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Etapas del cambio

In document Val Morrison Paul Bennett (página 184-186)

Las etapas del cambio propuestas por el modelo transteórico son fases de preparación motivacional y se destacan a continuación, utilizando como ejemplo la conducta dietética:

Precontemplación: una persona que no está pensando realmente en

someterse a un régimen dietético, ni tiene la intención de cambiar la ingesta de alimentos en los próximos seis meses, puede que no consi- dere que tiene un problema de peso.

Contemplación: por ejemplo, «creo que tengo que perder algo de pe- so, pero todavía no» refleja la sensibilización sobre la necesidad de perder peso y de pensar en hacerlo. Generalmente se evalúa como la planificación de cambiar en los próximos seis meses.

Preparación: una persona está dispuesta a cambiar y fijar metas co- mo imponerse una fecha de inicio para el régimen (en los próximos tres meses). La etapa incluye pensamiento y acción, y los individuos definen planes específicos sobre el cambio.

Acción: por ejemplo, una persona empieza a comer fruta en vez de galletas, cambio de la conducta manifiesta.

Aunque las etapas anteriores son las cinco que más comúnmente se men- cionan, también hay:

Terminación: cuando el cambio de conducta se ha mantenido duran- te un periodo adecuado para que la persona no sienta la tentación de recaer y crea en su total autoeficacia para mantener el cambio.

Recaída: di Clemente y Velicer (1997) reconocen que la recaída

(cuando la persona regresa a su patrón de conducta anterior y vuel- ve a una etapa previa) es frecuente y se puede producir en cualquier etapa. Por tanto, no se trata de un periodo adicional al final del ci- clo como alternativa a la terminación.

Los individuos no pasan necesariamente de forma paulatina de una etapa a otra. Por ejemplo, algunas personas pueden volver atrás desde la prepa- ración a la contemplación y permanecer ahí durante cierto tiempo, incluso meses o años, antes de volver a la etapa de preparación y pasar con éxito a la acción. Para otras, la acción puede fallar, puede que nunca logren el mantenimiento, y la recaída es común. Por tanto, el modelo permite un «reciclaje» de una etapa a otra y, a veces, se conoce como un modelo «en espiral» (por ejemplo, Prochaska, Norcross, Fowleret al., 1992). General- mente se considera que las dos primeras etapas están definidas por la in- tención o la motivación, la etapa de preparación combina criterios inten- cionales y conductuales (volición), mientras que las etapas de acción y mantenimiento son puramente conductuales (Prochaska y Marcus, 1994).

Para ayudar a comprender los factores que influyen sobre la progresión a través de las etapas, el modelo destaca los procesos psicológicos que se considera que están en juego en las distintas etapas (siendo algunos proce- sos importantes en más de una etapa). Estos procesos incluyen las activida- des manifiestas o encubiertas que realizan los individuos para ayudarles a progresar, buscando, por ejemplo, el apoyo social y evitando situaciones que «eliciten» la conducta, así como procesos más «experienciales» por los que pueden pasar los individuos, emocional y cognitivamente, como la reevaluación propia o el aumento de la concienciación.

Estos y otros procesos son los objetivos de la intervención para «lle- var» a los individuos a través de las etapas hacia un cambio de conducta efectivo y mantenido: por ejemplo, intervenciones para la mejora de la motivación, o el entrenamiento en autoeficacia (véaseel Capítulo 6).

En la etapa de precontemplación es más probable que los individuos utilicen la negación y/o puedan afirmar tener creencias de autoefica- cia (para cambiar) más reducidas y más barreras para el cambio. En la etapa de contemplación es más probable que los individuos busquen información y pueden afirmar que tienen menores barre- ras para cambiar y mayores beneficios, aunque puede que todavía subestimen su susceptibilidad a la amenaza sanitaria en cuestión. En la etapa de preparación los individuos empiezan a fijar sus metas y prioridades, y algunos harán planes concretos (parecidos a las in- tenciones de implantación tal y como se describieron en una sección anterior) y pequeños cambios de conducta (por ejemplo, apuntarse a un gimnasio). Algunos pueden estar fijando metas irreales sobre el

éxito, o subestimando su propia capacidad de tener éxito. La moti- vación y la autoeficacia son cruciales para elicitar la acción.

En la etapa de acción es crucial definir metas realistas si se quiere que se mantenga la acción. El uso del apoyo social es importante pa- ra recibir el refuerzo que ayudará a mantener el cambio del estilo de vida.

Muchos individuos, por ejemplo hasta el 80 por ciento de los fuma- dores que dejan de fumar (Oldenburg, Glanz y French, 1999), no lo- grarán mantener el cambio de conducta y recaerán o se «volverán de nuevo» a la etapa de contemplación de un futuro intento de cambio. Se puede mejorar el mantenimiento mediante la autoobservación y el refuerzo.

La percepción de las barreras y los beneficios, o «pros y contras» también se encontró que diferían entre las distintas etapas; por ejemplo, un indivi- duo en la etapa de contemplación se centrará probablemente tanto en los beneficios como en las barreras del cambio, pero se dará más importancia a las barreras (por ejemplo, «incluso si estoy más sano a largo plazo, lo más probable es que engorde si dejo de fumar»), mientras que una persona

Balance decisional

Donde se ponderan los costes de la conducta frente a los beneficios de la misma.

que esté en la etapa de preparación se centrará probablemente más en los beneficios del cambio (por ejemplo, «incluso si engordo a corto plazo, me- recerá la pena empezar a sentirse mejor»). El valor relativo entre los pros y contras se conoce como el de balance decisional.

In document Val Morrison Paul Bennett (página 184-186)