4 1.1 Las funciones ectopsíquicas de la conciencia
4.5 La psicoterapia junguiana
La psicoterapia junguiana, que se denomina también «análisis», se debe entender refiriéndola al cuadro de la psicología analítica según lo acabamos de esbozar. Desde luego que en principio se pueden separar elementos aislados para acomodarlos a una técnica terapéutica instrumental (como un violín se puede emplear para hundir un clavo). Pero según Jung la psicoterapia no se propone la curación de síntomas sino el crecimiento o la autorrealización (o sea, pasos en ese sentido; en esto, la psicología humanista se acerca mucho a Jung, cf. el capítulo 12).
Por la gran importancia que se atribuye al inconciente en la psicología analítica, es comprensible que el trabajo del sueño constituya el principal recurso del análisis junguiano. También aquí es prioritario el trabajo en conexión con símbolos: los conflictos y los procesos energéticos globales del acontecer psíquico se trasmutan en imágenes simbólicas en el sueño; por eso este suele obrar como advertencia de que el soñante intenta abrir los ojos para su situación real. Esto quiere decir que según Jung los sueños tienen una función compensatoria en tanto simbolizan lo que puede introducir al soñante en la comprensión de su estado. El procedimiento del analista en el trabajo sobre los sueños consiste en reunir junto con el paciente gran cantidad de ocurrencias y posibilidades de interpretación para los elementos onfricos singulares, de manera de aproximarse cada vez más a una red que reconstruya el posible sentido total del sueño; Jung llama «amplificación» a este procedimiento.
En el marco de la interpretación de los sueños, Jung distingue además entre estadio del objeto y estadio del sujeto: en el primero, los contenidos oníricos se comprenden como objetos externos (incluyendo personas) simbolizados; esto ocurre sobre todo en individuos jóvenes, que en armonía con el ya mencionado proceso de la individuación, tienen todavía una fuerte orientación hacia afuera. En individuos de más edad, que manifiestan una fuerte orientación hacia su interioridad en el sentido de la individuación, los sueños son las más de las veces simbolizaciones de aspectos interiores del propio soñante, no raramente arquetipos que le procuran indicios sobre su inconciente.
Renee Nell (1976, pág. 11) comunica un ejemplo que puede ilustrar el trabajo junguiano sobre el estadio del objeto y el estadio del sujeto en el análisis del sueño. El fragmento onírico: «Veo a mi tía Grete que viene hacia mí por la calle, pero hago como si no la viera y cruzo de vereda» se investigará, en el plano obje tivo, para averiguar la relación del soñante con su tía, si determinados sucesos recientes envuelven a esta tía o a la relación misma (p.ej., el encuentro con otra persona que le recordó a su tía), ete. En el plano subjetivo, en cambio, se indagará por aquellas partes de la personalidad del soñante que se asemejan a la tía Grete, y lo que él hace para no encontrarse con estas partes, etc. Por último, llegado el caso, los dos planos, el objetivo y el subjetivo, serán puestos en relación, a saber, para determinar el modo en que las partes de la personalidad que se acaban de analizar pudieron influir en el encuentro con aquella persona.
En consonancia con la idea de la individuación y de la función del sueño, y en conexión con la tendencia autorreguladora que se postula para la psique humana, una neurosis debe verse, según Jung, como algo enteramente positivo, en tanto abre el camino para un nuevo desarrollo de la personalidad. Jung distingue dos causas esenciales de la neurosis: una función inferior (véase supra) puede penetrar en la conciencia, o bien ámbitos parciales de la psique que han sido segregados y reprimidos de la psique total provocarán la perturbación. Jung denomina ««complejos» a estas psiques parciales (ya en sus primeros experimentos sobre la asociación los complejos desempeñaban un papel importante, véase supra).
En cuanto a las causas de los complejos, Jung las aprecia en parecidos términos que Freud en su primera teoría de la represión: casi siempre son traumas, lesiones anímicas o choques, por los cuales ciertos contenidos resultaron alejados de la conciencia. Pero las dos causas de la neurosis obligan al individuo a habérselas con su inconciente, lo que se encamina por entero en el sentido del crecimiento.
