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Qué es la conducta de salud?

In document Val Morrison Paul Bennett (página 94-96)

Kasl y Cobb (1966a: 246) definieron la conducta de salud como «cual- quier actividad realizada por una persona mientras se encuentra sana con el fin de prevenir enfermedades o detectarlas en una etapa asintomática». Esta definición estaba influida por una perspectiva médica en tanto en cuanto supone que las personas sanas realizan determinada conducta, co- mo hacer ejercicio físico o buscar atención médica, con la única intención de prevenir la aparición de una enfermedad. Sin embargo, es necesario de- mostrar cautela con esta definición tan concreta. Muchos individuos reali- zan conductas aparentemente relacionadas con la salud, como el ejercicio físico, por razones distintas a la prevención de enfermedades, tales como pueden ser el control del peso, su apariencia física, como medio de aumen- tar las relaciones sociales y por placer. No obstante, ya sea intencional o no, la realización de una conducta de salud puede prevenir enfermedades y también puede prevenir la progresión de una enfermedad una vez apareci- da. Esta perspectiva fue reconocida por Harris y Guten (1979), que defi- nieron la conducta de salud como «una conducta realizada por un indivi- duo, independientemente de su percepción de su estado de salud, con el fin de proteger, promover o mantener su salud». Según esta definición, la con- ducta de salud podría incluir la conducta de personas «con mala salud». Por ejemplo, un individuo que ha padecido un ataque al corazón puede cambiar su dieta para ayudar a controlar su enfermedad, igual que una

Patógeno conductual

Práctica que se considera perjudicial para la salud; por ejemplo, fumar.

Inmunógeno conductual

Práctica considerada protectora de la salud; por ejemplo, el ejercicio fı´sico.

persona sana puede cambiar su dieta para reducir su riesgo futuro de un ataque al corazón. Matarazzo (1984) elaboró aún más las definiciones de la conducta de salud, distinguiendo entre lo que denominaba «patógenos

conductuales» e «inmunógenos conductuales».

A pesar de estas distintas definiciones, la investigación sobre la conduc- ta de salud ahora generalmente adopta la perspectiva de que la conducta de salud es aquello que está relacionado con la situación de salud de un individuo, independientemente de su salud actual o de sus motivaciones. Para poner a prueba estas relaciones es necesario recurrir a estudios longi- tudinales, destacando en este sentido el estudio del Condado de Alameda (por ejemplo, Belloc y Breslow, 1972; Breslow, 1983). Este estudio ha hecho un seguimiento, hasta la fecha, de 7.000 adultos durante más de 15 años, todos ellos con buena salud al inicio del estudio. Al comparar las diferencias de diversas medidas de línea base entre las personas que han desarrollado una enfermedad y las que siguen estando sanas, este estudio ha permitido identificar factores conductuales clave relacionados con la buena salud y la longevidad. Estos factores han sido denominados «los sie- te de Alameda»:

Dormir entre siete y ocho horas al día. No fumar.

Hacer ejercicio físico de forma habitual. No picar entre comidas.

Desayunar.

No tener un exceso de peso de más del 10 por ciento.

Los beneficios de realizar este tipo de conductas fueron acumulativos: cuantas más conductas realiza un individuo, más probabilidades tiene de vivir. Menos del 4 por ciento de los varones y mujeres que realizaban los siete tipos de comportamientos habían fallecido en el periodo de 15 años de seguimiento, frente al 7-13 por ciento de las mujeres y los varones que afirmaban realizar menos de cuatro de estas actividades. También hay que destacar que los beneficios de realizar estas actividades no fueron simple- mente aditivos, sino multiplicativos: por ejemplo, no fumar y un consumo moderado de alcohol confería más del doble de beneficios que si sólo se tenía uno de estos dos «inmunógenos». También se concluyó que la rela- ción entre estas conductas y los fallecimientos se incrementaba con la edad, con efectos notables entre las personas mayores de 65 años. El he- cho de que el estilo de vida se mantenga en la edad madura es importante ya que sugiere que, cuanto más tiempo se conserve determinado estilo de vida, más afecta a nuestra salud; es decir, los efectos de la conducta deri- vados del estilo de vida no son sólo multiplicativos, sino también acumula- tivos.

Desde la perspectiva de la psicología de la salud, la comprensión del hecho de que la conducta es predictiva de la mortalidad sólo es parte de la historia. También necesitamos saber qué conducta se relaciona con qué en- fermedades. Si queremos evitar que las personas tengan conductas de ries- go (lo que constituye el objetivo de la promoción de la buenas salud;véan- se los Capítulos 6 y 7), también tenemos que comprender los factores psicológicos y sociales que contribuyen a que se realice una conducta de riesgo o a que se evite una conducta preventiva. Muchos estudios clínicos y epidemiológicos han analizado la relación entre la conducta y la apari- ción de importantes trastornos como las enfermedades coronarias o el cán- cer. En la próxima sección se analizan las relaciones que se han identifica- do en este sentido. Otros estudios, con más frecuencia realizados por psicólogos sociales y de la salud, han analizado cómo influyen los factores sociales e individuales sobre el inicio de una conducta de salud. En este ca- pítulo y en el siguiente se analizan estos factores, pero se tratarán con más detalle en el Capítulo 5.

La conducta individual, independientemente de que se relacione de for- ma positiva o negativa con la salud, puede ser un asunto delicado, ya que hay personas que prefieren no hablar de sus prácticas y motivaciones. Este hecho puede crear muchos retos para los que están interesados en medir la conducta de riesgo o saludable con vistas a su comprensión. Aunque los problemas de medición no quedan restringidos a los estudios sobre la con- ducta de la salud, resultan particularmente pertinentes en este campo (véa- seel recuadro de CUESTIONES a continuación).

In document Val Morrison Paul Bennett (página 94-96)