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La coraza corporal y su modificación

In document Corrientes Fundamentales en Psicoterapia (página 52-59)

4 1.1 Las funciones ectopsíquicas de la conciencia

5.5 La coraza corporal y su modificación

Dijimos ya que Reich, en su El análisis del carácter, de 1933, entendía el acorazamiento caracterial en buena parte todavía en términos psíquicos. Pero ya en 1934 introdujo el concepto de «acorazamiento muscular». Se basó en el descubrimiento de que las resistencias neuróticas típicas se manifestaban en el terreno físico en tensiones musculares igualmente típicas: los «acorazamientos musculares>. De esta manera la energía vital sexual puede quedar ligada, y enfrenadas, p.ej., la ira y la angustia. Estas contracturas musculares contienen por así decir la historia y el sentido de su génesis: son los correlatos somáticos de los conflictos neuróticos y los lugares donde estos anclan. Así la neurosis se convierte en expresión de una perturbación crónica del equilibrio vegetativo y de la movilidad natural (Reich, 1972, pág. 227). Es importante considerar los fenómenos psíquicos y somáticos como aspectos distintos, dialécticos, de una totalidad.

En todo esto hay que comprender que para Reich la tensión y la distensión físicas forman parte de un plexo más amplio y no son sino los términos finales de una serie que a su juicio es decisiva para inteligir los procesos vitales en general: del reflejo del orgasmo, pasando por la división del huevo, hasta llegar a los movimientos de traslación de la ameba. Esta secuencia, caracterizada por Reich como «la fórmula de la vida», se compone de un ciclo en cuatro tiempos: tensión mecánica, carga bioeléetrica, descarga bioeléctrica, distensión mecánica. En este punto Reich se apoya en la concepción del médico internista de Berlín, Friedrich Kraus, quien había descrito los procesos electroquímicos que se cumplen en el interior del cuerpo así como innumerables superficies de contacto entre membranas y fluidos electrolíticos de diversa densidad y composición, y había introducido el concepto del «movimiento osmótico» de los fluidos corporales. A pesar de la elevada importancia que Reich otorga a su descubrimiento del ciclo en cuatro tiempos, «expansión (estiramiento, dilatación) y contracción (compresión, estrechamiento)» siguen siendo no menos importantes en tanto «oposiciones primordiales de la vida vegetativa» (cf. Reich, 1972, págs. 188-225, donde se elucidan muchos aspectos de este «ciclo en cuatro tiempos», y de aquella oposición, sobre la base de descubrimientos biológicos, mecánicos, etcétera).

La ya citada comprobación de Reich de que angustia y placer son manifestaciones opuestas de la misma energía (placer se produce cuando esta energía aparece en lo genital; angustia, cuando interesa al corazón o, con más exactitud, al sistema cardiovascular) se relaciona ahora con la nueva perspectiva: placer y angustia son los correlatos anímicos de la expansión y la contracción. Armoniza con esto el hecho de que la angustia se calma con una inyección intramuscular de acetilcolina (Misch y Misch, 1932): esta sustancia actúa sobre el sistema parasimpático (vagotónico), con ensanchamiento de los vasos sanguíneos (en este mismo sentido, Kraus había descrito el efecto de las sales de potasio y de sodio, o de sus iones en el electrólito). Opuestamente, se puede producir angustia con una reacción corporal inversa, a saber, de estrechamiento y contracción (reacción del sistema simpático) por medio de una sustancia de acción contraria a la colina, p.ej., la adrenalina (o sales de calcio y de magnesio). Estas son en general las bases de las ideas de Reich sobre la génesis de las neurosis y su manifestación en la coraza de carácter o en la coraza muscular.

Reich insiste en que nunca son músculos aislados sino complejos de músculos, que corresponden a cierta unidad funcional vegetativa, los que se ponen en tensión y así determinan la estructura de la coraza muscular y de la expresión del cuerpo (de alguien que resiste se dice, en el lenguaje usual, que «no baja la cerviz»). La contractura muscular es el lado corporal del proceso de la represión y la base del mantenimiento de esta (Reich, 1972, pág. 228). Así, contracturas parciales de boca, quijada y cuello indican que es preciso sofocar impulsos de llanto; la respiración superficial con tensión de los músculos abdominales, típica del neurótico, nace en la lucha contra la angustia de expectativa, etc. Funcionalmente, el cuerpo se articula, con relación a la armadura, en siete segmentos: ocular, oral, cervical (cuello), torácico, diafragmático, abdominal y pélvico.

