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El estrés de pertenecer a una minoría

In document Val Morrison Paul Bennett (página 78-80)

Una segunda explicación de las desventajas en la salud de las personas de los grupos minoritarios se centra en el efecto social que tiene el pertenecer a una minoría. Las minorías étnicas pueden experimentar más fuentes de estrés que la mayoría de la población a consecuencia de factores de estrés específicos, como la discriminación, el acoso racista y los problemas que acarrea tener que mantener su propia cultura o cambiar de cultura.

Un campo en el que esto ha quedado patente es en las tasas relativa- mente elevadas de enfermedades cardiovasculares e hipertensión entre los

varones de color estadounidenses (Onwuanyi, Clarke y Vanderbush, 2003). Se ha propuesto una serie de interpretaciones para explicar este fe- nómeno. Una que se solía utilizar con frecuencia en la década de 1970 era que la presión arterial de los hombres de color aumentaba más cuando experimentaban situaciones de estrés y fuertes emociones como la ira en comparación con sus homólogos blancos y que experimentaban esas emo- ciones con más frecuencia. Se pensaba que este proceso elevaba paulatina- mente la presión arterial en estado de reposo hasta que el individuo afecta- do presentaba una condición de hipertensión a largo plazo (véase también

el Capítulo 8). En otras palabras, este problema de salud estaba relaciona- do con diferencias biológicas genéticas entre las poblaciones blanca y ne- gra. Más recientemente se han adjudicado estas diferencias a los distintos contextos sociales que pueden experimentar los individuos pertenecientes a estos dos grupos. El incremento de la presión arterial y la mayor reactivi- dad encontrada entre los varones de color se consideran, en la actualidad, el resultado del mayor estrés al que están expuestos en comparación con sus homólogos blancos.

La evidencia que respalda esta explicación se puede encontrar en el tra- bajo de Harburg, Erfurt, Chape et al. (1973), quienes no han encontrado diferencias de presión arterial entre personas blancas y de color que viven en zonas de poco estrés. Por el contrario, las medidas más altas de la pre- sión arterial que encontraron eran de las personas de color que vivían en áreas de baja renta y elevada criminalidad. Análogamente, James, La- Croix, Kleinbaumet al. (1984) encontraron que la alta presión arterial de los varones de color estaba relacionada con una baja seguridad laboral, la falta de éxito laboral y la discriminación. Un estudio experimental realiza- do por Clarke (2000) añadía más datos. En este estudio, Clarke encontró en una muestra de jóvenes mujeres afroamericanas que, cuanto más afir- maban que habían experimentado actos de racismo, mayor era el incre- mento de su presión arterial durante una tarea en la que tenían que hablar de sus opiniones y sentimientos sobre los derechos de los animales. Según este autor, esto indica que habían desarrollado una mayor reacción emo- cional y psicológica en relación con el estrés general debido a sus respues- tas a largo plazo ante el racismo. Esto, a su vez, estaba contribuyendo al desarrollo a largo plazo de la hipertensión (Brosschot y Thayer, 1998). Otra explicación relacionada con ésta, conocida como «John Henrismo», sugiere que los varones de color con éxito han tenido que esforzarse más que sus homólogos blancos para lograr ese éxito y sus incrementos de presión arte- rial reflejan el estrés de ese esfuerzo (Merritt, Bennett, Williams et al., 2004;véase tambiénel cuadroEN EL PUNTO DE MIRAdel Capítulo 8).

Acceso a la atención sanitaria

Una tercera explicación de la mala salud relativa entre las minorías étnicas puede encontrarse en los problemas que tienen algunos para acceder a la atención sanitaria. Además, una vez dentro del sistema hospitalario, los pacientes pertenecientes a minorías étnicas pueden tener menos posibilida- des de recibir tratamientos más caros que un paciente blanco. Mitchell,

Ballard, Matchar et al. (2000), por ejemplo, han encontrado que, tras ha- cer el ajuste en función de los factores demográficos, la presencia de otras condiciones de salud y la capacidad de los pacientes para pagar, los pa-

Ataques de isquemia transitoria

Breve periodo en el que hay un flujo sanguı´neo reducido en el cerebro, lo que da lugar a sı´ntomas que incluyen breves periodos de confusión, debilidad y otros sı´ntomas neurológicos menores.

cientes afroamericanos con ataques de isquemia transitoria tenían signifi- cativamente menos probabilidades de ser sometidos a pruebas diagnósticas especializadas o de recibir tratamiento de un médico especialista que los pacientes blancos. Además, existe una evidencia consistente que afirma que en Estados Unidos las personas de color tienen menos probabilidades que los blancos de recibir cirugía curativa en las primeras etapas del cán- cer de pulmón, colon o mama (por ejemplo, Brawley y Freeman, 1999) y que esta falta de cirugía da lugar a mayores tasas de mortalidad entre las personas de color que entre los blancos. Además, las personas de color con problemas renales crónicos tienen menos probabilidades de ser remitidas a un tratamiento de trasplante y tienen menos probabilidades de recibir un trasplante que los blancos (Ayanian, Cleary, Weissmanet al., 1999).

En el Reino Unido, muchas de las desigualdades relacionadas con la atención sanitaria parecen deberse más a disparidades económicas que ét- nicas. Las personas chinas consultan a su médico de cabecera menos que los blancos y que los afroasiáticos. Sin embargo, todos los demás grupos consultan más (Nazroo, 1997). Por desgracia, las comunidades pobres que corren más riesgo de tener una mala salud suelen tener un menor acceso a toda la gama de servicios de prevención, un fenómeno conocido como «ley de prevención inversa» (Acheson, 1998). Además, hay factores específicos que pueden afectar a algunos grupos étnicos. El acceso a médicos de cabe- cera mujeres es más bajo en las áreas con elevadas concentraciones de residentes asiáticos (Birmingham Health Authority, 1995), un factor que puede inhibir el uso que hacen las mujeres asiáticas de los servicios de atención sanitaria y, en particular, la participación en pruebas de diagnós- tico del cáncer de útero (Naish, Brown y Denton, 1994). El acceso a la atención secundaria (hospital) también puede afectar a algunas personas provenientes de minorías étnicas. Puesto que las tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares entre los sudasiáticos son un 40 por ciento superiores a las de la población en general, las tasas de intervenciones mé- dicas y quirúrgicas deberían ser superiores para esta población a las tasas generales. La evidencia sugiere que ocurre lo contrario, incluso después de hacer los ajustes en relación con el nivel socioeconómico y los factores geográficos (Goddard y Smith, 1998). Sin embargo, no hay evidencia de desigualdades sistemáticas en cuanto al acceso a otros muchos tratamien- tos hospitalarios (Gillam, Jarman, White y Law, 1989).

In document Val Morrison Paul Bennett (página 78-80)