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Se puede educar la compasión?

La verdad es que no tenemos respuesta a esta pregunta. En edu­ cación hay pocas cosas seguras puesto que no existen recetas que nos sirvan para ab o rd ar cuestiones relacionadas con la transmisión de valores. Sabemos que no es lo mismo educar para co m p ren d er un texto escrito que educar para ser com pa­ sivo. l a com pasión no puede ser objeto de una transmisión- form ación técnica, ni puede som eterse a los parám etros ni a la lógica de las program aciones ni de las planificaciones, ni si­ quiera puede definirse en clave de «competencia». ¿Cómo vamos a evaluar el grado de com pasión que uno es capaz, de manifestar?

Probablem ente cm rarem os en reiteración ro n ideas co n ­ tadas en otros capítulos, po rq u e pu ed e q u e tiste sea el sello de nuestro gnq>o, pero aquí dclx n io s hablar de la necesidad de una pedagogía del testimonio.

Seguram ente si nuestros niños y nuestros adolescentes están en contacto con la bondad y la com pasión, sabrán actuar bondadosa y compasivamente.

Ijt bondad nos perm ite en ten d er incluso el dolor y el sufrim iento y nos hace compasivos con quien sufre. Pero no perdam os de vista que no existe la «bondad» en abstracto ni com o valor absoluto, sim plem ente existen personas capaces de hacer actos concretos de bondad. Son esas personas que dan testim onio de bondad y de compasión.

El testim onio se da, se m uestra, actúa de una m anera determ inada. En este caso estaría cerca d e quien sufre, tal vez sin hacer nada, sólo com p rend ién do lo , m ostrándole afecto, cuidándolo, con la pretensión de que n uestra com pañía le sirva de consuelo, no buscando nuestra propia satisfacción.

Nos parece que sólo así se puede educar, desde la o p o rtu ­ nidad de reconocer los sentim ientos propios y ajenos. Esta pedagogía del cuidado nos lleva a plantear que es posible edu­ car de forma distinta, que hay que educar para y desde la sen­ sibilidad.

Por ello, desde una educación que ponga sus prioridades en los valores éticos, planteamos la educación desde la pasión, desde la ternura, desde el compromiso, siempre interesados en atender al otro y sin poder, de ninguna manera, renunciar a ello.

Peter M cLaren nos recuerda que hace falla « [...] e n u n ­ ciar la d em an da de una nueva ética de la com pasión y la soli­ daridad» (1997, p, 100).

No hace falta p reg u n ta r qué nos mueve a la com pasión, ya que es im posible definirlo desde la razón, la respuesta se da desde el sentim iento y éste, com o bien sabemos, no es racio­ nal u objetivo, pertenece a la esfera de la sensibilidad. Myriam

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Revault D’Allones nos ayuda a reafirm ar esta certeza: «la com ­ p asión... designa la sensibilidad al sufrim iento del o iro sin im plicar por ello un sentim iento de superioridad: opuesta­ m ente a la piedad, la com pasión no induce n ing un a asime­ tría- (2009, p. 73).

Q uien d e venís se com padece del d o lo r del o tro no p er­ m anece indiferente ante su sufrim iento, sino q ue traía d e hacer todo cuanto está a su alcance para aliviarlo. C u and o se pro du ce una ola solidaria, la com pasión es real y la interiori­ zación del sufrim iento ajeno sacude nuestras entrañas.

1a garantía de autenticidad de la com pasión no son las

lágrimas, sino la acción solidaria consiguiente, el com prom iso posterior q u e requerirá coherencia y una opción clara y deci­ dida, que implica ir más allá de la respuesta inm ediata, de em ergencia. Las lágrimas, com o dice S chopenhauer, son el lenguaje universal del sufrim iento, pero la acción transform a­ d o ra constituye la prueb a de oro de la auténtica com pasión.

En un m u n d o global somos corresponsables no sólo de la educación de nuestros hijos y de nuestros alum nos y por extensión de los niños de nuestro en to rn o , sino tam bién de los niños y jóvenes de lodo el m undo. Ésta es nuestra única esp eran /a de un m u n do capaz de d ar respuestas cuando alguien padece, de acoger a quien necesita consuelo en su d o lo r y su sufrim iento.

Si querem os m a nten er esa esperanza de un m undo mejor, lal vez lo que debam os hacer sea mostrar, a nuestros recién llegados, la existencia del d o lo r y del sufrim iento, pero jam ás provocarlo. M ostrar que el cam ino de la felicidad puede qu e no se halle en los placeres q u e hoy tanto valen, sino en evitar el p ro p io sufrim iento y el ajeno.

La compassió és u n sentiment cap ais altres que ens obliga momenlániament a oblidar-nos de nosaltres mateixos. [...] Sentir compassió no significa en absolut plányer fácilm ent el

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LOS MÁ««N14 « IA hOkai

mal deis altrr.s i armpadir-se ingenuament, o per complaen- (a, o Jins i tot presximptuosament, de la xeva sort, sinó pene­

trar en la seva desgracia i compartir-ña el sojiiment. {...] 1m

compassió planteja l ’home com u n ésser huma i és una de les bases del senlimeul de justicia.1 (Marzano, 2008, p. 23)

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I. 1.a c o m p a s ió n e s u n s e n tim ie n to |« ) r lo» o tr o s q u e n o s o b lig a m o m e n t á n e a ­ m e n te a o lv id a rn o s d e n o s o tr o s m ism o s, | . . . | S e n tir c o m p a s ió n n o sig n ific a e n a b s o lu to v e n lir p e n a fá c ilm e n te p o r el m a l q u e se h a in f r in g id o a lo* o tr o s y ro m - p a d e c e rs e in g e n u a m e n te . O p o r a lg u n a s u e r te d r p la c e r p r o p io , o in c lu s o p o r p r e s u n c ió n , d e la s u e rte q u e a o tr o s les h a lo< a d o . ( . . . ] 1 j* c o m p a s ió n p r e s e n ta al h o m b r e c o m o u n s e r h u m a n o y e s u n a d e las b a se s d e l s e n t im i e n t o d e ju sticia.

L a h 'K . i H f . » i a r o n ™ * » * m ( j u i ^ a n a * a i o i k o

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Filmografía

AMKUO, G. (dir.) (2004): Lai llavfs de rasa. Guión: Gianni Ame­ lio, Sandro Pciraglia y Stefann Rulli. Rasado en la novela Na­ cido dos veres, de Giusrppe Pontiggia.

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La memoria del otro: