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I. I SABEL , INFANTA DE C ASTILLA Y A RAGÓN , PRINCESA Y REINA DE P ORTUGAL

8. E L SEGUNDO MATRIMONIO : I SABEL , REINA DE P ORTUGAL (1497)

8.3. El matrimonio de Isabel con Manuel de Portugal

En septiembre de 1497, próxima la fecha de entrega, se decidió que el grueso de la corte, con Isabel la Católica al frente, continuase el proyectado viaje a Portugal; así lo relata Osório: «Isabela maior cum Isabela iuniore illius filia Valentiam Alcantarae, quae est prope Portugaliae confinia, similiter venit. Fernandus Rex adesse non potuit, invaletudine filii Ioannis impeditus»302. Al tiempo, acompañaría la corte a los príncipes de Asturias, Juan y Margarita, que marchaban a Salamanca303. En esta ciudad, tenían su

residencia y su corte; en ella, además, se celebrarían fiestas en su honor304. Pedro Mártir

de Anglería, de parte castellana, lo relata de la siguiente manera:

No hace muchos días que te escribí que estábamos en Medina del Campo, como en alas para salir. Hacia el 13 de septiembre, en efecto, con hados adversos y aves infaustas, salió la corte de Medina, tomando los padres dirección distinta del hijo y de la nuera. Los unos se encaminaban a conducir al lado de Manuel, rey de Portugal, con quien se había desposado por medio de embajadores, a su hija Isabel. Y el príncipe y su desdichada esposa a Salamanca […] Así, pues, el día 23 de septiembre entró el príncipe en Salamanca; y fue tanto el aplauso de trompetas y atabales con que sus vecinos le recibieron, que parecía rasgarse el aire de júbilo […] Creerías que en aquel día se dieron allí cita todas las riquezas de España. Los coros de niños y niñas, desde los tablados construídos en las plazas y desde las ventanas de sus casas, imitando celestes armonías, recreaban en extremos los ánimos de los transeúntes. […] Con más esmero y largueza se

301 Antonio de la Torre y Luis Suárez Fernández, Documentos…, III, pp. 333-334, doc. 378.

302 Jerónimo Osório, Crónica..., fol. 17 v. [Isabel con Isabel iunior, su hija, se pusieron en camino a Valencia

de Alcántara, que está cerca de los límites con Portugal. El rey Fernando no pudo dirigirse hacia allí, puesto que la salud del príncipe se lo impedía]. [La traducción es mía]. El relato de Osório nos informa de una serie de cartas cruzadas entre estos reyes a fin de que la llegada al reino portugués de Isabel fuera pronta.

303 Antonio Rumeu de Armas, Itinerario de los Reyes Católicos…, p. 237. Del 23 al 28 de septiembre de

1497 los Reyes Católicos permanecerían en Salamanca y, con ellos, Isabel hija.

304 La corte literaria de Juan y de Margarita en Salamanca se vio espoleada bajo el mecenazgo del duque de

Alba, y de un autor, Juan del Encina. Vid. Álvaro Bustos Tauler, La poesía de Juan del Encina: el

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dispusieron estas solemnidades en honor del príncipe, en razón de que siendo esta ciudad –en la cual tú, purpurado príncipe, desde tu juventud te dedicaste al estudio de las letras– la fuente literaria de toda España, esperaban de su futuro rey –porque amaba y cultivaba las letras– un patrocinio más eficaz que el dispensado a las demás ciudades305.

En efecto, como el propio Juan del Encina dice «contar de las fiestas que allí les hizieron / no fue sino sueño que en sueño pasó». Allí debió de asistir el príncipe a la

Representación sobre el poder del amor de Encina.

