• No se han encontrado resultados

14.6 «Experiencing» y «focusing»

In document Corrientes Fundamentales en Psicoterapia (página 115-119)

Para concluir mencionaremos una ampliación (o diferenciación) sustancial del abordaje «clásico» de la terapia de diálogo, que guarda plena armonía con esta y que ha sido elaborada también en unión con Rogers. Nos referimos a las nociones de «experiencing» y de «focusing», introducidas por Gendlin (1961, 1964, entre otros trabajos).

Exp<rwzencing (experienciar) es ante todo un constructo teórico creado en el afán de mejorar la ya citada escala de proceso de Rogers, sobre todo para acrecentar su validez y tomar en cuenta las elevadas intercorrelaciones entre las variables de proceso. Experiencing caracteriza entonces una escala con la que se procura reducir el proceso terapéutico a un aspecto central, la vivencia afectiva inmediata del cliente. (El manual norteamericano pertenece a Klein, Mathieu, Gendlin y Kiesler, 1969; versiones alemanas, entre otros, en Pfeiffer, 1974; Bommert y Dahlhoff, 1978.) Entretanto, la noción de

experiencing se ha convertido en el núcleo de una teoría autónoma de la modificación de la personalidad (cf. Gendlin, 1978) o aun de una orientación terapéutica autónoma, bajo la denominación de «psicoterapia experiencial» (Gendlin, 1973), que no consideraremos en detalle en este libro. Dahlhoff y Bommert (1978, pág. 65) proporcionan la siguiente definición de

experiencing:

«Experiencing designa el vivenciar concreto de un individuo, en su decurso instantáneo, en que la atención se dirige a un objeto vivencial sentido, subyacente. Este objeto no necesariamente tiene que ser aprehensible por completo en el plano verbal, sino que para el individuo es más bien una relación corporalmente perceptible: un significado personal, sentido, presente de manera inmediata, de cosas y vivencias».

Elemento sustancial es el «significado sentido» (felt meaning), o sea, un objeto vivencial implícito, todavía no simbolizado por medio de palabras (que yo sepa, no se ha establecido la conexión con la investigación de los hemisferios cerebrales, en este caso con el hemisferio derecho, es decir, con los diversos sistemas de representación de la «programación neurolingüística», cf. el capítulo 20, 1). Los propios autores resumen del siguiente modo la versión alemana de la escala en siete niveles (Dahlhoff y Bommert, 1978):

a. Niveles 1 a 3: los roles del hablante en el sentido del experiencing no se registran o el punto de vista del hablante queda fuera de su vivenciar inmediato (como si otra persona fuera la que informara).

b. Niveles 4 a 7: la consideración de los contenidos mencionados se hace desde un punto de vista interior, es decir,

situado en el sentir y vivenciar inmediatos. Se describe una medida creciente de intensidad y cambio del significado sentido.

Es evidente la relación que esto tiene, según ya dijimos, con la escala de proceso de Rogers, pero también que se abre aquí una posibilidad de enriquecimiento de la intervención del terapeuta, instalada en el marco de la terapia de diálogo y conciliable por entero con las actitudes básicas de la terapia centrada en el cliente según las hemos expuesto: el cliente es así exhortado a profundizar en su vivencia. Este proceso, caracterizado por Gendlin (1970, 1978, entre otros trabajos)

como focusing (centramiento, concentración), se divide en las cuatro fases que siguen (cf. también Bense, 1979):

1. Referencia directa (direct reference): como primer paso, el cliente dejará de lado su juicio «sobre sí mismo y sobre cómo es él»» y se concentrará en algo que vivencia inmediatamente. Esto vivenciado no puede ser todavía expresado con claridad por el cliente, quien a menudo se refiere de manera vaga a «esto».

