Se espera que los adultos se mantengan a sí mismos y a sus familias mediante trabajo re- munerado y no remunerado. Los que tienen trabajo suelen considerarse menos vulnerables. Sin embargo, muchos están expuestos al em- pleo precario o al desempleo. En 2012, más de 200 millones de adultos de todo el mundo estaban desempleados. El empleo vulnerable representa más de la mitad del empleo total y
CuADRo 3.2
Somalia: conflicto y exclusión juvenil
La privación, la exclusión y los agravios suelen ser especialmente gene- ralizados durante los conflictos. Son alimentados por el subdesarrollo, la pobreza, la distribución desigual de poder y la desigualdad entre grupos, que provocan múltiples exclusiones y una competencia por los recursos. En Somalia, los jóvenes sufren la exclusión en tres dimensiones —sociocultu- ral, económica y política— y la falta de oportunidades. Como consecuencia, se convierten tanto en víctimas como en fuentes de conflicto. Atrapados entre el conflicto y la pobreza, no tienen trabajo ni voz. Para reflejar sus privaciones y frustraciones y poner de relieve el potencial de energía y en- tusiasmo por el cambio, el Informe Nacional sobre Desarrollo Humano de Somalia: Empoderar a los jóvenes a favor de la paz y el desarrollo de 2012 entrevistó a jóvenes para oír su opinión sobre su situación.
En todas las regiones somalíes, los jóvenes sufren una desconexión en- tre las oportunidades educativas y laborales que impide el empoderamiento social y económico (véase el gráfico). También perciben pocas oportunidades
de participar en la sociedad o expresar sus necesidades y aspiraciones. Este sentimiento es especialmente fuerte en el centro sur de Somalia, la región más afectada por el conflicto. La falta de voz, elección y opciones obliga a los jóvenes a participar en la violencia y el conflicto. Los motivos son tanto económicos como no económicos, por necesidad de seguridad personal, o relacionados con la identidad, el estatus o la venganza.
Combinando estos resultados en un nuevo índice de frustración juvenil, Somalia obtiene 3,96 sobre 5 puntos (siendo 5 la mayor frustración). Con la falta de aptitudes para el empleo, la falta de oportunidades de empleo, la falta de voz y la falta de actividades recreativas como principales causas de la frustración, está claro que los jóvenes se sienten infravalorados y exclui- dos de varias partes de la sociedad.
A pesar de estas dificultades, los jóvenes somalíes todavía tienen espe- ranzas y aspiraciones para el futuro, lo que indica la importancia de darles voz en la sociedad y atribuirles un papel en la consolidación de la paz.
Fuente: PNUD 2012e.
percepciones de la exclusión y estrategias de supervivencia de los jóvenes
Centromeridional Puntlandia Somalilandia Exclusión de los jóvenes
1 2 0 3 4 5 Los jóvenes se ven
atraídos por la posibilidad de dejar el país Los jóvenes se ven forzados a participar en actos violentos Los jóvenes como víctimas y autores de conflictos
Los jóvenes participan en actos
violentos motivados por la codicia Querellas entre los jóvenes Los jóvenes no pueden expresar sus necesidades y aspiraciones Incompatibilidad entre las habilidades y la demanda laboral Las jóvenes se enfrentan a más exclusión que los jóvenes
Frustración juvenil y causas subyacentes
Falta de autoestima
Abuso de drogas
Falta de apoyo familiar
1 2 0 3 4 5 Centromeridional Puntlandia Somalilandia Gobernanza y justicia deficientes Falta de calificaciones para el empleo Falta de oportunidades de empleo No es posible expresar las aspiraciones y necesidades Servicios recreativos
inadecuados Sentimiento
de humillación
es particularmente elevado en Asia Sudoriental (61%), Asia Meridional (77%) y África Subsahariana (77%).67 Incluso puede que quie-
nes trabajan ganen muy poco. Se calcula que en 2011 había 397 millones de personas de más de 15 años que trabajaban, pero vivían en hogares con menos de 1,25 dólares por persona al día. Las regiones con una mayor proporción de trabajadores pobres con respecto al empleo total son Asia Meridional (25,7%) y África Subsahariana (41,7%).68
El trabajo proporciona algo más que un salario. El empleo, especialmente el empleo decente, se relaciona con dignidad y estatus y con comunidades y sociedades estables y cohe- sionadas. El empleo estable aporta beneficios a la sociedad al permitir que la fuerza de trabajo conserve la experiencia, conocimientos y pro- ductividad, mejorando así los resultados econó- micos.69 El pleno empleo también contribuye a
la cohesión social, especialmente al mejorar el bienestar de las chicas. El aumento del empleo
femenino ayuda a cambiar la percepción que se tiene sobre el “valor” de las chicas y fomenta la inversión en su educación y salud. También ayuda a reducir la pobreza.