Por su parte, el monarca luso Manuel I esperaba en Castelo de Vide la llegada de la princesa mientras que Fernando, Isabel y su hija, fueron hasta Valencia de Alcántara, en un viaje que, desde Salamanca, siguió camino por Frades, La Calzada, Baños, Plasencia, Grimaldo y Arroyo del Puerto306. En Alcántara se celebró y consumó la boda

el 30 de septiembre de 1497307. Esta boda fue otro motivo más de alegría en ese año de 1497 que también había celebrado las nupcias del heredero, Juan, y de Juana en el doble enlace con Borgoña, por lo que el clima de festividad y celebración era patente. El humanista Pedro Mártir de Anglería, precisa, en referencia a Isabel la Católica: «rodeada de un coro de ninfas, como si fuese a celebrar el himeneo de su hija, y con su presencia reanimó y alegró nuestros corazones, que desfallecían ya bajo el peso de tan largas vigilias, de tantos trabajos, de tantos peligros»308. Por todas partes, había fiestas, galas y regocijos cortesanos.

Sin embargo, la recaída del príncipe don Juan fue fulminante: el 26 de septiembre Mártir de Anglería relata la gravedad del joven; del 29 data la carta que fray Diego de Deza envía a los reyes informándoles de su preocupante estado de salud309.El 4 de octubre

305 Pero Mártir de Anglería, Epistolario...., p. 344. La carta está fechada, aún con los errores en la cronología

que se presuponen en este epistolario, el 19 de octubre de 1497, es decir, ya después de la muerte del príncipe don Juan.

306 Antonio Rumeu de Armas, Itinerario de los Reyes Católicos…, p. 237. Debemos de suponer alegrías y

festejos en las entradas de la corte por estas localidades, motivadas por la boda de la primogénita. Antonio Azuar, “Valencia de Alcántara por los Reyes Católicos. Boda regia en 1497”, Revista de Extremadura, noviembre, 1904. Copia facilitada por el Ayuntamiento de Valencia de Alcántara, agosto, 2005, pp. 1-10, disponible en línea. El artículo peca en algunos casos de ingenuidad histórica al tiempo que se ensalza el prurito regionalista, ya que se remite al amor de los Reyes Católicos por las tierras extremeñas y su culto y devoción a la Virgen de Guadalupe, santuario al que acudieron en numerosas ocasiones.

307 El auge de ferias, fiestas, y mercadillos medievales en la actualidad ha hecho que se conmemoren las

jornadas medievales que bajo el título «Boda regia» se vienen celebrando en Valencia de Alcántara el primer fin de semana de agosto y que celebran el enlace en septiembre de 1497 de Isabel y Manuel I de Portugal. En ellas participa todo el pueblo y, además de realizarse el preceptivo mercadillo medieval, se recrea la boda apoyándose en la veracidad histórica del enclave para el enlace, atestiguado por los cronistas de uno y otro lado peninsular, como Andrés Bernáldez o Damião de Góis.

308 Pero Mártir de Anglería, Epistolario..., p. 344.

309 Es notable, en este sentido, la necesidad del cariño y la proximidad familiar que siente el príncipe,

resaltada por la famosa carta de Deza: «si esta enfermedad viniera en tiempo en que vuestras altezas no tuvieran tanta necesidad de estar ausentes, fueran todo el remedio de su mal, porque se ayuda mucho más cuando vuestras altezas están delante, y con más obediencia está a la medicina, y recibe mejor el esfuerzo

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de 1497 fallecía en Salamanca el príncipe don Juan. El mito del “príncipe que murió de amor” fue fomentado por el propio Mártir de Anglería antes que por el duque de Maura310.

Las circunstancias de su muerte fueron relatadas porel humanista italiano, que fue testigo de excepción, aunque Alfonso Ortiz y Diego de Deza también debieron de estar presentes:

Al tercer día [26 de septiembre] fue presa de una repentina fiebre. ¡Oh, cruel madrastra! ¿a qué te ensañas con los que elegiste como hijos? Se disponen rápidos caballos que se renueven con frecuencia, desde Salamanca hasta la ciudad llamada Valencia de Don Juan [equivocado por Valencia de Alcántara], fronteriza con Portugal, donde sus padres, nuestros reyes, con el rey Manuel, su yerno –que había venido a recoger a su esposa de manos de sus padres- se ocupaban del casamiento. Vuelan alcanzándose los correos que enteren a sus padres del curso de la fiebre. Va de mal en peor cada día. Acude el rey a marchas forzadas y encuentra al hijo, aunque en las últimas, en plena lucidez de sus facultades. […] El desdichado padre dio orden de que los correos ocultasen a la reina el suceso, enviándole los de costumbre, para que poco a poco fuera haciéndose a este dolor311.