En correspondencia con estos descubrimientos y su elaboración teórica, Reich prefirió cada vez más el trabajo directo sobre el cuerpo al trabajo sobre las pautas (psíquicas) de resistencia en el análisis del carácter. Con diversas formas de masaje, las tensiones musculares eran aflojadas y eliminadas, abordaje que denominó «vegetoterapia analítica del carácter» o, simplemente, «vegetoterapia». Por regla general el trabajo de la terapia del cuerpo empezaba por el segmento torácico, donde se petrifican en particular la ira, el llanto y la añoranza.

Junto al trabajo directo sobre la musculatura endurecida, la vegetoterapia atribuye importancia central al trabajo sobre la respiración, sobre todo en el sentido de una espiración profunda, que, según Reich, es sofocada y estorbada en la mayoría de los neuróticos. Reich, quien ya en esa época se pronunció en favor de la difusión de la medicina psicosomática, responsabiliza en este contexto a la «simpaticotonía» crónica -actitud crónica de inspiración torácica con limitación de la espiración plena (vagotónica), lo cual sofoca sensaciones de órgano y afectos- de toda una serie de síntomas psicosomáticos, p.ej., hipertonía cardíaca y de los vasos, úlcera gástrica, diversos espasmos esfinterianos, etc. (cf. Reich, 1972, págs. 272 y sigs.).

En el detalle de la exposición de casos, Reich muestra que este trabajo corporal trae a la luz de una manera que se diría automática los afectos y, ligados con estos, los recuerdos que fueron decisivos para el desarrollo de los rasgos del carácter neurótico. Escenas y recuerdos cruciales -en la mayoría de los casos provenientes de la niñez más temprana- acuden a la memoria del cliente con toda inmediatez. Por esta razón, en el trabajo vegetoterapéutico cuerpo y carácter (en el sentido ya definido) son tratados en definitiva como funcionalmente idénticos: el trabajo sobre las posturas musculares y sobre la conducta (modalidad de resistencia) característica marchan de consuno, sea que se señalen al cliente sus pautas características de conducta defensiva o sus tensiones posturales crónicas, o que él llegue a percibirlas gracias a ejercicios respiratorios o por la manipulación directa del terapeuta sobre los grupos musculares endurecidos. Para concluir, expongamos de nuevo, con palabras de Reich, este nexo funcional entre excitación corporal y correlatos psíquicos (excitaciones, representaciones, etcétera):

«Tenemos en definitiva la siguiente serie de funciones en el desarrollo de un círculo de representaciones psíquicas en el dominio corporal:

a. La excitación psíquica es funcionalmente idéntica a la excitación corporal.

b. La fijación de una excitación psíquica sobreviene por el establecimiento de cierto estado vegetativo de inervación. c. Este alterado estado vegetativo altera la función de órgano.

d. El "significado psíquico del síntoma orgánico" no es otra cosa que la postura corporal en la que se expresa el "sentido psíquico" [ . . . ].

e. El estado vegetativo fijado reactúa a su vez sobre el estado psíquico; la percepción de un peligro real produce los mismos efectos que una inervación simpaticotónica; esta aumenta la angustia; la angustia acrecentada reclama un acorazamiento que es asimilable a la ligazón de energía vegetativa en el acorazamiento muscular. Esto vuelve a perturbar la posibilidad de evacuación y aumenta la tensión, etcétera.

Lo psíquico y lo corporal se condicionan vegetativamente lo uno a lo otro y al mismo tiempo funcionan como un sistema unitario» (Reich, 1972, pág. 264).

