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Este informe enfoca la vulnerabilidad desde la perspectiva del desarrollo humano y va más allá de la mera interpretación de la vulnerabilidad como una exposición a riesgos. Este punto de vista destaca el papel que desempeñan las capacidades humanas en minimizar las conse- cuencias adversas derivadas de crisis o amenazas persistentes. También revela factores impor- tantes subyacentes a la vulnerabilidad, tales como la exclusión y la discriminación, que no serían tan evidentes desde un simple enfoque basado en los riesgos. Las causas estructurales subyacentes a la vulnerabilidad son la clave para entender por qué algunos grupos y personas se encuentran sistemáticamente en una situación peor cuando se ven afectados por un desastre o

incluso a la hora de tener una vida más segura, sin amenazas violentas.

Un enfoque basado en los riesgos recomen- daría políticas como el uso de seguros para gestionar el riesgo. Aunque estas políticas son importantes, el enfoque basado en el desarrollo humano se orienta hacia un abanico más amplio de políticas que aumentan la fortaleza de los individuos y sociedades, y sugiere una serie de principios fundamentales que se pueden seguir y desarrollar en políticas concretas para reducir la vulnerabilidad y construir la resiliencia.

Las personas con mayor desarrollo humano, especialmente aquellas con buena salud y edu- cación, tienen más resiliencia que aquellas con desnutrición, sin educación y, por tanto, en una posición más débil que no le permite cambiar de actividad o ubicación como reacción ante eventos adversos. Poseer activos permite a las personas proteger sus capacidades básicas al usar estos activos cuando las circunstancias em- peoran. Pero el contexto social y las relaciones de poder están muy ligados a la vulnerabilidad de las personas. Las minorías o las personas que viven con discapacidades, por ejemplo, incluso aquellas sanas y con educación, pueden sentirse vulnerables si no pueden expresar sus preocupaciones abiertamente, si el sistema po- lítico no se toma en serio sus opiniones o si las instituciones no les sirven como deberían. Del mismo modo, la naturaleza de los riesgos, espe- cialmente cuando son persistentes o sistémicos, es importante para definir las vulnerabilidades específicas. La subida del nivel del mar, por ejemplo, presenta un riesgo a largo plazo para las comunidades costeras.

Para proteger el bienestar y minimizar las pérdidas cuando las circunstancias cambian, la gente o los hogares pueden hacer una serie de ajustes, como cambiar de ubicación o de acti- vidad, o gastar sus activos o solicitar prestamos. El conjunto de oportunidades disponibles de- pende de las capacidades de cada persona, de su posición en la sociedad y de su edad, así como de otros factores. Algunos grupos, como los po- bres y los casi pobres, puede que no dispongan de muchos ahorros o activos a los que recurrir. Cuando sobreviene una adversidad, se ven obligados a recurrir a estrategias perjudiciales como recortar en comida o reducir los gastos que invierten en salud o en educar a los niños.4

Por resiliencia humana se entiende que las personas puedan valerse de sus oportunidades de forma libre y segura, entendiéndose también que lo hagan teniendo la seguridad de que las oportunidades que tienen hoy no las van a perder mañana. Aunque ser menos vulnerable suele ir unido al hecho de ser más resiliente, la resiliencia es mucho más que un simple reflejo de la vulnerabilidad. Quizás sea posible reducir la vulnerabilidad si reducimos la aparición de crisis y amenazas. No obstante, la resiliencia de la sociedad puede permanecer intacta a no ser que se apliquen también otras medidas. Si queremos construir la resiliencia, puede que sea necesario formular políticas que desarrollen las comunidades, que eliminen las barreras que impiden expresarse de manera individual y que refuercen las normas para ayudar a otras perso- nas necesitadas. Un modo útil de entender esta relación es transitar por el camino que lleva “de la vulnerabilidad a la resiliencia”.

La vulnerabilidad de las personas ante even- tos adversos concretos depende no solo de su propia resiliencia, sino también de cómo otros tratan a aquellas personas que sufren por causa de dichos eventos. Las instituciones capaces de prestar apoyo a aquellos que se encuentran en situaciones adversas incluyen una serie de insti- tuciones sociales y gubernamentales que pueden ser de ámbito local, nacional o internacional. Las instituciones sociales son aquellas en las que las personas actúan en conjunto, pero con exclu- sión de las instituciones mercantiles sin ánimo de lucro y el Estado.5 Las instituciones sociales

importantes incluyen redes familiares (como las redes familiares mundiales), organizaciones comunitarias y organizaciones no gubernamen- tales. La intensidad del apoyo que prestan las instituciones sociales depende de una serie de normas comunes (por ejemplo, en qué medida prestar ayuda durante la adversidad se entiende como una obligación social) y de sus competen- cias sociales o habilidades para prestar ayuda.6

