I. I SABEL , INFANTA DE C ASTILLA Y A RAGÓN , PRINCESA Y REINA DE P ORTUGAL
1. L OS PRIMEROS AÑOS (1470-1475):
1.2. La corte de Dueñas y la protección
Isabel y Fernando, menguados los apoyos que en Castilla tenían, decidieron «en principio del mes de mayo» de 1470 salir de Valladolid y, como dice el cronista Jerónimo Zurita, marchar «a la villa de Dueñas por mayor seguridad de sus personas»8. La elección
del lugar era muy importante, ya que «por la comodidad del sitio y fortaleza de él, y por la seguridad, no puede ser ninguno más a propósito»9. Dueñas, cabeza de la Merindad de Campos, en plena confluencia del camino real y de los ríos Pisuerga y Carrión, sede del arciprestazgo del Alcor, era un punto estratégico y un lugar seguro próximo a Valladolid, con buen camino hacia Aragón.
7 El día 18 se celebró la ceremonia civil mientras que el 19 tuvo lugar la religiosa, aunque esta división no
la recoge casi ningún estudioso, ha sido puesta en valor por Nicasio Salvador Miguel en muchos de sus estudios como, por ejemplo, “Valencia en torno a 1511”, en Estudios sobre el Cancionero General
(Valencia, 1511), poesía, manuscrito e imprenta, coords. Marta Haro Cortés, Rafael Beltrán Llavador, José
Luis Canet Vallés y Héctor Hernández Gassó, Valencia, Universitat de València, 2012, pp. 37-67 [37, n. 3]. Vid. también Tarsicio de Azcona, Isabel la Católica. Estudio crítico de su vida y su reinado…, pp. 175- 176.
8 Jerónimo Zurita, Anales de la Corona de Aragón, ed. Ángel Canellas López, Zaragoza, Institución
Fernando el Católico, 1977, XVI, p. 633. En cuanto al periplo de los príncipes, es preciso señalar que no se acude en estos epígrafes a la monumental obra de Antonio Rumeu de Armas, Itinerario de los Reyes
Católicos: 1474-1516, Madrid, Instituto Jerónimo Zurita, 1974, ya que ésta se inicia en diciembre de 1474,
con la proclamación de Isabel y Fernando como reyes, por lo que estos años previos, los de la corte de Dueñas, no se ven recogidos en este estudio.
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Dueñas contaba con la protección de Pedro de Acuña, conde de Buendía y hermano de Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo10, benefactor que prestará su morada,
la casa palacio de los Buendía, donde los jóvenes príncipes instalarán su corte desde principios de mayo hasta diciembre de 147011.
10 El linaje de los Acuña, oriundo de Portugal, irrumpió en la escena política castellana a comienzos del
siglo XV asentado en tierras del obispado de Cuenca, donde obtuvieron el título de condes de Buendía y, posteriormente, a mediados de siglo adquirió un notable patrimonio en tierras palentinas a partir de la concesión señorial de la villa de Dueñas en época de Juan II. Pedro de Acuña y Albornoz fue hijo de Lope Vázquez de Acuña, primer señor de Buendía, noble portugués que se asentó en Castilla tras la crisis dinástica lusa, conocida como el Interregno de 1383-1385. Entró a servir en la casa de Juan II de Castilla donde fue participando activamente de la vida política y militar al tiempo que adquiría poder dentro de la corte. Fue el encargado de capitular y participar por poderes en la boda de Enrique con Blanca de Navarra en 1440, lo cual motivó diversos días de alegrías y fiestas. Junto a su hermano, Alonso Carrillo, y al marqués de Villena, Juan Pacheco, formaron parte de la facción de nobles desafectos al rey Enrique IV y propusieron a Alfonso como rey en la conocida Farsa de Ávila. Debido a este apoyo, en 1465 adquiere el título de conde de Buendía. La familia Acuña pasaría posteriormente a apoyar a la princesa Isabel como heredera al trono castellano y será el propio Carrillo el artífice del matrimonio de los jóvenes príncipes. Tras la boda, de mayo a diciembre de 1470, el matrimonio viviría en Dueñas en la casa palacio de los Buendía, donde recibirán el nacimiento de su primera hija. En 1475 los Reyes Católicos ratifican a Pedro de Acuña el título de Conde de Buendía, que ostentarán sus descendientes Lope Vázquez de Acuña y Juan de Acuña. En torno a los Acuña destacan los trabajos de Esteban Ortega Gato, “La villa de Dueñas y los tres primeros condes de Buendía en el reinado de los Reyes Católicos”, en La villa de Dueñas y los condes de Buendía durante