En general, el procedimiento terapéutico, según Jung, se debe regir por una actitud semejante a la del proceso de individuación: se trata de aceptar la naturaleza íntegra de lo inconciente, que es a la vez bueno y malo. «La actitud del terapeuta hacia el lado de la sombra de su paciente [ . . . ] no es condenatoria sino comprensiva, y lo acepta en lo que él ha llegado a ser, sin prejuicios morales, por así decir» (Laiblin, 1977, pág. 75). Considerada de este modo, la neurosis puede alcanzar el valor de una crisis curativa que haga del terapeuta un acompañante para una jornada del camino de la individuación.
La obra que nos ha dejado Wilhelm Reich (1897-1957) es, si la consideramos superficialmente, muy heterogénea: en el macronivel sus trabajos penetran en el campo de la sociología y la política; en el micronivel se extienden desde la biología y la fisicoquímica hasta adentrarse en la física. Pero las elaboraciones de Reich en estos campos fueron siempre la consecuencia lógica y directa de descubrimientos obtenidos con anterioridad en investigaciones guiadas
por
el afán de entender las perturbaciones psíquicas y de fijar su terapia. No pocos autores y reseñadores -incluidos críticos de Reich- comprueban que sus trabajos se caracterizan por un rigor lógico fascinante, que arranca desde la problemática misma, pasa por los estudios correspondientes, hasta llegar a conclusiones que por regla general desembocan en problemas nuevos. Y justamente este rigor llevó a Reich desde el psicoanálisis como lo entendía Freud, en linea directa, a la biofísica del «orgón» (según Reich, una forma de energía aún no investigada, que llena el universo entero). Pero si los primeros trabajos de Reich, situados por entero en el terreno del psicoanálisis, encontraron amplia aceptación, el círculo de sus partidarios se redujo a medida que él avanzó en sus investigaciones y teorías.Con el título general de «vegetoterapia» seleccionamos aquí un aspecto que es central pero que en modo alguno es el punto de llegada de los trabajos teóricos y de investigación de Reich. Dos razones nos mueven a convertirlo en el núcleo de nuestra exposición: en primer término, contiene las bases de diferentes abordajes de la psicoterapia orientada hacia el cuerpo, en particular de la «bioenergética» del discípulo de Reich, Alexander Lowen (la expondremos en el capítulo que sigue), de la «terapia primaria» de Arthur Janov y de la «terapia guestáltica» de Fritz Perls. En segundo término, este libro, que se propone ser un panorama de las corrientes en psicoterapia, no es el lugar donde pudiéramos seguir a Reich en sus elaboraciones biofísicas, sobre todo porque estas, según ya apuntamos, son muy cuestionadas y parecen contradictorias con las ideas actuales de la mayoría de los especialistas en ciencias naturales. Por último, yo no me siento competente para terciar en esta polémica.
No haremos justicia a Reich, entonces, seleccionando estos aspectos «más decorosos» de su obra total. Lo cual es lamentable sobre todo porque en vida tuvo que sufrir que un vasto sector de sus teorías fuera desautorizado por muchos psicoanalistas, al mismo tiempo que partes «utilizables» de ellas le eran tomadas sin hacer mención de su autor. En este sentido, Boadella (1983, pág. 26) refiere que Charles Berg (1948), en un libro sobre psicología clínica, expone la teoría de la angustia de Reich, basada en la economía sexual, como si fuera propia. (También en el trabajo nuclear de Anna Freud sobre los mecanismos de defensa del «yo», en cuya génesis Reich tuvo notable participación, como después lo expondremos, se lo menciona sólo de pasada.)
