Como mencionamos antes, la labor de la coordinación del equipo de trabajo resulta fundamental en su responsabilidad de cuidado de éste, por lo cual es importante crear y asegurar condiciones de trabajo que se sustenten en relaciones de confianza, bajo estilos de liderazgo democrático, preocupación, seguridad integral y condiciones de resguardo para todos los miembros del grupo de trabajo. En otras palabras, lograr un clima laboral armónico, reforzando la labor multidisciplinaria desde el comienzo.
También apunta a los estilos de supervisión del trabajo, en función de mantener de modo organizado espa- cios de descompresión del equipo. Por ejemplo, en reuniones técnicas cuya finalidad sea compartir, desde las distintas experticias, modelos conceptuales, decisiones y acciones a ejecutar que apunten a la resolución de los problemas.
Las actividades de perfeccionamiento contribuyen a mejorar el clima laboral, ya que permiten lograr una base teórica e ideológica común, pues los niveles de conceptualización compartidos contribuyen a disminuir ambigüedades y a lograr la integralidad dentro del equipo de profesionales.
Factores protectores a nivel de la red profesional
La dificultad de abordar materias emocionalmente intensos, nos lleva a retomar el tema de las redes de apo- yo profesional en el enfrentamiento de estos problemas. La activación y formación de redes profesionales es un recurso fundamental para el cuidado de los grupos de trabajo, ya que permite establecer los vínculos para posibles derivaciones en los casos que se requieran, seguimiento y evolución de éstos.
Esta labor puede resolverse en forma compartida, ideando herramientas de catastro de aquellos lugares relacionados con el grupo usuario y el tema de intervención. Cada área de desempeño profesional estará a cargo de construir su red de apoyo profesional y mantenerse en contacto con las contrapartes.
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ANEXO 3: TEORÍA DEL APEGO
Respecto de la condición de los vínculos que los niños y niñas mantienen en la infancia se releva la teoría del apego, desarrollada por John Bowlby (1969, 1973, 1980) y que postula que el apego es una necesidad humana universal que permite formar vínculos afectivos estrechos.
Lo central de esta teoría radica en la reciprocidad de las relaciones tempranas que mantienen los niños y niñas con las personas que les rodean. Este vínculo contribuye a la creación de un “núcleo de estado seguro” en la personalidad. Este vínculo permitirá fluidez en las posteriores relaciones en su vida.
Este apego se ve influenciado primero, por el comportamiento de los otros frente al niño o niña, a su forma de acercamiento a ellos; segundo, por la conceptualización mental referente a las personas que quiere y por las que siente estima; y, la tercera, por el aspecto emocional, que tiene que ver con el sentimiento de segu- ridad que experimenta el niño o niña en compañía de las personas que constituyen su contexto familiar. La activación de conductas de apego depende de la evaluación por parte del niño o niña de un conjunto de señales del entorno, que dan como resultado la experiencia subjetiva de seguridad o inseguridad. La expe- riencia de seguridad es el objetivo del sistema de apego, que es, por tanto y por encima de todo, un regulador de la experiencia emocional (Sroufe, 1996).
La calidad de las interacciones que mantienen los niños o niñas con las personas que los rodean, afecta su comportamiento de por vida, por lo cual es necesario mostrar cómo se ven afectados por un apego distor- sionado.
Cuando se da un apego ansioso-ambivalente es porque las madres no interpretan adecuadamente las de- mandas y necesidades del niño o niña y son incoherentes en sus comportamientos, ésto crea un modelo interno de relaciones basado en la falta de seguridad o protección.
Cuando se da un apego ansioso-evitativo es porque las madres se comportan de un modo maternal irres- ponsable, con un sentimiento de rechazo hacia su hijo/a y pueden ser autoritarias, incondescendientes e impacientes con él. Estos síntomas a veces van acompañados, contradictoriamente, de una actitud pro- tectora en exceso o con demasiada estimulación, esto crea un modelo interno de relaciones basado en el distanciamiento para evitar el rechazo.
Cuando se da un apego ansioso-desorganizado, es porque las madres presentan conducta negligente y com- portamiento cíclicos de protección y de rechazo o maltrato o abuso hacia el niño o niña. Esto construye en el niño o niña un modelo interno de relaciones con los demás basado en la inseguridad y el descontrol. El apego seguro se da cuando la madre responde e interpreta adecuadamente las demandas y necesidades del niño o niña y expresa cariño y atención frecuentes, por esto el niño o niña construye un modelo in- terno de relaciones con los demás basado en la disponibilidad y el afecto (Amanda Jiménez Almansa, “Las Relaciones Familiares: El Apego”).
