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Reich contra Freud

In document Corrientes Fundamentales en Psicoterapia (página 48-50)

4 1.1 Las funciones ectopsíquicas de la conciencia

5.1 Reich contra Freud

En el centro de la obra de Reich encontramos cuestiones (bio)energéticas. El desarrollo de sus trabajos después de 1920 se puede considerar una prolongación consecuente de las teorías que Freud sostuvo hasta ese año; parece atinado, por eso, que expongamos aquí los aspectos centrales de la divergencia entre ambos. El propio Reich la interpretaba, todavía en 1942 (cf. Reich, 1972, p.ej. págs. 97, 105, 129, 161 y sig.), diciendo que él había seguido elaborando la genuina intencionalidad de Freud, mientras que este, para salvar la obra de su vida, había entrado en compromisos con los psicoanalistas de la organización creada por él mismo y tolerado que estos, por incomprensión y oportunismo, diluyeran su teoría. Tal vez esta apreciación no sea correcta, pero lo notable es que Reich elaboró soluciones para algunos problemas centrales que Freud había planteado originalmente pero cuya respuesta fue «reprimida» con el paso de los años, por el privilegio concedido a otros aspectos en las teorías de Freud.

De la biografía de Reich se infiere que su punto de partida científico fue la participación que tuvo, siendo un joven estudiante de medicina, en el Seminario Estudiantil de Sexología de Viena; este había sido fundado por estudiantes porque en la Universidad se omitía ese campo temático. En el verano de 1919 presentó allí un informe sobre «El concepto de libido de Forel a Jung». Si en los autores anteriores a Freud «libido» denotaba simplemente el deseo conciente de acciones sexuales -y por lo tanto se trataba de un concepto de la llamada «psicología de la conciencia»-, Freud distinguió entre las formas en que la pulsión se expresa (p.ej., representaciones y afectos sexuales) y la pulsión misma, que en último término no se puede aprehender concientemente. «Libido» en Freud no es entonces el deseo que se siente sino la energía de la pulsión sexual. Ya hacia 1895 Freud había llegado a la convicción de que la enfermedad psíquica guardaba relación con una energía afectiva, y que no sobrevenía cuando esa energía se abreaccionaba.

La labor que Reich desarrolló en este Seminario, del que fue nombrado finalmente director, lo movió a estudiar la bibliografía psicoanalítica y después a conocer personalmente a Freud, quien le causó una profunda impresión. Ya en 1920 fue admitido en la Asociación Psicoanalítica, lo que era inhabitual puesto que sólo en 1922 obtuvo su título de médico. En 1933 fue excluido de la Asociación por divergencias en el trabajo teórico y práctico. Pero esto no le impidió señalar diez años después: «Me considero afortunado por haber sido durante tantos años su discípulo [de Freud] sin ensayar críticas prematuras y con una plena entrega a su causa» (Reich, 1972, pág. 37).

Sin embargo, sus puntos de vista empezaron a diverger a poco de su ingreso a la Asociación porque justamente era la época en que Freud se alejaba cada vez más de su concepción energetista originaria y de la insistencia en la sofocación de lo pulsional: el psicoanálisis se encaminaba hacia una psicología del «yo» en cuyo centro estaban «la estructura del aparato psíquico» y las instancias defensivas (cf. el capítulo 2). Ya en Más allá del principio de placer, publicado en 1920, había puesto a Tánatos (la pulsión de muerte) en un pie de igualdad junto a la libido; en 1923, en El yo y el ello, el «superyó» y los sentimientos de culpa a él asociados pasaron al primer plano, y en 1926 Inhibición, síntoma y angustia introdujo prácticamente una segunda teoría de la angustia: esta ya no era la consecuencia de la falta de descarga de una energía acumulada (reprimida con arreglo a determinados mecanismos, cf. el capítulo 2, 1.2) sino, a la inversa, se la debía considerar la causa genuina de la represión sexual. Para Freud había perdido interés averiguar la causa y la energía de esta angustia. Siguiendo esta orientación, el discípulo de Freud, Theodor Reik, en lugar del conflicto entre exigencia sexual y angustia frente al castigo, privilegió la exigencia de castigo, en armonía con el concepto de la pulsión de muerte; con parecida inspiración, Franz Alexander descubría en los delincuentes una necesidad inconciente de castigo: concepciones, esta y aquella, que Reich. criticó fuertemente.

Entonces, mientras Freud y la mayoría de los psicoanalistas separaban cada vez más «estructura» de «energía» y se volcaban al primero de estos conceptos, el trabajo de Reich siguió concentrado en los problemas de la economía energética, por cuya mediación las perturbaciones neuróticas se manifestaban y se mantenían. Esto lo movió a investigar primero las diversas formas en que esta energía, en las perturbaciones psíquicas, resultaba ligada (solidificada), y en que era impedido su fluir (su evacuación). De este modo, pasando por la elaboración de las nociones (que explicamos más adelante) de «potencia orgásmica», «estructura de carácter» y «reflejo orgásmico», desembocó en el estudio de los ritmos corporales y de la «coraza del carácter», hasta llegar a la «vegetoterapia» y, finalmente, a la biogénesis.