2. Despliegue (unfolding): desde ese vago «esto» nace un sentimiento de «yo tengo esto», que a menudo produce sorpresa en la persona. Aun en los casos en que el objeto vivencial no es apreciado de manera positiva, los informes del cliente y las mediciones fisiológicas muestran que sobreviene una reducción de la tensión: análogo esto a la expectativa angustiada, con frecuencia se prefiere una vivencia desagradable antes que soportar la incertidumbre.

3. Aplicación global (global capplication): el cliente obtiene un acceso directo a diversos dominios vivenciales. Objetos del sentimiento que antes parecían separados tal vez se enlacen por obra de la modificación del significado sentido. Gendlin señala que esto no es insight en el sentido corriente (uno piensa más bien en el «intuir» de C. G. Jung, cf. el capítulo 4).

4. Cambio del marco de referencia (referent movement): tras las fases 1 a 3, se rastrean nuevos contenidos implícitos de significación del objeto vivencial, los antiguos pasan a un segundo plano. El objeto antiguo ha sido modificado en virtud de este proceso, a menudo para asombro del cliente. Se presenta un nuevo significado sentido, y el proceso de las cuatro etapas puede recomenzar.

Gendlin señala que estas cuatro fases no siempre se pueden deslindar con claridad, y tampoco trascurren siempre en la secuencia indicada. Diversos autores han intentado ya aprehender la capacidad de focusing como una variable de personalidad en el sentido de la psicología diferencial (p.ej., VandenBos, 1973). En este contexto, es muy interesante que el

fcusing se pueda asociar con la verbalización de emociones vivenciales. Ya en 1951, Rogers había ofrecido esta

formulación: «Para que la conducta se modifique se tiene que experimentar un cambio de percepción. Esto no se puede sustituir por un discernimiento intelectual» (Rogers, 1972, pág. 208). Y el fo~ing podría reforzar este proceso.

En este capítulo expondremos brevemente dos corrientes terapéuticas que sólo condicionalmente se pueden subsumir en los abordajes humanistas. Ambas se desarrollaron y establecieron ya en la década de 1930, con independencia del

psicoanálisis, e influyeron sustancialmente sobre el desarrollo de una serie de corrientes posteriores.

La «logoterapia» de Viktor Frankl se centra en el sentido de la existencia humana. Está muy próxima a los abordajes humanistas por su intención, expresada ya en la década de 1930, de rehumanizar la psicoterapia, así como por su base

filosóficoantropológica y fenomenológico-existencialista (aquí no podemos entrar a elucidarla). Su modelo de las neurosis, que pesquisa causas y efectos, y diferencia entre factores somatógenos y psicógenos, se sitúa de modo bastante definido dentro del cuadro nosológico médico-psiquiátrico, si bien es cierto que la «neurosis noógena» -el padecimiento producido por la ausencia de -sentido o el «vacío existencial», véase infra-, descubierta por la logoterapia, hace estallar aquellos marcos clásicos. Por último, con las formas de intervención logoterapéuticas, en particular con la «intención paradójica» y con la «derreflexión» (véase infra), Frankl propuso -adelantándose varias décadas- nociones más bien sistémicas y de terapia de la conducta (en particular en su variante cognitiva) que hoy se cuentan entre los abordajes de intervención más novedosos.

La importancia de la obra de lacov Moreno (que va mucho más allá del «psicodrama») para el desarrollo de las psicoterapias humanistas se mencionó brevemente ya en el capítulo introductorio de esta Tercera parte. El concepto de «psicodrama» se aplica en diferentes planos de significación: por una parte, en sentido estricto, denota un procedimiento terapéutico que consiste en «una representación escénica espontánea de conflictos interpersonales e intrapsíquicos, con la mira de que se vuelvan visibles dentro del encuadre terapéutico, se los pueda revivir y modificar» (Leutz y Engelke, 1983,

pág. 1008). El «psicodrama» en sentido lato abarca además la llamada ««sociometría» -método destinado a capturar y

figurar relaciones sociales- la «psicoterapia de grupos», cuyos conceptos fundamentales elaboró Moreno ya a comienzos de la década de 1930, aplicándolos en instituciones como cárceles y sanatorios psiquiátricos (cf. Moreno, 1932). La breve exposición del psicodrama que ofrecemos a continuación del tratamiento de la logoterapia tendrá que limitarse a unas pocas concepciones terapéuticas.