Reich siguió avanzando en la investigación de los aspectos energéticos y de los procesos vitales biofísicos en general hasta el descubrimiento de la energía del orgón; por eso la vegetoterapia modificada fue rebautizada «terapia del orgón». Pero las ideas que expusimos en estas páginas constituyen la base de diversas terapias corporales. Esto es válido en particular para la bioenergética, que sigue de cerca a Reich. Por esa razón en el capítulo que sigue se podrán aclarar todavía algunos puntos del trabajo práctico. A diferencia de Reich, quien en la perspectiva del orgón tenía en vista un nexo entre la energía corporal y la cósmica, la mayoría de estos abordajes de terapia corporal se limitan al tratamiento de la energía corporal (excepción a lo cual es la «terapia del núcleo» de Pierrakos, que en estas páginas mencionaremos sólo muy brevemente; cf. el capítulo 6 y, p.ej., Pierrakos, 1977).

6. Bioenergética (Lowen)

El análisis bioenergético -o sintéticamente la «bioenergética»de Alexander Lowen es hoy más conocido y está más difundido que la vegetoterapia, aunque se edificó en buena medida sobre la base de los trabajos teóricos de Reich. Tal vez esto se deba a que el propio Reich desde mediados de la década de 1940 se dedicó preferentemente a las indagaciones sobre la energía del orgón, que debían proporcionar el fundamento de una «escuela terapéutica». (Por eso ni siquiera la designación de la terapia de Reich es coincidente en quienes lo invocan de manera directa; además de la difundida de «vegetoterapia», p.ej., Elsworth Baker y Arthur Nelson, 1983, emplean la posterior de «terapia del orgón»; David Boadella, 1977, la llama «bioenergética».)

Alexander Lowen (nacido en 1910) trabajó primero (desde 1934) como abogado; en 1940 conoció a Reich, se hizo analizar por él (1942-1945) y fue su alumno durante un lapso de doce años, con una sola interrupción entre 1947 y 1951 para estudiar medicina en Ginebra. Desde 1952 ejerció como psiquiatra en su consultorio. En 1956 fundó junto con John C. Pierrakos en Nueva York el Institute for Bioenergetic Analysis. Pierrakos, también seguidor de Reich, elaboró junto con Lowen los aspectos esenciales de la bioenergética, en lo principal sobre la base de un único analizando, el propio Lowen: «En común hicimos un trabajo sobre mi propio cuerpo, y a partir de esto se desarrolló la bioenergética» (Lowen, 1979, pág. 29).

Pero el concepto de «bioenergética» se asocia casi exclusivamente con Lowen: Pierrakos abandonó en 1974 el mencionado instituto y fundó otro, donde enseñó su elaboración propia de la bioenergética, la «terapia del núcleo>. En este abordaje el concepto de energía aparece mucho más trabajado; se toma en cuenta, p.ej., el «aura» (por «aura» se entiende un campo energético estructurado, pulsante, que rodea a todos los cuerpos; como este fenómeno no ha sido aceptado -¿todavía?- por la psicología académica, su exposición en detalle saldría del marco de este manual introductorio; pero cf., p.ej., Pierrakos, 1977).

A que la designación «bioenergética» se asociara con el nombre de Lowen contribuyó sin duda su prolífica pluma: sustentó su concepción de la bioenergética en profusión de libros y artículos que están bien escritos, son claros, pero hacen que echemos de menos la rigurosa y precisa argumentación lógica de Reich. Tal vez no deje de presentar interés en este contexto la siguiente cita de Kufner (1984, pág. 256): «Parece que cierta vez Lowen dijo a Reich, cuando este le propuso terapia: en realidad lo que yo quisiera es ser famoso. La respuesta de Reich fue: yo lo haré famoso».

Además, existe un tercer cofundador de la bioenergética, William («Bill») Walling, que entretanto ha sido olvidado por completo. Las bibliografías no lo mencionan, y en los trabajos sobre bioenergética sólo se lo cita de pasada o, como ocurre en el caso de Lowen, en un libro (1979) en que empero expone los orígenes de la bioenergética, se omite mencionarlo. «Tal vez», conjetura Kufner (1984, pág. 256), «él [Walling] ha realizado en su vida lo que Lowen tanto recomienda: gozar de ella placenteramente».

