I. I SABEL , INFANTA DE C ASTILLA Y A RAGÓN , PRINCESA Y REINA DE P ORTUGAL
10. M UERTE DE I SABEL (1498)
10.2. El monasterio de Santa Isabel de los Reyes en Toledo
Isabel fue enterrada primeramente en Zaragoza en el Real Monasterio Jerónimo de Santa Engracia, fuera de la ciudad, como indican los cronistas. En palabras de Lacarra Ducay: “La iglesia de Santa Engracia o de las Santas Masas era de antiguo una de las más destacadas de la ciudad”389. Este monasterio ocupó el solar de la antigua necrópolis
cristiano-romana, albergando en su cripta los restos de la santa. Su fundación se realiza en el siglo XV por el rey Juan II de Aragón quien, ayudado por el contacto con las reliquias de santa Engracia, sanó su vista. En agradecimiento, el rey hubo de confiar en 1479 por vía testamentaria a su hijo y sucesor, Fernando el Católico, la erección del monasterio. Una vez concluida la Guerra de Granada, Fernando retomó el cumplimiento de la voluntad paterna: el 8 de marzo de 1493 fray Juan Bautista de Villaragut se convertía en el primer prior del monasterio390, encomendado a la orden jerónima, próxima al deseo de
387Damião de Góis, Crónica..., fol. 26. 388 Andrés Bernáldez, Crónica..., p. 380.
389 María del Carmen Lacarra Ducay, “Notas sobre la Iglesia de Santa Engracia o Santuario de las Santas
Masas en el siglo XV (1421-1464)”, Aragón en la Edad Media, 16 (2000), pp. 425-444 [426]. Eso era así por “preciarse de guardar en su cripta las veneradas reliquias de los santos Lamberto, Lupercio, Engracia e innumerables mártires de Zaragoza”.
390 Jesús Criado Mainar, “La fábrica del Monasterio Jerónimo de Santa Engracia de Zaragoza (1492-1517)”,
Artigrama, 13 (1998), pp. 253-276 [254]. Con motivo de su centenario se organizó una exposición en 1993,
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reforma religiosa que pretenden los Reyes Católicos y protegidos de la monarquía en toda la Península Ibérica391. Finalmente, el resultado es la construcción de un magnífico
conjunto monástico en estilo mudéjar renacentista, que fue destruido en 1808392. Sin
embargo, la voluntad de Isabel era enterrarse en el Monasterio de Santa Isabel de los Reyes en Toledo, que su padre mandó construir. El cronista aragonés Espes así lo relata:
En principio del mes de octubre fue llevado el cuerpo de la princesa a sepultar al monasterio de religiosas de Santa Isabel de la ciudad de Toledo que fundaron el rey y la reyna en las casas que fueron de doña Inés de Ayala, madre de doña Marina de Córdoba, primera mujer del almirante don Fadrique, que fue madre de la reyna doña Juana, mujer segunda del rey don Juan y aguela del rey católico393.
El convento de Santa Isabel de los Reyes de Toledo fue fundado en 1477 por María de Toledo, más conocida con el sobrenombre de Sor María la Pobre, madre fundadora de las clarisas e hija de Pedro Suárez de Toledo y Juana de Guzmán, señores de Pinto, miembros de una familia noble emparentada con el linaje de los duques de Alba, los condes de Oropesa y los de Orgaz394. El antiguo convento se fundó gracias a las casas de Fernán Gómez y Teresa Vázquez, su mujer395.
María la Pobre era pariente de los Reyes Católicos a través de la bisabuela de Fernando el Católico, Inés de Ayala, enterrada también en este convento. Esta ligazón
del Monasterio Jerónimo (1493-1993). Catálogo de la exposición”, Aragonia Sacra, VII-VIII (1992-1993), pp. 5-74, con un primer epígrafe dedicado a “Fundadores y mecenas”.
391 En 1498, el procurador de la comunidad es Joan Jayme, fraile jerónimo que viene de la Murta valenciana.
Javier Cía Blasco, “Precedentes y orígenes del Monasterio Jerónimo de Santa Engracia de Zaragoza”,
Revista de historia Jerónimo Zurita, 76-77 (2002), pp. 7-90 [79].
