Dolor y sufrim iento forman parte de la vida. Martha Nuss- baum nos avisa de la necesidad de prestar atención al sufri m ien to , com o u n a de las bases de lo que ella llama imaginación cívica. Veámoslo.
Im s bases para la imaginación cívica deben asentarse tem
pranamente en la vida. A medida que los niños exploran las histwi/is, las rimas y las canciones -especialmente, en compañía de los adultos a quienes a m a n -, se les conduce a prestar una mayor atención al sufrimiento de otras criatu ras vivas... Los festivales de tragedia griega del siglo v a. de C. eran festivales cívicos. Y la educación cívica que las tragedias querían promover era fam iliarizar al joven ciu dadano con líis cosas malas que podrían suceder en la vida hum ana, mucho antes de que la vida h um ana se encargue de hacerlo. E n el proceso, hacen qué la importancia del s u frim iento y de las pérdidas que lo inspiran sean algo in equívocamente patente para el espectador: es u na form a en que los recursos poéticos y visuales del drama tienen peso moral. L a identificación empática del espectador va am-
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pilándose durante el proceso, por medio de la noción de los riesgos que son comunes a todos los seres humanos. (2001, pp. 130-131)
Coincidim os plenam ente con las palabras de Nussbaum y pensam os que es necesario prom over una pedagogía preven tiva «leí dolor, el sufrim iento y tam bién de la m uerte antes de que sucedan.
Precisam ente, es la consciencia del dolor y de la m uerte lo que nos perm ite en ten d e r nuestra hum anidad, es lo que da sentido a la vida, el reconocim iento de la fragilidad. l.os niños y jóvenes saben explorar, más allá de lo percibido p o r los adul tos, todo lo que concierne al lado oscuro de la existencia.
El .ser hum an o, y quizá no sólo él, es un homo futliens, un ser que sufre. El sufrim iento es in h e re n te a la condición hum ana. F.s decir, que a pesar del progreso científico y tec nológico, los seres hum anos nunca lo podrem os eludir, siem pre surgirán situaciones dolorosas. Y la p rop uesta ética en relación con nuestra condición de homo patiens, es una ética de la com pasión, q u e responda a los problem as que las personas tenem os en el tiem po y espacio en el que nos ha tocado vivir.
Sería preciso ahondar, matizar, reflexionar sobre qué entendem os por dobry por sufrimiento. Convenimos con el psi quiatra vienes Viktor E. Frankl el creador de la «logoterapia», en que estamos hablando del sufrimiento y del dolor inevitable, aquellos que no se pueden eliminar (1990, pp. 36-37). Es en esta clase de dolor y de sufrimiento que se da, también, una posibilidad de sentido, com o se da en el éxito y en la alegría. Es bello reconocer la musicalidad «ética* de las palabras que siguen, escritas y «vidas por éste adm irable ser hum ano que fue Viktor E. Frankl: «Si cum plim os el sentido del sufrim iento, realizamos lo más hum ano del ser hum ano, maduramos, cre cemos, crecem os más allá de nosotros mismos».
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LOS MAÍGUM5 I» I* MOR»l
¿Qué es, y no es, la compasión?
No es extraño que algunos antiguos denom inaran a la com pasión sencillam ente hum anidad, para dar a e n te n d er así la peculiaridad im prescindible de este sentim iento; y ello hasta el extrem o de que. a quien carece de él, 1c llamamos sin más inhumano. La compasión es un valor que no es exclusivo de ninguna religión ni de ninguna filosofía moral, aunque es om nipresente en el pensam iento moral de lodos los tiempos tanto en el O ccidente griego, rom ano y cristiano, com o en el O riente budista Dalai Lama o confuciano. Es en este contex to donde la verdadera com pasión no se basa en la sensación agradable y fácil de -esto me es q u erido-, sino más bien en la convicción de que «los otros seres, en particular, los seres hu manos, son com o yo, es decir, no quieren sufrir y desean ser felices».
Vemos, pues, que desde la antigüedad hasta nuestros días se han buscado respuestas diferentes. El gran m aestro Aristóteles afirm ó que los hum anos sentim os com pasión por «los que sufren sin merecerlo». El budism o ha hecho de la com pasión su propia actitud espiritual. T odo ser q u e vive merece esla -piedad cuidadora», esta solidaridad en la linitud o por la indigencia que padece.
