Para nosotros, la ética no es un conjunto de norm as, de debe res, no es ni siquiera un m arco norm ativo. L.a ética es una rela ción, una relación que se establece «rostro a rostro» en tre un tú y un yo. Se trata de una relación que sólo es ética si es sin gular, si apela a la responsabilidad, si nos impulsa a resp on der al o tro y del otro. Lo que hace que la respuesta del padre de Paolo sea éiica es que en esta situación concreta sabe q u e su hijo necesita un abrazo y se lo ofrece, lo acoge, responde am o rosam ente, no lo trata según el «buen hacer médico» sino com o un ser h u m an o frágil que necesita com pasión.
El im perativo categórico de Kam afirma: «Obra com o si la máxima de tu acción tuviese que convertirse, p o r tu volun tad, en ley universal de la naturaleza». Pero desde la perspec tiva que querem os dar a la ética aquello q ue te hace estar al cuidado del o tro no es este imperativo, sino su sufrim iento, y por lanío, la relación d e com pasión q ue establecem os con él. Es la com pasión la que nos lleva a h acem o s cargo del dolor del o tro y por esta razón nos sentim os im pulsados a acom pa ñarle, así la com pasión es ágape, es u n acto de am or. De m odo que, si la clave de la ética es resp o n d er del otro, lo auténtica m ente im portante es la acción que em prendam os, la respues-
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ia c o rn u d a q u e ciemos ¿i la dem anda del otro y la com pasión nos pu ed e dar la clave para p oder responder en el m om ento que alguien padece.
El ser hum ano, al igual que oíros seres vivos, es un ser vul nerable y que casi nunca vive aislado, al contrario, desde su llegada al m u n d o vive «en relación**. Es en esla relación con oíros seres hum anos q u e se construye asimismo com o sei hum ano; y nazca d o n d e nazca, serán la calidad y la calidez de la acogida inicial las que determ in arán, en gran m anera, su sentido de pertenencia o no a las diversas com unidades de las que form ará parle a lo largo de su vida. Cada ser h u m an o es único e irrepetible, y com o educadores debem os con ocer bien nuestra responsabilidad de adullos y estar preparados para acoger a cada nuevo recién llegado y saber acom pañarlo, atenderlo, educarlo para que nunca se sienta ab andonado.
Com o afirm a Daniel Iunerarity:
¡m hospitalidad (la acogida) responde a las características
de esas experiencias éticas fu n d a m en ta les que tejen la vida de los hombres ¡ .. .I en el intercambio hospitalario, se m anifiesta la primera form a de u n a hu m a n id a d general. ¡ ... I Una ética de la hospitalidad (de la acogida), en la me dida en que implica generosidad, apertura y disposición f a vorable hacia lo complejo es necesariamente u n a ética de la inestabilidad, como vulneráosle resulta la situación del a n fitrió n cuyas previsiones están siempre am enazadas por la
inoportunidad de una ínsita.
(2001, pp. 13-15)
Ser anfitrión, en el seniido que Innerarily usa la expresión, su po ne ser capaz de dejarse transform ar por quienes le visi ten. No se p u ed en prever todas las situaciones, el anfitrión no puede saber q u é hacer en todo m om ento, un hijo, un alum no, un am igo, un desconocido puede so rp ren d er. No se
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puede tener preparada de antem ano una respuesta, lo único que se puede prever es la actitud de deseo de hospedar, de acoger.
Ksta actitud de disposición a acoger siem pre la hacemos desde la deferencia hacia el olro, nos preparam os, ofrecemos lo m ejor de nosotros, mostramos una posición conscientem ente abierta, aunque sin tener una seguridad absoluta de con qué nos vamos a encontrar.
Pero sabemos que ofreciendo nuestra presencia conscien te facilitamos la confianza y la seguridad, reducimos la ambiva lencia de los miedos y descubrim os formas distintas de pertenecer y estar. lx> más probable es que no obtengam os res puestas seguras y favorables, pero la disponibilidad y predispo sición atenta variará nuestra visión de las cosas y del m undo y seguro que de una forma u otra nos transformará ya q ue nos permite modificar percepciones, actitudes, salieres, posiciones.
