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Los pueblos indígenas constituyen en torno al 5% de la población mundial, pero representan el 15% de las personas con ingresos bajos y más del 30% de las personas en situación de pobreza extrema en las zonas rurales.131 Tienden a tener

CuADRo 3.3

Violencia contra las mujeres

Los hechos ocurridos en 2012 y 2013 atrajeron la atención mediática mun- dial sobre las proporciones epidémicas de la violencia contra la mujer. Malala Yousafzai recibió un disparo de los talibanes en Pakistán, una joven estudiante fue mortalmente violada por un grupo de hombres en la India y en la Plaza Tahrir de El Cairo hubo dos denuncias de violación y otros tipos de acoso sexual contra mujeres. Estos hechos nos recuerdan que la violencia estructural contra la mujer sigue siendo endémica en todo el mundo y plan- tea enormes dificultades a la participación de la mujer en la vida social y a la seguridad comunitaria en general.

Cerca de un tercio de las mujeres de todo el mundo sufrirá violencia sexual u otro tipo de violencia física a lo largo de su vida, principalmente a manos de su pareja (que también serán responsables de sufrirá el 40% de todos los feminicidios, lo que puede extenderse a los asesinatos relaciona- dos con el honor y la dote)1, lo que se describe como “vulnerabilidades rela-

cionales” integradas en determinadas categorías de relaciones sociales2. Un

análisis reciente de la Organización Mundial de la Salud indica que el 7,2% de las mujeres del mundo —1 de cada 14— es víctima de violencia sexual por parte de alguien que no es su pareja3.

Los datos de Gallup extraídos de encuestas realizadas en 143 países en 2011 señalan un temor a la violencia de género. Las mujeres no solo se sienten menos seguras que los hombres en todos los países, sino que la diferencia de género en cuanto a la percepción de las amenazas no se correspondía con los ingresos: en muchos países de renta media y alta se constató una diferencia de dos dígitos4.

La correlación entre la violencia a manos de la pareja y la pobreza es sólida y positiva, y prevalecen patrones regionales. Las mujeres de África tienen dos veces más probabilidades de sufrir violencia que las mujeres de los países de renta baja y media de Europa. En Asia Sudoriental, las mujeres tienen ocho veces más probabilidades de sufrir violencia a manos de su pareja actual o una expareja que a manos de otras personas.

Las campañas públicas y la movilización han dado lugar a cambios en la justicia civil y penal, con leyes y sentencias judiciales que reafirman la pro- tección de la mujer. Muchos países cuentan con recursos jurídicos o de otra

índole para apoyar a las víctimas y sus hijos y han aprobado recursos civiles entre los que se incluye legislación en materia de órdenes de alejamiento para protegerlas de sus agresores. Pero los cambios en las normas sociales y la legislación suelen aparecer gradualmente y toparse con una gran resisten- cia. Las modificaciones del Derecho penal en la India a raíz de los recientes casos de violación5 no penalizan la violación marital6, lo que pone de relieve

el alcance y los límites de la legislación como agente de cambio social. La violencia afecta a la capacidad de la mujer para participar en la acti- vidad económica fuera del hogar. En México, la principal razón por la que las mujeres abandonaban el mercado laboral eran las amenazas y la violencia infligida por sus maridos, que lo desaprobaban7. En la India, la violencia real

o las amenazas de violencia de muchos maridos impiden a las mujeres par- ticipar en reuniones de grupos de autoayuda8. Las intervenciones que hacen

hincapié en las normas sociales (aceptación de la violencia de género) y la reducción de los obstáculos psicosociales (vergüenza, culpa, resentimiento y prejuicio) pueden reducir la violencia contra la mujer y, en general, aumen- tar su empoderamiento. Un ejemplo es Yo quiero, Yo puedo en México. El programa, que se centra en las personas como punto de partida, aumenta la implicación y sostenibilidad mediante la concepción de la agencia personal y el empoderamiento intrínseco como proceso y estado.

Se ha prestado menor atención a los efectos intangibles en la libertad de circulación, el bienestar emocional y la capacidad de imaginación y pensa- miento de la mujer, todas ellas elementos fundamentales de las capacidades humanas9. Junto con el ataque a la persona, la dignidad y el sentido de valía

que toda violencia inflige a sus víctimas, las consecuencias de la violencia contra la mujer también reflejan su carácter sistémico, que no se distribuye al azar entre la población, sino que se dirige a un grupo particular debido a su identidad como grupo subordinado. Como dice Iris Marion Young, “La opresión de la violencia no solo consiste en una victimización directa, sino en el conocimiento cotidiano compartido por todos los miembros del grupo oprimido de que pueden ser objeto de vulneración, únicamente por motivo de su identidad de grupo. Solo vivir bajo la amenaza de ataque...priva a los oprimidos de libertad y dignidad y consume innecesariamente su energía”10.

