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Ciencias bíblicas y Apología Ciencias bíblicas y Apología

“Solo en su tierra, entre sus pa- rientes y en su casa desprecian a un profeta”.

El obstáculo usado por la gente de la aldea para volverle la cara y desacreditarlo nace del conoci- miento que tienen de él en su más que prolongada vida en la aldea. Sacan a relucir su realidad. La utili- zan como barrera insalvable. Está utilizada con carácter altamente despectivo. Marcos la recoge ob- viando dulcificarla.

Con estos hechos reales, los partici- pantes en la asamblea tratan de de- mostrar que las noticias que corren por Galilea acerca de Jesús son solo un fraude. Buscan denigrarlo sacando a la luz pública con mez- quindad lo más bajo e indigno que conocen de él y de su familia. Son palabras mayores, aunque incontes- tables. Al exponer esa andanada de verdades insultantes, los nazarenos no se dirigen a él directamente. Ni una sola vez mencionan su nombre. Lanzan al aire sus denuncias enco- rajinándose entre ellos con insultos cada vez mayores. Se refieren a Je- sús haciendo ascos y solo usando el pronombre “este”.

3.3. Resquemor y desprecio a la familia y al proyecto

La realidad emerge seca, descarna- da. Se expresa sin rodeos. Lanzada directamente a donde más duele. Los datos son precisos y confirma- dos. Le afectan a él y a los de su casa. La familia de Jesús se presen- ta al completo a la vista del lector. Es un grupo numeroso. Con el Ga- lileo suman al menos siete herma- nos; cinco varones y, como mínimo, dos hembras. Nada se dice de su padre. Ni siquiera se le nom- bra para asociarlo al nombre de su madre.

3.4. María está envuelta en el es- cándalo

Y ahí aparece su madre, María. Se habla de ella para insultarla grave- mente. El modo interrogativo utili-

zado para agraviarla esconde una afirmación preñada de escarnio:

“¿No es este el carpintero, el hijo de María?”.

Llamarle “hijo de María” significa- ba declararlo ilegítimo, de padre desconocido. Nunca se denominaba así a alguien, salvo para descalifi- carlo como impuro y rechazarlo como miembro de pleno derecho del pueblo elegido. Cuando se nom- braba a alguien se le asociaba siem- pre al nombre del padre, incluso después de fallecido este. A él le llaman “hijo de María”. Ser ilegíti- mo o bastardo suponía caer bajo la maldición legal expresada en Dt 23,3: “No se admite en la asam- blea del Señor ningún bastardo; no se admite en la asamblea del Señor hasta la décima generación”. Llevar el peso de esa lacra repre- sentaba no poseer la condición de ‘hijo de Abrahán”, un privilegio que, en el caso de Jesús, Mateo se esforzó por documentar con su ge- nealogía, como afirma la primera lí- nea de su evangelio (Mt 1,1).

Lucas realizó cambios profundos en el relato. A María ni la nombra. Y la pregunta despectiva excluye todo rastro de duda sobre ella al nombrar a Jesús de la forma acostumbrada:

“¿No es este el hijo de José?” (Lc 4, 4,22).

Mateo, por su parte, hizo un signifi- cado arreglo en el valioso texto de Marcos en un intento por retirar todo asomo de desprecio. En su lu- gar escribió:

“¿No es este el hijo del carpinte- ro? ¡Si su madre es María…!” (Mt 13,55)

Este evangelista evita el escollo aludiendo a un padre conocido por su oficio, aunque sin mencionar su nombre, y eludiendo la fórmula in- sultante “hijo de María”.

3.5. De padre desconocido u ocul- tado

Pero lo cierto es que los nazarenos ignoraban quién era el padre bioló- gico de Jesús. Él no se extraña de ese desconocimiento. Incluso pare- ce compartirlo puesto que ni hace intento de rebatir la grave afirma- ción. Es consciente de que la usa- ron para descreditarle y rechazar su proyecto. Pero se trataba de algo real. No tiene contestación. Al pue- blo nunca llegó la noticia de que un mensajero divino se coló en casa de la niña María para informarle de que estaba embarazada de una for- ma ajena a la naturaleza, como nun- ca lo estuvo ninguna mujer.

