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Eje de Promoción de Derechos

LAS ETAPAS DEL TRABAJO GRUPAL

El trabajo grupal se organiza en etapas, las cuales no responden estrictamente a una lógica secuencial. Se trata de una categorización de acciones y estrategias que apuntan hacia la meta establecida para la función

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promocional: generación de condiciones para el ejercicio y goce responsable de los derechos infanto-juveni- les previamente identificados y seleccionados a partir del diagnóstico territorial.

El proceso de promoción consiste en la incorporación de niños, niñas y adolescentes a un programa par- ticipativo y sistemático de actividades estratégicamente diseñado, atendiendo a la heterogeneidad grupal y, por tanto, diferenciado acorde a las características de cada uno de los grupos (tramo etáreo, afinidades, etc.). En esta perspectiva debe intencionarse la estructuración funcional hacia el logro de un cierto grado de organización intergrupal.

La consolidación grupal se refuerza con el desarrollo de hábitos orientados a fomentar el diálogo, la for- mación y aplicación de estrategias no-violentas para la resolución de conflictos, así como el ejercicio del protagonismo mediante la planificación, gestión y ejecución de actividades y proyectos (siempre acorde a las edades y las capacidades instaladas). Lo anterior permite transformar a los grupos en una verdadera red de apoyo social, intencionando procesos de participación efectiva a través de iniciativas comunitarias y comunales.

La intervención busca la legitimación de los grupos y la complicidad con las respectivas familias y otras instancias poblacionales y comunales. De esta manera, se refuerza este conjunto de resultados esperados con el concurso de agentes claves en el ámbito educativo, quienes contribuyen con su apoyo a la motivación escolar y al aumento de la accesibilidad al sistema escolar formal. Todo el proceso se alimenta con inter- venciones individuales a través de la intervención preventiva para aquellos niños, niñas y adolescentes con experiencias específicas.

La intervención promocional-grupal es de responsabilidad de los profesionales a cargo del eje de promoción de derechos (incluyendo el director del centro), independiente de la responsabilidad específica que corres- ponda a educadores y monitores voluntarios o remunerados.

Etapa 1: Acogida y construcción del grupo

Se convoca a niños, niñas y adolescentes en forma individual o a un grupo de pares pertenecientes al sec- tor de inserción, dividiéndolos en grupos según edad, afinidad u otros criterios de importancia. Luego, los mismos integrantes amplían la convocatoria a otros que forman parte de sus grupos de pares primarios y/o funcionales de origen. Además, cada grupo se nutre a través de derivaciones de vecinos, organizaciones, instituciones, dirigentes poblacionales, escuelas del sector o por medio de la OPD y CTD, en el caso que corresponda al territorio. Es posible que el equipo a cargo de la promoción inicie su labor con un grupo espontáneo o natural existente (grupo de esquina, grupo de amigos de juego, etc.), o con los niños, niñas y adolescentes ingresados a un centro preexistente, antes de su reconversión.

En esta etapa se espera que se produzca la mayor cantidad de ingresos, tendiendo hacia la estabilización. Corresponde en esta etapa la realización de las siguientes operaciones: Formalización del ingreso de los niños, niñas y adolescentes a la red Sename y registro de datos básicos en una ficha o pauta de individualización. Es este el momento de la realización del diagnóstico grupal. De esta forma, en la medida que el grupo ad- quiere cierto grado de consolidación, se promueven técnicas del diagnóstico participativo, adecuadas a la edad y capacidades instaladas. Así, por ejemplo, se realizan dinámicas para la (re)construcción de la historia grupal, de sociogramas, ecomapas, etc. En este diagnóstico es importante alentar tanto a niños como niñas para que puedan dar sus opiniones y participar activamente en la elaboración de éste.

133 En esta etapa, el proceso de diagnóstico es complementado con la elaboración de un plan de trabajo grupal

que debe considerar, a lo menos, la definición de los objetivos y metas o resultados esperados. El plan debe reflejar los intereses de sus participantes, considerando de manera diferenciada las necesidades de hombres y mujeres.

Tiempo estimado de la etapa: Dos meses. Etapa 2: Consolidación.