La reciente crisis económica generó periodos de desempleo relativamente largos para muchos trabajadores. Desde el último trimestre de 2007, en la mayoría de los 42 países sobre lo que se cuenta con datos, una elevada proporción de desempleados estuvieron sin trabajo durante 12
meses o más.70 Aunque las recesiones econó-
micas son cortas, las personas pueden quedar sujetas a una “cicatrización”, con consecuencias negativas duraderas. En los países desarrollados, la pérdida del empleo provoca una reducción de entre el 10% y el 25% de los ingresos, que puede durar entre 5 y 20 años.71 También se han cons-
tatado grandes pérdidas de ingresos debidas a la pérdida imprevista del trabajo en los países en desarrollo72, donde las crisis económicas tienen
grandes efectos negativos sobre los ingresos, el consumo de los hogares y la pobreza.73
GRáFICo 3.6
En América Latina y el Caribe, las tasas de homicidios entre los hombres tienden a concentrarse entre los 15 y los 39 años, mientras que las tasas mucho más bajas entre las mujeres se mantienen prácticamente invariables
Hombres Mujeres Edad 0 5 10 15 20 80-84 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 1-4 0 Proporción de muertes causadas por homicidios, 1996–2009 (%) 85 o más Fuente: PNUD 2013b.
CONtrIbuCIóN ESPECIAL Juan Somavía, ex Director General de la Organización Internacional del Trabajo
Valorar la dignidad del trabajo
En el mundo de hoy en día, defender la dignidad del trabajo es una batalla constante. El pensamiento económico predominante considera el trabajo un coste de producción, que en la economía mundial debe ser lo más bajo po- sible para resultar competitivo. Considera a los trabajadores consumidores, que, debido a sus salarios relativamente bajos, necesitan acceder fácilmen- te al crédito para estimular el consumo y terminan teniendo deudas increí- bles. En ningún lado se ve la importancia social del trabajo como base de la dignidad personal, como fuente de estabilidad y desarrollo de las familias o como contribución a la paz de las comunidades. Este es el significado de “trabajo decente”. Es un esfuerzo por recordar que estamos hablando de políticas que se ocupan de la vida de seres humanos y no solo de cues- tiones de costes y beneficios. Este es el motivo por el que la constitución de la Organización Internacional del Trabajo nos dice “El trabajo no es una mercancía”1. Y sabemos que la calidad del trabajo define de muchas formas
la calidad de una sociedad. Por lo tanto, debemos empezar por ayudar a los trabajadores pobres a salir de la pobreza y la informalidad para mantener medios de vida de calidad, un empleo por cuenta propia o un empleo formal. Y en esto deberían consistir nuestras políticas: hacer que las personas sigan ocupando progresivamente mejores empleos con un salario que les permita vivir, respetar los derechos de los trabajadores, la no discriminación y la igualdad de género, facilitar la organización de los trabajadores y la nego- ciación colectiva, la protección social universal, las pensiones adecuadas y el acceso a la atención médica. Esto es lo que nos dicen millones de seres humanos en todo el mundo: “Dame una oportunidad justa en un trabajo decente y yo haré el resto; no quiero caridad ni limosnas”. Llevará mucho tiempo y requerirá un énfasis diferente en los países en desarrollo y desa- rrollados, pero todas las sociedades se enfrentan a dificultades respecto al trabajo decente, especialmente en medio de una crisis mundial que todavía nos persigue.
¿Por qué es tan difícil? Hay numerosas explicaciones históricas y políti- cas convergentes, pero existe una causa firme: según los valores del mundo actual, el cápital es más importante que la mano de obra. Se han visto se- ñales por todas partes, desde el crecimiento inaceptable de la desigualdad a la proporción decreciente de los salarios en el PIB. Todos debemos re- flexionar sobre las implicaciones para la paz social y la estabilidad política, incluidos quienes se benefician de una ventaja actual. El papa Juan Pablo II nos recordó que “Todos debemos trabajar para que el sistema económico en el que vivimos no altere el orden fundamental del trabajo por encima del cápital, el bien común por encima del interés privado”. Como dijo Gandhi, “Hay suficiente para cubrir las necesidades de todos los hombres, pero no para satisfacer su codicia”.