15.1 Logoterapia (Frankl)

15.1.1 La persona de Frankl

En sus rasgos esenciales, la logoterapia fue elaborada por Viktor E. Frankl (nacido en 1905) ya en las décadas de 1920 y 1930. Frankl (1973) refiere que en 1926 empleó el concepto de «logoterapia» en conferencias públicas; sólo desde 1933 utilizó el concepto de «análisis existencial», que es otra designación de la logoterapia. La palabra griega «logos» tiene muchos significados; dentro del contexto de su abordaje, Frankl la traduce por «sentido». El «padecimiento por falta de sentido de la vida» (es el título de uno de sus libros), la «neurosis noógena» (véase infra), es uno de los principales problemas a que se dedica la logoterapia. Pero no se trata tanto de explícitas «crisis filosóficas» cuanto de fobias, compulsiones, manías, etc., que tienen por base ese «vacío existencial».

Frankl pasó la mayor parte de su vida en su ciudad natal, Viena. En el capítulo 1 mencionamos ya su intenso intercambio epistolar con Freud, su participación en la «Asociación de Psicología Individual» de Adler, así como su exclusión de esta en 1927. Tras graduarse de médico, Frankl trabajó primero en la clínica psiquiátrica de la Universidad, y después, durante cuatro años, en el sanatorio psiquiátrico de Viena «Steinhof», como director del «pabellón de las suicidas». Su experiencia con unas doce mil suicidas durante ese tiempo aguzó su mirada diagnóstica y sin duda fue decisiva para su elaboración del concepto de «neurosis noógena». Tras la «anexión» de Austria al «Tercer Reich», quedó expuesto, en su condición de judío, a la persecución nazi, aunque al comienzo creyó que su posición de clínico en jefe los pondría a salvo a él y a su familia. Se quedó entonces en Viena junto con esta, no obstante tener visado para viajar al exterior. Pero con ello no hizo más que dilatar el momento en que su familia y él mismo serían deportados. Tres años pasó en diversos campos de concentración, pero en 1945 regresó a Viena; sus padres y su hermano fueron asesinados en Auschwitz, y su esposa en

Bergen-Belsen -tenía 25 años-: experiencias estas que sin duda quitan todo carácter de mera conceptuación académica al

tema central de Frankl, la pregunta por el sentido.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, Frankl no sólo trabajó como profesor de neurología y psiquiatría en Viena sino que al mismo tiempo se desempeñó como profesor de logoterapia en la Universidad de San Diego (California) y durante ciertos períodos fue profesor en Harvard, en Stanford y en las Universidades de Dallas y de Pittsburgh. Sus casi treinta

libros se han traducido a diecisiete idiomas; giras de conferencias en casi doscientas universidades, varios doctorados

honoris causa en los Estados Unidos y un Congreso Mundial de Logoterapia realizado en California dan testimonio del reconocimiento internacional alcanzado por él. En este sentido, señalemos que la logoterapia de Frankl suele ser caracterizada como la «tercera escuela vienesa» de psicoterapia (junto al psicoanálisis de Freud y a la psicología individual de Adler). Parece oportuno destacar estos hechos porque la logoterapia en Alemania en ocasiones pasa inadvertida: en el volumen de reciente aparición Grundbegriffe der Psychotherapie [Conceptosfundamentates de. La psicoterapia] (Bastine et al.,