los Reyes Católicos, Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses, 6 (1951), pp. 279-344;
Gerardo Lozano González, “Los Acuñas y Dueñas”, Publicaciones de la Institución Tello Téllez de
Meneses, 7 (1951), pp. 131-138; Dolores Carmen Morales Muñiz, “La concesión del título de (I) conde de
Buendía por el rey Alfonso XII de Castilla (1465) como expresión del poder del linaje Acuña”, Espacio,
Tiempo y Forma. Serie III, Hª. Medieval, 19 (2006), pp. 197-210; José Ignacio Ortega Cervigón, “El arraigo
de los linajes portugueses en la Castilla bajomedieval: el caso de los Acuña en el obispado de Cuenca”,
Medievalismo, 16 (2006), pp. 73-92; id. “Apuntes sobre los señoríos palentinos de los Acuña, condes de
Buendía, a finales de la Edad Media”, Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses, 78 (2007), pp. 93-113. Para las implicaciones en torno al mecenazgo: Arturo Caballero Bastardo, “Los Acuña de Dueñas: aproximación a un patronazgo”, en Ecos de un reinado: Isabel la Católica, los Acuña y la villa de
Dueñas, Palencia, Diputación Provincial, 2004, pp. 31-57; Diccionario Biográfico Español, entrada
realizada por Alfonso Franco Silva, Madrid, Real Academia de la Historia, 2012, I, pp. 414-415. Finalmente, en cuanto a la presencia de españoles en Portugal y viceversa, vid. Isabel Maria Ribeiro Mendes Drumond Braga, Os estrangeiros e a inquisição portuguesa: séculos XVI e XVII, Lisboa, Hugin, 2002, pp. 36 y ss.
11La casa palacio de Dueñas fue un edificio construido en 1440 en estilo gótico-mudéjar. El conjunto fue
afectado por un incendio en 1470, por lo que su estructura se corresponde a la edificada por Lope Vázquez de Acuña, con obras de los siglos posteriores. Lo más destacado del conjunto monumental era el Patio de Armas. Este patio guarda semejanza con otras construcciones de la época, como el Palacio de los Vivero en Valladolid, gracias, sin duda, debido al parentesco entre las familias –Juan Pérez de Vivero se casó con María, hija de Pedro de Acuña–. La importancia del palacio radicaba, principalmente, en el valor histórico del edificio, residencia habitual de los condes de Buendía, donde se tomaban decisiones de gran calado, que llevan a algunos autores a hablar de una auténtica corte de Dueñas. En sus muros tiene lugar el encuentro de Enrique IV y Blanca de Navarra; el nacimiento de la primera hija de los Reyes Católicos, Isabel; Juana y Felipe se alojan en él en 1502, en su viaje para ser jurados herederos al trono; Fernando el Católico contrae matrimonio en segundas nupcias con Germana de Foix en 1506, para, posteriormente servir de morada provisional a otros reyes como Carlos I o Felipe II. En el siglo XVII el señorío pasa a los condes de Padilla por matrimonio de María de Acuña con el Adelantado de Castilla, Juan de Padilla, y posteriormente a los duques de Medinaceli. Declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Histórico-Artístico desde 1967, fue comprado por un inversor privado en 2002. El abandono al que se ha visto sometido en los últimos años dio lugar en 2011 a su demolición por lo que, desafortunadamente, a día de hoy sólo quedan los escombros. Para el estudio artístico: José María Quadrado, Recuerdos y bellezas de
España: Valladolid, Palencia y Zamora, Madrid, Imp. de López, 1861; Pedro José Lavado Paradinas,
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En esta casa palacio, aunque con ausencias continuas dado el carácter itinerante de la corte, instalaron Isabel y Fernando una primera corte estable desde 1470 a 147312.
