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I. I SABEL , INFANTA DE C ASTILLA Y A RAGÓN , PRINCESA Y REINA DE P ORTUGAL

2. C ULTURA Y PATRIMONIO LIBRARIO

2.1. Bibliofilia femenina: Isabel la Católica y sus hijas

2.1.1. Los libros regalados por la reina a María y Catalina

De toda esta “biblioteca”, destacan las partidas de libros que Isabel la Católica destinó a sus hijas como regalo por sus matrimonios513. Elisa Ruiz localizó dos documentos que registran los volúmenes enviados a sus hijas entre los años 1500-1501; ambas se encontraban alejadas de la corte en virtud de sus enlaces matrimoniales, pero sirven para conformar un canon de lecturas preferidas por la reina para sus hijas. A la primera, ya reina de Portugal gracias a las nupcias con Manuel I, le mandó 17 libros y un pergamino con las palabras de la Consagración, más otros objetos lujosos y variados514. Tras la muerte de Isabel la Católica, fue hallado un cofre pequeño que contenía más presentes para la reina de Portugal, entre ellos, 7 libros515. Por su parte, a Catalina le correspondieron 22 ejemplares por causa de su matrimonio con Arturo Tudor, príncipe de Gales, en Inglaterra516.

La transcripción y lectura de los dos inventarios, denominados [H1] y [H2] respectivamente por Elisa Ruiz517, permiten establecer un fondo de lecturas femeninas,

consideradas indispensables o gratas para la soberana, que mediante estas donaciones quería continuar la formación de sus hijas, ya soberanas de otros países. Del cotejo de

512 De los datos aportados por Elisa Ruiz en su monumental estudio se desglosan algunas conclusiones

materiales, relativas a la historia del libro y de la lectura. De los volúmenes de la reina, cerca de 194 están escritos en castellano, 176 en latín y 14 en árabe (aunque se cifran en 323 los libros de idioma sin especificar). En cuanto a la técnica de producción, los libros manuscritos son mayoría frente a los impresos, una característica plenamente normal si tenemos en cuenta el riquísimo periodo en que se enmarca, esto es, el de la implantación de la imprenta. Respecto a la naturaleza del soporte, los usos materiales han aceptado plenamente el papel, mientras que el pergamino se reserva a los libros de rezo y a otros manuscritos.

513 Elisa Ruiz García, Los libros de Isabel la Católica…, p. 56.

514 Este inventario fue catalogado como [H1] por Elisa Ruiz y se custodia en Archivo General de Simancas,

Contaduría Mayor de Cuentas, en adelante (CMC), 1ª época, legajo 156, pliegos 58br-v, 90ar, 98ar y

102av-br. Consta en el íncipit: «Que se vos faze cargo más que resçibistes en la çibdad de Granada a veinte días del mes de setiembre de mil y quinientos años».

515 [H3] para Elisa Ruiz. AGS, CMC, 1ª época, legajo 192, pliego 33ar.

516 El inventario, catalogado como [H2] para Elisa Ruiz, se conserva en AGS, CMC, 1ª época, legajo 156,

pliegos 227ar, 228ar, 230br y 231av.

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ambos lotes, se establece el siguiente canon de lecturas femeninas, también llamado por José Luis Gonzalo Sánchez-Molero “ajuar de lecturas nupciales”518:

LECTURAS FEMENINAS

Título Autor

[1] Sacramental Clemente Sánchez de Vercial

[2] Enseñamiento del corazón San Buenaventura

[3] Espejo de la cruz [Specchio di croce. Domenico Cavalca,

traducción al castellano]

[4] Contemptus mundi Thomas de Kempis

[5] Vita Christi El Cartujano? Ambrosio Montesino?

[6] Vidas de los Santos Padres San Jerónimo

[7] Proverbios Séneca

[8] Tratado de la vida y estado de la

perfección

[9] Lucero de la vida cristiana Pedro Jiménez de Préjano

[10] Evangelios y epístolas de todo el año Gonzalo García de Santa María (trad.) [11] Breviario

[12] Misal

Tabla 2. El canon de lecturas femeninas. Los libros de María y Catalina

El canon de lecturas femeninas establecido por Isabel la Católica para sus hijas recoge los principales títulos de la doctrina cristiana vinculados a la nueva sensibilidad devota y contemplativa. Así, pues, se recogen libros de rezo como los Evangelios y

epístolas de todo el año519, Breviarios y Misales y otras obras conocidas del periodo: las

Vitae Patrum, el Sacramental de Sánchez de Vercial, el Contemptus mundi de Kempis y

el Enseñamiento del corazón de San Buenaventura.