Un ejem plo claro de transform ación es el que se ha dado en m uchas personas cercanas a costas a las que llegan pateras o cayucos. Un hecho cualquiera, cotidiano, com o es el ir a pasar un día en la playa se convierte en un acontecim iento, en un hecho relevante y que va a m odificar la visión del m undo e incluso la posición personal de los que asisten a este dram a. La respuesta inm ediata de estas personas es acoger, arropar, atender, dar seguridad a personas que sim plem ente se em bar raro n buscando una vida m ejor y llegan después de un viaje de infierno a un arenal.
Acoger, en esta situación, es riesgo, es huir de la seguri dad, de la rutina, es aten der al otro sin condiciones de ningún tipo, olvidándose de uno mismo. Se despierta un sentim iento am bivalente de sen tir la p reca ried ad más cruda, se conoce y se reconoce al olro desde el contrapunto irónico de la propia segundad. Muchos no du d an ni un instante, se hacen sensi bles a dar respuestas a esos otros, presentes en este caso, y que les interpelan desde su posición, siem pre hum ana, frágil y vul nerable al límite.
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El p rim er espacio de acogida es la familia y es el en to rn o en el cual se ponen las bases para ap ren d e r a vivir y convivir, y do nd e los apoyos ,tfci l ív o j» son parle de las lien am ientas que
ayudan a los pequeños a interp retar y en ten d er el m undo. En la esfera familiar es dó nd e la acogida y la com pasión no deberían tener fin, el hogar debería ser el espacio más generoso y do n d e el cuidado d ebería ser percibido p o r los pequeños com o el más seguro y el más acogedor.
Veamos lo que o curre en la siguiente escena. Esther está ju g a n d o y en el televisor están d an d o las noticias, estas hablan de guerras, de m uertes en el Estrecho... Ella ap are n tem ente está en su m undo y lejos de lo que o curre a su alre ded or. De p ron to mira fijam ente las im ágenes y com ienza a llorar, las fantasías de sus seis años se un en a sus m iedos y for man un conglom erado difícil de explicar. Su p ad re la mira, capta perfectam ente la situación, tran qu ilam en te apaga la televisión y acogiéndola en sus brazos com ienza a explicarle un cuento.
En éste, una ratita se mete en las carteras de los grandes dignatarios del m undo que se han reunido para declararse la guerra y m ientras ellos discuten acaloradam ente, ella roe que roe los papeles sin p arar hasta q ue no q u ed a ni un p edat i- to entero. Los grandes señores acuden a los papeles, ya que enfrascados en sus disputas no recuerdan el origen ni las cau sas del conflicto, y al n o en co n trar los docum entos pertin en tes deja de ten er sentido su litigio y se ven obligados a ab an d o n ar la guerra.
De p ro n to una sonrisa cóm plice se desata en tre ambos, hija y padre, los miedos de Esther se han disuelto com o por arte de magia. Ella siente un reconocim iento p ro fu nd o y una gran tranquilidad.
Un fuerte beso sella un pacto afectivo que ayudará a la p eq u eñ a a lo largo de su vida. Iji sensibilidad dem ostrada p o r el padre es sim plem ente la respuesta, una escucha de los sen-
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tiinicntos de su hija, d e sus miedos, y lia sido capaz de darle consuelo en el m om ento o po rtun o , desde la com prensión y la interacción más sencilla. El padre no tenía la respuesta pre parada, sim plem ente estaba preparado para acoger, para dejarse conm over. I.os sentim ientos de F-slher han sitio reco nocidos y valorados.
N orm alm ente, la acogida es una actitud expectante, ale gre, de.prepararse para recibir, aunque puede ser tam bién el inicio de la actitud compasiva, de e n ten d er que el o tro vive una situación de congoja, de zozobra, de inseguridad.