Este año hubiera sido uno de los de más grande memoria en el reinado de los Reyes Católicos de no haber ocurrido la trágica muerte del príncipe don Juan. Es la principal causa de que apenas haya crónicas o testimonios literarios que nos remitan a esas circunstancias festivas del segundo matrimonio de Isabel; la pérdida del heredero, con literatura consolatoria derivada de tan funesto hecho, eclipsó cualquier manifestación que no tuviese un tono luctuoso. Especialmente completo en sus detalles es el informe sobre el luto observado en la ciudad de Ávila312. Allí, en la iglesia de santo Tomás le esperaba su última morada, en un imponente monumento de alabastro tallado por Domenico Fancelli en 1513.

Los ecos de tan funesto suceso llegaron hasta Roma donde, según Fernández de Córdova, “las celebraciones romanas por el fallecimiento del príncipe Juan en enero de 1498 marcaron el punto más alto de la parábola propagandística de los Reyes Católicos en la Roma de Alejandro VI”313. Los embajadores hispanos que se encontraban desplegados en Italia pusieron en marcha todo un mecanismo ceremonial para convertir

y el alegría». El texto se conserva manuscrito en la Real Academia de la Historia (E 132, 89) y ha sido objeto de numerosas ediciones y comentarios. La «tanta necesidad de estar ausentes» responde al deber regio de acompañar en un enlace tanto familiar como político a su hija mayor, Isabel.

310 Gabriel Maura Gamazo, duque de Maura, El príncipe que murió de amor: Don Juan primogénito de los

Reyes Católicos, Madrid, Espasa Calpe, 1944 (reedición de Madrid, Alderabán, 2000).

311 Pedro Mártir de Anglería, Epistolario..., p. 346.

312 A este respecto, véase Ángel Alcalá Galve y Jacobo Sanz Hermida, Vida y muerte del príncipe don Juan.

Historia y literatura, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1998, pp. 193-197, donde se reproduce por

completo el informe del luto realizado en dicha ciudad.

313 Álvaro Fernández de Córdova Miralles, “El ‘Rey Católico’ de la primeras guerras de Italia. Imagen de

Fernando II de Aragón y V de Castilla entre la expectación profética y la tensión internacional (1493- 1499)”, Medievalismo, 25 (2015), pp. 197-232 [226].

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el dramático acontecimiento de la muerte del heredero en un motivo de exaltación dinástica, mediante celebraciones funerarias que se desarrollaron en Milán, Sicilia y Roma314. Así, pues, Diego de Muros III (ca. 1450-1525), escribe su Panegyris in obitu

Johannis Hispaniae principis315. Al mismo tiempo, el cardenal Carvajal dirigió a los Reyes Católicos su Epístola consolatoria, publicada en Roma en la versión latina realizada por su secretario García de Bovadilla316. En resumen, todas estas composiciones literarias alentaban la propaganda dinástica de los Reyes Católicos, especialmente en un periodo sensible debido a la crisis sucesoria317.

Ni siquiera queda documentación en los archivos donde nunca debería faltar, como el de Simancas, acerca del segundo matrimonio de Isabel. El hecho festivo del enlace adquiere unos tintes dramáticos harto curiosos al coincidir en el tiempo la mayor de las alegrías con la tragedia más inmensa que nadie podía imaginar318. A pesar de la gravedad del príncipe, estas noticias se le ocultaron a la novia, quien entró en el reino portugués sin saber que, al mismo tiempo que era recibida como reina consorte, sería proclamada primogénita heredera en su país:

no qual instante veo recado á rainha donna Isabel da morte do prinçipe D. Ioam seu filho, ho que ella dissimulou com muita prudencia, sem querer que se diuulgansse nem por isso se mostrasse tristeza em quanto el rei D. Emanuel alli estivesse, mas quomo el rei soube esta noua e ho segredo que nella iha, pedio loguo liçença a rainha para se tornar a Castello de Vide e leuar a rainha sua molher consigo, ho que assí fez acompanhado de todos os senhores de Castella que ali entam estauam atte a Raia encobrindo todos ha dor e tristeza

314 A este respecto, así como a la literatura consolatoria generada en su entorno y en la que las referencias

a Isabel así como a sus hermanas deben de estar presentes, remitimos al trabajo en preparación de Álvaro Fernández de Córdova y Vicente Calvo Fernández, “La muerte del heredero. Liturgia y humanismo por el príncipe Juan en su marco europeo”, anunciado en el artículo de la nota anterior.