También destacan otras obras ascético-místicas como el anónimo Tratado de la

vida y estado de la perfección, dirigido «al devoto hermano frey Juan de P. en la casa de

sant Benito de Valladolid», según reza el proemio, y dividido en tres partes: «en la primera se dirá de los consejos evangélicos, y en la segunda de las gracias gratis dadas, y

518 José Luis Gonzalo Sánchez-Molero, “Isabel la Católica, su influencia en la bibliofilia regia femenina

del siglo XVI”, en La reina Isabel y las reinas de España: realidad, modelos e imagen historiográfica, coords. María Victoria López-Cordón Cortezo y Gloria Ángeles Franco Rubio, Madrid, Fundación Española de Historia Moderna, 2005, pp. 157-176 [168].

519 Según José Luis Gonzalo Sánchez-Molero, “Isabel la Católica, su influencia en la bibliofilia regia

femenina del siglo XVI…”, p. 162, estos Evangelios y epístolas quizá se correspondan con la traducción de Gonzalo García de Santa María [Zaragoza, 1485 y Salamanca, 1493].

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en la tercera de lo que pertenece al ombre para se ordenar a la perfección»520. Según

Gómez Moreno, se trata de un “tratado de ascética, con gran sección sobre profecía, comparación de las religiones y defensa del celibato”521, libro práctico según la doctrina

cristiana. El Lucero de la vida cristiana de Pedro Jiménez de Préjano, teólogo en Salamanca y obispo de Coria y Badajoz, está dedicado a los Reyes Católicos. Esta obra posee una clara intención ascético-mística porque:

así como el lucero expele y alumbra las tinieblas y la oscuridad de la noche y alegra y guía los caminantes, así este libro expelerá y alumbrará las tinieblas y ciega ignorancia de los simples y ignorantes, y demostrará la vía de su peregrinación, cómo puedan venir a su Patria que es la bienaventuranza522.

El Espejo de la cruz, «devoto e moral libro», es un escrito del siglo XIV del

dominico italiano Domenico Cavalca (Specchio di croce), que el franciscano Juan Melgarejo trajo a España para su traducción e impresión. El traductor fue el cronista Alonso de Palencia, a ruego de Luis de Medina en 1485, impreso en Sevilla un año después523. Finalmente, el asiento recogido como «Vita Christi» alude a la obra del Cartujano, aunque podría corresponderse a la famosa traducción de Ambrosio Montesino del mismo título, realizado a petición de la propia reina Católica y que inaugura la imprenta complutense de Polono.

A la reina de Portugal, su hija María, la reina le regaló, además, un Flos

sanctorum; un ejemplar en castellano de Boecio (De consolatione): «escrito de molde, en

papel y en romançe, que tiene las cubiertas de damasco morado y se çierra con çintas coloradas»; y otras obras de rezo como dos Misales y unas Horas, más un Breviario que se describe en su configuración material con sumo detalle:

Un libro de rezar, que es Breviario, escrito de mano, en pergamino, eluminado, con una funda de çetín carmesí, forrada en lo mismo, con quatro borlas y botones y cayreles de oro hilado, que tiene dos texillos de oro tyrado con dos cabos cada uno de dos pieças encharneladas, que es la una pieça un manojo de flechas, esmaltadas de blanco y negro, y las otras de rosicler, y clavados los texillos cada uno con un escudo: el uno, de las armas reales de Castilla y León, el otro, de Aragón y en la otra tabla tiene clavados dos clavicos de oro, fechos como rosycas sin esmalte y un registro de oro tumbado, esmaltado de rosicler y verde y blanco con unas çintillas de sed de colores, el qual dicho libro vos ovo

520 Anónimo, Tratado de la vida y estado de la perfección, Salamanca, [s.i. pero Juan de Porras] 27 de abril,

1499, fol. aiv. (BNE, INC/2569). Hay digitalización a través de la BDH: http://bdh- rd.bne.es/viewer.vm?id=0000177087&page=1. Cuenta con un precioso grabado xilográfico al final del incunable que muestra a un religioso orante.

