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Espiritualidad Espiritualidad
6. Métodos de aproximación his-
tórico-crítica al Nuevo Testa-
mento y a los evangelios en par-
ticular.
7. Aproximación crítica a la
“vida oculta” de Jesús.
8. Caminos seguros o sendas
perdidas. A modo de conclusión.
En el prólogo el autor nos indi-
ca el propósito de este libro:
pretende responder a una serie
de cuestiones en torno a Jesús,
tales como si es cierto lo que al-
gunos sostienen sobre su inexis-
tencia; la forma de proceder de
los estudiosos para aceptar un
determinado pasaje como ver-
dadero (o posiblemente verda-
dero) y otro como falso; o la
explicación precisamente de la
aplicación de los métodos críti-
cos para acercarnos lo más posi-
ble a la realidad histórica y el
valor que pueden tener los tex-
tos primitivos del cristianismo.
Piñero nos informa que todas
estas cuestiones o preguntas se
las han hecho en diferentes mo-
mentos de su vida y no siempre
d e f o r m a p a c í f i c a . E n
ocasiones, el tono ha sido
desafiante, en otras ha sido acu-
sado de actuar de manera arbi-
traria y manipuladora cuando
abordaba determinados pasajes.
Además, este libro busca ser
una ayuda e introducción al es-
tudio de los Evangelios.
El primer capítulo se centra en
la existencia histórica de Jesús,
una pregunta que le han repeti-
do una y otra vez.
En primer lugar presenta las
ideas principales de los negacio-
nistas junto a sus obras esencia-
les que aparecieron a partir del
siglo XIX. Estos sostienen que
Jesús no existió, sino que obe-
dece a la adaptación literaria de
un mito (en concreto solar); o
se trata de la concreción literaria
del anhelo de liberación de los
oprimidos que componían la
iglesia primitiva. En este último
caso, los Evangelios no serían
un producto judío sino romano.
Jesús sería un mito solar que
adapta a otro judío en la persona
de Josué. Uniendo elementos ju-
díos y paganos aparecería el
mito “Jesús Salvador” que mue-
re y resucita como parte de su
ciclo vital siguiendo a otros mi-
tos como pueden ser el de
Mitra, Osiris, etc.
El anterior mito judío de Josué-
Jesús, añaden otros, era venera-
do por sectas judías anteriores al
propio Jesús (por ejemplo la de
los nazarenos). El mito de Josué
tenía su origen en uno solar de
la fertilidad procedente de la
etapa politeísta judía, que se fue
desarrollando agregándosele
con el tiempo ideas apocalípti-
cas y la noción pagana del re-
dentor que moría y resucitaba.
De esta forma, existía un mito
"Josué-Jesús" precristiano afir-
mando, consecuentemente, la
inexistencia de algo así como
un Jesús histórico cristiano.
Estas son ideas compartidas
hasta el día de hoy por algunos
autores importantes quienes, de
una forma u otra, participan de
los siguientes argumentos:
–Jesús es un personaje de fic-
ción desarrollado a partir de
otros ciclos míticos.
–Los Evangelios canónicos son
un cúmulo de contradicciones e
inconsistencias cuyo origen es
alguna secta judía; o su origen
se debe a una persona o grupo
que pretendía dar a conocer sus
ideas políticas o religiosas; o
son consecuencia de experien-
cias místicas individuales (como
las de Pedro o Pablo) o colecti-
vas; o bien los Evangelios son
el resultado final de una colecti-
vidad de judíos cuyas ideas reli-
giosas esenciales iban en contra
de la gran mayoría.
–Pablo desconoce a un Jesús
histórico. Para él se trata de una
figura puramente espiritual que
une las ideas mesiánicas judías
y otras provenientes de las reli-
giones de misterio, y que sería
el mediador entre el Yahvé del
Antiguo Testamento y el ser hu-
mano.
–La literatura extrabíblica y no
cristiana no posee valor proba-
torio alguno para hablar del Je-
sús histórico.