Las características de las relaciones del hijo o hija con su madre influyen en el repertorio emocional y social que tenga el niño o niña para enfrentar las siguientes responsabilidades que se le dan en la vida. En esta relación interfieren situaciones que afectan a su vez a la madre y a la familia en general: desear o no al hijo
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o hija, constituir una familia numerosa, la edad de los padres, el marco disciplinario, la pobreza y el nivel de educación, entre otros.
Además la mayoría de los expertos en sicología de niños, niñas y adolescentes reconocen que el ambiente ideal para la crianza es la familia. El cuidado diario y directo de los padres es particularmente importante en los primeros meses de vida. La situación ideal no es siempre posible, por ende es necesario evaluar cuidado- samente el papel que juegan los hogares de cuidado en los primeros años de la vida de un niño o niña. Todos los expertos están de acuerdo en que, si hay que usar este tipo de cuidado, la cantidad y calidad del tiempo que los niños o niñas pasan allí es significativo para su desarrollo.
Cada etapa de desarrollo requiere de cuidados especiales:
•
En los primeros años de vida el niño y la niña ejercitan sus funciones sensoriales y motoras, lo que le permite establecer un contacto progresivamente más activo con el mundo que los rodea. En este periodo de vida se produce la mayor parte del desarrollo de las células cerebrales, fenómeno que va acompañado por la estructuración de las conexiones neuronales del cerebro. Este período inicial es la base para el desarrollo posterior de las funciones cognitivas.Es también en esta etapa de la vida que, a partir de la interacción del niño/a con sus cuidadores principa- les, se sientan las bases del desarrollo afectivo. Alrededor de los dos años de vida se va estructurando el lenguaje, lo que significa para el niño/a ampliar su capacidad de pensamiento y comunicación, es decir, en esta etapa se adquieren las competencias básicas para la vida social y aprenden las primeras pautas de interacción decisivas para la adaptación a distintas personas y grupos humanos, esto es lo referente al desarrollo social del niño/a.
Por lo anterior, los niños y niñas menores de dos años y medio necesitan más adultos que se preocupen por ellos en un contexto de cuidado y mucha atención individual, que la misma persona los cuide por un período extenso, que quien los cuide juegue y hable con ellos, les sonría, los alabe y disfrute de su com- pañía. Esta persona debe estimular el desarrollo social del niño y la niña, el comportamiento positivo y debe saber ponerle límites al comportamiento negativo.
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En la niñez temprana (de 3 a 6 años), el desarrollo motor continúa en evolución, aumentando la coordi- nación y la fuerza, el niño/a realiza los movimientos con mayor control. En el desarrollo cognitivo existe mayor utilización del lenguaje y del pensamiento simbólico, es capaz de expresar más claramente lo que desea comunicar, el pensamiento es egocéntrico. En el aspecto afectivo, la identificación afectiva con el padre o con quien lo reemplace es decisiva para ir creando en el niño/a el desarrollo de la constancia, la motivación para el éxito, el comportamiento auto-afirmativo y el análisis y resolución de problemas. En lo social, primero el niño/a siente necesidad de aislarse para gozar de su mundo mágico y, en un segundo momento, va necesitando de la compañía de sus padres y va aprendiendo a compartir.En la niñez intermedia (de 6 a 12 años) el desarrollo motor se consolida, el niño/a es más hábil y diestro con su cuerpo en términos de rapidez, fuerza y coordinación. La estatura y peso que alcanzan les permite realizar juegos físicos y deportes. En el aspecto cognitivo existen progresos notables en la conducta y en la socialización del pensamiento, la voluntad y los sentimientos morales. Es la etapa de las operaciones concretas, amplía su interés por todo lo que le rodea, necesita hacerse preguntas y compartir sus ideas con los otros, esto lo lleva a la cooperación. En el desarrollo afectivo-social se amplia el mundo social. Su
99 participación en la familia y escuela, le permite desarrollarse física, intelectual, emocional y socialmente,
por lo que los mayores de tres años pueden ser cuidados en grupos de niños y niñas donde puedan diver- tirse y aprendan a relacionarse con otros.
Como es sabido, los programas innovadores dirigidos incentivan la participación de padres y otros actores de la comunidad en el cuidado de niños/as, movilizan variados recursos comunitarios, lo que permite enriquecer y hacer más integrales las intervenciones. Estos programas deben tener el imperativo de identificar formas de apoyar a los niños/as para que logren las habilidades que necesitarán para relacionarse con una sociedad rápidamente cambiante y protegiendo activamente, y al mismo tiempo, sus identidades culturales.