521 Así consta en la ficha de PhiloBiblon, BETA manid 1459, elaborada por Ángel Gómez Moreno. 522 Pedro Jiménez de Préjano, Lucero de la vida cristiana, Salamanca, 1493, fols. 3r y v. (BNE, INC/2083). 523 (BNE INC/1343).

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entregado Violante d’Alvión, y la funda es de seda de vuestro cargo, en la qual dicha funda entró una vara de la dicha seda de çetín carmesý524.

En este Breviario aparece el famoso Oficio de la Natividad, esto es, el Vitrina 3 escurialense, donde la reina Católica había anotado hacia el final el nacimiento de todos sus hijos. De tal modo, la reina entregaba a su hija no sólo unos códices ricos inscritos en un modelo de mujer y de espiritualidad, sino que también le transmitía un legado familiar e íntimo525.

El lote librario de Catalina presenta mayor interés debido a que cuenta con un número más elevado de ejemplares: un Regimiento de príncipes; el Carro de dos vidas de Gómez García; un De las ceremonias de la misa con sus contemplaciones, de fray Íñigo de Mendoza; una Suma de confesión; un Título virginal de Nuestra Señora, de Alfonso de Fuentidueña; «otro libro que es de la Pasión», que puede corresponder a las

Trobas de la gloriosa Pasión de Nuestro Redentor Jesucristo, del Comendador Román

[Toledo, Juan Vázquez, ca. 1490]; el Soliloquio, esto es, «Otro libro, chequito, que es

Sobreloquio de san Buenaventura, escripto de molde, de menos de quarto de pligo»; y,

finalmente, los Misterios de Jerusalén526.

Sorprende ver en la nómina libraria de Catalina un Breviario con las armas de Castilla y Portugal: «Un libro mediano rico, escripto en pergamino, de mano, todo él iluminado, que tiene en la primera plana en lo baxo un escudo de las armas reales de Castilla y Portogal, Briviario, y comiença en unas letras coloradas que dizen: “Invitatoria sumestrita” y acaba el dicho libro en un renglón que dize: “Feliçeli sortitur brauiminin”»527. ¿Se trataría quizá de algún libro perteneciente a Isabel iunior que, tras

524 Este manuscrito, en pergamino, calificado como [H1 14], podría corresponderse con el manuscrito

escurialense Vitrina, 3.

525 María, ya reina de Portugal, siguió con la devota costumbre de su madre al apuntar al final del códice

los nacimientos de sus propios hijos, desde João hasta Antonio (1502-1516). Cuando murió, sus libros pasaron a su hija Isabel, que se los llevaría de vuelta a España tras su matrimonio con Carlos V en 1526.

526 Apunta Elisa Ruiz García, Los libros de Isabel la Católica…, p. 479, que no se tiene noticias de esta

edición, anterior al año 1501. Las conocidas son posteriores.

527 Se trata de [H2 1], que se describe profusamente en su aspecto material: «el qual dicho libro lleva una

funda de terciopelo verde por la faz y por dentro forrado en brocado raso carmesý, con su falda larga cairelada a la redonda, y con quatro botones con sus borlas de hilo de oro hilado. En el qual va clavada una guarniçión de oro de martyllo, que son doçe piezas, las quatro dellas son rosas grandes redondas, con un torçal cada una a la redonda esmaltado de negro, y de dentro, de rosicler y blanco y negro, cada una de ellas con tres asillas que se clavan, y las quatro pieças encharneladas de dos en dos, las dos dellas esmaltadas de talla unas rosas de verde y balnco y rosicler, con sus socapas y unas coronillas donde entra el texillo y otras dos pieças son de la misma hechura, esmaltaas de talla, que son los çerraderos, y las otras dos pieças son para clavar debaxo de las otras, y lleva más dos texillos cortos por çerraderos de hilo de oro y plata tyrada y va clavada la dicha guarniçión con unos clavillos y boçetas de oro, que pesó toda la dicha guarniçión desclavadas, seis onças y cinco ochavas y un tomín y un grano, la qual dicha funda que lleva el dicho libro se fizo de brocado y se dio de vuestro cargo, en que entró del dicho brocado dos terçias y del dicho terçiopelo tres quartas».