Y ahí surgen nuevas dudas: Si el tal José, conocedor de ese sagrado se- creto, lo guardó para sí evitando que apedrearan a María y se presen- tó como verdadero padre de Jesús, ¿cómo pudieron saber los vecinos de Nazaret que aquel niño fue en- gendrado por un padre desconoci- do? Porque también insultaban gra- vemente a José. Y si lo sabían, ¿cómo no apedrearon a María hasta su muerte para cumplir lo que esta- ba establecido por ley (Dt 22,20-21)? ¿Por qué razón mantu-

vieron callada esta realidad durante los treinta años que el Galileo con- vivió con ellos?

En una aldea tan pequeña lo normal es que reinara la endogamia. De he- cho, los pactos matrimoniales so- lían establecerse entre individuos pertenecientes a la misma rama fa- miliar para reafirmar bien los lazos del grupo y que los patrimonios se mantuvieran en el clan. Esta era una práctica común, siempre sal- vando las relaciones incestuosas prohibidas legalmente (Lev 18,6ss.). De modo que el sospechoso y esca- mante embarazo de María pudo mantenerse oculto para evitar divi- siones entre los parientes y vergon- zosas manchas en la familia. No sa- ber quién era el padre de la futura criatura despertó probablemente un sinfín de cavilaciones y suspicacias. Y convinieron quizás que mejor no menearlo.

Que una gran parte de los habitan- tes de Nazaret estuvieran unidos por lazos de parentesco resulta más que creíble. De hecho, ante la acti- tud de rechazo y ruptura de los na- zarenos, el mismo Galileo, al de- nunciar esa postura, orienta en esa dirección:

“Solo en su tierra, entre sus pa- rientes… desprecian a un profeta” .

La realidad que los nazarenos -en- tre ellos, sus parientes- sacan a la luz resulta evidente. Tan ultrajante acusación contra el Galileo y contra María no habría sido recogida por Marcos de no ser cierta. Con esta afirmación disimulada bajo el inter- rogante: “¿No es este el hijo de María?”, a él le tachaban de bastar- do y a María de haber quedado em- barazada, estando desposada con José, por alguien que no dio la cara y quedó en la penumbra para siem- pre. Del cómo nada se sabe. Si fue violada o fueron relaciones consen- tidas; si algún pariente cercano la engatusó; si se trató de un desliz pasajero; si el tema venía de lejos; si había otro aspirante de por medio

y ella no encajó bien la decisión pa- terna de desposarla con José, son posibilidades verosímiles, aunque imposibles de confirmar.

Tampoco hay nada de cierto res- pecto a la identidad del padre de sus otros seis hijos. El hecho de que fueran nombrados a continua- ción:

“¿No es este el hijo de María y hermano de Santiago y José, de Judas y Simón? Y ¿no están sus hermanas aquí con nosotros?” bajo la misma clave de desprecio indica que los nazarenos ignoraban igualmente quién era el padre de sus hermanos.

Y ¿por qué no hablan de José? ¿Murió a edad temprana? ¿Terminó por repudiar a María?

3.6. Aguante y dignidad de María

Sea como fuere, ninguna de esas posibilidades resta mérito a María. Su valor no radica en títulos, hono- res ni incluso en una acción porten- tosa de la divinidad sobre ella, sino en su realidad personal. Atribuirle galardones y privilegios solo resul- ta útil para ensombrecer dicha realidad. Se ama a un ser querido no por los títulos que ostenta, sino por ser como es. El atractivo de al- guien solo por sus aderezos va des- encaminado. Que en María se des- pertaron deseos sexuales y que mantuviera relaciones sexuales la reivindica como humana y como mujer. Nada hay de malo ni escan- daloso en ello. La sexualidad es algo bello. La fealdad se sitúa en los ojos y la mente de quien la cen- sura. No hay maldad en el sexo; sí, en el dominio y el sometimiento, sea ejercido en el sexo o fuera de él. La sexualidad compartida en condiciones de igualdad y libertad resulta una bendición.