En muchas de sus partes, la concepción teórica de la bioenergética se basa en la vegetoterapia. No se puede decir que Lowen haya ampliado sustancialmente la teoría de Wilhelm Reich; su principal mérito consistió más bien en proveer a esta concepción de un vasto espectro de ejercicios saludables y de indicaciones para el trabajo terapéutico concreto. Excepción a esto es sin duda la ampliación de las «estructuras del carácter» de Reich con dos nuevas clasificaciones (véase infra), la esquizoide y la oral: expuso la primera con detalle en su libro La traición al cuerpo (1967), y la segunda, en Depresión (1972).

Los puntos de partida centrales de la bioenergética son en buena medida los mismos de la vegetoterapia, a saber, la economía energética del cuerpo, la necesidad de un fluir desbloqueado, espontáneo en todo lo posible, de esa energía, y su descarga por medio de contracciones musculares, la identidad funcional de bloqueos corporales y psíquicos, es decir, los «acorazamientos» (que se manifiestan en posturas corporales, por una parte, y en actitudes del carácter, o pautas de resistencia, por la otra); y, no en último término, la equivalencia funcional de cuerpo y psique, que desde luego se extiende al trabajo terapéutico, lo cual hace que la designación «análisis bioenergético» resulte sustancialmente más precisa que «bioenergética» para caracterizar esta corriente.

A causa de estas coincidencias, en la exposición que sigue tomaremos en cuenta, en los puntos esenciales, las diferencias del trabajo de Lowen respecto de la vegetoterapia de Reich.

6.1 Estructuras bioenergéticas del carácter

Lowen toma de Reich el «carácter» como perspectiva central. Este es situado en conexión directa con la organización del conjunto de los mecanismos vitales de dominio, organización que está al servicio -sobre todo durante los procesos de desarrollo de la primera infancia, cuando se establecen las estructuras básicas de la defensa frente al displacer y del dominio de los conflictos. La defensa, como estrategia de dominio, queda entonces a cargo del organismo entero (o mejor, del organismo como sistema único) y, por lo tanto, abarca aspectos anímicos y corporales.

Todo estrés, sea físico o psíquico (también respecto de ello la división es arbitraria), causa tensiones en el cuerpo, que normalmente desaparecen una vez eliminado el estrés. Pero si este es permanente (p.ej., conflictos emocionales irresueltos, frustración continua de necesidades importantes, etc.), aquellas tensiones se vuelven crónicas, se precipitan en tensiones musculares. Ya Reich había mostrado que estas son típicas y funcionales con relación a ciertos peligros de los cuales es preciso defenderse: el niño pequeño se defenderá de sentimientos demasiado intensos de duelo y desesperación por medio de una respiración superficial e inhibiendo la espiración. Si hace esto duraderamente, la musculatura interesada adquirirá una tensión crónica. Entonces, las tensiones provienen de conflictos emocionales específicos o de circunstancias gravosas que se han venido experimentando en el curso de la vida. Como el sistema muscular determina la postura del cuerpo, estas tensiones características conducen a «actitudes del carácter» típicas, de las que a su vez resultan determinado vivenciar y cierta conducta (p.ej., la coraza muscular acorde obstaculiza la respiración profunda y, con ello, la vivencia de sentimientos intensos de tristeza).

Las estructuras del carácter son, entonces, pautas típicas de reacción psicosomática y representan «la historia encarnada de la persona, que se puede leer en su cuerpo con la misma precisión con que el desarrollo de un árbol en su respuesta a los cambios climáticos se interpreta por el estudio del crecimiento, la proporción y los tejidos, o sea, los anillos anuales» (Büntig, 1983, pág. 77). El concepto de «pauta de reacción» indica que el abordaje de las estructuras del carácter no se debe considerar estático, como algo que el individuo poseyera (por herencia, o en el sentido de una tara), sino dinámico, como algo que el individuo hace (sobre todo por infortunadas circunstancias). Las estructuras del carácter son hábitos cognitivos y de conducta «encarnados» (en el pleno sentido literal del término) que se repiten de manera cotidiana a modo de un reflejo, casi siempre inconcientemente, y que definen la postura (corporal y espiritual) del hombre frente a él mismo, a quienes lo rodean y a las grandes cuestiones existenciales de la vida.