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su fallecimiento, ahora se regalaba a su hermana Catalina? Si así fuera, estas donaciones probarían una retórica de los afectos, donde el intercambio librario femenino se impulsa por lazos personales528.

Antes de embarcar para Flandes, es posible que la infanta Juana también recibiera en 1496 una partida de libros como regalo de parte de su madre, a pesar de que no se ha conservado un documento que así lo pruebe, como en el caso de las anteriores infantas. No obstante, en el inventario de 1509 sobre los bienes de Juana, aparecen 8 de los 13 títulos antes propuestos, más una importante presencia de códices en latín, de encuadernación muy semejante a los de sus hermanas, por lo que podemos suponer que sí hubo tal donación materna529. De esta forma, se documentan las Epístolas de San Jerónimo; un Sacramental de Sánchez de Vercial; una Vita Christi; los Diálogos de San Agustín; un Boecio; el Espejo de la cruz; el Libro de las donas y un Adviento de Nuestro

Señor, posiblemente, los sermones atribuidos a Caracciolo, aunque es más probable que

se trate de la Colación muy provechosa de fray Hernando de Talavera530.

Hasta este punto, de un análisis de este canon de lecturas se puede apreciar que la característica común es la religiosidad. Ruiz García apunta a que el desglose de materias se divide únicamente en dos grupos: a) libros de rezo y b) libros de espiritualidad y de formación cristiana, “a lo que parece que la reina no consideró oportuno distraer la atención de sus hijas con otro tipo de literatura”531. Sin embargo, la no inclusión de

literatura de ficción y entretenimiento puede obedecer a que estos lotes se consideraban regalos formativos por Isabel la Católica, es decir, se trataría de una partida de libros preceptivos para cualquier reina cristiana y piadosa. Tampoco podemos olvidar que se cuidan las cuestiones relativas al buen gobierno, pues se incluye la obra Regimiento de

príncipes.

528 Esta misma retórica de afectos tiene sus ecos en el círculo femenino próximo a Isabel la Católica, como

prueba Juana de Aragón, compradora de muchos de los libros de Isabel (madre e hija). Sobre esta cuestión incidiremos en las páginas siguientes.

529 Se trata de [I] en la terminología usada por Elisa Ruiz, correspondiente al documento de AGS, CMC, 1ª

época, legajo 259, ff. 64r-81v.

530 Dirigido a la reina Católica en los primeros años de gobierno, la obra pivota en torno al sermón de

adviento y la reforma religiosa impulsada por la soberana. El texto ha sido objeto de un magnífico estudio y edición de Carmen Parrilla, Dos escritos destinados a la reina Isabel. [Colación muy provechosa. Tratado

de loores de San Juan Evangelista], València, Publicacions de la Universitat de València, 2014.

531 Elisa Ruiz García, Los libros de Isabel la Católica…, p. 121. También datos de interés sobre esta cuestión

de la misma autora en “Los libros de Isabel la Católica: una encrucijada de intereses”, en Libro y lectura

en la Península Ibérica y Américas. Siglos XIII a XVIII, coord. Antonio Castillo Gómez, Salamanca, Junta de Castilla y León, 2003, pp. 54-57.

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Estos asientos librarios permiten conocer las relaciones de la reina y sus hijas con la imprenta. El «divino arte de imprimir», según Valera, se encontraba plenamente aceptado en este tránsito del siglo XV al XVI. El lote de María estaba formado por 13

impresos y tan sólo 4 manuscritos; el de Catalina contaba con 19 impresos y 3 manuscritos. El valor material y suntuoso del libro, más acusado a principios de siglo, cedía su lugar a obras encargadas expresamente por la reina que sólo contaban con bellas guarniciones en la encuadernación y aspecto externo en el caso de los impresos. Además, muchos de estos libros de molde fueron impresos en el taller sevillano de Meinardo Ungut y Estanislao Polono, tipógrafos que gozaron del favor real.

