I. I SABEL , INFANTA DE C ASTILLA Y A RAGÓN , PRINCESA Y REINA DE P ORTUGAL
5. E L PRIMER MATRIMONIO : I SABEL , PRINCESA DE P ORTUGAL (1490)
5.1. Las circunstancias históricas
La guerra de Granada se reactivó en 1482 y se alargó por una década. En todo ese tiempo, hubo noticias reseñables en el ámbito más estrictamente familiar de los Reyes Católicos. Con el nacimiento de otras dos infantas, María (Córdoba, 29 de junio de 1482) y Catalina (Alcalá de Henares, 16 de enero de 1485), la familia real quedó completa.
En lo que a Isabel se refiere, la bula del 21 de julio anuló el juramento de su casamiento con el príncipe de Capua; poco después, otra bula permitía que Juan e Isabel se casasen con parientes en segundo grado, dispensa esta solicitada por Isabel madre antes incluso de determinar sus respectivos cónyuges. Todo lo explica el deseo de anticiparse a cualquier dificultad, pues la política matrimonial era un punto fundamental en el buen regimiento de la cosa pública174. La de Portugal fue la primera de las bodas negociadas y
la que abría un largo periodo de buenas relaciones entre los reinos peninsulares. Muestra de este nuevo orden de cosas es la ayuda brindada por los portugueses durante el cerco de Málaga175. Consta, por ejemplo, lo diligentes que anduvieron los marineros de la nación vecina para llevar provisiones al ejército español.
174 Cfr. José María de Francisco Olmos, “Las bodas del príncipe don Juan y de la infanta doña Isabel:
cuestión de estado y problema internacional (1475-1497)”, Anales de la Real Academia Matritense de
Heráldica y Genealogía, XVI (2013), pp. 41-85. Luis Suárez Fernández (El tiempo de la Guerra de Granada…, p. 180): recoge que en 1485, se dieron instrucciones al conde de Tendilla para que pactase todo
lo relativo a la relación entre España y el papado. De la gestión de Íñigo López de Mendoza da cuenta un documento fechado el 20 de diciembre de ese año, que aborda asuntos de la mayor importancia. Allí se habla del regio patronato, la reforma del clero, la jurisdicción eclesiástica y política universitaria y asuntos menudos pero interesantísimos, como puede ser el apoyo a las clarisas de Toledo que estaban «poblando un monasterio» bajo la advocación de Santa Isabel, lugar éste en el que finalmente fue enterrada Isabel.
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En realidad, la supresión de las tercerías no modificó los compromisos adquiridos en Alcaçobas, por lo que ambas partes se dispusieron a cumplir con este acuerdo concreto. De ese modo, en mayo de 1488, los Reyes Católicos enviaban a Sancho Machuca a Portugal para recordarlo176. La respuesta llegó ese verano a través de Diego de Ataide. Fernando e Isabel hicieron jurar a João IIque cumpliría dos condiciones previas: en primer lugar que doña Juana nunca saldría del Monasterio de Santa Clara de Coímbra, salvo en caso de epidemia y siempre para ser acogida en un monasterio de la misma orden; en segundo, que, al retrasarse el matrimonio hasta los quince años, convenía que este se hiciese por poderes para fijar la dote. Se tenía en cuenta que este punto, la fijación de la dote, sería muy debatido, pues la cuantía era verdaderamente elevada. Los Reyes Católicos pretendían pagar la suma acordada no de una vez sino a lo largo de tres años. En ese tiempo, también se calcularían las rentas que habría que asignar a la infanta tras instalarse en la corte de Portugal 177.