392 Del conjunto del Real Monasterio de Santa Engracia desgraciadamente sólo se ha conservado la fachada,
de la primera mitad del siglo XVI, a cargo de Gil Morlanes. El mecenazgo regio se refleja en los escudos que se sitúan en las enjutas del arco de ingreso y en las imágenes orantes de los Reyes Católicos, acompañados de san Juan Bautista y santa Catalina de Alejandría, así como de los fundadores de la Orden, san Jerónimo y santa Paula, flanqueando a la Virgen entronizada en el centro. Destaca la rica biblioteca de este monasterio, en la que trabajó el cronista Jerónimo Zurita, quien mandó enterrarse en ella. En cuanto a la bibliografía sobre el conjunto artístico, Cfr. Miguel Monserrat Gamiz, La parroquia de Santa Engracia
de Zaragoza: Estudio histórico y jurídico de su pertenencia a la diócesis de Huesca, prólogo de Eloy
Montero, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1948; Jesús Criado Mainar, “La fábrica del Monasterio Jerónimo de Santa Engracia de Zaragoza…”; María del Carmen Lacarra Ducay, “Notas sobre la Iglesia de Santa Engracia…”; Arturo Ansón Navarro et al., Santa Engracia: nuevas aportaciones para
la historia del monasterio y basílica, Zaragoza, Ayuntamiento-Gobierno de Aragón-Parroquia de Santa
Engracia, 2002; y, finalmente, Javier Cía Blasco, “Precedentes y orígenes del Monasterio Jerónimo…”. En ninguna de estas referencias se recogen documentos sobre la recepción del cuerpo de Isabel en 1498.
393 Diego de Espes, “Historia de la ciudad de Çaragoça desde la venida de Jesu Christo Señor y Redemptor
nuestro hasta el año de 1575”, Archivo de la Catedral de Zaragoza, II, fol. 728.
394 En torno a la biografía de la madre fundadora sor María la Pobre destaca la obra de Tomás Tamayo de
Vargas, Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, Toledo, 1616, posteriormente editada por Encarnación Heredero, Vida de la Excelentísima Señora y venerable Madre Doña María Suárez de Toledo,
llamada por su humildad Sor María la Pobre, fundadora y primera abadesa del Real Monasterio de Santa Isabel de Toledo, Toledo, 1914.
395 Juan Porres Martín Cleto, “El convento de Santa Isabel de los Reyes”, Anales Toledanos, 6 (1973), pp.
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facilitó la recepción de un conjunto de casas, conocidas como las “casas de la reina” popularmente. Por una serie de donaciones y cuestiones de mayorazgo, la recepción de los bienes del convento recayó en Inés de Ayala, mujer de Diego Fernández, mariscal de Castilla. Finalmente, todas estas propiedades serán cedidas a sor María la Pobre el 27 de julio de 1480 para que fundara en ellas un monasterio de clarisas. El Cardenal Mendoza entre 1483 y 1488 facilitó la fundación del mismo suprimiendo la parroquia de san Antolín, para ceder su edificio mudéjar a fin de que las religiosas establecieran allí la iglesia conventual. A estos patrimonios se sumaron una serie de propiedades agropecuarias y urbanas que conformaron el primer dominio monástico del monasterio396. Isabel iunior mandó ser enterrada en el coro bajo, denominado en los libros del convento como el “coro de las señoras religiosas”, un espacio incorporado a los pies de la iglesia por esas fechas y ahora parte del coro privado del monasterio de clarisas que lo habita, cerrado al espacio público y sólo accesible a través de unas celosías y ventanas397. En este espacio sagrado está enterrada la madre fundadora y fue en ese lugar donde Isabel mandó ser enterrada:
La Prinçessa Doña Ysabel, hija de los Reyes Católicos y Reyna de Portugal, se mandó enterrar en el coro de las señoras rrelixiosas, hordenando la enterraran como a una dellas, puniendo sobre su sepoltura una piedra llana. Goza el convento zien ducados de juro, en cada un año, por previlexio de su magestad todo el tiempo que en el dho. convento estubiese enterrada como del consta398.
La descripción casa perfectamente con lo relatado por el anónimo escritor del
Carro de las donas respecto a la muerte de Isabel: «Mandóse enterrar en el hábito de sant
Francisco, y que la llevasen a enterrar al devotísimo monasterio de sancta Ysabel de Toledo, de la orden de Santa Clara, la qual está allí sepultada»399. En efecto, Isabel quiso enterrarse en hábito de clarisa y su memoria sólo había de ser recordada mediante una sepultura baja, una losa blanca de mármol que debía tener un candelabro con teas siempre encendidas. Esta disposición relativa a la memoria fúnebre enlaza perfectamente con las nuevas corrientes de espiritualidad de la corte a finales de siglo, en consonancia con lo que las clarisas y sus seguidoras establecían400. A este respecto, en los libros de cuentas
396 Libro becerro de los bienes, censos etc. del convento de Santa Isabel de los Reyes en Toledo. 397 Begoña Alonso Ruiz, “La muerte de la Reina de Portugal en Zaragoza en 1498…”, p. 245. 398 Libro becerro de los bienes, censos etc. del convento de Santa Isabel de los Reyes en Toledo. 399 Carro de las donas, fol. xlvi.
