• No se han encontrado resultados

Como concepto, la vulnerabilidad puede pare- cer excesivamente amplio y abstracto. Después de todo, la mayoría de personas y sociedades, sin importar el nivel de desarrollo, son vulnerables en muchos sentidos ante circunstancias y acon- tecimientos adversos, muchos de los cuales no se pueden predecir ni prever. Las debilidades eco- nómicas perjudican al contrato social, incluso en las sociedades industrializadas avanzadas de hoy en día, y ningún país o comunidad del mundo es inmune a los efectos a largo plazo del cambio climático. No obstante, la vulnerabilidad como concepto puede volverse menos abstracta si ha- cemos un desglose de quiénes son vulnerables, a qué son vulnerables y por qué (gráfico 1.1).

¿Quién es vulnerable?

En principio, todos somos vulnerables ante determinadas circunstancias o acontecimientos adversos, pero unos son más vulnerables que otros. Un modo de identificar a los grupos más vulnerables ante crisis o acontecimientos ad- versos es pensando en umbrales; esto también permite, en cierta medida, llevar a cabo me- diciones. Las personas son vulnerables ante la

GRáFICo 1.1

¿Quiénes son vulnerables, a qué y por qué lo son?

¿A qué?

Crisis económicas, crisis sanitarias

Desastres naturales, cambio climático, peligros industriales Conflictos,

disturbios civiles

¿Quiénes?

Mujeres, personas con discapacidad, migrantes, minorías, niños, personas de edad, jóvenes Los pobres, los trabajadores informales socialmente excluidos

Comunidades enteras, regiones

¿Por qué?

Capacidades limitadas Ubicación, posición en la sociedad, períodos sensibles del ciclo de vida Poca cohesión social, instituciones poco receptivas, gobernanza deficiente

Vulnerabilidad

Fuente: oficina del Informe sobre Desarrollo Humano.

los conceptos de

vulnerabilidad y resiliencia aportan mucho al enfoque basado en el desarrollo humano, orientándose no solo hacia los logros sino también hacia el riesgo y la incertidumbre.

pobreza si se encuentran “por debajo o en situa- ción de riesgo de situarse por debajo de cierto umbral mínimamente aceptable de oportunida- des decisivas en diferentes dimensiones, como la salud, la educación, los recursos materiales y la seguridad.”12 Es probable que dichos umbra-

les varíen de acuerdo con el nivel de desarrollo. La pobreza y la vulnerabilidad están relacio- nadas, son multidimensionales y, en ocasiones, se refuerzan mutuamente. Pero no son palabras sinónimas. Mientras que la vulnerabilidad es normalmente un aspecto importante relaciona- do con el hecho de ser pobre, ser rico no signi- fica no ser vulnerable. Tanto la pobreza como la vulnerabilidad son conceptos dinámicos. Del mismo modo que algunos pobres pueden no serlo durante toda su vida, es probable que los ricos no sean vulnerables todo el tiempo o a lo largo de toda sus vidas.

Sin embargo, los pobres son inherentemente vulnerables porque carecen de las capacidades básicas suficientes para desempeñar plenamente sus funciones. Sufren a causa de las miserias que pasan. No solo carecen de los activos materiales adecuados, sino que suelen tener una educación y una salud escasas y suelen sufrir deficiencias en otros ámbitos. Del mismo modo, su acceso a los sistemas judiciales puede verse limitado.13

Suelen ser intrínsecamente vulnerables. Los pobres ya se encuentran por debajo del umbral crítico de la pobreza. Si bien las perso- nas se vuelven vulnerables al enfrentarse a una situación de alto riesgo que las puede llevar a colocarse por debajo de ese umbral, los pobres que ya estén por debajo de ese umbral son todos vulnerables. Esto es así por definición, aunque se trata de algo más que una mera cuestión de definiciones. Toda persona que carezca de los mínimos necesarios para poder llevar una vida aceptable es realmente vulnerable.

Casi 2.200 millones de personas son vul- nerables ante la pobreza multidimensional, incluidos 1.500 millones que son pobres a nivel multidimensional.14 Tres cuartos de los pobres

del mundo viven en zonas rurales, donde los trabajadores agrícolas son los que más sufren la incidencia de la pobreza, atrapados en una encrucijada de baja productividad, desempleo estacional y salarios bajos.15 A nivel mundial,

1.200 millones de personas (el 22%) viven con menos de 1,25 USD al día. Al aumentar la línea de la pobreza económica hasta 2,50 USD al día

la tasa de pobreza económica mundial se sitúa en aproximadamente el 50% o 2.700 millones de personas.16 Elevar la línea de la pobreza de esa

manera implica encontrarse con un gran nú- mero de personas potencialmente vulnerables a la pobreza o a disminuciones significativas de sus rentas o ingresos. En Asia Meridional, un 44,4% de la población, unos 730 millones de personas, viven con 1,25–2,50 USD al día.17

Muchos de los que recientemente han pasado a formar parte de la clase media pueden volver a la situación de pobreza empujados por un cam- bio repentino en sus circunstancias.