Esta respuesta de Isabel fue examinada por el Consejo Real portugués en Almada. En ella se adivina la expectación de los monarcas españoles respecto del final de la Guerra de Granada, que ya no podía tardar. Algo tan delicado como escoger maridos para las hijas y atender a sus necesidades económicas precisaba de una calma que la lucha en el sur hacía imposible. No obstante, tras la toma de Baza en noviembre de 1489, la confianza y alegría reinaban en la corte. Así lo relata el cronista Andrés Bernáldez:
Partió la reina de Jaén y llegó al real [de Baza] a cinco días de noviembre, donde le fue hecho solemne recibimiento, como solía en los otros reales. Con su venida todos los del real fueron muy alegres y esforzados porque en pos de sí llevaba siempre muchos mantenimientos y gentes, y creían que por su venida se haría más aína el partido con los moros. Los moros fueron mucho maravillados de su venida en invierno, y se asomaron de todas las torres y alturas de la ciudad, ellos y ellas, a ver la gente del recibimiento y oír las músicas de tantas bastardas y clarines y trompetas italianas y chirimías y sacabuches y dulzainas y atabales, que parecía que el sonido llegaba al cielo. Iban con la reina la infanta doña Isabel, su mayor hija, la cual nunca de sí partía, y algunas damas y dueñas de su casa178.
Asentados en Sevilla, los Reyes Católicos recibieron la visita de los embajadores portugueses, que venían a ratificar un matrimonio que consolidaría las buenas relaciones entre ambos reinos y evitarían guerras futuras, como declara Pulgar:
176 Luis Suárez Fernández, El tiempo de la Guerra de Granada…, p. 217, tomado de A. H. Salazar M-23,
fols. 242v-243, donde se recogen las instrucciones.
177 Antonio de la Torre y Luis Suárez, Documentos…, II, pp. 345-346.
178 Andrés Bernáldez, Crónica…, p. 170, donde añade el cronista la entrada de Isabel: «la infanta venía en
otra mula castaña, guarnecida de plata blanca e por orladura bordada de oro, e ella vestido un brial de brocado negro e un capuz negro, guarnecido de la guarnición del de la reina».
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El efecto de la qual era recontarles los grandes e çercanos devdos de sangre que el rey de Portogal tenía con el Rey e con la Reyna; otrosy, la amistad que por la graçia de Dios se avía guardado entre ellos, e la paz que se avía guardado entre los súbditos e naturales de la vna parte e de la otra. E dixeron que porque el devdo que entrellos avía se renouase, y el amor se acreçentase, venían por mandado del rey, su señor, a les rogar que les pluguiese dar la ynfanta doña Isabel, su fija mayor, por muger para el prínçipe don Alonso, su fijo primogénito, heredero de su reyno; que en este matrimonio entendían que Dios sería seruido e las partes avrían aquella utilidat que de tan bueno e loable juntamiento se suele seguir179.
Un mes después, el 12 de diciembre de 1489, el papa Inocencio VIII otorgaba la bula que confirmaba los acuerdos entre ambos reinos y además autorizaba la celebración del matrimonio180. El rey portugués reconocía en las capitulaciones matrimoniales que su hijo, a los 14 años, «esta ja em tempo e desposiçom e auto pera aver de casar per palavras de presente e consumar matrimonio com a dicta yfante dona Ysabel, segundo forma do tratado, capitolado, asentado e firmado, querendo nos em todo satisfazer e comprir»181.
La guerra de Granada no iba a concluir tan pronto como la reina Católica esperaba; por ello, entre finales de 1489 e inicios de 1490, se reactivó el proyecto. Isabel iba a cumplir 20 años y Alfonso 15, por lo que no cabía más demora. En marzo de 1490, João Teixeira y Fernando Silveira emprendieron viaje a Sevilla provistos de poderes para concluir el negocio. Por su parte, fray Hernando de Talavera fue a Portugal para recibir directamente de su monarca la promesa de que Juana no saldría del monasterio y que permanecería para siempre en tierras portuguesas.
La dote de Isabel se fijó en ciento seis mil doblas y dos tercios de buen oro y justo peso, pagaderas en tres plazos anuales que serían entregados a la infanta Beatriz en un año, es decir, tras el casamiento de los príncipes por palabras de presente y tras consumar el matrimonio. En caso de anulación del casamiento, la princesa recibiría la mitad de la dote, mientras que el resto sería para el príncipe o sus herederos182. Ya sólo quedaba celebrar el matrimonio con toda magnificencia.