I. I SABEL , INFANTA DE C ASTILLA Y A RAGÓN , PRINCESA Y REINA DE P ORTUGAL
3. L AS TERCERÍAS DE M OURA (1480-1483)
3.1. Usos y costumbres portuguesas.
La infanta se presentó ante Beatriz de Viseo el 11 de enero de 1481 en las inmediaciones de la villa de la Coronada, donde se celebró un «muy gran recebimiento, solene e muy rico»143, mientras, don Diego, hijo de Beatriz, quedó en la corte de los Católicos como garantía por si el acuerdo no quedara plenamente satisfecho. La selección de Beatriz como «tercera» no fue casual. Tía de Isabel la Católica y suegra de João II, su nominación para tratar de la guarda y custodia de los infantes se basó en términos de amistad por vía familiar. Asimismo, su relevante posición en esta corte de Moura le permitió exhibir su peso político y su influencia en las casas de los infantes al designar oficiales próximos a su confianza144. En este sentido, la importancia de la infanta Beatriz es destacada por los cronistas, que ponen de relieve su habilidad como negociadora y tutora en estas tercerías y más tarde inciden en su condición de madre del rey Manuel I145.
142 Andrés Bernáldez, Crónica…, pp. 92-93. Desde septiembre de 1480, la reina Católica permaneció en
Medina del Campo, donde debemos de incluir también a Isabel iunior. Ambas mujeres prepararían los atavíos necesarios para el viaje de la joven a Portugal, a quien en esta ocasión no despidió su madre, posiblemente por la tierna edad de la infanta Juana. Por su parte, Fernando el Católico se encontraba ausente y desplazado al reino de Aragón (Zaragoza y Barcelona), debido a la situación política contra los turcos en el Mediterráneo. Vid. Antonio Rumeu de Armas, Itinerario de los Reyes Católicos…, pp. 87-90.
143 Ibid. p. 93. Debemos imaginar un gran ceremonial cortesano de bienvenida como llevaban aparejadas
todas estas entradas regias, aderezadas con algún momo cortesano, posiblemente.
144 Así lo muestran las cartas cruzadas de Beatriz de Avís, João II y la reina Católica, como demuestra Maria
Barreto Dávila, “Quotidiano e Jogos de Poder nas Terçarias de Moura”, en Reinas e Infantas en los Reinos
Medievales Ibéricos. Contribuciones para su estudio, eds. Silvia Cernadas Martínez y Miguel García-
Fernández, Santiago de Compostela, Universidade de Santiago de Compostela, 2015, pp. 345-360, en prensa.
145 Verbigracia: Jerónimo Osório, De rebus Emmanuelis regis Lusitaniae invictissimi virtute et auspicio
gestis libri duodecim, Lisboa, António Gonçalves, 1571, fol. 10. Se conservan varios ejemplares en la BNE
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Según consta en la Cuentas de Gonzalo de Baeza, la reina Católica se preocupó, en este periodo de tercerías, de suministrar «a la señora ynfante doña Ysabel» todo lo necesario para el mantenimiento de su «muy cara e muy amada hija» que tenía a su cargo veinticuatro personas146. Los años que siguen se vieron sujetos a una serie de estrategias políticas y ajustes matrimoniales, pues el ya rey João II de Portugal quiso casar a su hijo no con Isabel, sino con su hermana, la infanta Juana, debido a que eran más parejos en edad. El Rey Católico, alertado de un posible enlace de la Beltraneja con el rey de Navarra, dio su aprobación a tal cambio, aunque con la condición de que, si al cumplir Afonso los catorce años, Isabel no se hubiese desposado, el enlace sería entre ellos dos, como se había estipulado en un principio. Finalmente, la decisión de la Beltraneja de hacerse monja ante todos aquellos sucesos («mas receando-se da continua conversação e familiaridade de castelhanos contrairos, que não podia escusar»)147 fue a más, por lo que decidió profesar en el Monasterio de Santa Clara de Coímbra. De esta forma, la hia de Enrique IV se alejaba en sus pretensiones de ascensión al trono al tiempo que disipaba la sombra de ilegitimidad de Isabel la Católica.
Dentro de la esfera más personal de la infanta Isabel, los años pasados en Portugal debieron de resultar útiles en su formación para adecuarse a los usos y costumbres lusas. La vida cotidiana de los cerca de tres años transcurridos en Moura instruyó a la infanta en aquella lengua, que ya debía conocer por parte de su abuela, la reina Isabel de Portugal, así como por el círculo de damas portuguesas que servían en la corte148. Así, se amplió su
conocimiento de la lengua y su familiaridad con el ceremonial cortesano luso. Todo ello debió de acontecer en un ambiente de armonía, pues se trataba de una corte extranjera pero, a la vez, familiar149.
146 Cuentas de Gonzalo de Baeza, tesorero de Isabel la Católica, eds. Antonio de la Torre y E. A. de la
Torre, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1955, p. 265 (en adelante abreviado como
Cuentas). Las palabras de la reina aparecen en múltiples documentos de los recogidos por Antonio de la
Torre y Luis Suárez Fernández en su ya citado Documentos...
147 Rui de Pina, Chrónica..., p. 140.
148 El ambiente portugués, por tanto, le era propio a una infanta que tenía a su servicio en su pequeña corte
a «una portoguesa bayladora», como documenta Gonzalo de Baeza, Cuentas, I, p. 71.
149 El portugués también era una lengua manejada por su madre, Isabel la Católica, quien también la
aprendió de infante con su madre así como en los años que pasó en la corte castellana de Enrique IVy Juana de Avís. Vid. Nicasio Salvador Miguel, Isabel la Católica…, pp. 166-169.
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