El hecho de que el nombre de Ma- ría no aparezca en este texto de Marcos asociado al de ningún hom- bre tal vez indique que no hubo ninguno oficialmente reconocido. Eso indicaría que el Galileo, como primogénito, echó sobre sus espal- das el peso de sacar adelante a su madre y hermanos. Explicaría de igual modo su tardanza en salir de la aldea. Debió hacerlo una vez que algunos de sus hermanos tuvieron edad, disposición y energías para hacerse cargo de la familia.

La actitud desdeñosa que los naza- renos tenían de María y de Jesús había permanecido latente durante años. Probablemente porque, como hemos indicado más arriba, media- ban razones de parentesco. Pero el asunto salió a flote en el momento en que el Galileo presentó en la al- dea su proyecto de sociedad alter- nativa. Y ahí se mezcló el desprecio por su propuesta con el que le tu- vieron de tapadillo por su condición de ilegítimo.

3.7 Así y todo, María no se adhi- rió al proyecto de Jesús

Pero en el texto asoma un detalle sorprendente: quienes rechazaron con menosprecio su proyecto de so- ciedad alternativa fueron los lugare- ños. Al rechazo, como hemos indi- cado, se sumaron también todas aquellas personas emparentadas con él. Pero el hecho más llamativo es que incluso compartieron esa ac- titud despectiva sus familiares más directos, los de su casa: María y sus hermanos:

“Jesús les dijo:

Solo en su tierra, entre sus pa- rientes y en su casa desprecian a un profeta”.

¡También ella, María, puso trabas al proyecto del Galileo! (Continua- rá). R

Y ahí surgen nuevas

dudas: Si el tal José,

conocedor de ese

sagrado secreto, lo

guardó para sí

evitando que

apedrearan a María

y se presentó como

verdadero padre de

Jesús, ¿cómo

pudieron saber los

vecinos de Nazaret

que aquel niño fue

engendrado por un

padre desconocido?

La actitud desdeñosa que los nazarenos tenían de

María y de Jesús había permanecido latente

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Ciencias bíblicas y Apología Ciencias bíblicas y Apología

TRES ACERCAMIENTOS SUPERFICIALES

En los laboratorios de Electricité de France (EDF) se realiza el trata- miento del material a nivel molecu- lar para que permanezca inalterable en el futuro. La EDF ha realizado toda una serie de análisis de fluo- rescencia X y de difracción X. La EDF también ha empleado un elas- tómero silicoso estratificado que se aplica como gas y que se retira una vez se haya solidificado. De esa forma, la EDF ha logrado crear, por galvanoplastía, varias copias del

Rollo en cobre de unos 3 milíme- tros de espesor y de una fidelidad de reproducción del orden de un micrón.

El párrafo anterior tiene como refe- rencia una descripción realizada por el biblista español Florentino Gar- cía Martínez, doctor en Ciencias Bíblicas y catedrático y director del Instituto de Qumrán de la Universi- dad de Gronningen. Lo que descri- be García Martínez es una de las técnicas de conservación de uno de los rollos encontrados en la zona de Qumrán (actual Jordania), los tam-

bién llamados “Rollos del Mar Muerto”, que desde 1947 han cau- sado una verdadera revolución en el estudio de los textos bíblicos y en la historia tanto judía como cris- tiana.

¿Pero por qué tanto revuelo por preservar un texto tan antiguo? Y los esfuerzos no acaban ahí. El desarrollo en materia de biología molecular ha permitido restaurar o recuperar el ADN de muchos frag- mentos de rollos (recordemos que los rollos son, en realidad, pieles de ovejas o cabras, alistadas muy fina- mente, sobre las que un estilete hace una incisión con tinta para grabar los caracteres del texto, algo así como un tatuaje). El empleo de un sistema de clonación, anota Gar- cía Martínez, permite multiplicar una secuencia de ADN de tan solo 100-200 base-pares del cytocroma b, permitiendo la comparación y análisis secuencial.

Pensemos por un momento en estos rollos. Miles de fragmentos disemi- nados y mal preservados contienen los textos sagrados. Diminutos tro-

zos milenarios de piel de oveja o de cabra, deteriorados significativa- mente por el pasar del tiempo, son tratados como tesoros preciosos. El análisis de ADN de estos fragmen- tos de piel, permite conocer qué fragmentos pertenecen a un mismo animal. De ese modo es posible agrupar los trozos para reconstruir el texto. Los fragmentos de una misma piel corresponden a un mis- mo rollo.

