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más que absoluta

In document Val Morrison Paul Bennett (página 73-76)

Hasta ahora el análisis ha tenido en cuenta factores que difieren entre los grupos socioeconómicos y que pueden afectar a la salud. Wilkinson (1992) sugiere un factor adicional: que el simple hecho de saber que uno es más pobre que su vecino puede, en sí, contribuir a una mala salud. Su análisis de los niveles de mala salud y de mortalidad prematura, tanto dentro de cada país como entre distintos países, le lleva a sugerir que no es única- mente la riquezaabsolutala que determina la salud; se trata, más bien, de la riquezarelativa. Parte de una evidencia empírica que demuestra que só- lo existe una relación débil entre la riqueza absoluta de una sociedad y la esperanza de vida general y que es más importante la distribución de la ri- queza dentro de una sociedad. Para demostrar esta afirmación, Wilkinson (1990) comparó los datos sobre la distribución de la renta y la esperanza de vida entre nueve países occidentales. Concluyó que, aunque la riqueza general de un país no estaba relacionada con su esperanza de vida, la di- versidad de la distribución de la renta entre los diversos grupos sociales (es decir, la magnitud de la diferencia entre los ricos y pobres) sí que tenía relación con aquélla. La correlación entre ambas variables era notable, del 0,86: cuanto mayor sea la disparidad de la renta entre la población, peor es el estado de salud general.

Los datos longitudinales también contribuyen a reforzar este argumen- to. Por ejemplo, Forwell (1993) hizo un seguimiento de la edad media de la mortalidad y de la distribución de la renta en Glasgow entre 1981 y 1989, durante la vigencia del gobierno conservador. Durante este periodo se produjo un incremento significativo de la distribución diferencial de la renta entre la población: la renta del segmento más rico de la sociedad aumentó significativamente más que la de los grupos de nivel socioeconó- mico más bajo. A medida que las diferencias en la renta de las personas que vivían en las áreas más pobres y en las mejores zonas de Glasgow

Mortalidad prematura

Fallecimiento antes de la edad considerada normal. Se fija normalmente a edades inferiores a los 65 añosen los paı´ses occidentales desarrollados.

aumentaban durante este periodo, también aumentaron las tasas demorta-

lidad prematura entre las personas que formaban parte de los grupos so-

cioeconómicos más bajos, a pesar de que su acceso a bienes materiales, ali- mentos, ropa, etc., se mantuvo relativamente estable a lo largo del tiempo. Estos y otros datos parecidos llevaron a Wilkinson (1992) a sugerir que, para la mayoría de las personas de los países occidentales, la salud es el resultado de los niveles de vida relativos, más que de los absolutos. Una explicación de estos datos sugiere que realizamos cierto tipo de compara- ción de nuestras condiciones de vida con las de los demás miembros de nuestra sociedad y que ese conocimiento sobre nuestras privaciones dife- renciales aumenta de alguna manera los riesgos de contraer enfermedades, aunque los mecanismos por lo que esto puede afectar a nuestra salud están muy lejos de ser perfectamente comprendidos.

Ferrie, J. E., Shipley, M. J., Stansfeld, S. A. (2003). Future uncertainty and socioeconomic inequali- ties in health: the Whitehall II Study.Social Science and Medicine, 57: 637-646.

Antecedentes

Los estudios Whitehall pueden parecer una forma extraña de abordar la relación entre la conducta de la persona, las desigualdades sociales y la salud. El primero de ellos, White- hall I, consistió en un estudio transversal de las personas que trabajaban en las oficinas gubernamentales británicas de Whitehall. Whitehall II era un estudio longitudinal que analizaba la relación a largo plazo entre estos factores. Entre otras cosas, los estudios han analizado la relación entre el tipo de trabajo que desempeñan los individuos, su conducta y su salud. Como resumen se podría decir que, tras tener en cuenta la conducta indivi- dual, se ha encontrado que el cargo que ostenta un individuo en la escala del funcionaria- do es un potente predictor del tiempo que va a vivir: cuanto más alto es el cargo, mayor la esperanza de vida.