Pero las cosas están cambiando. Muchos países emergentes y en de- sarrollo han demostrado una gran autonomía política al definir su respuesta a la crisis, con la mirada puesta en el empleo y la protección social, como defiende este informe. Las políticas que provocaron la crisis sobrestimaron la capacidad de los mercados para autorregularse; subestimaron el papel del Estado, la política pública y las normativas y devaluaron el respeto del
medio ambiente, la dignidad del trabajo y las funciones de los servicios so- ciales y la asistencia pública en la sociedad. Llevaron a un modelo de creci- miento insostenible, ineficiente e injusto. Lentamente, hemos empezado a cerrar este ciclo político, pero no contamos con una alternativa predefinida preparada para ocupar su lugar. Estamos entrando en un periodo bastante largo de incertidumbre sin una fuente obvia de liderazgo político mundial. Un periodo más para salir del paso que para tomar decisiones mundiales enér- gicas. Esto representa una extraordinaria oportunidad política y un reto in- telectual para el sistema de las Naciones Unidas. La reunión en torno a una visión mundial creativa Post-2015 con Objetivos de Desarrollo Sostenible claros puede ser un primer paso hacia un nuevo ciclo de políticas públicas que analice cómo debería ser el mundo después de la crisis. Y fuera de las Naciones Unidas, tenemos que escuchar. En muchas sociedades existe una gran desazón e inseguridad. Desde las encuestas y las elecciones hasta la gente en las calles y los movimientos sociales, que cada vez se hacen oír más, está llegando un mensaje claro a los líderes gubernamentales y empre- sariales: “Sus políticas no funcionan para la mayoría”.
Y por ello es tan importante la insistencia de este Informe en reclamar el papel del pleno empleo, la protección social universal y el camino hacia el trabajo decente. Se basa en el consenso existente en las grandes reuniones de Jefes de Estado y de Gobierno de la historia de las Naciones Unidas. En su cumbre de 2005, afirmaron que “Apoyamos firmemente una globaliza- ción justa y resolvemos que los objetivos del empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos, en particular las mujeres y los jóvenes, serán una meta fundamental de nuestras políticas nacionales e internacionales y nuestras estrategias nacionales de desarrollo, incluidas las estrategias de reducción de la pobreza, como parte de nuestro esfuerzo por alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio”2. Por consiguiente, al menos sobre el
papel, el compromiso está ahí en términos claros.
Permítanme concluir con un ejemplo de los cambios necesarios sobre los que creo que existe un consenso generalizado. Las inversiones sólidas en la economía real, grandes y pequeñas, con una importante capacidad de creación de empleo deben desplazar a las operaciones financieras del mando de la economía mundial. La expansión de los beneficios a corto pla- zo en los mercados financieros, que refleja un escaso empleo, ha desviado recursos del horizonte a largo plazo de lograr empresas sostenibles en la economía real. El mundo está repleto de liquidez, que debe convertirse en inversiones productivas mediante un marco regulador que vele por que las entidades financieras cumplan su función original de canalizar ahorros hacia la economía real. Asimismo, la ampliación de la participación salarial en el PIB dentro de unas tasas de inflación razonables aumentará la demanda real y servirá como fuente de crecimiento del desarrollo sostenible. El punto de partida debe ser el paso de unas políticas de salario mínimo comprometi- do a una distribución mucho más justa de las ganancias y beneficios de la productividad.
¿Es un sueño o una realidad posible? Lo veremos, pero sin duda sobre esto versarán las políticas y las luchas sociales en los próximos años.