Es notable que Reich, no obstante la hostilidad de que fue objeto y la explotación que otros hicieron de sus trabajos (en una medida tal como sólo Freud hubo de soportarla, de parte de la profesión médica «establecida», en particular los psiquiatras), nunca entró en «compromisos sucios» ni en ciencia ni en política. No en último término a causa de su adhesión al comunismo y al psicoanálisis fue expulsado del Partido Comunista y de la Asociación Psicoanalítica. Después que debió escapar de Austria y Alemania, pasando por Dinamarca, Suecia y Noruega, a causa de los ataques que se le dirigían por sus obras y por motivos raciales (era judío), una vez instalado en los Estados Unidos apenas pudo trabajar una década (de 1937 a 1947) sin ser molestado. En ese momento empezó la campaña de la FDA (Food and Drug Administration) contra el acumulador de orgón (un aparato con el que Reich concentraba la energía del orgón, y que él introdujo con fines terapéuticos). Esta campaña terminó finalmente con la prisión de Reich (no mucho después moriría en la cárcel) por desacato a una citación del tribunal, la destrucción de sus aparatos y la quema de sus trabajos científicos, que fueron considerados «escritos publicitarios» del acumulador de orgón. Los escritos fueron destruidos bajo vigilancia de la FDA (entre otros, su aporte central al psicoanálisis freudiano, Análisis del carácter, que había aparecido en 1933, es decir, muchos años antes de que concibiera sus primeras ideas sobre el orgón o imaginara los acumuladores).
Uno de los juicios corrientes -todavía hoy- acerca de Reich y los trabajos que dedicó al orgón es que «hizo aportes valiosos a la investigación del carácter antes de volverse "esquizofrénico o charlatán"»» (citado según Boadella, 1983, pág. 259). Y esto a pesar de que muchos médicos confirmaron y repitieron diversos descubrimientos clínicos que Reich había logrado en sus investigaciones sobre el orgón, así como su terapia del cáncer. Algunos de ellos fundaron, en la época del proceso contra Reich, la American Association for Medical Orgonomy (AAMO); entre otros, T. Wolfe, profesor de psiquiatría en la Universidad de Columbia, y varios clínicos jefes. Entonces, si se pretende desechar los últimos trabajos de Reich con el argumento de su esquizofrenia o su charlatanería, habría que extender ese juicio a aquel círculo de personas (cf., p.ej., Ollendorf-Reich, 1975, pág. 124).
Estas pocas reflexiones parecieron necesarias y oportunas porque «el caso Reich» y su obra, así como las insólitas reacciones de descrédito en el terreno de «la ciencia» y la sociedad, fueron el aspecto que más me impresionó mientras preparaba este libro. Para hacer justicia en mínima medida al edificio teórico de Reich como totalidad, me limitaré a exponer en lo que sigue el desarrollo de la vegetoterapia. No es casual que el volumen I de EL descubrimiento del orgón. L
La función del orgasmo (Reich, 1972; la primera edición es de 1942) culminara con la exposición de la vegetoterapia (y
una breve anticipación de los temas del volumen 1I): la vegetoterapia, en consecuencia, aparece como la conclusión de una labor de investigación desarrollada durante dos buenas décadas en las fronteras de la ciencia «normal» (en el sentido de los «paradigmas» según los entiende Kuhn), dentro del ámbito de la psicoterapia (incluido el trabajo corporal correspondiente).
El volumen lI, El descubrimiento del orgón. 11: El cáncer (Reich, 1975; publicado por primera vez en 1948), contiene los resultados más generales, en lo esencial biológicos y biofísicos, de los trabajos realizados por Reich (hasta 1948); es lo que aquí omitimos por las razones apuntadas. Para concluir estas palabras introductorias no podemos menos que citar a R. D. Laing (según Boadella, 1983):
«Se pasea todavía el fantasma de Wilhelm Reich, risible, peligroso, digno de compasión -según la proyección del caso-, "excluido" del recinto de la ortodoxia psiquiátrica y psicoanalítica. Pero pareciera que entre los más jovenes -de todas las edadesestuviera en marcha un proceso de revalorización. Ni siquiera sus trabajos finales sobre biofísica, como él la denominaba, pueden ser abandonados tan ligeramente en el salón de las curiosidades como se hacía hace unos años. A medida que tomo noticia directa y más exacta de las cosas que decía Reich, más serias me parecen».