Tal vez la minoría más evidente de cualquier población sean las personas que difieren de la mayoría en cuanto al color de su piel, su religión, etc., a menudo denominadas minorías étnicas. Nazroo (1998) señaló que la etnia implica una serie de cuestiones: idioma, religión, vivencia de raza y de migración, cultura, herencia cultural y formas de identidad. Cada una de estas cuestiones puede contribuir, de forma individual o colectiva, a las
diferencias de la salud de los distintos grupos étnicos. Por tanto, este autor advierte contra el peligro de considerar que todas las personas que perte- necen a todos los grupos étnicos minoritarios son una única entidad, no reconociendo así la realidad de sus distintos estilos de vida.
Estas advertencias quedan, tal vez, reflejadas en las conclusiones de los estudios realizados en el Reino Unido ya que, aunque las tasas de mala sa- lud y de mortalidad prematura entre los individuos pertenecientes a mino- rías étnicas son generalmente superiores a las de la población blanca, los individuos de ascendencia caribeña tienen una mejor salud (Wild y McKei- gue, 1997). Las enfermedades también difieren entre los grupos étnicos. Las tasas de enfermedades cardiovasculares entre los varones británicos del subcontinente indio, por ejemplo, son 36 veces superiores a la media
Hipertensión
Presión arterial crónicamente elevada (se considera elevada si la presión sistólica supera 160 y la diastólica 120).
Infarto cerebral
Implica un deterioro del cerebro debido a, o bien un derrame de sangre en el tejido cerebral, o bien a un bloqueo en una arteria, que impide que el oxı´geno y otros nutrientes lleguen a determinadas partes del cerebro. Se conoce cientı´ficamente como un accidente cerebro-vascular.
nacional. Entre los jóvenes, estas diferencias son aún mayores: los varones indios jóvenes tienen casi tres veces más probabilidades de desarrollar una enfermedad cardiovascular que sus homólogos blancos. La población afro- caribeña tiene tasas particularmente elevadas dehipertensión e infarto ce-
rebral, mientras que los niveles de diabetes son elevados entre los asiáticos.
Por el contrario, las tasas de cáncer de pulmón son relativamente bajas entre las personas de origen caribeño o de África Occidental (Balarajan y Raleigh, 1993).
Al buscar explicaciones a la relativa mala salud de las personas perte- necientes a minorías étnicas hay que tener presente una serie de cuestiones. Tal vez la más importante sea que hay un número desproporcionadamente elevado de personas pertenecientes a minorías étnicas que también se en- cuentran en grupos socioeconómicos bajos. Antes de sugerir que la perte- nencia a una minoría étnica influyepor sí solasobre la salud, es necesario tener en cuenta los efectos de estos factores socioeconómicos en cualquier comparación entre las minorías étnicas y la mayoría de la población. Esto se puede conseguir comparando las tasas de enfermedades entre los indivi- duos pertenecientes a las minorías étnicas y los individuos pertenecientes a la mayoría de la población en función de grupos de renta u otros indicado- res del nivel socioeconómico. Una vez realizadas estas comparaciones, cualquier diferencia en la mortalidad entre los dos grupos queda reducida. Por ejemplo, Haan y Kaplan (1985) han encontrado tasas de enfermedades y muertes prematuras significativamente superiores entre la población es- tadounidense blanca y negra (hasta una diferencia del 30%) que desapare- cía parcialmente tras aislar (partialling out) los efectos del nivel socioeco- nómico. Otros estudios (por ejemplo, Sorlie, Backlund y Keller, 1995) han encontrado una reducción, pero no una anulación, de las diferencias en el estado de salud tras tener en cuenta los efectos de la situación socio- económica.
La situación socioeconómica ejerce, sin duda alguna, una influencia dentro de las minorías étnicas: igual que para la población mayoritaria, las personas de los grupos socioeconómicos más altos viven generalmente más y disfrutan de más salud a lo largo de su vida que los que tienen menos recursos económicos (Harding y Maxwell, 1997; Davey-Smitet al., 1996). Sin embargo, destacando de nuevo el peligro de considerar que las perso- nas pertenecientes a las distintas minorías étnicas son un único grupo,
existen ciertas excepciones a esta regla. Por ejemplo, en el Reino Unido pa- rece que no hay un riesgo diferencial relacionado con el nivel socioeconó- mico de padecer enfermedades cardiovasculares entre los varones nacidos en el Caribe, o en África Occidental o Sudáfrica (por ejemplo, Harding y Maxwell, 1997). A pesar de estas notas de advertencia, existe un consenso general que afirma que la etnia sí que afecta a la salud, aunque hay dife- rentes factores que pueden afectar a los distintos grupos étnicos. Se ha pro- puesto una serie de explicaciones a estas diferencias. Estas explicaciones reflejan, en cierta medida, las relacionadas con el nivel socioeconómico: diferencias en conductas relacionadas con la salud, estrés y acceso a la atención sanitaria.
Diferencias en comportamiento saludable
Igual que con el nivel socioeconómico, la hipótesis conductual sugiere que las variaciones en los resultados de la salud se pueden explicar a partir de las diferencias de la conducta en los distintos grupos étnicos. Por ejemplo, en el Reino Unido, muchos varones afrocaribeños y asiáticos de origen punjabi consumen grandes cantidades de alcohol y desarrollan enfermeda- des relacionadas con el alcohol; el nivel de consumo entre los musulmanes es mínimo, donde la abstinencia total es común. La población asiática de Gran Bretaña tiene un consumo de materia grasa relativamente elevado y, por tanto, elevadas tasas de enfermedades relacionadas como las enferme- dades cardiovasculares (Rudat, 1994; Nazroo, 1997). El consumo de taba- co es más frecuente entre los varones afrocaribeños y de Bangladesh que entre la población blanca (Nazroo, 1997).
Hay menos mujeres y hombres con edades entre 16 y 74 años de los grupos de minorías étnicas que de la población mayoritaria que realizan actividades que beneficiarían a su salud. La Health Education Authority (1997), por ejemplo, ha informado de que el 67 por ciento de los indios, el 72 por ciento de los paquistaníes y el 75 por ciento de los habitantes de Bangladesh afirmaba que no realizaba suficiente ejercicio físico como para mejorar su salud. Esto contrasta con el 59 por ciento de los varones de la población general. Entre las mujeres se daba un patrón análogo. Los dis- tintos niveles de conductas saludables pueden reflejar creencias sociales y culturales y normas de la conducta que difieren en función de cada grupo étnico.