Notas

1. OMS 2013. 2. Kabeer, Mumtaz y Sayeed 2010. 3. WHO 2013. 4. Gallup 2013. 5. Rajya Sabha del Parlamento de la India 2013. 6. Harvard Law and Policy Review 2013. 7. Funk, Lang y Osterhaus 2005. 8. Sen 1998; Kabeer et al. 2012. 9. Nussbaum 2005. 10. Young 1990, p. 62.

un nivel educativo bajo, desigualdad de opor- tunidades y desigualdad de acceso a la tierra

y otros activos productivos.132 En América

Latina, los ingresos medios de los trabajadores indígenas son cerca de la mitad de los de los trabajadores no indígenas.133

En Europa, uno de los grupos más vulnerables son los romaníes. En 2011, alrededor del 30% de los romaníes vivía con menos de 4,30 dólares al día, frente al 9% de la población no romaní (gráfico 3.12). Se han emprendido numerosas iniciativas nacionales y regionales para mejorar sus condiciones. Sin embargo, siguen sufriendo los efectos de la exclusión social y el acceso limi- tado a los servicios básicos asociado a ella.134

Discapacidades

Las personas que viven con una discapacidad se enfrentan a obstáculos físicos para reclamar sus derechos y tomar decisiones. Suelen carecer de un acceso fácil al transporte público, a las oficinas de la Administración pública y a otros espacios públicos como hospitales, lo que di- ficulta su participación en la vida económica, social y política o la búsqueda de asistencia ante las amenazas a su bienestar físico. Entre las personas con discapacidad son especialmente

vulnerables las que son pobres. Las personas con discapacidad también tienen más probabi- lidades que la población general de ser víctimas de la violencia.135 Y pueden tener menos capa-

cidad para trabajar, por lo que generalmente son más pobres que el resto de la población. Además, las personas con una discapacidad que merma su capacidad de comunicarse también tienen más probabilidades de ser víctimas de abuso, incluso por parte de sus cuidadores.

Las personas con discapacidad están espe- cialmente expuestas a los desastres naturales y los conflictos. Las dificultades cognitivas, intelectuales o físicas pueden reducir su capaci- dad para acceder a la información o responder

a ella.136 Pueden quedarse atrás durante las

evacuaciones o ser rechazada por los albergues y campos de refugiados debido a que podrían necesitar unos cuidados médicos complejos. La comunidad de reducción del riesgo de desastres debe ampliar la participación de las personas con discapacidad y atajar los obstáculos y limi- taciones ambientales a los que se enfrentan.137

Las vulnerabilidades que generan las disca- pacidades dependen de otros factores sociales, económicos y demográficos. Por ejemplo, es más probable que las personas con discapacidad tengan menor capacidad para trabajar y, por lo tanto, sean más pobres que las personas sin discapacidad. En efecto, las personas con disca- pacidad presentan tasas de empleo más bajas.138

Los datos extraídos de la Encuesta Mundial de Salud en 51 países muestran tasas de empleo del 52,8% entre los hombres con discapacidad y el 19,6% entre las mujeres con discapacidad, frente al 64% y el 29,9% entre los hombres y mujeres sin discapacidad respectivamente.139 Atajar los

obstáculos y vulnerabilidades de las personas con discapacidad puede liberar su potencial y benefi- ciar al conjunto de la sociedad.

Migrantes

La mayoría de los migrantes internacionales, que representa más del 3% de la población mun- dial, tiene menos derechos y menos protección que los ciudadanos, incluso cuando son docu- mentados, y tiene menos acceso a la protección social.140 Normalmente se les excluye de la vida

social y pública y, al carecer de derecho de voto, tienen poca influencia en las políticas que les afectan, aunque puedan estar contribuyendo

GRáFICo 3.12

En 2011, las tasas de pobreza entre los hogares romaníes eran mucho más elevadas que entre los hogares no romaníes

Romaníes No romaníes

30% 9%

Proporción de la población con ingresos inferiores a 4,30 dólares PPA

diarios (%)

Fuente: Cálculos de la Oficina del Informe sobre Desarrollo Humano basados el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el Banco Mundial y la Comisión Europea (2011).

las personas con discapacidad están especialmente expuestas a los desastres naturales y los conflictos.

al progreso económico del país de acogida. Su vulnerabilidad se superpone a otras vulnerabi- lidades estructurales. Por ejemplo, el número de mujeres que migran está aumentando. En la actualidad, las mujeres representan la mitad de la población migrante internacional, alcanzan- do entre el 70% y el 80% en algunos países, y sufren una mayor exposición a la explotación y al abuso en la trata de personas.141

La migración forzada debida a los conflictos es otra fuente de vulnerabilidad, como refleja dramáticamente la crisis siria. Aunque los re- fugiados conforman una pequeña parte de la población migrante —en torno a 10,5 millones de personas en 2011— el conflicto armado desplazó a cerca de 5 millones de personas de la zona (más de 255.000 solo entre diciembre de 2012 y enero de 2013).142

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