I. I SABEL , INFANTA DE C ASTILLA Y A RAGÓN , PRINCESA Y REINA DE P ORTUGAL
7. P RINCESA VIUDA DE P ORTUGAL (1491-1496)
7.2. La vuelta a Castilla
En su vuelta a Castilla, Isabel sigue de esta manera los consejos apuntados por Christine de Pizan para las jóvenes princesas viudas, como resume Eukene Lacarra:
A la princesa que enviuda cuando es muy joven, le aconseja volver a vivir en la casa paterna. Su admonición principal es que guarde el decoro en el habla, risa, vestido, juegos y danzas. Si es tan joven que la edad le manda reír y cantar debe excusarse de ello lo más que pueda o hacerlo secretamente, aunque puede jugar con las mujeres de su cámara. Así la gente dirá que es virtuosa y honesta. Es importante que no tenga conversación con caballeros para no ser denostada sin razón. Tampoco debe hablar de casamiento en secreto, ni escuchar a quien se lo proponga ni casarse por su voluntad sin el consentimiento de sus padres, porque sería gran vergüenza y deshonra248.
A pesar de esos consejos literarios que, sin duda, Isabel debió de leer, la realidad política se imponía y la princesa de Portugal continuó firmando el nombramiento de oficiales en las villas en las que, aún viuda de su marido, tenía la potestad de hacerlo. João II quiso que Isabel conservara el señorío de las tres villas que formaron parte de sus arras
246 Andrés Bernáldez, Crónica…, p. 229. Cfr. Antonio Rumeu de Armas, Itinerario de los Reyes
Católicos…, p. 187.
247 Así lo relatan ciertos testimonios literarios, aunque la mitificación viene a través de los romances de uno
y otro lado peninsular, acercando a Isabel a la posterior leyenda de su hermana Juana. Sobre los ritos funerarios medievales y su repercusión literaria desde la historia de las mentalidades, Vid., Ana Arranz Guzmán, “La reflexión sobre la muerte en el medievo hispánico: ¿continuidad o ruptura?”, En la España
medieval, 8 (1986), pp. 109-124 [117-118].
248 Eukene Lacarra Lanz, “Las enseñanzas de Le livre des trois vertus à l’enseignement des dames de
105
(Torres Vedras, Torres Novas y Alvaiázere), mientras que los castellanos continuaron pagando la dote matrimonial. Como ha puesto de relieve Clara Estow, la persona de Isabel cobra una nueva dimensión como princesa viuda:
The death of a husband gave the woman a new legal persona and assigned her a number of duties, rights, and responsabilities not associated with her prior to or during her marriage. As her husband’s surrogate, she was expected to act in his behalf. His death promoted her to principal family decision maker, a status she retained pending either remarriage or the majority of her male children249.
Las crónicas poco relatan acerca de esta llegada de la viuda a la corte y su duelo como princesa viuda, salvo los apuntes de Bernáldez y Mártir de Anglería. De la decisión de Isabel de no contraer matrimonio de nuevo nos hablan las epístolas del italiano al arzobispo de Braga relativas a «nuestra viuda y el nuevo rey de Portugal», Manuel I:
Isabel, la primogénita de mis reyes, viuda de vuestro príncipe portugués, que exhaló su juvenil alma a consecuencia de una caída de caballo mientras corría en el estadio, ha rechazado hasta hoy día el unirse a otro cualquier hombre. Sus padres tratan de persuadirla, le ruegan y suplican que procree y les dé los debidos nietos. Ha sido sorprendente la entereza de esta mujer en rechazar las segundas nupcias. Tanta es su modestia, tanta es su castidad de viuda, que no ha vuelto a comer en mesa después de la muerte del marido, ni ha gustado ningún manjar exquisito. Tanto se ha mortificado con los ayunos y vigilias, que se ha venido a quedar más flaca que un tronco seco. Ruborizada, se pone nerviosa siempre que se provoca la conversación sobre el matrimonio. No obstante, según olfateamos, puede ser que algún día se ablande a los ruegos de los padres. Va tomando cuerpo la fama de que será la futura esposa de vuestro rey Manuel. De este modo vosotros estaréis a seguro de cualquier contingencia violente del exterior y mis reyes tendrán suma complacencia en casar a la hija que tan extraordinariamente quieren con un buen rey, con un hombre amable y excepcionalmente apacible y, además, pariente por otra parte250.
En efecto, estas palabras traslucen la religiosidad de Isabel, con el adorno de su castidad, sus ayunos y vigilias, todo ello muestra del ambiente franciscano de la corte castellana. De niña, Isabel había estado bajo la tutela de Teresa Enríquez, esposa de Gutierre de Cárdenas, mujer conocida por su relevante devoción y piedad. Isabel destacaba también por sus obras piadosas, que cuajaron en numerosas donaciones. En ese sentido, la memoria que la primogénita de Isabel y Fernando dejó a su paso por esta vida fue la de su magnificencia y sus limosnas, que la diferenciaban de sus propios hermanos251.
249 Clara Estow, “Widows in the Chronicles of Late Medieval Castile”, «Upon my Husband’s Death»…,
pp. 153-167 [155].
250 Pedro Mártir de Anglería, Epistolario…, pp. 323-324.
251 Así se aprecia en los muchos apuntes documentales donde constan las dádivas de la princesa, puesto de
relieve por David Nogales Rincón, “La asistencia social durante el reinado de los Reyes Católicos: las limosnas reales a menesterosos”, en Población y grupos sociales en el Antiguo Régimen: IX Reunión
106