A1 comienzo Freud alentó a Reich en el camino que había emprendido. Pero las divergencias fueron aumentando hasta la segunda mitad de la década de 1920 (aun cuando Reich durante mucho tiempo siguió invocando las concepciones -anteriores- de Freud). He aquí la escéptica reacción de Freud ante el manuscrito de La función del orgasmo, que Reich le había enviado en 1926 como homenaje en su septuagésimo cumpleaños: «¿tan extenso?» (Reich, 1972, pág. 127). Pero dos meses después le escribió: «El trabajo me parece valioso». (Nótese que, como ya lo apuntamos, 1926 fue el año de la ruptura de Freud con su primera teoría de la angustia, según lo atestigua Inhibición, síntoma y angustia; en este punto es bien visible el sentido contrario en que se desarrollaban las teorías de Freud y de Reich.) Al fin, la divergencia entre la

«psicología analítica del yo» y las investigaciones de la economía energética a que Reich había dedicado su vida se hizo tan grande que en 1933 sobrevino la ruptura definitiva.

5.2 Energía, orgasmo y neurosis

Ya dijimos que Freud en 1895 había adoptado el supuesto de que no se producía enfermedad psíquica alguna si era posible abreaccionar la energía afectiva. En relación con la economía energética, Freud postuló una función primaria del sistema neuronal, que consistía en evacuar la energía sin dilación y por completo, y una función secundaria, que lo llevaba a almacenar energía en determinadas neuronas o sistemas neuronales.

En armonía con esto, Reich investigó primero de manera exhaustiva los procesos de la evacuación y el almacenamiento de energía. Sus experiencias clínicas le sugirieron postular una conexión estrecha entre estas nociones: energía y función del orgasmo; la salud anímica depende de la «potencia orgásmica», concepto este que ha sido objeto de diversos malentendidos dentro y fuera del psicoanálisis (por mero desconocimiento o en el afán de desacreditar a Reich): para empezar, la potencia orgásmica tiene poca relación con «tener orgasmos» (en el sentido restringido de la expresión). Más bien se trata de la capacidad de entregarse, sin inhibiciones ni bloqueos, a la corriente de energía biológica que se descarga preferentemente en contracciones musculares involuntarias; abarca, por lo tanto, la relación total de un individuo con su cuerpo y con su pareja. La potencia orgásmica coincide con una actitud caracterial no neurótica de la capacidad de amar, cuyos contrarios son la angustia y el espasmo (el significado preciso de estos conceptos, p.ej., el de «caracterial», y los nexos entre ellos, se aclararán en el curso de la exposición).

Precisamente la conducta de los que buscan un orgasmo tras otro para probar a otros y probarse a ellos mismos su «potencia» (sobre todo en el sentido de la «virilidad» como se la entendía en la sociedad vienesa) es, según Reich, claro signo de serias perturbaciones en toda la capacidad de satisfacción orgásmica y, por lo tanto, indica más bien una falta de potencia orgásmica. En todos los casos por él investigados, esos hombres «con potencia erectiva» carecían de la capacidad de vivir el acto más allá de cierta limitada altura: les resultaba imposible entregarse al curso de las reacciones corporales involuntarias y fusionarse con su pareja -sin producir fantasías y abandonando los controles cognitivos- de manera que pudieran sobrevenir los típicos oscurecimientos de la conciencia.

Con relación a esto, Reich indicó que placer, sentimientos eróticos y actividad sexual se fusionan en el acto sexual si media una capacidad natural de amar, pero pueden presentarse separados y aun discurrir encontradamente: la actividad sexual se puede producir sin erotismo, y este, no llevar a una actividad sexual. Es importante notar además que los procesos corporales no son independientes de fenómenos psíquicos sino que lo decisivo es la postura activa («intención perceptiva») frente a determinado estímulo: «Suaves caricias en una zona sexual desencadenarán en un individuo una sensación placentera que estará ausente en otro, que percibirá sólo una palpación o frotamiento» (Reich, 1972, pág. 47).

Puesto que la descarga completa de las excitaciones por medio de las contracciones bioenergéticas involuntarias del organismo constituye la nota más importante de la potencia orgásmica, Reich encuentra la fuente energética de la neurosis en la diferencia entre acúmulo y descarga de energía en el interior del cuerpo, donde por energía se debe entender principalmente la libido, la energía de la pulsión sexual (en el sentido lato). En este contexto, Reich retoma la distinción de Freud entre «neurosis actual» y «psiconeurosis»: la primera, según Freud, se debe a una estasis de la libido (Reich habla de una «neurosis por estasis»), mientras que los síntomas de la segunda son de etiología psíquica y, por lo tanto, están destinados a consumar un sentido determinado (cf. el capítulo 2).

