos que el sujeto posee un saber

epilingüístico. Este saber permite igualmente una cierta conciencia lin- güística, como cuando soy capaz de rechazar una frase sin poder decir por

qué. Pero puedo también dar razones de mi rechazo, por ejemplo, explicar que al decir "la número" se determina un sustantivo masculino mediante un artículo femenino, lo que viola las reglas de concordancia del español. " "La número" ", "artículo", etc. son términos lingüísticos que representan

1. Hemos seguido en esta parte del capítulo numerosos desarrollos que el lector podrá volver a encontrar con mayor detalle en S. Auroux, La révolution technologique de la

términos lingüísticos: son términos metalingüísticos. Sólo hay ciencia del lenguaje cuando existe un saber metalingüístico, cuando se dispone de un lenguaje (metalenguaje) para representar otro lenguaje (lenguaje objeto)1. Las artes del lenguaje surgen antes de las ciencias del lenguaje: han existi- do poetas, recitadores y oradores en las sociedades orales, sin que haya habido artes poéticas o retóricas, del mismo modo que existen intérpretes que han aprendido la lengua extranjera sólo por inmersión. Esto puede sorprender, porque estamos habituados a aprender las lenguas extranjeras a partir de sus características gramaticales. Pero no se debe subestimar los "saber hacer" puramente técnicos: el arte musical de ciertas sociedades orales (de los pigmeos aka del África oriental, por ejemplo) es extremada- mente sofisticado y, sin embargo, no disponen para guiarse de ningún sa- ber explícito y coherente. Es necesario hacerse a la idea: la versificación existe antes de los tratados de métrica. El surgimiento de las ciencias del lenguaje es el pasaje de un saber epilingüístico a un saber metalingüístico.

Para que existan ciencias del lenguaje es necesario que el lenguaje ocu- pe el lugar de objeto. Es necesario que esté allí, frente a nosotros, como ma- nifestación de sí mismo y no de otra cosa, contrariamente a lo que ocurre en su uso cotidiano. El proceso de la aparición de la escritura (queremos decir de una escritura) es un proceso de objetivación considerable y sin equivalente anterior. Los textos tienen la posibilidad, en lo sucesivo, de ser fijados, ya no en la memoria colectiva, capaz de cambiarlos a medida que los toman las nuevas generaciones, sino tal como han sido en un momento dado del tiem- po, inalterables en sí mismos.

No es entonces por azar que con frecuencia se observe el inicio de la reflexión lingüística después de la constitución de la obra escrita caracte- rística de la civilización en cuestión (Hornero, el Corán) y con referencia a ella. Pero, lo que hace que la reflexión lingüística se ponga verdadera- mente en marcha es la alteridad, encarada esencialmente desde el punto de vista de la escritura. Así, los egipcios listan las palabras no autóctonas y los escribas utilizan convenciones diferentes para notar el deterioro fo- nético de las grafías antiguas. En el siglo III antes de nuestra era, las listas

1. Una de las propiedades de los lenguajes naturales es poder integrar su propio meta- lenguaje: "sustantivo es una palabra del español que se aplica a las palabras del español (incluida ella misma). Esto es posible no sólo por la creación en la lengua de términos me- talingüísticos específicos (la terminología gramatical), sino también porque los términos pueden designarse a sí mismos (autonomía, lo que los lógicos medievales denominaban

suposición material, véase: 143). En la escritura marcamos este nuevo empleo mediante

comillas y el procedimiento puede ser iterado " "la número" " es el nombre de "la núme- ro" que es el nombre de la número).

de caracteres chinos obedecen a la dificultad de lectura de los textos anti- guos; las consideraciones fonéticas aparecen cuando en el siglo I de nues- tra era el desarrollo del budismo lleva a transcribir los textos sánscritos. Dicho de otro modo, el desarrollo del saber lingüístico tiene una de sus fuentes en el hecho de que la escritura, al fijar el lenguaje, objetiva la alte- ridad, y ésta proviene de la antigüedad, cuando es necesario leer un texto que ya no corresponde al estado de la lengua, o de la novedad, cuando se trata de descifrar un texto que no se conoce con anterioridad1o de transcri- birlo a otra lengua. La filología y la lexicología aparecen primero, no como disciplinas, evidentemente, sino como modos de aprehensión del lenguaje.

La escritura produjo también la aparición de técnicas autónomas y completamente artificiales, así como uno de los primeros oficios del len-

guaje en la historia de la humanidad, el de escriba, atestiguado ya tanto

entre los egipcios como entre los sumerios. Es verosímil que haya produ- cido el surgimiento de técnicas y tradiciones pedagógicas, ya que sabe- mos que había escuelas. Entonces, es en torno de estos oficios y técnicas y en el seno de los profesionales de la escritura, donde surgen, con frecuen- cia, las ciencias del lenguaje. Sin embargo, aunque es evidente que toda escritura supone normas, principalmente estilísticas, esta no parece produ- cir automáticamente una reflexión sobre la naturaleza del lenguaje, un sa- ber codificado acerca de los procedimientos lingüísticos a partir de sus propias técnicas. Tomemos el ejemplo de una escritura de tipo fonética. Posee caracteres silábicos o alfabéticos; para ser escriba, es necesario aprender a trazarlos o reconocerlos. Podríamos esperar entonces que las listas de caracteres (como nuestros abecedarios), en tanto técnicas propias de la escritura, aparezcan muy temprananamente. Sin embargo, no parece que ello siempre ocurra: el primer silabario babilonio del que tenemos co- nocimiento surgió de las listas temáticas tradicionales, de las que se han aislado ciertos grafemas por extracción.