¿Para qué todo ese trabajo si ya te- nemos la Biblia en nuestras manos? Al parecer, los textos de la Biblia merecen todo el esfuerzo, toda la investigación y toda la aplicación de la ciencia ¿Pero para qué? ¿Qué buscan tan incansablemente los bi- blistas? La Biblia es un apasionante conjunto de escritos que ha captura- do la mente de millones de perso- nas durante muchas centurias. Justo desde las primeras palabras, los primeros versículos o párrafos, ha cautivado a las mentes más bri- llantes, haciendo colisionar irremi- siblemente todas las ideas pensa- bles sobre el origen de todas las co- sas. Hombres de fe, científicos, filó- sofos, literatos, místicos, han pasa- do por esas mismas palabras con el mismo estupor y curiosidad.

En el principio (ת שִׁׁי ארֵבְּ) elohim creó (ארָ֣בָּ) los cielos y la tierra. Y todo estaba vacío (וּּהתֹ֙ וּהבֹ֔וָ). Al-

gunas versiones dicen que “la tierra” estaba “desordenada y vacía”, lo que constituye una con- tradicción ya que nada que esté ab- solutamente vacío puede estar a la vez desordenado, o mejor dicho: la nada no puede estar desordenada. Y su aliento (חַ וּר֣) aleteaba por todas partes. Inmediatamente Dios profie- re ( מֶר איֹּּוַ) una palabra y aparece la luz.

En el primer versículo Dios es crea- dor (ארָ֣בָּ), en el segundo versículo es aliento o espíritu (חַ וּר֣) y en el tercer versículo es palabra o un ente que puede hablar ( מֶר איֹּּוַ).

Al seguir leyendo, nos damos cuen- ta que el cuarto día de creación

contiene el material que completa o llena lo que fue creado el primer día; lo que es creado el quinto día complementa lo que fue creado el segundo día, y la creación del sexto día tiene una relación directa con lo creado el tercer día. Los primeros 3 días de la creación Dios separa, los segundos 3 días Dios llena lo que había sido separado antes. Hay cier- ta misteriosa arquitectura en esta maravillosa obertura creacional. Como si de una gran sinfonía se tratara, el escritor del poema de Gé- nesis nos está intentando decir algo que no está completamente eviden- te en las palabras.

La palabra hebrea que describe la acción de crear (ארָ֣בָּ) aparece en 3 versículos del primer capítulo del Génesis (1:1;1:21;1:27), y en el ul- timo de esos tres versículos, la pa- labra aparece 3 veces. El primer versículo tiene 7 palabras hebreas, el segundo versículo contiene 14 palabras hebreas (7x2), la palabra tierra (ץ אָֽרֶ ) aparece 21 veces a lo largo del relato de la creación (7x3). El séptimo párrafo en el tex- to hebreo tiene 35 palabras (7x5), la palabra Dios aparece 35 veces en todo el poema de la creación, que termina en 2:3 (7x5). La frase “ y fue” (־הִי יְוַֽ) aparece 7 veces, la fra- se “vio Dios” (ארְיַּּוַ) aparece tam- bién 7 veces. Hay patrones de sietes a lo largo de todo el poema de la creación, también hay patrones del número 3. También podemos en- contrar patrones del número 10 (la suma de los 7 y los 3). Por ejemplo la palabra “hizo” aparece en diez ocasiones, al igual que “de acuerdo a sus especies” así como también “y dijo Dios”. Esta ultima 3 veces en relación con la gente, 7 veces en relación con otras criaturas. Así como la palabra “hágase” aparece también 10 veces, 3 veces referida a cosas del cielo y 7 veces referida a cosas de la tierra.

Así iniciamos la lectura de este li- bro de libros. Un poema de la crea- ción construido con una arquitectu- imperfectos.org

José Pablo Chacón, nacido en San José, Costa Rica, ha realizado estudios de Periodismo, Biblia y Teología. Es autor de "El Decálogo, un canto de adoración" y fundador de la

Comunidad Interludio

Texto de hebreo antiguo

En el primer

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