Muchas son las definiciones que se han dado, aunque siem pre es necesario entenderlas en el tiem po y en el contex to de su cpoca, en su contem poraneidad.
La controversia también se manifiesta en concepciones distintas; en ocasiones, la com pasión se asocia a sentim ientos de p o der y prepotencia, y uno puede posicionarsc en un plano de superioridad respeelo a quien sufre. Esta considera ción perm ite com prender que en O ccidente, actualm ente, este tipo de «piedad» o -pena» sea considerado com o ofensi vo. «No q uiero que me compadezcas», se responde con fre cuencia. En esta línea. La Rochefoucauld, moralista francés
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del siglo xvjr, la com paraba con una forma sutil de egoísmo, afirm ando que la compasión es, a m enudo, un sentim iento de nuestros propios males en los males del prójimo. Podría co n siderarse com o una hábil previsión de las posibles desgracias que algún día nos sucederán; como si ayudando a los demás for já ra m o s un «seguro» para que ellos hagan lo m ism o con nosotros en situaciones similares; podríam os afirm ar que es una situación que pertenece a la cultura del yo, que se inser ta perfectam ente en un marco social am biguo y am oral. Nietzsche form ula su propia acusación contra la actitud com pasiva, describiendo la piedad com o un sentim iento nacido de*la debilidad y del resenlim iento de los débiles contra los fuertes, l-a calificó de «el últim o pecado» y «el m áxim o peli gro». 1-a piedad/coinpasión surge, según él, de la m ediocri dad de los débiles y por ello es una virtud pequeña, la virtud de los pequeños. Además, representa una m uestra de inso lencia para con el desdichado y u n a form a sutil de posesión. O tras opiniones sostenían que la com pasión es una buena voluntad sin consecuencias prácticas, inútil, perjudicial, en la m edida en que dulcifica las diferencias, borra y oscurece los frentes y elim ina las contraposiciones que son necesarias para la lucha. Cabría el peligro de que la com pasión incurra en una situación de injusticia. Entendida desdq una posición selectiva: más atenta por el que sufre próxim o a nosotros, que p o r el lejano; más por la desdicha individual que p o r la colec tiva, por la desgracia ajena que aún no nos ha tocado que por la que ya estamos soportando.
A ctualm ente, suele en tenderse la com pasión com o valor q ue consiste en percibir el sufrim iento del otro com o propio, es decir, que reside en la capacidad de interiorizar el sufri m iento ajeno y de vivirlo com o si fuese una experiencia pro pia. En este caso estaríamos hablando de em patia, que significa ponerse en el lugar del otro, lo cual puede ser válido en algunas situaciones, pero que no parece posible en la cotn-
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fínsión, ya que nadie puede padecer por el oiro, su d o lo r es insustituible; sabem os de la imposibilidad de «sufrir lo que o tro su Iré». La relación em palica es más adaptable, más dúc til, cuando em palizam os con alguien lo podem os hacer tam bién desde la alegría; en cam bio, la com pasión sólo se produce acom pañ an do al o tro que sulrc, al o tro que nos necesita para aten u ar su tristeza, su dolor.
Tam poco sería extraño despreciar la relación por in d u cirnos d e alguna m anera a una renuncia práctica de la vida, com o si el m u n d o de los seres hum anos con tin ú e com o está porque nada ni nadie puede variar su pesimista destino. Daniel Innerarity afirma:
(...} Ut compasión pertenece a este tipo de acciones que como la espera, la queja o el lamento, la admiración o la adora ción, se parecen, más a la pasividad que a la actividad, que son algo así como lo que nos cabe hacer cuando no podemos hacer nada. Por este motivo es u n recordatorio permanente de nuestra finitud, de la contingencia de cuanto emprende mos, de la inevitabilidad de contar con eventualidades que no dependen de nosotros, de que el ám bito de nuestro querer no es el mismo que el de nuestro poder. (2001. p. 191)
Esta espléndida reflexión no significa, en última instancia, que el m undo de los seres hum anos conúnúe como escá porque nada ni nadie pueden variar su pesimista destino, en este caso estaríamos hablando de resignación, ante la que nada haría mos por cambiar.