Pero ¿qué podemos concluir de un estudio de los funcionarios británicos con sede en Londres? El punto fuerte del estudio Whitehall es la homogeneidad de las condiciones de vida y de trabajo de todo el conjunto de los individuos estudiados. Otros estudios han analizado las relaciones entre las tasas de enfermedades y el nivel socioeconómico en poblaciones mucho más diversas. Aunque esto presenta algunas ventajas, también impli- ca que las comparaciones entre personas de distintos grupos socioeconómicos conllevan

inevitablemente, comparaciones de personas con diferentes tipos de trabajo, así como con distintos entornos de vida y laborales. Por ello, las diferencias en la mortalidad entre estos grupos pueden ser el resultado de la exposición diferencial a elementos contaminantes, accidentes, etc. Entre los trabajadores de unas oficinas gubernamentales no existen esas diferencias: desde el personal de limpieza hasta el responsable del departamento, todos trabajan en el mismo entorno. Además, casi todos los trabajadores viven en Londres y, así, comparten el mismo nivel de contaminación del aire y otros factores medioambienta- les. Estas similitudes indican que cualquier diferencia en la salud y en la mortalidad en todo el espectro social no se debe a las diferencias del entorno laboral o de vida personal. Los estudios Whitehall fueron seminales en su identificación del riesgo de la mala sa- lud y la mortalidad prematura relacionado con una situación socioeconómica baja. Ahora han empezado a analizar algunos de los mecanismos por los que pueden surgir estas dife- rencias. El artículo de Ferrieet al.analiza la relación entre trabajo e inseguridad económi- ca y la salud, tanto mental como física.

Método Participantes

Los participantes en el estudio Whitehall II eran todos trabajadores de unas oficinas gu- bernamentales que vivían en Londres. En el inicio, la población del estudio estaba com- puesta por 6.895 hombres y 3.413 mujeres de todos los niveles de la escala del funciona- riado.

Recopilación de datos

Los datos de la línea base fueron recopilados entre 1985 y 1989. Las medidas de segui- miento fueron tomadas en diversos momentos desde esa fecha. El actual estudio informa- ba sobre la quinta evaluación de seguimiento (fase cinco), que se produjo entre 1997 y 1999. Todos los participantes se hicieron un análisis clínico en el que se medía la presión arterial, el colesterol, el peso, etc. Además, cumplimentaban un cuestionario que incluía preguntas sobre el estilo de vida, las características del trabajo, el apoyo social, los acon- tecimientos vitales y las dificultades crónicas. Las siguientes mediciones fueron de particu- lar relevancia para este informe:

Valoración de la salud: «en general, ¿diría que su estado de salud es: excelente, muy bueno, bueno, moderado o malo?».

Cuestionario general sobre la salud(Goldberg, 1997): mide la depresión y la ansie- dad.

Seguridad laboral: «¿qué seguridad considera que tiene en su actual trabajo?».

Seguridad económica: «pensando en los diez próximos años, ¿qué seguridad econó- mica cree que tiene?».

Resultados

Al llegar a la quinta fase del estudio, 7.270 participantes iniciales habían completado to- do el estudio de seguimiento. Unos 560 participantes habían completado un proceso de evaluación más breve por teléfono, de manera que finalmente se tuvieron datos de 7.630, el 76 por ciento de la muestra original. Éste es un porcentaje muy importante, dado que mu- chos de los casos perdidos correspondían a individuos fallecidos durante el estudio o que habían dejado de trabajar en la oficina. Los resultados fundamentales del estudio fueron:

Los participantes en cargos superiores tenían una mejor salud física y mental, me- nos enfermedades de larga duración, menos obesidad y menor presión arterial. Sin embargo, no variaban en cuanto a niveles de colesterol.

Se encontró una relación parecida entre el cargoanterior y las medidas de la salud entre las personas que estaban desempleadas en el momento en que se hizo la valo- ración de la fase cinco.

Los individuos que ostentaban cargos inferiores o que estaban desempleados en el momento de la evaluación y habían ostentado cargos inferiores tenían una mayor inseguridad económica que los que ostentaban cargos superiores.

La inseguridad laboral sólo tenía una relación marginal con cualquiera de las medi- das de salud.

Por el contrario, la inseguridad económica estaba relacionada con una peor valora- ción de la salud propia, enfermedades de larga duración (en los hombres, pero no en las mujeres) y niveles de depresión entre los que estaban tanto empleados como desempleados.

Discusión

Se trata de un artículo interesante en muchos sentidos, pero también deja abiertas una se- rie de preguntas. Un hallazgo importante es la relación entre salud y el cargo laboral. Los individuos que ostentan cargos superiores obtenían mejores resultados tanto en lo concer- niente a las medidas de la salud objetivas como a las subjetivas. Lo que también resultaba evidente era que estas desigualdades de la salud se mantenían incluso cuando los indivi- duos dejaban el trabajo y quedaban desempleados.

También resulta interesante que se relacionara la seguridad económica, pero no la la- boral, con la salud. Parece que nos preocupa menos el que podamos conservar determina- do puesto de trabajo que el que podamos seguir ganando suficiente dinero para mantener determinado estilo de vida.

In document Val Morrison Paul Bennett (página 73-76)