Antonio Piñero también se ocu-
pa de la reciente novedad de Ri-
chard Carrier con su cálculo es-
tadístico de probabilidades, o de
Michel Onfray y su "Tratado de
ateología" en el que vuelve a
formular argumentos ya conoci-
dos. De este último destaca su
opinión que postula que aunque
Pablo origina una religión cen-
trada en un Jesús mesiánico
imaginario, es el evangelista
Marcos el primero que creó a
propósito a Jesús de Nazaret,
tomando como modelos litera-
rios a Pitágoras, Sócrates y
otros. El resto del Nuevo Testa-
mento seguirá a Marcos y el
inexistente personaje de Jesús
continuará su desarrollo por va-
rios siglos como también es
propio de otras leyendas como
las de Mitra, Hércules o Dioni-
sio.
El profesor Piñero pasa ahora a
considerar las pruebas a favor
de la historicidad de Jesús. Para
él, en la base de esta cuestión,
se encuentra una equivocación
extraordinaria:
“la confusión
entre la no existencia de un ra-
bino galileo, Jesús de Nazaret,
y la no existencia de Jesucristo” (p.
23). O en palabras más conoci-
das, la confusión entre el Jesús
histórico y el Cristo de la fe.
En las siguientes páginas nues-
tro autor realiza una crítica ne-
gativa a las posiciones mitistas
y negacionistas por medio de
una cascada de preguntas. Más
adelante lanza la pregunta esen-
cial de toda esta cuestión:
“¿No habría que pensar más
bien que la explicación más ra-
zonable es que los evangelistas
tienen ante sus ojos a un hom-
bre extraordinario, sí, pero
hombre al fin y al cabo, e inven-
tan una serie de historias legen-
darias en torno a él llenas de
contradicciones y fallos? [...] en
resumen, si Jesús fuera un puro
invento literario de los primeros
escritores cristianos, siguiendo
el modelo de una divinidad de
salvación de la época, como su-
pone la tesis de Jesús 'no existió
realmente', no habría habido
problema alguno: tendríamos
una narración sin sobresaltos ni
problemas teológicos, los evan-
gelios habrían sido muy diferen-
tes” (p. 25).
La última división de este pri-
mer capítulo la dedica nuestro
autor a diversas cuestiones
como son la de esclarecer lo que
él considera el “malentendido
básico” (mencionado un poco
más arriba); a considerar los
testimonios externos sobre Je-
sús; y la crítica a dos escritos
recientes realizados por nega-
cionistas, de los que ya adelantó
alguna cuestión, como son Mi-
chel Onfray y Richard Carrier.
El capítulo 2 se centra en la
premisa de que el Nuevo Testa-
mento es la principal fuente
para conocer al Jesús histórico.
La primera división de este ca-
pítulo trata de la consideración
del Nuevo Testamento desde la
filología y la historia. El autor
da catorce pautas o puntos para
abordar su estudio como un li-
bro de historia, reconociendo de
paso su peso específico como el
libro más importante de Occi-
dente y quizás del mundo.
En la página 45 dice algo de
esencial:
“El Nuevo Testamento solo se
comprende insertándolo en las
coordenadas de espacio y tiem-
po del mundo judío del siglo I...
Serán, pues, dos las bases de su
intelección: la cultura israelita,
y sus influencias, y la cultura
grecorromana con las suyas
propias. No hay manera de en-
tender el Nuevo Testamento sin
tener en cuenta ciertos conoci-
mientos previos del siglo que lo
vio nacer.”
Otra afirmación destacada se en-
cuentra un poco más adelante,
en la página 47, cuando apunta
que “el texto del Nuevo Testa-
Antonio Piñero
también se ocupa de
la reciente novedad
de Richard Carrier
con su cálculo
estadístico de
probabilidades, o de
Michel Onfray y su
"Tratado de
ateología" en el que
vuelve a formular
argumentos ya
conocidos.
En cuanto al valor
de los apócrifos, no
le concede ninguno
ya que el
acercamiento al
Jesús histórico
únicamente es
posible a través del
Nuevo Testamento
canónico.
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Espiritualidad Espiritualidadmento que leemos hoy no es el
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Renovación nº 72 Agosto 2019
(página 90-92)