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Nuevo Testamento canónico.

In document Renovación nº 72 Agosto 2019 (página 90-92)

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Espiritualidad Espiritualidad

6. Métodos de aproximación his-

tórico-crítica al Nuevo Testa-

mento y a los evangelios en par-

ticular.

7. Aproximación crítica a la

“vida oculta” de Jesús.

8. Caminos seguros o sendas

perdidas. A modo de conclusión.

En el prólogo el autor nos indi-

ca el propósito de este libro:

pretende responder a una serie

de cuestiones en torno a Jesús,

tales como si es cierto lo que al-

gunos sostienen sobre su inexis-

tencia; la forma de proceder de

los estudiosos para aceptar un

determinado pasaje como ver-

dadero (o posiblemente verda-

dero) y otro como falso; o la

explicación precisamente de la

aplicación de los métodos críti-

cos para acercarnos lo más posi-

ble a la realidad histórica y el

valor que pueden tener los tex-

tos primitivos del cristianismo.

Piñero nos informa que todas

estas cuestiones o preguntas se

las han hecho en diferentes mo-

mentos de su vida y no siempre

d e f o r m a p a c í f i c a . E n

ocasiones, el tono ha sido

desafiante, en otras ha sido acu-

sado de actuar de manera arbi-

traria y manipuladora cuando

abordaba determinados pasajes.

Además, este libro busca ser

una ayuda e introducción al es-

tudio de los Evangelios.

El primer capítulo se centra en

la existencia histórica de Jesús,

una pregunta que le han repeti-

do una y otra vez.

En primer lugar presenta las

ideas principales de los negacio-

nistas junto a sus obras esencia-

les que aparecieron a partir del

siglo XIX. Estos sostienen que

Jesús no existió, sino que obe-

dece a la adaptación literaria de

un mito (en concreto solar); o

se trata de la concreción literaria

del anhelo de liberación de los

oprimidos que componían la

iglesia primitiva. En este último

caso, los Evangelios no serían

un producto judío sino romano.

Jesús sería un mito solar que

adapta a otro judío en la persona

de Josué. Uniendo elementos ju-

díos y paganos aparecería el

mito “Jesús Salvador” que mue-

re y resucita como parte de su

ciclo vital siguiendo a otros mi-

tos como pueden ser el de

Mitra, Osiris, etc.

El anterior mito judío de Josué-

Jesús, añaden otros, era venera-

do por sectas judías anteriores al

propio Jesús (por ejemplo la de

los nazarenos). El mito de Josué

tenía su origen en uno solar de

la fertilidad procedente de la

etapa politeísta judía, que se fue

desarrollando agregándosele

con el tiempo ideas apocalípti-

cas y la noción pagana del re-

dentor que moría y resucitaba.

De esta forma, existía un mito

"Josué-Jesús" precristiano afir-

mando, consecuentemente, la

inexistencia de algo así como

un Jesús histórico cristiano.

Estas son ideas compartidas

hasta el día de hoy por algunos

autores importantes quienes, de

una forma u otra, participan de

los siguientes argumentos:

–Jesús es un personaje de fic-

ción desarrollado a partir de

otros ciclos míticos.

–Los Evangelios canónicos son

un cúmulo de contradicciones e

inconsistencias cuyo origen es

alguna secta judía; o su origen

se debe a una persona o grupo

que pretendía dar a conocer sus

ideas políticas o religiosas; o

son consecuencia de experien-

cias místicas individuales (como

las de Pedro o Pablo) o colecti-

vas; o bien los Evangelios son

el resultado final de una colecti-

vidad de judíos cuyas ideas reli-

giosas esenciales iban en contra

de la gran mayoría.

–Pablo desconoce a un Jesús

histórico. Para él se trata de una

figura puramente espiritual que

une las ideas mesiánicas judías

y otras provenientes de las reli-

giones de misterio, y que sería

el mediador entre el Yahvé del

Antiguo Testamento y el ser hu-

mano.

–La literatura extrabíblica y no

cristiana no posee valor proba-

torio alguno para hablar del Je-

sús histórico.