Freud se limitó en lo sucesivo al estudio de las psiconeurosis pero nunca obtuvo respuesta para la pregunta que había planteado al comienzo: ¿de dónde obtienen su energía las psiconeurosis? Como resultado de sus análisis clínicos, Reich ofrece esta explicación: toda psiconeurosis tiene un núcleo de neurosis por estasis, y toda neurosis por estasis posee una superestructura psiconeurótica. (Para comprender mejor esto tal vez la «neurosis por estasis» se pueda ver como una sintomatología por falta de descarga energética, pero que guarda relación con las circunstancias de vida concretas y actuales, p.ej., una persona se divorcia pero por razones éticas se abstiene de masturbarse, o en una nueva relación de pareja se siente inhibida para la entrega corporal. La psiconeurosis es entonces más bien la estructura básica, que es preciso considerar sobre todo desde la perspectiva psíquica, mientras que la neurosis actual se puede considerar la variedad concreta de perturbación, que es preciso considerar sobre todo desde la perspectiva energético-corporal. En el ejemplo citado, en las condiciones de falta de descarga de energía tal vez se reactive un conflicto de la temprana infancia, p.ej., el paciente empezará a comerse las uñas. La energía para este síntoma proviene entonces del «núcleo de neurosis por estasis», que en este caso, con la regresión a la fase oral-sádica que se expresa en la acción de «comerse las uñas», tiene su causa psíquica en la «superestructura psiconeurótica».)

Con esta concepción del nexo entre neurosis por estasis y psiconeurosis, Reich por una parte daba respuesta a la pregunta de Freud acerca de la fuente de la energía en el caso de las psiconeurosis, pero al mismo tiempo reparaba en una importante consideración (que Freud, según Reich, no había advertido): la neurosis por estasis es sin duda ««una perturbación corporal, provocada por una energía sexual descaminada porque insatisfecha, pero la excitación sexual nunca se habría descaminado si no hubiera mediado una inhibición anímica» (Reich, 1972, pág. 75).

A1 mismo tiempo, este nexo entre situación actual y desarrollo psiconeurótico (que se puede considerar casi equivalente al nexo entre estructura y energía) permite explicar por qué una psiconeurosis, cuyas causas se remontan a la primera infancia, estalla sólo durante la pubertad o después: si a consecuencia de una inhibición anímica se ha producido una estasis sexual, aquella puede ser reforzada por esta (en el ejemplo anterior, la persona que se ha «retenido» en una nueva relación de pareja y no ha podido entregarse, por eso mismo no alcanza abreacción plena y tiene que «retenerse» todavía más). De este modo, conflictos infantiles que al comienzo no han producido perturbación visible pueden después, a consecuencia de una inhibición actual, recibir un excedente de energía sexual. En este caso, los deseos y las representaciones concomitantes se vuelven imperiosos, entran tal vez en contradicción con la organización psíquica de la persona ahora adulta y tienen que ser reprimidos; ciertas necesidades orales, p.ej., que la «conciencia moral» no admite. (Podríamos comparar este proceso recurriendo

a

la imagen de un trompo cuyo eje estuviera imperceptiblemente desplazado del centro; si se le suma energía -en este caso, mayor velocidad de giro-, aquel desplazamiento desdeñable bastará para voltear todo el sistema.) Se genera entonces una psiconeurosis; y el proceso que acabamos de describir sería una nueva interpretación de las causas de la «regresión a los mecanismos infantiles» de Freud. Es evidente que la concepción de Reich tiene un notabilísimo potencial explicativo.

La «impotencia orgásmica» -la incapacidad de evacuar por completo la energía- constituye entonces, si lo queremos resumir así, la clave de la comprensión de las neurosis para Reich: la fuente energética de estas reside en la estasis de la libido, que sólo podría eliminar la potencia orgásmica, es decir, una abreacción, exenta de todo bloqueo, hacia la musculatura (en particular, la involuntaria) y la distensión vegetativa (no solamente por el «orgasmo» en el sentido corriente, entonces). Si la excitación sexual es puramente corporal, el conflicto de la neurosis es de carácter anímico. Un conflicto mínimo ocasiona una pequeña perturbación de la economía energética. Esta pequeña estasis refuerza el conflicto, este torna a acrecentar la estasis, y así. La psiconeurosis estalla finalmente, y se nutre de la energía de estasis. (Señalemos desde ahora que Reich elaboró una concepción más radical y amplia de «libido» o «energía sexual» que la del propio Freud; aclararemos esto en la sección sobre la coraza corporal.)

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