Lo central de la etapa es la labor educativa, asumida desde una concepción que incorpora la reflexión acerca de los recursos y valores propios de la comunidad de pertenencia y de los derechos priorizados. Desde esta centralidad se busca intencionar el pensamiento crítico, la solidaridad, la mediación como estrategias de resolución no violenta de conflictos.

Es el momento de revisar el diagnóstico y el plan de trabajo grupal con el objetivo de construir participati- vamente un plan de trabajo grupal con carácter más definitivo. Para quién es agente de intervención, es de suma importancia compartir con el grupo los objetivos generales y específicos del eje de promoción defi- nido por el centro. Las estrategias y técnicas que se realizarán siempre deben ponderarse según las edades y capacidades instaladas en el grupo, compartiendo en forma equitativa y participativa la asignación de responsabilidades en la ejecución del plan y sus tareas o actividades específicas. Igualmente, es importante revisar constantemente las acciones de niños y niñas para no reforzar estereotipos de género.

Se espera que en esta segunda etapa se constituya un núcleo estable de integrantes, instancia que se debe preparar y acompañar cada vez que se presenta un nuevo ingreso.

Tiempo estimado de la etapa: seis meses o más, según el ritmo y las capacidades instaladas del grupo en particular.

Etapa 3: Acción, autonomía, interdependencia.

El grupo cumple con una doble función: es una instancia de acogida, protección y seguridad. Mientras en las etapas anteriores se refuerza la consolidación grupal, en ésta se fomenta un ambiente que promueva su apertura a los recursos culturales disponibles. En esta etapa se promueve el interés por conocer y com- prometerse con la comunidad, desde y con el apoyo del grupo. Deben considerarse una vez más la etapa evolutiva en que se encuentran los integrantes del grupo, además de sus recursos, las capacidades instaladas o adquiridas y las motivaciones y aspiraciones de los integrantes del propio grupo.

Esta etapa requiere de un plan de trabajo grupal de mayor elaboración en lo que guarda relación con los objetivos, metas o resultados esperados, plazos y procedimientos para su evaluación. El plan debe ser en- riquecido con los aportes de los integrantes del grupo, para cuyo efecto se debe alentar la participación individual o grupal, de manera de incentivar las responsabilidades individuales o compartidas en la ejecución del plan.

Se contempla realizar una evaluación de carácter cíclico en dos niveles: una con y para los integrantes del grupo, en conjunto con el educador(es) y monitor(es) y otra desde el eje de promoción del centro. Estas evaluaciones deben incluir los avances logrados relativos al proceso hacia la autonomía del grupo.

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Tiempo estimado de la etapa: Un año o más, según el ritmo y las capacidades instaladas del grupo en par- ticular.

Etapa 4: Egreso y seguimiento.

El egreso puede producirse en cualquier momento del proceso grupal. Importa en este sentido la delibera- ción por parte del equipo técnico y el propio niño o niña acerca del nivel de autonomía alcanzado y del nivel de integración en los contextos familiar y social, expresado en el ejercicio de derechos.

El egreso esperado se relaciona con la vinculación o integración del niño, niña o adolescente a alguna instan- cia de participación, incluyendo condiciones que garanticen una mejor relación en la dinámica o convivencia familiar. La determinación del egreso es análoga con la existencia de condiciones que promuevan la conti- nuidad del proceso de desarrollo iniciado con el niño, niña o adolescente.

Considerando la importancia de reforzar la promoción de derechos, es conveniente orientar el trabajo rea- lizado hacia las familias de estos niños, niñas y adolescentes para informarlos de lo que se hace y fortalecer la intervención y prevenir vulneraciones, intencionando la participación del otro adulto ausente en las acti- vidades del proyecto (especialmente la del padre).

Junto con el egreso, sea individual o colectivo, se requiere de la elaboración de la fundamentación del egre- so, del registro de la identificación del lugar de egreso y la identificación de con quién egresa.

El seguimiento de los egresados implica la elaboración de estrategias asociadas a las distintas realidades, entre éstas se incluye la convocatoria a grupos ya egresados para establecer instancias de encuentro. Tiempo estimado de la etapa: hasta seis meses post egreso.