Notas
1. OIT 2010a. 2. Naciones Unidas 2005.
La falta de empleo decente puede tener graves consecuencias más allá de la pérdida de ingresos. El estrés del despido y los episodios de desem- pleo pueden disminuir la esperanza de vida debido a problemas de salud como apoplejías y paros cardiacos.74 Los episodios de desempleo
también se asocian a elevadas tasas de depresión y alcoholismo.75 Asimismo, aparece un sesgo de
género. En el Reino Unido, las mujeres de más de 60 años tienen más probabilidades que los hombres de la misma edad de percibir ingresos bajos, y las mujeres que han desempeñado un trabajo de categoría inferior o a tiempo parcial por lo general perciben una pensión más baja.76
Muchos de los trabajadores pobres desem- peñan empleos no estándar: trabajo a tiempo parcial o temporal involuntario en los países avanzados y trabajo informal en los países en desarrollo. Idealmente, los países experimentan un aumento de las tasas de empleo y una dismi- nución de la incidencia del empleo no estándar con el tiempo, como es el caso de los países del
gráfico 3.7, categoría 1. Sin embargo, en la mayo- ría de países con datos, tanto el desempleo como el empleo no estándar aumentaron entre 2007 y 201077 (categoría 4, gráfico 3.7)78
El empleo informal, que constituye un pro- blema particular para los países en desarrollo, representa más del 40% del empleo total en dos tercios de los 41 países emergentes y en desarrollo con datos.79 Las definiciones varían
mucho, pero el empleo informal generalmente carece de protección social, legal o normativa.80
Los trabajadores informales ganan menos en promedio que los trabajadores formales.81
Las vulnerabilidades de los trabajadores informales van más allá de ingresos bajos y volátiles. La capacidad de hacer frente a las circunstancias adversas se ve comprometida por la falta de protección social formal, y las vulnerabilidades se agravan cuando las personas que trabajan en el sector informal se enfrentan al acoso de las autoridades públicas. Muchos trabajadores a tiempo parcial o temporales se
GRáFICo 3.7
En la mayoría de países con datos, el empleo no estándar aumentó entre 2007 y 2010, mientras que el empleo general cayó
-0,8 -0,6 -0,4 -0,2 0,2 0,4 0,6 0,8 1,0 -0,8 -0,6 -0,4 -0,2 0 0,2 0,4 0,6
Cambio en la proporción de empleo no estándar (%)
Cambio en la tasa de empleo (%) Colombia Luxemburgo Malta Turquía Ucrania Austria Bélgica Brasil Chile Alemania Indonesia Paraguay Perú Polonia Tailandia Uruguay Argentina Bulgaria Canadá Chipre República Checa Estonia Finlandia Francia Grecia Hungría India Irlanda Italia Letonia Lituania México Portugal Rumania Eslovaquia Suecia Reino Unido Venezuela (República Bolivariana de)
Categoría 4: empleo más bajo y mayor incidencia de los trabajos no estándar Categoría 1:
empleo más alto y menor incidencia de los trabajos no estándar
Categoría 3:
empleo más bajo y menor incidencia de los trabajos no estándar
Dinamarca Ecuador Japón República de Corea Moldova Países Bajos Noruega Federación de Rusia Eslovenia Sudáfrica España Sri Lanka Categoría 2: empleo más alto y mayor incidencia de los trabajos no estándar
unos mejores resultados en el empleo generan beneficios sociales que se extienden más allá del individuo.
enfrentan a problemas similares: puede que no tengan las mismas protecciones o prestaciones, por ejemplo un seguro médico, que los trabaja- dores a tiempo completo.
Casi la mitad de los trabajadores del mundo se encuentran en una situación de empleo vul- nerable, atrapados en trabajos inseguros que ge- neralmente quedan fuera de la jurisdicción de la legislación laboral y la protección social. Con los años, en respuesta a la volatilidad económica y las crisis reiteradas, los empleadores recurren en mayor medida al empleo a tiempo parcial o temporal.82 Entre las regiones en desarrollo, la
proporción de empleo vulnerable es mayor en Asia Meridional y África Subsahariana (77,5% en 2011).83
Cuando un miembro del hogar pierde su trabajo, los otros pueden intentar compensar.84
En algunos casos, si un trabajador masculino pierde su trabajo, hay más mujeres que pueden buscar trabajo para compensar. Pero durante una crisis económica las mujeres pueden re- tirarse de la fuerza de trabajo. Y cuando una crisis exprime los recursos de los hogares, es más probable que las mujeres dediquen más tiempo a un trabajo no remunerado.85 El aumento de la
participación de la mujer en la fuerza de trabajo puede intensificar los conflictos en el hogar: las mujeres que se incorporan a un trabajo remune- rado pueden sufrir más violencia doméstica.86
Cuando los adultos pierden su trabajo, los niños también se ven afectados.87 En los países
en desarrollo, las condiciones económicas ad- versas pueden reducir las tasas de escolarización
hasta 12 puntos porcentuales.88 Además, los
niños quizá abandonen la escuela para trabajar, destruyendo las oportunidades de salir de la pobreza en el futuro.
Unos mejores resultados de empleo generan beneficios sociales que se extienden más allá del individuo.89 Las sociedades en las que todo
el mundo tiene acceso a oportunidades de em- pleo que cumplen un nivel básico de decencia tienden a tener menos conflictos, redes sociales más sólidas y un mayor sentido de la equidad y la justicia.90 Estos resultados afectan al grado de
cohesión social en un país y tienden a hacer que las instituciones funcionen mejor, al crear un en- torno que apoya el desarrollo humano. También tienen implicaciones para el gasto social, puesto que el gasto en salud pública puede aumentar tras largos episodios de pérdida de empleo.91