Es necesario, pues reform nlar la definición de com pa sión, como la actitud que nos hace sensibles al sufrim iento del otro, al d o lor ajeno; cuando hablam os de com pasión lo hace mos desde la esfera del dolor, del sufrim iento d e alguien sin gular y concreto, de Paula, de Leo... po rq u e sólo podem os
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sentir com pasión en singular, p o r t uda persona en cada situa ción concreta. De mantrra que es en la proxim idad, cu an d o se establece una relación simétrica, que tiene lugar el gesto y la
actitud compasiva. Al igual que decíam os de la acogida, 110
sabem os cóm o reaccionarem os ante una situación, sólo sabe mos de nuestra disposición a no renunciar a este deseo de la práctica compasiva.
Pensam os po d er afirm ar, sin tapujos ni miedos, que si alguna cosa, nos hace plenam ente hum anos es la com pasión, la capacidad d e reacción ante el dolor, el sufrim iento y la miseria.
En realidad, el ser h um ano solam ente puede relacionar se con el o tro d e tres maneras. La prim era de ellas, egoísta m ente, centrándose única y exclusivamente en la propia felicidad, m ostrándose indiferente e incluso envidioso, am e el bien del o tro , m ostrando u n a grave incapacidad d e com pade cer. La segunda, de form a cruel, recreándose en el d olor y el p adecim iento del otro, desde una racionalización excesiva y red u cien do com pletam ente la capacidad del otro. Pero com o ser h u m an o libre, tam bién puede o p tar por la com pasión, buscando así no la felicidad propia sino la felicidad del otro, reco no ciend o la autoridad del débil, y sabiendo que incluso desde el p ropio dolor, es posible reconocer el dolor del otro.
I.o que queda fuera de duda, es q u e una sociedad de la indiferencia es una sociedad no compasiva, de relaciones dom inantes, p u d iend o llegar a alcanzar la triste categoría de cruel, fría, despiadada, sádica... y cuantos epítetos de esta índole queram os añadir. Sin duda, no es este paradigm a el q ue los educadores querem os construir, (lom o educadores abogam os p o r una sociedad de relaciones transparentes, el cara a cara más diáfano y auténtico posible, ¡desde nuestra condición vulnerable y finita! Pero d ó n d e nosotros elegimos en tre distintas posibilidades: en tre ten er y ser, en tre ser acrí- ticos y d ejam o s llevar sin más o participar en la construcción
de una sociedad acogedora y de valores profundos, que per mite pensar en otras posibles realidades.
Relacionando finalm ente los dos térm inos, cuando habla mos de com pasión hemos de hablar de acogida, y a la inversa, de situaciones educativas únicas, de la persona que responde, que está dispuesta a dejarse interpelar. Acoger en la com pa sión y el sufrim iento es saber estar cuando el otro nos necesi ta, desde la sencillez de la mirada, del ofrecim iento íntim o, desde la serenidad de saber que únicam ente en los pequeños gestos, está la autentica com pasión. No podem os sufrir por el otro, ni eviiar su dolor, en ninguna circunstancia, simple m ente -¡y cu ánto es!- podem os acom pañar, estar a su lado incondicionalm ente.
Imma Monsó, tras la m uerte de su m arido, nos introduce en la intim idad de sus pensam ientos al contam os:
A l contrario, ahora, más que nunca, ju sto al acabar este viaje, tomo conciencia del peso enorme que han adquirido en mi vida los amigos. Los lazos tejidos a través de él y tam bién por mi cuenta (amigos entre los que incluyo a la fa milia, o también podría decir fam ilia en la cual incluyo a los amigos); han entrado a formar parte de mi vida de una form a más definitiva. No diría que han adquirido más im portancia (siempre les he dado mucha), lo que han adqui rido es más presencia, y vías de entrada a u n a casa que yo proc.uraba mantener inexpugnable. (2006, p. 185)
Con gran finura de lenguaje nos m uestra cómo puede reco nocerse la com pañía, la sensación de acogida, de resguardo. El cam bio sutil de relación que se produce en ella y en los otros, estos otros íntimos, muy próxim os a ella, gracias a la ayuda recibida, al tiem po que sus amigos le han dedicado, a esia dim ensión tan difícil de m anejar en la azarosa vida diaria y tan necesaria a la vez, si de verdad mostramos com pasión. 92
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Ella les llama amigos, es ro n ellos con quienes realm ente se pued e m ostrar com o es, com o está, con aquellos que sabe que no la juzgarán, que la com prenderán. Lo que le da apoyo es la am istad y la relación compasiva q u e ha surgido de ella.