El 9 de octubre de 1469 llegaba a la villa de Dueñas desde Gumiel Fernando de Aragón, rey de Sicilia, para casarse con Isabel en Valladolid; de ese modo, comenzaba la relación de la futura corona con la villa de Dueñas. José María Quadrado escribe “Ningún asilo [era] más propio por la comodidad y fortaleza del sitio, ni más seguro por la adhesión de sus señores”, los Acuña13. Fundado en las antiguas casas de la reina María de Molina, “el
palacio que les ofreció tan larga residencia, testigo de tantas alegrías y cuidados, todavía conserva la gran sala, pintado el techo de casetones, aunque sin el brillo y la riqueza que le hizo dar el epíteto de dorada”14.
Oriundos de Portugal, el linaje de los Acuña se asentó en tierras del obispado conquense, especialmente en las zonas de Huete y Buendía, a principios del siglo XV. Su
linaje se remontaba a los hermanos Martin y Lope Vasques da Cunha, hijos de Vasco Martines da Cunha, VI señor de Taboada y antiguo cabecilla del partido legitimista portugués. Su hijo, Martín Vázquez de Acuña, con nombre ya castellanizado, fue uno de los nobles portugueses que emigraron a Castilla a finales del siglo XIV tras la derrota
castellana en Aljubarrota (1385) y al apoyo otorgado a las pretensiones al trono de Juan I15. Con su primera mujer, Teresa Téllez Girón, a través de su hijo Alfonso Téllez Girón
y de sus descendientes, es decir, Juan Pacheco, marqués de Villena y Pedro Girón, maestre de Calatrava, fue recompensado con el ducado de Escalona y finalmente con el
Astudillo, Baltanás y Palencia”, Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses, 38 (1977), pp. 5- 234 [208-213], con interesantísimas láminas finales [191-199] que dejan entrever (en blanco y negro) el esplendor de este palacio y, finalmente, Rafael Martínez, “Palencia”, en Casas y palacios de Castilla y
León, dir. Jesús Urrea, Valladolid, Junta de Castilla y León-Consejería de Educación y Cultura, 2002, pp.
144-146.
12 Para el concepto de corte: “debe entenderse el conjunto de personas que se mueven en su entorno bien
de manera oficial y permanente, como ocurre con la maqunaria política y administrativa que arrastra, bien de manera esporádica, como sucede con aquellos que se agregan en algunos desplazamientos concetos o se le unen durante su estadía en una villa determinada”. Vid. Nicasio Salvador Miguel, “La actividad literaria en la corte de Isabel la Católica”, en Isabel la Católica. Los libros de la reina, [Catálogo de la exposición bajo el mismo título], coord. Cristina Moya García, Burgos, 2004, pp. 171-196 [171]. Sobre la itinerancia de la corte, Vid. María Isabel del Val Valdivieso, “¿Hacia el fin de la itinerancia? Isabel I de Castilla, E-
Spania, Revue électronique d’etudes hispaniques médiévales, 8 (2009), en línea.
13 José María Quadrado, Recuerdos y bellezas de España…, p. 226: “Tiene Dueñas [...] un palacio donde
acontecieron los primeros sucesos del más glorioso de los reinados”.
14 Ibid.
15 José Ignacio Ortega Cervigón, “El arraigo de los linajes portugueses…”, pp. 73-74. A este respecto, en
torno al asentamiento de los nobles portugueses en tierras castellanas en esta época histórica, Cfr. César Olivera Serrano, “Los exiliados portugueses en la Castilla de los Trastámara: cultura contractual y conflicto dinástico”; en François Foronda y Ana Isabel Carrasco Manchado, El contrato político en la Corona de
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de Osuna16. El segundo matrimonio de Martín Vázquez de Acuña con la infanta María de
Portugal, condesa de Valencia de Don Juan, hizo que la rama familiar adquiriera este título, que descendía del infante don Juan, hijo de don Pedro y de Inés de Castro, afincado en Castilla desde la batalla de Aljubarrota17.
Lope Vázquez de Acuña, que recibió el título de señor de Buendía y Azañón de parte de Enrique III, perteneció al Consejo real de Juan II, del que fue guarda mayor18. Emparentó con otro importante linaje en la persona de Teresa Carrillo de Albornoz, de donde nació el primogénito, Pedro de Acuña, así como otros hijos del matrimonio: Alfonso Carrillo de Acuña y Albornoz, Gómez Carrillo de Acuña, señor de Mandayona y Lope Vázquez de Acuña, titular del señorío de Huete19.