Antonio Piñero también se ocu-

pa de la reciente novedad de Ri-

chard Carrier con su cálculo es-

tadístico de probabilidades, o de

Michel Onfray y su "Tratado de

ateología" en el que vuelve a

formular argumentos ya conoci-

dos. De este último destaca su

opinión que postula que aunque

Pablo origina una religión cen-

trada en un Jesús mesiánico

imaginario, es el evangelista

Marcos el primero que creó a

propósito a Jesús de Nazaret,

tomando como modelos litera-

rios a Pitágoras, Sócrates y

otros. El resto del Nuevo Testa-

mento seguirá a Marcos y el

inexistente personaje de Jesús

continuará su desarrollo por va-

rios siglos como también es

propio de otras leyendas como

las de Mitra, Hércules o Dioni-

sio.

El profesor Piñero pasa ahora a

considerar las pruebas a favor

de la historicidad de Jesús. Para

él, en la base de esta cuestión,

se encuentra una equivocación

extraordinaria:

“la confusión

entre la no existencia de un ra-

bino galileo, Jesús de Nazaret,

y la no existencia de Jesucristo” (p.

23). O en palabras más conoci-

das, la confusión entre el Jesús

histórico y el Cristo de la fe.

En las siguientes páginas nues-

tro autor realiza una crítica ne-

gativa a las posiciones mitistas

y negacionistas por medio de

una cascada de preguntas. Más

adelante lanza la pregunta esen-

cial de toda esta cuestión:

“¿No habría que pensar más

bien que la explicación más ra-

zonable es que los evangelistas

tienen ante sus ojos a un hom-

bre extraordinario, sí, pero

hombre al fin y al cabo, e inven-

tan una serie de historias legen-

darias en torno a él llenas de

contradicciones y fallos? [...] en

resumen, si Jesús fuera un puro

invento literario de los primeros

escritores cristianos, siguiendo

el modelo de una divinidad de

salvación de la época, como su-

pone la tesis de Jesús 'no existió

realmente', no habría habido

problema alguno: tendríamos

una narración sin sobresaltos ni

problemas teológicos, los evan-

gelios habrían sido muy diferen-

tes” (p. 25).

La última división de este pri-

mer capítulo la dedica nuestro

autor a diversas cuestiones

como son la de esclarecer lo que

él considera el “malentendido

básico” (mencionado un poco

más arriba); a considerar los

testimonios externos sobre Je-

sús; y la crítica a dos escritos

recientes realizados por nega-

cionistas, de los que ya adelantó

alguna cuestión, como son Mi-

chel Onfray y Richard Carrier.

El capítulo 2 se centra en la

premisa de que el Nuevo Testa-

mento es la principal fuente

para conocer al Jesús histórico.

La primera división de este ca-

pítulo trata de la consideración

del Nuevo Testamento desde la

filología y la historia. El autor

da catorce pautas o puntos para

abordar su estudio como un li-

bro de historia, reconociendo de

paso su peso específico como el

libro más importante de Occi-

dente y quizás del mundo.

En la página 45 dice algo de

esencial:

“El Nuevo Testamento solo se

comprende insertándolo en las

coordenadas de espacio y tiem-

po del mundo judío del siglo I...

Serán, pues, dos las bases de su

intelección: la cultura israelita,

y sus influencias, y la cultura

grecorromana con las suyas

propias. No hay manera de en-

tender el Nuevo Testamento sin

tener en cuenta ciertos conoci-

mientos previos del siglo que lo

vio nacer.”

Otra afirmación destacada se en-

cuentra un poco más adelante,

en la página 47, cuando apunta

que “el texto del Nuevo Testa-

Antonio Piñero

también se ocupa de

la reciente novedad

de Richard Carrier

con su cálculo

estadístico de

probabilidades, o de

Michel Onfray y su

"Tratado de

ateología" en el que

vuelve a formular

argumentos ya

conocidos.

En cuanto al valor

de los apócrifos, no

le concede ninguno

ya que el

acercamiento al

Jesús histórico

únicamente es

posible a través del

Nuevo Testamento

canónico.

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mento que leemos hoy no es el

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