Hemos visto disminuir la proporción de pobres con rentas bajas y de pobres desde un punto de vista multidimensional, pero esto no significa necesariamente que se haya reducido su vulnerabilidad (capítulo 3). Una parte con- siderable de la población se encuentra al borde del umbral de pobreza (los “casi pobres”), y esta segmentación implica que las crisis idiosincrá- ticas o generalizadas puedan empujar a un gran número de personas a la pobreza.

No obstante, la vulnerabilidad va más allá. Una salud frágil, la pérdida del trabajo, el acceso limitado a los recursos materiales, las recesiones económicas y un clima inestable son factores que hay que añadir a la vulnerabilidad de las personas y a la inseguridad económica, espe- cialmente cuando los planes de mitigación no se han establecido correctamente y las medidas de protección social y los sistemas de salud no son suficientemente robustos y exhaustivos. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), solo un tercio de los países del mundo (un 28 por ciento de la población mun- dial) ofrece una protección social exhaustiva a sus ciudadanos.18

Con una protección social limitada, las cri- sis financieras pueden provocar rápidamente profundas crisis sociales. El índice de pobreza en Indonesia se disparó del 11 por ciento al 37 por ciento durante la crisis financiera de Asia a finales de los años noventa.19 De igual modo,

la crisis financiera mundial de 2007-2008 provocó un fuerte aumento del número de tra- bajadores pobres. La OIT estima que en 2011 había 50 millones más trabajadores pobres de lo que se proyectaba para ese año antes de que sobreviniera la crisis. Entre 2007 y 2011, solo 24 millones consiguieron colocarse por encima de la línea de pobreza económica de 1,25 USD

Con una protección social limitada, las crisis financieras pueden provocar rápidamente profundas crisis sociales.

al dia en comparación con los 134 millones que lograron lo mismo entre 2000 y 2007.20

El trabajo es una de las cosas que aporta segu- ridad a las personas. El trabajo ofrece y preserva los medios de subsistencia, aunque más impor- tante que reducir la vulnerabilidad es tener acceso a trabajos decentes, que cuenten con las protecciones sociales necesarias. En el contexto actual han aparecido diferentes fuerzas que en conjunto hacen más difícil encontrar un trabajo decente. Una es la globalización, que ha gene- rado tensión al interior de muchos países al li- mitar sus posibilidades de “amortiguamiento” o adaptación ante cambios adversos.21 A esto hay

que añadir la fuerte creencia en los mercados que se corrigen solos, los mercados de trabajo especialmente flexibles y en las políticas macro- económicas que se centran más en la estabilidad de los precios que en el empleo pleno. Cuando azota la crisis, tanto el aumento del desempleo como la restricción, o incluso la ausencia, de las protecciones sociales hacen que aumente la inseguridad económica y la vulnerabilidad.

Si se mejoran las capacidades (en materia de salud, educación y control de los recursos) se es- tará abordando la vulnerabilidad al empoderar a las personas para superar las amenazas cuando lleguen y donde lleguen. No obstante, puede que un alto nivel de capacidades por sí solas no sea suficiente –las mujeres pueden sentirse in- seguras independientemente de su educación. Además, las personas tampoco actúan solas –el modo en que los individuos se relacionan con los demás o en grupos puede determinar cómo protegen a las personas durante las crisis. Tanto las normas y valores restrictivos que frenan la evolución de ciertos grupos (como las mujeres y minorías), como la falta de cohesión en la

sociedad que limita la acción colectiva, influyen en el modo en que las personas y comunidades responden ante los riesgos y amenazas.

También vemos aquí una cuestión intrínseca: normalmente los riesgos suelen ser más grandes para los pobres que para los ricos. Las personas pobres y los países pobres están especialmente sujetos a la vulnerabilidad. Se enfrentan a crisis más fuertes, tienen menos capacidad de adapta- ción y reciben menos compensaciones (si acaso ninguna) en esas situaciones.

Outline

Documento similar