En los babilonios, los egipcios y los chinos parece haber ocurrido un proceso análogo. Primero aparecieron las listas temáticas (por ejemplo, bovinos, pescados, armas, profesiones, etc.) Su utilidad no es muy clara en un principio; podrían haber servido en las prácticas contables y ten-

1. De modo general, los primeros textos escritos son los textos que ya se conocen; la escritura posee, de alguna forma, la función de ayudamernoria. La aparición de las prime- ras "artes gramaticales" en Grecia (siglos V-IV) parece ligada al hecho de que, en adelan- te, se propone a los alumnos descifrar textos que no conocen. Debe notarse que el término griego para "leer" es anagignoskein, cuyo sentido etimológico es el acto de reconocer un texto que ya se sabe de memoria.

drían, probablemente, un papel mnemotécnico, orientado menos hacia el lenguaje que hacia los objetos del mundo. Nos parece que se debe matizar la tesis de Goody según la cual el listado es una tecnología especificamen te escrita (1979, cap. 5). Encontramos la práctica del listado de palabras en las sociedades orales, y se puede suponer que las primeras listas escri-tas son probablemente, si no la transcripción exacta de listas orales más antiguas, al menos su adaptación y sistematización. La escritura simple- mente transforma su extensión, grado de regularidad y alcance. En Meso- potamia ésta les dio el estatuto de metodología intelectual muy general. En todo caso, no hay ninguna razón para pensar que hayan sido constitui- das en su origen para el aprendizaje de la escritura. Son fundamentalmente inventarios y, los más complejos, una especie de enciclopedia. Existe todo tipo de usos sociales e intelectuales posibles para este género de listas. Han servido para el aprendizaje de la escritura; se las debía encontrar en todas las escuelas y el aprendiz de escriba las copiaba y recopiaba sin duda: es esto lo que explica que hayan llegado hasta nosotros. Antes de que se copiasen los versos de Hornero, el pequeño sumerio (y el pequeño acadio) copiaba listas. Esto no tiene nada de irracional si se supone el uso social generalizado de estas listas. Desde el punto de vista del aprendizaje de la escritura esta situación tiene, incluso, una cantidad de ventajas prác- ticas, aunque más no sea la que surge de la necesaria liberación de los contextos. Consideremos ahora la cronología. En los babilonios y los egipcios los paradigmas aparecen después de las listas, como comentarios que se agregan a ellas. Es todavía más claro en los chinos: la Eryia yin yi, de Sun Yan, la primer obra de fonética, es explícitamente un comentario de la Erya, una lista temática de caracteres. Sin forzar demasiado las co- sas, se puede decir que cuando dan origen a un verdadero saber lingüísti- co, las listas léxicas tienen el papel de los textos de Hornero, del Corán o de los Vedas. Es en torno suyo que se construye este saber. Dicho de otro modo, el saber lingüístico, aunque surgió en ocasión del aprendizaje de la escritura, no tiene su fuente directamente en la racionalización del domi- nio de ésta, sino, de forma más compleja, en la de los textos después de que fueron escritos.

Para que surja verdaderamente el saber lingüístico es necesario, to- davía, que la ubicación del lenguaje en la posición de objeto, un efecto au- tomático de la escritura, esté acompañada, si no siempre de una discusión que utilice términos metalingüísticos, por lo menos de una indicación clara de que se está en presencia de un tratamiento metalingüístico. Puede verse bastante bien cómo esto se produce en la tradición babilónica si se

considera el gran silabario Ea en sus versiones bilingües. La presentación está estandarizada, en filas y columnas, una técnica inaccesible a la orali- dad; volveremos al tema más adelante. Encontramos pasajes como el si- guiente:

kur: LAGAB: laggabu: kabru

gur: LAGAB: lagabbu: KA.KA.SI.GA Lo que se interpreta de la manera siguiente:

El signo lagabbu, con lectura sumeria kur quiere decir kabru, "grueso"; el valor gur es un fonograma sin equivalencia semántica.

El término KA.KA.SI.GA es entonces un término técnico metalín- güístico (que se puede traducir por "valor fonético"). Se trata de un térmi- no evidentemente ligado a la presencia de la escritura. Se podrían buscar los que no tengan esta dependencia. La mayoría son, en su origen, térmi- nos no técnicos (por ejemplo, el término que designa el plural gramatical es originariamente un término corriente de la lengua que designa la plura- lidad), que son ulteriormente especializados.

In document Auroux Silvain La Filosofia Del Lenguaje (página 59-63)

Documento similar