Pedro de Acuña comenzó su carrera política como embajador de Juan II de Castilla ante el rey de Navarra, con motivo del casamiento entre el heredero, Enrique, y Blanca de Navarra. Continuó desempeñando labores para el monarca castellano como adelantado de Cazorla, oficial de Cuchillo, guarda mayor y guardia ordinaria del rey entre otros cargos. Desde 1439, Pedro de Acuña era dueño de la villa de Dueñas, privilegio que había ostentado la reina doña María, mujer de Juan II, que fue obligada por su marido a renunciar a ella. Era la recompensa de Pedro de Acuña por haber participado en la caída y expulsión del reino de los infantes de Aragón20.
Por todo ello, la proyección política de Acuña iría a más al desempeñar cargos cortesanos que habitualmente quedaban patrimonializados21. De este modo, los condes
de Buendía eran también alcaldes entregadores de la Mesta –proyectores de las cañadas y cargo que le sería confirmado por Enrique IV en 1454–, adelantados de Cazorla –con atribuciones jurisdiccionales, militares y gubernativas–, guarda mayores del rey – encargados de la protección personal del monarca–, oficiales del cuchillo –encargados de trinchar la carne y servir las viandas que se daban al rey– y consejeros reales22.
16 Dolores Carmen Morales Muñiz, “La concesión del título de (I) conde de Buendía…”, pp. 200-201. 17 Ibid.
18 José Ignacio Ortega Cervigón, “El arraigo de los linajes portugueses…”, p. 75.
19 Las ramas de los Acuña fueron cuñas orladas por quinas, estas últimas rememoran el pasado portugués
del linaje, “consistentes en cinco escudos azules dispuestos en cruz y en cada escudo cinco dineros en aspa”. Cfr. Gerardo Lozano González, “Los Acuñas y Dueñas…”, p. 131.
20 José Ignacio Ortega Cervigón, “Apuntes sobre los señoríos palentinos de los Acuña…”, p. 103: “El
gobierno de Pedro de Acuña sobre Dueñas tuvo tintes tiránicos, al exigir el pago doble de los tributos y apresar en el castillo a aquellos que se negaban, confiscar sus bienes e, incluso, llegar a la ejecución como instrumento disuasorio”.
21 Gerardo Lozano González, “Los Acuñas y Dueñas”, p. 131. En el mismo artículo también se da por hecho
el poder de Pedro de Acuña a través del supuesto refrán que circulaba en Castilla: “si los Reyes Católicos reinaron estos reinos fue mucha parte para ello Pedro de Acuña”.
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Pedro de Acuña se casó con Inés de Herrera, hija del mariscal de Ampudia; con ella, tuvo ocho hijos: Lope, Pedro, Fernando, Luis, Alonso, Teresa, María y Leonor, fundando el mayorazgo en su primogénito, Lope Vázquez de Acuña, nombrado adelantado mayor de Cazorla por virtud de su tío, Alonso Carrillo, en 1475, ya que este título era designado por los arzobispos de Toledo, señores titulares del territorio desde el siglo XIII. Del mismo modo, Lope heredaría el mayorazgo, así como las villas de Buendía y Dueñas y la fortaleza de Anguix; se casaría con Inés Enríquez, hermana de la madre de Fernando el Católico, Juana Enríquez, por lo que la familia estaba emparentada de forma directa con los monarcas. Este Lope sería capitán general de la frontera de Granada23. Al
segundo, Pedro, su padre le destinaría la villa de Villaviudas. Fernando, tercer hijo del matrimonio, fue enviado por los Reyes Católicos a pacificar el reino de Galicia24. El cuarto, Luis, se convertiría en señor de la villa de Agramonte. Alonso Carrillo, fue obispo de Pamplona. En cuanto a las hijas, se conocen únicamente los destinos de María, casada con Juan de Vivero, primer vizconde de Altamira, y Leonor, casada con Pedro Manrique, segundo conde de Paredes de Nava. Acerca de Teresa, nada se sabe25.