Respecto de estas pautas básicas son decisivos, como hemos dicho, sobre todo conflictos y traumas experimentados durante los procesos de desarrollo de la primera infancia, en particular, necesidades insatisfechas, cuyas frustraciones han dejado una fuerte marca en el cuerpo. «Están empero sometidas a un metabolismo, y por eso, dentro de límites que dependen de su grado de arraigo y también de la disposición personal al cambio, son modificables hasta un punto que parecía imposible: he visto, con la aplicación de la terapia bioenergética, a esquizofrénicos que recuperaban una relación satisfactoria con el trabajo y el sexo, a mujeres aniñadas que desarrollaban su estrecha cintura [ . . . ] como en una pubertad tardía, a melancólicos de pie plano que recuperaban el arco y las ganas de vivir, a mujeres jóvenes que se libraban de una artrosis en la articulación de la rodilla [. . .]» (Büntig, 1983, pág. 77).

Las estructuras del carácter, que Lowen aplica para la clasificación de los diversos hábitos patológicos (en el sentido indicado), se presentan en una división diferente de la descrita por Reich. Lowen (1979) distingue cinco tipos:

«esquizoide», «oral», «masoquista», «psicopática» y «rígida». Las últimas tres se corresponden aproximadamente con los tipos de Reich, mientras que las dos primeras son aportes de Lowen. Se trata de estructuras adquiridas por frustraciones y conflictos experimentados en la primerísima infancia. Ya en el capítulo que dedicamos a Freud señalamos que ajuicio de muchos científicos (formados en la psicología profunda) estas perturbaciones tempranas se han hecho más frecuentes en las últimas décadas. Büntig (1983) distingue además, dentro de la estructura «esquizoide», una «estructura esquizofrénica del

carácter» que se adquiere a una edad más temprana.

En su teoría del carácter, Lowen (1979) describe cada una de las estructuras por medio de cierto estado bioenergético,

causales e nistóricos. Recordemos que esta clasificación no lo es de individuos sino de actitudes defensivas neuróticas; un individuo concreto, con sus actitudes defensivas, presenta por regla general una mezcla de estos tipos.

Según señalamos, Lowen no se limita a considerar los seis tipos de Reich como «estructuras del carácter» y a agregarles las dos dilucidadas por él, sino que escoge una clasificación nueva; p.ej., el «carácter rígido» de Lowen incluye los caracteres «fáliconarcisista», «pasivo-femenino», «masculino agresivo» e «histérico» de Reich. La razón es que Lowen se guía menos por las fases del desarrollo libidinal según Freud que por una jerarquía de las necesidades en el curso del desarrollo:

0. Existencia: primero, en el útero, el «niño» está, simplemente, guarecido y satisfecho por completo, sin verse obligado a anunciar sus necesidades. Tiene el derecho de existir.

1. Necesidad: tras el nacimiento, experimenta enseguida una variedad de necesidades, de alimento, proximidad, ternura, etc. Aquí se trata del derecho a la satisfacción de necesidades.

2. Independencia: en la siguiente fase del desarrollo, se trata del derecho de ser autónomo e independiente («puedo hacerlo yo mismo»).

3. Proximidad (cobijo): gracias a la independencia adquirida, en la fase siguiente se desarrolla un «te necesito» dirigido a la personalidad de la madre.

4. Libertad: adviene después una fase en que se trata del derecho a la libertad y también a oponerse a los padres. 5. Sexualidad/amor: el último de los derechos naturales de un niño (entre los tres y los seis años más o menos) es la identidad con relación a su propio sexo, o sea, la identificación con el progenitor del mismo sexo y la inclinación amorosa hacia el de sexo opuesto (por lo tanto, de lo que Freud caracterizó como complejo de Edipo).

Daños (frustración de las necesidades) recibidos en estas fases del desarrollo conducen a las correspondientes y características estrategias de dominio: las estructuras del carácter. Estas se pueden entender entonces como «rescrituras anacrónicas de conflictos de la primera infancia, ahora en buena parte inconcientes, entre dos de las necesidades básicas que se siguen en la serie del desarrollo [ . . . ] y que a modo de compulsión de repetición [ . . . ] se reactualizan una. y otra vez en la esperanza (también inconciente) de su resolución» (Búntig, 1983, pág. 80). Así, p.ej., el carácter esquizoide está determinado por el conflicto «existencia contra necesidad» (0/1). La solución de un conflicto significa que la oposición de

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