1982), sobre ciento doce artículos dedicadas a variedades de terapia ninguno es de Frankl ni se refiere a su logoterapia;

además, en un panorama histórico elaborado por Ludwig Pongratz (quien en su manual de 1973 había reconocido el aporte de Frankl a la psicoterapia), se lo cita sólo dos veces al pasar. En la obra en dos volúmenes de Corsini (1983), que tiene

más de mil quinientas páginas, trata de setenta variedades de terapia e incluye un índice con más de mil nombres propios, encontramos citado a Frankl una sola vez, en una oración incidental. (Tal vez sirva de consuelo a Frankl que las dos obras citadas en último término desconocen igualmente a C. G. Jung y su psicología analítica.) Es evidente que Frankl ha omitido dedicar mucho tiempo a institutos de formación donde didactas, a cambio de buen dinero, forman a otros •didactas•, y adoptan una estrategia propagandística de estilo norteamericano. Bajo las condiciones del actual psico-boom, su grandeza serena parece suscitar escasa atención.

15.1.2 La neurosis noógena y otras formas de neurosis

Frankl refiere que los problemas que movían a las personas a solicitar asesoramiento y a ponerse en tratamiento psicoterapéutico cambiaron de manera notable durante los más de cincuenta años de su permanencia en Viena: al comienzo del siglo se trataba sobre todo de problemas sexuales, pero después cobraron prominencia los problemas suicidas, «un no a la pregunta por el sentido» (Frankl), siguiéndoles en orden de importancia los problemas sexuales y de adicción; estas comprobaciones del aumento de la falta de sentido de la vida coinciden con las recogidas en otras naciones industriales (de Occidente y Oriente) y de igual modo en algunos países en desarrollo (c.°. Frankl, 1981, pág. 23, donde se incluyen das referencias de investigaciones sobre la cuestión).

En sustancia, he aquí la explicación de Frankl para la etiología de esta «neurosis de masas»: «A diferencia de lo que le sucede al animal, al hombre ningún instinto le dice lo que es preciso hacer, y a diferencia de lo que le sucedía al hombre de épocas anteriores, ninguna tradición le dice lo que se debe hacer; y ahora él parece no saber con certeza lo que de verdad quiere. Por eso ocurre que sólo quiera lo que otros hacen -y entonces tenemos el conformismo- o bien que sólo haga lo que otros quieren, lo que quieren de él -y entonces tenemos el totalitarismo- (bid., pág. 24). Con el concepto de «neurosis noógena» (del griego noos = el espíritu humano), Frankl designa un tercer resultado posible, que consiste en una enfermedad psíquica. Caracteriza así a una afección psicógena que no se origina «en complejos y conflictos en el sentido corriente» sino en el sentimiento de que nada tiene sentido, en el vacío existencial, y también en conflictos de la conciencia moral y colisiones de valores. A la disolución de las tradiciones que vinculan al individuo se suma que el aumento del tiempo libre no se ha visto acompañado de la selección de fines nuevos capaces de sustituir al sentido inmediato del trabajo: «Cuando la gente llega a tener lo suficiente para vivir, se advierte que no sabe para qué habría de vivir» (bid., pág. 34). En conexión con esto, Frankl aduce una serie de tests elaborados en diversos institutos para la averiguación diagnóstica de la neurosis noógena y la medición de la «frustración existencial». Investigaciones llevadas a cabo en diversos países sobre la base de estos tests han arrojado el resultado coincidente de que la participación de las neurosis noógenas llega al 20% del total de neurosis (cf. Frankl, 1981, pág. 25). Pero al mismo tiempo Frankl advierte (cf. 1977, pág. 87) que no se debe incurrir en la generalización de decir que toda frustración existencial ha de desembocar en una neurosis noógena y que toda neurosis noógena se origina en la desesperanza.