400 Agradezco a Maria Barreto Dávila este apunte, con ecos en las reinas portuguesas como Beatriz de Avís
o la reina Leonor de Viseu, ambas enterradas en hábito de clarisas bajo una humilde losa blanca, así como las imágenes mostradas de la tumba de ambas, en Beja y el Monasterio de Xabregas, a las afueras de Lisboa, respectivamente, de una factura similar a la tumba de Isabel.
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del monasterio se conservan las donaciones realizadas por la corona para su mantenimiento hasta bien entrado el siglo XIX401.
En torno a esta fecha, 1498, el monasterio de Santa Isabel de los Reyes en Toledo era entonces un convento en obras que estaba a la espera de anexionar la iglesia vecina de San Antolín402. Gracias a la concesión de la licencia para enterrar a la infanta, los Reyes Católicos beneficiaron al convento a través de un privilegio de 37.500 maravedíes de renta anual. Estos dineros sirvieron para financiar la transformación de la vieja iglesia parroquial de san Antolín, que conservaba hasta entonces elementos mudéjares del siglo
XII, con más o menos añadidos de los siglos XIV y XV. La obra se terminó en 1543, por lo que el conjunto del monasterio, en definitiva, resulta ser una mezcla heteróclita de elementos diversos, entre los que destacan la fachada principal, con escudos de las armas de Castilla.
En cuanto al enterramiento de Isabel, en el testamento de la Católica leemos la intención de su madre de trasladar el cuerpo de su hija a Granada, con la voluntad de crear un panteón regio de notables resonancias: «luego que mi cuerpo fuere puesto e sepultado en el monasterio de Sancta Isabel de la Alhambra de la çibdad de Granada, sea luego trasladado por mis testamentarios al dicho monasterio el cuerpo de la reyna e princesa doña Ysabel, mi hija que aya sancta gloria»403. De esta forma, Isabel debía ser enterrada
junto a sus padres, su hermana Juana y su esposo Felipe así como junto a su hijo, Miguel de la Paz, en un intento por preservar la unidad familiar así como guardar y perpetuar la memoria regia. Lejos de esta dignificación histórica y de su inclusión en el mausoleo de la familia real de Granada, la tumba de la princesa y reina Isabel se encuentra hoy cubierta por una moderna tarima de madera que resguarda del frío a las hemanas clarisas que habitan el monasterio, sin más pompa pero conscientes de que ahí está enterrada la hija mayor de los Reyes Católicos404.
401 Comunicación personal con sor Beatriz, monja encargada de la biblioteca, archivo y fondo artiguo del
Monasterio de Santa Isabel de los Reyes de Toledo [6 de diciembre de 2014].
402 La orden se había dado en agosto de 1497. En cuanto a las implicaciones artísticas de este desconocido
convento toledano, destacan los trabajos de Balbina Martínez Caviró, Conventos de Toledo: Toledo, castillo
interior, Madrid, El Viso, 1990, pp. 208-229; Arquitecturas de Toledo. Del Romano al Gótico, coord. Diego
Peris Sánchez, Toledo, Servicio de Publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla la Mancha, 1991, pp. 180-192 y también Herbert González Zymla, “El retablo mayor del convento de Santa Isabel de los Reyes de Toledo: nuevas aportaciones a la obra de Juan Bautista Monegro, Andrés Sánchez, Juan Sánchez Dávila y Pedro de Cisneros el Mozo”, Archivo español de arte, LXXXI (2008), pp. 253-270.
403 Testamento de Isabel la Católica y acta matrimonial, estudio a cargo de Luis Suárez Fernández, Madrid,
Testimonio Compañía Editorial, 1992.
404 Comunicación personal con sor Beatriz, monja encargada de la biblioteca, archivo y fondo artiguo del
monasterio. Con frágil memoria, la hermana cuenta que, en fecha posterior a la Guerra Civil, posiblemente en los años sesenta, se procedió a cubrir el suelo de mármol del coro por una tarima debido al frío.
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