Por el contrario, los manuscritos plantean otras cuestiones de interés: todos ellos se encuentran iluminados y algunos historiados, por no hablar de las excelentes encuadernaciones que se nos describen en ambos inventarios. Todos corresponden a libros de rezo (Breviarios, Horas o Misales) salvo el Lucero de la vida cristiana de Pedro Jiménez de Préjano, posiblemente porque se trate de un ejemplar dedicado por el autor a Isabel la Católica. Una pregunta que asalta al analizar estas dos partidas es saber si estos títulos se encontraban en las arcas de la soberana, es decir, si formaban parte de su fondo patrimonial y, posteriormente, se los regaló a sus hijas o de, si por el contrario, se encargaron y compraron para tal fin. Estas partidas correspondientes a libros elegidos por la propia madre para ambas infantas, presentan concomitancias y datos de interés en relación con los libros poseídos por Isabel iunior, “en lo que respecta a contenidos, lengua y forma de producción de los ejemplares”532. Sin embargo, en los libros de Isabel hija se

documentan libros de menor carga devota: una Chronica mundi, un ejemplar de la Visión

deleitable, un Regimiento de príncipes o el Panegírico que Pedro Marso dedicó a los

Reyes Católicos.

Las noticias recabadas por Ruiz García apuntan a que la reina agradeció los servicios prestados por aquellos miembros próximos a su corte mediante donaciones librarias. De tal forma, nada más llegar al poder, Isabel la Católica distribuyó varios volúmenes entre instituciones religiosas533, como el monasterio de San Antonio o el monasterio de Santa Cruz de Segovia, al que dona una Biblia rica «en latín, en pargamino

532 Elisa Ruiz García, Los libros de Isabel la Católica…, p. 122.

533 Denominados [H3]. Así lo expresa Elisa Ruiz García, Los libros de Isabel la Católica…, p. 120: “la

primera decisión adoptada por la nueva titular en la Corona en materia de libros fue enviar un Misal al monasterio de San Jerónimo de El Paso de Madrid para celebrar las exequias del difunto. En dicho escrito, datado el 16 de diciembre de 1474, se especificaba que el ejemplar fuese luego destinado al monasterio de Santa María de Guadalupe, lugar donde debería ser enterrado el Trastámara”.

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e cuberturas de seda terçiopelo carmesý, y los cabos de los texillos de oro». También regaló volúmenes a todos aquellos que habían apoyado su llegada al trono como, por ejemplo, «otro libro estoriado de los milagros de santa María», escrito en portugués, regalado por la Católica a Andrés Cabrera o «un libro que se llama Propiatatybus rerum», ofrecido a Hernando de Talavera. Para Ruiz García parece probable que estos manuscritos procederían del fondo patrimonial de la corona y sólo así se explica la ausencia de ciertas obras que debieron de pertenecerle sin duda y que no aparecen en sus inventarios.

La influencia de la bibliofilia regia femenina ejercida por Isabel la Católica se transmitió no sólo a sus descendientes (Isabel, Juana, María y Catalina), sino que también a su nuera, Margarita de Austria534 y su legado engloba a otras reinas del siglo XVI como la emperatriz Isabel de Avis o Juana de Austria535. La reina Católica se preocupó, por tanto, de transmitir un determinado modelo cultural a sus hijas en cuya selección de títulos no cabe la arbitrariedad. Por su parte, la reina Juana permanecerá ajena a la preservación y difusión del patrimonio librario de su madre debido, principalmente, a las cuestiones políticas que le llevaron a la reclusión durante cerca de cincuenta años en Tordesillas. Según documenta Zalama, la lectura no se contempló como una actividad beneficiosa en el encierro de Juana, por lo que los libros acabaron abandonados en arcones, pasillos y ventanas y, en el peor de los casos, expoliados y vendidos536. El mismo autor expone

cómo a partir de 1509 las condiciones impuestas en el encierro de la soberana impidieron cualquier tipo de mecenazgo cultural o actividad literaria. Por ello, en palabras de José Luis Gonzalo Sánchez-Molero, se puede distinguir un modelo “vivo” del mecenazgo y el

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