De esta manera, Dueñas y los Acuña eran nombres gratos a Isabel y Fernando. Valedor en la causa isabelina, Pedro de Acuña acumulaba un pasado de obediencia y lealtad a los príncipes. A pesar de mantenerse en un discreto segundo plano político, había prestado obediencia a Alfonso XII, a quien juró como rey en la Farsa de Ávila (1465). El joven monarca, en anterior e idéntico contexto histórico de monarquía dual frente a su hermano Enrique IV, le había otorgado su único título nobiliario, el de primer conde de Buendía, cuatro días después de ser alzado rey, el 9 de junio de 1465. La concesión se hizo a petición del arzobispo de Toledo26. Sobre esta merced dice Morales Muñiz:
El título era, en definitiva, una merced que hacía el rey a una persona para honrar en él a su linaje, una forma clara de reafirmar aquel, ascendiendo de la simple nobleza a la nobleza titulada que es la cúspide del estamento nobiliario. Y es, dentro de linaje, donde
23 A causa de su valentía en la batalla se cantaban ciertas coplas sobre este personaje: «Acuña, Acuña, /
Adelantado por la Andalucía / de esta queda escarmentado / el moro de la morería». Apud. Gerardo Lozano González, “Los Acuñas y Dueñas…”, p. 135.
24 Diego de Valera, Crónica de los Reyes Católicos, ed. Juan de M. Carriazo, Madrid, 1927, pp. 102-104
[103-104]: el reino de Galicia «falló aquel reyno tiranizado por diversas partes, e la tierra sin toda justicia, llena de ladrones e robadores. El qual se ovo tan sabiamente que en todas las cosas puso orden e peso e medida en todo aquel reyno […] Y estas cosas así prósperamente acabadas, don Fernando de Acuña, dexando a Galicia muy sosegada, se vino en Castilla para el rey e reyna nuestros señores, de los quales fue muy bien recebido».
25 Diccionario Biográfico Español, Madrid, Real Academia de la Historia, I, pp. 414-415 [415]. 26 Dolores Carmen Morales Muñiz, “La concesión del título de (I) conde de Buendía…”, p. 204.
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toma lugar el hecho sucesorio. A través de la concesión de un título se distingue, no sólo a una persona, sino al linaje que tendrá un ejemplo a seguir en su primer poseedor27.
El condado de Buendía es uno de los principales dominios señoriales de las tierras de Sigüenza y Cuenca, junto a otros como los de Cifuentes y Priego o los marquesados de Moya y Cañete. Además, el título de conde suponía mayor proximidad al monarca que otros títulos e implicaba un vasallaje palatino y militar28. La concesión de títulos de este tipo constituye un acto político con el que el rey manifiesta su poder, la legitimidad de su dinastía y la existencia de una administración –corte, chancillería y demás mecanismos regios– plenamente desarrollada29.
Acuña, discreto y eficaz, fue un hábil valedor de la legitimidad representada por Isabel y Fernando. Por todo ello, es más que probable que Acuña recibiera la confirmación de su condado en 147530, cuando los ya reyes iniciaron el reparto de privilegios para agradecer los servicios prestados. Antes le fue perdonada su intervención en la Guerra de Sucesión castellana a favor de Juana la Beltraneja. Al mismo tiempo, Isabel reconocía la legitimidad monárquica de su hermano, que había otorgado a Acuña el título que ella confirmaba ahora. Como apunta Morales Muñiz, es significativo que Pedro de Acuña no volviese a recibir ninguna merced por parte de los Reyes; en cambio, doña Inés, su mujer, recibió el condado de Buendía31.
Por esta época, las finanzas de Isabel y Fernando no marchaban como era de desear, de ahí las continuas solicitudes y concesiones de préstamos. En tan difíciles circunstancias, Acuña acudió en auxilio de los reyes, para lo que vendió “la villa de
27 Dolores Carmen Morales Muñiz, “La concesión del título de (I) conde de Buendía…”, p. 200.
28 Es de destacar también otro hecho apuntado por Dolores Carmen Morales Muñiz, “La concesión del
título de (I) conde de Buendía…”, p. 208: “En este sentido en el reinado de Alfonso XII se ratificó la importancia del linaje Acuña en la única rama –la de Lope Vasques– que no había sido agraciada con un