Además de 1) la neurosis noógena, que constituye un descubrimiento específico de la logoterapia, Frankl distingue 2) «neurosis somatógenas», que responden a causas físicas con efectos en el dominio psíquico; 3) «enfermedades psícosomátícas», que son de desencadenamiento psíquico pero se acompañan de noxas físicas; 4) «neurosis reactivas», que de igual modo son soportadas en común por la psique y el cuerpo, y cuyos síntomas principales, a diferencia de lo que ocurre en el caso de las enfermedades psicosomáticas, son de naturaleza psíquica, y 5) «neurosis psicógenas, que son de causación psíquica (pero que también pueden tener efectos físicos). Esta clasificación deja ver con claridad en Frankl al médico más bien conservador que se pronuncia decididamente, en la conceptuación de las enfermedades, en favor de una separación en «causas» y «efectos» (cf., en contra de esto, las concepciones sistémicas que se exponen en los capítulos 17 y 18). La logoterapia ha elaborado diversos abordajes terapéuticos para estas cinco formas de la neurosis.

15.1.3 Modulación de la actitud y derreflexión

Aunque el «sentido» es la categoría central de la neurosis noógena, «desde luego [ . . . ] está fuera de cuestión que la logoterapia pueda impartir un sentido a la vida del paciente. Lo tiene que encontrar por sí mismo de manera autónoma» (Frankl, 1982, pág. 183). El terapeuta puede ayudar al paciente a ponerse en busca de un sentido para su vida pero no le puede recomendar «tener una voluntad de sentido» porque este acto de volición no puede a su vez ser querido. Lo que sí procura el terapeuta es suscitar en el paciente la convicción de que vale la pena un compromiso personal con determinados

contenidos y de que aun en condiciones malas (sociales, económicas o físicas) se puede encontrar un sentido para la vida, aunque únicamente sea, en el caso extremo, sobrellevar con dignidad el destino y dominar el sufrimiento. El terapeuta se vale para ello de un amplio espectro de intervenciones concretas, p.ej., «conversaciones de búsqueda del sentido» o «diálogos socráticos» en los que son interpeladas ciertas posiciones del paciente por medio de preguntas atinadas. Pero en este terreno lo esencial es la capacidad del buen terapeuta, destacada por Frankl, de improvisar y no confiar en métodos estereotipados. Lukas (1980, 1984) resume bajo la designación de «modulación de la actitud el conjunto de estos abordajes

de intervención indicados, según Frankl, para la neurosis noógena (objetivo principal: descubrir un sentido), la neurosis reactiva (objetivo principal: modificar las definiciones negativas de sí mismo) y la neurosis somatógena (objetivo principal: dominar el sufrimiento).

En el caso de perturbaciones funcionales psicosomáticas (y del insomnio), así como de algunas neurosis psicógenas -en particular las neurosis sexuales-, la intervención en logoterapia se rige por la llamada «derreflexión»; en efecto, problemas sexuales, insomnios y síntomas semejantes con frecuencia se producen por prestar atención desmedida a ciertos fenómenos, o sea, a causa de una «hiperreflexión». Si, p.ej., en el comercio sexual la persona tiene fijo su pensamiento «en no fracasar» y/o quiere a toda costa imponerse un orgasmo («hiperintención»), no es raro que justamente se produzca, como en un círculo vicioso, aquel síntoma que se quería evitar; en nuestro ejemplo, el decurso espontáneo del acto sexual resultará perturbado justamente por el exceso de atención y de intención.

La derreflexión consiste entonces en no prestar atención al síntoma, desviándola de él. Desde luego que esto no es posible por empeño directo, puesto que el designio de no pensar en algo traería como consecuencia justamente lo contrario en un círculo vicioso semejante al de la perturbación misma. Más bien la atención se tiene que volcar sobre otra cosa, con lo cual obligadamente se descuidarán los síntomas. El contenido de representación al que se dirija la atención debe tener, según la logoterapia, un carácter muy significativo, pues «sólo entonces podrá desprender los pensamientos del paciente fijados a su problemática y, con ello, "disolver" esta misma» (Lukas, 1984, pág. 490). En un caso de insomnio, p.ej., se

aconsejará al paciente no preocuparse por dormir, sino por organizar su próximo fin de semana o una sorpresa agradable para otra persona.

In document Corrientes Fundamentales en Psicoterapia (página 115-119)

Outline

Documento similar