315 A la identificación de este personaje frente a sus homónimos ha consagrado sus esfuerzos Nicasio

Salvador Miguel en varios trabajos, del que destacamos La conquista de Málaga…, p. 67, n. 92. Salvador Miguel ofrecerá datos más jugosos sobre estos tres personajes en la primera parte de su próximo libro, titulado La guerra de Granada (1482-1492). Repercusiones festivas y literarias en Roma.

316 Para el texto de Carvajal, remitimos a los trabajos de Tomás González Rolán, y Pilar Saquero Suárez-

Somonte, “Un importante texto político-literario de finales del siglo XV: La Epístola consolatoria a los

Reyes Católicos del extremeño Bernardino López de Carvajal (prologada y traducida al latín por García de

Bovadilla)”, Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos, 16 (1999), pp. 247-277; el texto completo en El humanismo cristiano en la Corte de los Reyes Católicos: Las Consolatorias latinas a la muerte del

Príncipe Juan de Diego de Muros, Bernardino López de Cavajal, García de Bovadilla, Diego Ramírez de Villaescusa y Alfonso Ortiz. Estudio, edición y traducción, eds. Tomás González Rolán, José Miguel Baños

Baños, y Pilar Saquero Suárez-Somonte, Madrid, Ediciones Clásicas, 2006, pp. 51-115.

317 Frente a esta exaltación del ceremonial cortesano, así como de los ecos romanos de una noticia tan

dramática en el entorno de los Reyes Católicos, sorprende el escaso eco que tuvo la muerte de la primogénita en Roma un año después, muy posiblemente debido al enfriamiento de las relaciones diplomáticas entre Castilla y el Papado.

318 Mientras la reina Católica permanecía al lado de su hija mayor tras la boda con Manuel I, Fernando el

Católico deshacía la ruta emprendida días atrás hasta Salamanca, donde agonizaba su hijo. Tras su muerte, volvió a Valencia de Alcántara, donde los afligidos padres marcharían juntos el 9 de octubre, hasta llegar el 20 a Salamanca. Vid. Antonio Rumeu de Armas, Itinerario de los Reyes Católicos…, pp. 237-238.

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que tinhão pela morte do prinçipe dom Ioam seu senhorho milhor que poderam [...] que nunqua a rainha donna Isabel, irmã do prinçipe o soube senam dali a muitos dias319.

La muerte del príncipe don Juan hizo cancelar todas las fiestas y alegrías que se encontraban ya preparadas para el recibimiento de Isabel como reina de Portugal: «em Castello de Vide estauam ordenadas muitas festas pera entrada da rainha, das quaes por caso da morte do Prinçipe se fezeram muim pouquas». En menos de una semana, Salamanca y el reino entero habían trocado la fiesta y alegría derivadas de las nupcias y el fastuoso recibimiento de los príncipes por el luto, «así que fueron las alegrías del matrimonio plantos, lloros y lutos por el príncipe, todo en una semana»320. Finalmente,

los Reyes Católicos, «en lo que el dolor les consentía, recobran ánimos y envían a Portugal a su hija en compañía del yerno. Luego vuelven a nuestro lado, huérfanos de tan grande hijo», según Mártir de Anglería321.

El cortejo de los nuevos reyes partió para Évora donde el rey descubrió la fatal noticia a Isabel «per cujo respecto tomou toda ha corte dôr» e incluso el rey mandó «fazer suas exequis e saimento com muita solemnidade»322. Comenzaba otra etapa en la vida de Isabel, no sólo como reina de Portugal sino también como heredera del reino castellano.

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