Un enfoque basado en el desarrollo huma- no no estará completo hasta que incorpore la vulnerabilidad y la resiliencia en el análisis. La evolución sostenible del desarrollo humano es una cuestión de ampliar las oportunidades de las personas y mantenerlas seguras. El mundo ha experimentado avances en el desarrollo hu- mano durante cierto tiempo. Pero cada vez más, estos avances parecen verse amenazados por la

incertidumbre, la persistencia de las desigualda- des y el cambio climático. Entender la vulnera- bilidad y la resiliencia en su sentido completo se vuelve una necesidad a la hora de definir las políticas y acciones que puedan mantener estos progresos.

Esto se reconoció en el Informe sobre

Desarrollo Humano de 1994 que trataba sobre seguridad humana. La seguridad humana se de- finió entonces mediante dos aspectos principa- les: “En primer lugar significa estar libres de las constantes amenazas del hambre, la enferme- dad, el delito y la represión. Y en segundo lugar, significa protección contra crisis repentinas y perjudiciales en la pauta de nuestras vidas coti- dianas, ya sea en relación con nuestros hogares,

nuestros empleos o nuestras comunidades.7

En el Informe sobre Desarrollo Humano de

1994 y en las últimas Comisiones de Ogata y Sen sobre seguridad humana, tener una buena seguridad humana se interpreta como que se ha alcanzado un buen nivel de desarrollo humano y que la gente está relativamente protegida contra peligros derivados de la economía, de una salud frágil, de la violencia y del deterioro medioam-

biental.8 El informe de este año, además de

encajar perfectamente con el enfoque basado en el desarrollo humano, hace hincapié en la vulnerabilidad, en las amenazas que impiden el desarrollo humano y las formas para reducirlas. Esta es una forma más directa de abordar una cuestión tan compleja, especialmente teniendo en cuenta que el enfoque basado en la seguri- dad humana ha sido interpretado de muchas formas desde 1994. Algunos han relegado la seguridad humana a la protección de los indi- viduos contra agresiones físicas,9 mientras que

otros han utilizado el término para tratar casi cualquier aspecto del desarrollo.10 El enfoque

de la vulnerabilidad es aquí más extenso que la primera interpretación, pero no tan amplio como la segunda. Comprende la vulnerabilidad derivada de cualquier tipo de acontecimiento adverso que pueda amenazar las capacidades y oportunidades de las personas.

Una motivación mayor para adoptar este en- foque es el hecho de que a pesar de los avances logrados en el desarrollo humano en muchos países y en muchos sentidos (capítulo 2), la vul- nerabilidad de muchas personas es alta y quizás siga aumentando. Ha habido un aumento de los peligros naturales asociados al cambio climático

un enfoque basado en el desarrollo humano no estará completo hasta que incorpore la vulnerabilidad y la resiliencia en el análisis.

y de las fluctuaciones económicas relacionadas con la globalización y la recesión de finales del 2000. Más concretamente, la inseguridad laboral parece haber aumentado tanto en países ricos como en países pobres,11 al mismo tiempo

que se siguen manteniendo las amenazas de las pandemias mundiales. En algunas partes del mundo, especialmente en Oriente Medio y en zonas de África, la violencia política es una amenaza importante y los incidentes terroris- tas han provocado nerviosismo a nivel global. Encontrar políticas que reduzcan estas amena- zas, aumenten la resiliencia humana y protejan a las personas cuando se enfrentan a peligros es una prioridad urgente desde el punto de vista del desarrollo humano.

Los conceptos de vulnerabilidad y resi- liencia aportan mucho al enfoque basado en el desarrollo humano, orientándose no solo hacia los logros sino también hacia el riesgo y la incertidumbre. Gracias a ellos, podemos explorar los posibles aspectos negativos de cual- quier nivel dado del desarrollo humano y crear políticas para protegerlo y lograr mejoras más resilientes. Desde una perspectiva diferente, hacen hincapié en el desarrollo humano seguro y sostenible. Cuando las personas se enfrentan a la vulnerabilidad y cuando sus vidas se ven limitadas sistemáticamente durante el impacto inicial, es probable que sus capacidades se vean mermadas a largo plazo. Y estas peores condi- ciones, especialmente en el caso de los niños

y las mujeres, pueden acarrear consecuencias intergeneracionales.

Gente vulnerable en un

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