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Espiritualidad Espiritualidadmento que leemos hoy no es el
fruto de una gran manipulación
de la Iglesia, como piensan mu-
chos mal informados”.
Aunque el Nuevo Testamento
tiene contenido mítico se trata
de un libro de historia, no obs-
tante hay que tomar esta afirma-
ción con ciertas reservas.
En cuanto al valor de los apó-
crifos, no le concede ninguno
ya que el acercamiento al Jesús
histórico únicamente es posible
a través del Nuevo Testamento
canónico.
Piñero sostiene que el concepto
de salvación entre Jesús y Pablo
es radicalmente diferente. Para
Jesús, se trata del cumplimiento
de la ley mosaica, mientras que
para Pablo es sobre todo un
asunto de fe y, además, de una
fe depositada en Jesús como
salvador. Pablo, sigue diciendo
Piñero, fue el que colocó los
fundamentos de lo que sería el
cristianismo que conocemos,
aunque ni Jesús ni Pablo quisie-
ron fundar una religión cristiana
tal y como nos ha llegado.
Finaliza esta sección diciendo
que el Nuevo Testamento es el
fundamento, pero no del cristia-
nismo, sino de un tipo de cris-
tianismo que resultó vencedor:
el paulino.
La segunda sección de este se-
gundo capítulo trata de cómo se
generó la teología cristiana, im-
pulsora, además, de la forma-
ción de lo que sería el Nuevo
Testamento. Para el autor, el
cristianismo es el resultado de
un “fenómeno exegético de in-
terpretación de la vida de
Jesús”
(p. 63), que comienza
tras la muerte de este, y la
creencia de sus discípulos de
que ha resucitado y, por ello, es
el Mesías prometido.
Los primeros cristianos realiza-
ron una relectura de la Biblia
hebrea a la luz de esta creencia
esencial del Jesús resucitado.
Se buscó soporte escritural para
los principales hechos de la vida
de Jesús y es de esta forma
como comienza la teología cris-
tiana.
Al cristianismo le habría pasado
algo similar a lo que ocurrió
con los esenios de Qumrán o al
nacimiento de las sectas judías
(fariseos, saduceos y esenios).
Como consecuencia nació otra
secta en el seno del judaísmo: el
cristianismo.
La tercera división es un ejem-
plo de la diversidad de la prime-
ra teología cristiana. Este ejem-
plo se centra en la considera-
ción de las diferentes ideas y de
la evolución de la “naturaleza
divina” de Jesús.
El capítulo tercero se enfoca en
ser una visión de conjunto de
las diferentes y más importantes
corrientes de interpretación del
Nuevo Testamento, desde el
principio hasta nuestros días.
Según nos dice Piñero: “La vi-
sión de cada corriente o autor
no es otra cosa que una manera
de ver la fuente que sirve de
base para la reconstrucción del
Jesús histórico” (p. 73).
Se tocarán los grandes logros de
estos estudios, pero también se-
ñalando los graves errores en los
que se cayó.
La primera división de este capí-
tulo va desde los inicios de la
crítica del Nuevo Testamento
hasta la época moderna. Se par-
tía de una doble exégesis: la ale-
górica (mundo helenístico) y la
literalista (mentalidad judía in-
tertestamentaria o del segundo
templo). Dos ejemplos son Filón
y el rabino Hillel.
Ambas exégesis están presentes
en el Nuevo Testamento a la
hora de abordar o interpretar la
Biblia hebrea, lo que significa
que la misma es tipológica y
cristocéntrica. Se puede decir
que, en general, desde los inicios
hasta el siglo XVIII la pauta fue
entender todo de forma bastante
literal.
En los últimos 250 años los estu-
dios sobre el Nuevo Testamento
se suceden sin parar. El autor
nos presenta los momentos más
relevantes de la historia de la in-
vestigación. Los divide en:
1. La crítica textual.
2. El estudio crítico de la reli-
gión o teología crítica.
