2.2 EL MODELO NEOCLÁSICO
2.2.3 Críticas al modelo neoclásico
Aunque sigue teniendo alguna vigencia como expresión del sentido común en cuanto a las diferencias de los mercados laborales y a las ventajas o inconvenientes del hecho migratorio individual, son muchos los investigadores actuales que cuestionan los postulados y la validez de la teoría neoclásica de las migraciones, íntimamente relacionada de forma teórica y metodológica con la teoría liberal de la economía de mercado. Además, la oleada migratoria de la globalización, desde el último cuarto del siglo XX hasta hoy, tiene nuevas características que difícilmente encajan en el modelo fijo y abstracto del cálculo utilitario. De hecho, la proliferación reciente de nuevas teorías migratorias representa la búsqueda de introducir modificaciones en su esquema original o de postular modelos alternativos.
Para la crítica al modelo neoclásico, nos basamos en particular en el trabajo de Arango59. Según este autor, no es extraño que la teoría neoclásica predominara en el mundo
del pensamiento social durante las décadas de los años 60 y 70 del siglo pasado, cuando se vivía un período de crecimiento económico y descolonización, y en las ciencias sociales predominaba el funcionalismo sociológico, el paradigma de la autorregulación de los mercados y la teoría de la modernización de las sociedades. El modelo neoclásico se ajustaba bien a las formas de migración de la época y a las teorías del equilibrio macroeconómico, pero es reconocido actualmente, al menos como insuficiente y, para otros pensadores, en muchos casos como engañoso de la verdadera realidad histórica y social del hecho migratorio. Así lo considera, por ejemplo, la teoría de la dependencia, surgida en América Latina como respuesta al modelo neoclásico liberal, pero que no considera sino de manera lateral el tema de las migraciones. De todos modos, volveremos sobre ella más adelante.
Resumimos los argumentos críticos a la aplicación del modelo neoclásico a las migraciones contemporáneas, en los puntos siguientes:
En primer lugar, la disparidad de los mercados de trabajo considerada en sí misma dice poco sobre la naturaleza y complejidad de las actuales migraciones. En otras palabras, son una condición necesaria más, pero de modo alguno suficiente, para explicar la dimensión y características de la movilidad humana actual. Para Arango, en la realidad de las migraciones “hoy en día las disparidades salariales, por sí mismas, no explican gran
cosa”. Por el contrario, las enormes diferencias, que se han acentuado en las últimas
décadas, entre niveles de ingresos, salarios y bienestar de unas y otras economías en el mundo exigirían, según el modelo, un enorme volumen de migraciones que no se da en la realidad.
50 En segundo lugar, el modelo neoclásico no puede explicar el hecho de las “migraciones diferenciadas”, es decir, por qué la migración se produce en algunos países mientras que no lo hace en otros estructuralmente similares; o por qué se hace a determinadas regiones de destino y no a otras en condiciones semejantes. De este modo, no se cumple el postulado básico del modelo neoclásico de que debe existir una proporcionalidad en las migraciones entre países de origen y de destino, según los desequilibrios que existen en sus respectivos mercados laborales.
En tercer lugar, el modelo neoclásico excluye factores determinantes para la comprensión de las actuales migraciones, como lo es la dimensión política, tanto en los países de origen como especialmente en los de destino, lo que condiciona en gran medida la magnitud y la orientación de las actuales migraciones. En efecto, como nunca antes, las migraciones se enfrentan a crecientes barreras jurídicas, políticas e incluso físicas, ante las cuales una teoría basada en la libre circulación de los factores de producción resulta absolutamente inadecuada. Como se ha mencionado antes, en la globalización se produce una desregulación general desmedida en materia de capitales y de productos, pero en materia de movilidad humana los controles se han hecho cada vez más selectivos y estrictos. De este modo, un modelo basado en el libre mercado laboral resulta una abstracción ajena a la realidad.
Otra crítica, que se deduce del propio modelo, es la que se refiere a la creencia en la autorregulación de los mercados y el equilibrio entre economías dispares por medio de las migraciones laborales. La realidad demuestra que ni las migraciones tienden a cesar por su propia naturaleza al saturar supuestamente los mercados de trabajo de la economía demandante, ni las economías emisoras y receptoras de fuerza de trabajo tienden a equiparar su nivel de bienestar por efecto de las migraciones. La magia ideológica de la autorregulación de los mercados del modelo neoclásico liberal de economía queda también en evidencia en el caso de las migraciones internacionales.
Finalmente, el modelo neoclásico es claramente unidimensional, por lo menos en tres sentidos interrelacionados: a) al no considerar otros factores de movilidad humana que los económicos; b) al identificar de manera mecánica al migrante con mano de obra laboral y c) al establecer que el movimiento migratorio es el agregado simple del conjunto de las decisiones individuales.
En efecto, una decisión de carácter existencial como lo es la migración, entraña decisiones mucho más complejas y difíciles que el sólo cálculo económico de costes- beneficios. Hay implicaciones de todo tipo en relación al propio proyecto vital, en particular de tipo psicológico, cultural, político, ideológico y religioso, además de las consideraciones económicas. En este sentido el migrante, cualquiera sea su condición social, es una persona y no sólo un factor productivo, y considerar sólo esa dimensión en decisiones existenciales profundas como lo es la de emigrar, sólo refleja el reduccionismo del modelo, que pierde las verdaderas dimensiones de su objeto al homogeneizar tanto a las personas que migran como a sus sociedades.
51 Por otra parte, la decisión de migrar en muchos casos no es producto de una elección individual sino del núcleo familiar o al menos influido por grupos y comunidades sociales, como sucede en muchas regiones del mundo menos desarrollado, donde no es tan determinante el individualismo capitalista del modelo liberal. Esto no quiere decir que no se busque el beneficio económico, pero la decisión está mediada también por otros factores que, en ocasiones, pueden llegar a ser los determinantes.