Ix)s ordenadores no tienen memoria. Los ordenadores, cuan d o no sucede nada anormal desde un punto de vista técnico, lo guardan todo, sin criterio alguno. Se convierten así en al macenes don de lodo cabe y que ganan en prestigio en la m e dida en que aum entan su capacidad, l-a m em oria hum ana no funciona de esta manera. Lo propio del ser hum ano es olvidar y recordar. K1 ser hum ano anda desde hace siglos con un mu-
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terial resistente en el que grabar lo im pórtam e, y con unas ta blillas de cera que perm iten el reciclaje continuo. Acabamos d<‘ ap u n tar la necesidad de m an tener vivo el recuerdo de lo que nos aparta de la acción hum anizadora. De todas maneras, quizá conviene recordar que este recuerdo no se manifiesta nunca de forma inm aculada.
En el diálogo platónico Menón, Sócrates consigue que un joven esclavo que desconoce por com pleto el m undo de las matemáticas llegué a la conclusión de que la superficie del cuadrado no crece el doble, sino el cuádruple si se duplica la longitud de sus lados. ¿Cómo es posible conseguir esto con un esclavo? De alguna m anera l’latón se acerca a VigoLsky - o éste al lilósolo g rie g o - cu an d o sil ña en el c en tro de la p ed ag o gía la conversación con los otros. Aboni bien, si en la psicología vigotskiana el proceso va d e lo social a lo individual, para Platón las preguntas socráticas perm iten que el alma viaje más allá de su estado corpóreo y conecte con su estado prenatal, ru an d o convivía con las ideas, con la verdadera naturaleza de las cosas. A prender es recordar. El recuerdo en este caso rem i te a un estado de pureza original.
C uando Emilio Lledó afirm a que «entender la historia es en ten d er, m is o m enos conscientem ente, la forma en la que hem os sabido incorporar, en la luz de las propias palabras, el significado de las ajenas- nos aleja de cualquier pretcnsión de originalidad. C om prender es inscribirse en un diálogo q u e va más allá de nuestro tiem po y de nuestro espacio, lom am os, por decirlo así, carta de identidad en una com unidad concre ta de hablantes. En esta línea tenem os que situar la reflexión del historiador [osep Fontana cuando plantea la necesidad de una historia-herramienta que nos perm ita incorporar las distin tas voces del pasado -las heren cias- para, de esto m odo, con seguir que el estudio del mismo nos dote de mavor y m ejor capacidad de com prensión y de crítica del presente, y nos per mita afinar nuestra intervención en el m undo.
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Sumos olvido. Y somos liisioria y somos m em oria, 1.a his toria no puede construirse sin m em oria, ésta le es im prescin dible, es su m ateria prima. Pero la lina y la otra están expuestas a las m anipulaciones del tiem po y de las sociedades. NÍ la historia ni la m em oria son neutras o imparciales, siem pre se construyen e interpretan en su contexto y desde una perspectiva concreta. I-a historia y la m em oria colectiva pue den ser m anipuladas por los estados u otros grupos de poder. Precisam ente porque la m em oria de los hechos ocurridos en el siglo xx nos dice que puede ser así, debem os fundam entar el uso de la historia y de la m em oria en una concepción etica de
la h um anidad. Eslo implica 110 sólo el com prom iso de ser
respetuosos con las personas y aten d er y proteger sus d ere chos, sino tam bién el com prom iso de escuchar sus voces y aten d er sus dem andas.
Historia y m em oria son pasado, y vivimos en presente. Lo que sucedió es hecho, lo que se recuerda de lo que sucedió es m em oria, herencia que hem os recibido. El pasado no se pu ed e cam biar, ya aconteció, pasó su tiempo, incluso com o experiencia vivida, lo que liemos vivido ya no se puede volver a vivir, su presente se agotó. Pero la m em oria, el recuerdo del hecho puede estar presente en nuestra m em oria y puede seguir siendo presente en el futuro. Afirma VValter Benjamín (1973) que un acontecim iento vivido puede considerarse aca bado o muy cerrado en la esfera de la experiencia vivida, pero que un acontecim iento recordado no tiene límites y puede c o n te n er en sí mismo la llave de lo que ocurrió antes y des pués de él, lo podem os reinterpretar, podem os en co n trar en él nuevos sentidos.
Margalit en su Elica tUl recuerdo afirma que un aconteci m iento será im portante para nosotros según la relación p er sonal que establezcamos con el mismo. Pero si nosotros no hem os vivido dicho acontecim iento po rqu e ya sucedió o por que se produjo en otra parte, no podem os incorporarlo al
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recuerdo más que por la transmisión. Pero los hayamos vivido o no. hay acontecimientos que no deberíam os olvidar, como el bom bardeo que hemos utilizado de ejemplo, o com o p<»dría ser el Holocausto. De ahí la importancia que adquiere el tras- misor. por ejemplo, el docente.