La segunda sección o división
de este capítulo aborda una serie
de avances extraordinarios que
se dan en la primera parte del si-
glo XX. Nombres como Julius
Wellhausen, Wilhelm Wrede,
G u s t a v K r ü g e r , H e i n r i c h
Weinel, Maurice Goguel, Alfred
Loisy y Charles Guignebert en
relación a los Evangelios. En
cuanto a Pablo y al Nuevo Tes-
tamento en general tenemos a
autores como Martin Brückner,
Paul Wernte o, el anteriormente
mencionado, Wilhem Wrede.
También en este tiempo aparece
la llamada “historia de las for-
mas”. Nombres a este respecto
son los de Karl Ludwig Schmidt,
Martin Dibelius y Rudolf Bult-
mann.
A mitad del siglo XX debemos
ubicar el comienzo de la "crítica
de la redacción". En palabras de
profesor Piñero: “no cabe duda
de que la visión obtenida por este
método sobre los autores evangé-
licos, en especial, es muy distinta
de la simple lectura acrítica, a
veces demasiado aventurada que
había primado hasta el siglo
XIX” (pp. 101, 102).
En el capítulo 4 se explica el
significado y empleo de los con-
ceptos “evangelio” y “evange-
lios”, tanto en el contexto pa-
gano como en su uso bíblico, y
más adelante, específicamente
dentro del Nuevo Testamento,
que es a lo que se dedica la divi-
sión primera.
En la segunda se trata del paso
del evangelio oral a su plasma-
ción por escrito, y qué significo
la aparición de los evangelios tal
y como los tenemos al presente.
Para nuestro autor, la posición
de Santiago Guijarro de que
hubo una transmisión oral con-
trolada es equivocada, ya que sí
que hubo variación continua y
sustancial en aquellos que recor-
daban esta tradición y la actuali-
zaban.
Se consideran además los con-
textos geográficos en donde se
formaron núcleos de tradición,
las historias de milagros y las
técnicas memorísticas apuntando
que el proceso escrito comenzó
bastante pronto. Con ello se for-
mó algo así como un esquemáti-
co evangelio primitivo, y es de
todo este material que el evan-
gelista Marcos tomó para su
Evangelio.
En la tercera división de este ca-
pítulo se explica la función re-
elaboradora de los primeros pro-
fetas cristianos. Esto es un ele-
mento esencial en el paso de la
tradición oral a la escrita.
Piñero expone la tesis de que los
profetas primitivos cristianos
colocaron palabras en la boca de
Jesús que pasaron a ser conside-
radas como de él. Al poco ya no
había forma de identificar unas
de otras. Además, eran profetas
considerados como inspirados,
por lo que sus palabras equiva-
lían a las de Jesús. Esto era una
práctica aceptada tal y como ya
ocurría en el Antiguo Testamen-
to. Dicho lo cual, nuestro autor
llama la atención al hecho de
que estos profetas no eran in-
ventores sin más, sino que reela-
boraron desde un material pre-
vio y todo ello con la firme
creencia de que Jesús había
vuelto a la vida.
La cuarta división de este capí-
tulo es una crítica a los excesos
de la “crítica de las formas”,
destacando además que la comu-
nidad primitiva fue una verdade-
ra creadora de tradición.
En la quinta parte se trata la
"historia de la redacción". El
gran logro conseguido con ella
es que puso de manifiesto preci-
samente esta labor redaccional
La tercera división
es un ejemplo de la
diversidad de la
primera teología
cristiana. Este
ejemplo se centra en
la consideración de
las diferentes ideas
y de la evolución de
la “naturaleza
divina” de Jesús.
La cuarta división
de este capítulo es
una crítica a los
excesos de la
“crítica de las
formas”, destacando
además que la
comunidad primitiva
fue una verdadera
creadora de
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Espiritualidad Espiritualidadde los autores de los Evangelios.
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Renovación nº 72 Agosto 2019
(página 92-94)