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Obstáculos para la utilización del preservativo

In document Val Morrison Paul Bennett (página 124-128)

En general, se encuentra que la utilización de preservativos está aumentan- do entre los jóvenes adultos, pero siguen existiendo barreras percibidas pa- ra su utilización. En lo que respecta a las mujeres y a la prevención del VIH, se ha visto que hay muchos factores interpersonales, intrapersonales, culturales y contextuales que interactúan entre sí y afectan al hecho de que la mujer se sienta capaz, o no, de controlar el uso del preservativo en sus relaciones sexuales (por ejemplo, Bury, Morrison y MacLachlan, 1992; Sanderson y Jemmot, 1996). Por lo general, los estudios sobre la utiliza- ción de preservativos entre mujeres jóvenes han señalado que, aunque las mujeres comparten algunas de las actitudes negativas hacia el uso del pre- servativo que se encuentran en las muestras de varones, como que los pre- servativos reducen la espontaneidad de la conducta o que reducen el placer

sexual, y que también tienden a tener estimaciones excesivamente optimis- tas sobre el riesgo personal de infección de enfermedades de transmisión sexual (ETS) o de VIH, las mujeres se enfrentan a barreras adicionales cuando se plantean el uso del preservativo (Bryan, Aiken y West, 1996, 1997; Hobfoll, Jackson, Lavinet al., 1994). Estas barreras pueden incluir: la anticipación del rechazo del varón a la sugerencia por parte de la mujer de utilizar un preservativo (negación de su placer);

dificultad/vergu¨enza a plantear la utilización del preservativo a su pareja;

preocupación de que la sugerencia de utilizar un preservativo a su pareja potencial implique que, o bien ella misma o bien la pareja es VIH positivo o tiene alguna otra enfermedad de transmisión sexual; falta de autoeficacia o de manejo del uso del preservativo.

Estos factores no están relacionados únicamente con las creencias sobre la propia salud y las intenciones de la conducta del individuo respecto a la evitación de embarazos, las enfermedades de transmisión sexual (ETS) o el SIDA; también ponen de relieve que la conducta sexual es una compleja interacción interpersonal. Una conducta sexual más segura requiere, tal vez, múltiples niveles de intervención enfocados, no sólo hacia las creen- cias individuales sobre la salud (como las descritas en el Capítulo 5), sino también hacia habilidades interpersonales, de comunicación y de negocia- ción (Capítulos 6 y 7).

Resumen

Muchas conductas tienen repercusiones para la salud y la enfermedad de un individuo. Este capítulo ha definido la conducta saludable, no sólo co- mo la conducta que muestra un individuo para proteger, promover o man-

tener su buena salud, sino también las conductas que se ha demostrado que están relacionadas con la salud, independientemente de que detrás de esos comportamientos haya razones de salud o no. Las conductas que se han estudiado en este capítulo se conocen, a veces, como «patógenos con- ductuales», o conductas perniciosas para la salud, e incluyen el hábito de fumar, el consumo excesivo de alcohol, las relaciones sexuales sin protec- ción y una mala dieta. (Otras se han descrito como «inmunógenos conduc- tuales» o conducta promotora de la salud, como el ejercicio físico, una dieta equilibrada, chequeos médicos y vacunaciones;véaseel próximo capítulo).

Este capítulo ha descrito la conducta que se ha descubierto que tiene claras asociaciones con la prevalencia de enfermedades y, como tal, esa conducta es objeto de una gran cantidad de estudios en el campo de la psi- cología de la salud. Este capítulo también ha señalado al lector algunos de los retos que hay que superar para hacer una medición eficaz de la con- ducta de salud incluyendo, por ejemplo, las potenciales distorsiones de los autoinformes de la conducta privada debido al sesgo de autopresentación, o a problemas para recordar la frecuencia y cantidad de determinada con- ducta, como en el caso del consumo de alcohol.

Dentro de la psicología de la salud, un significativo cuerpo de estudio ha abordado la complejidad de factores sociales, emocionales y cognitivos que contribuyen a la conducta nociva para la salud, y se han desarrollado y puesto a prueba diversas teorías y modelos de la conducta de salud, que serán el objeto de estudio del Capítulo 5.

Lecturas recomendadas

Pitts, M. (1996).The Psychology of Preventive Health.London: Routledge. Para una visión general bien estructurada y fundamentada de los principa- les factores del estilo de vida asociados con el incremento del riesgo para la salud,véanselos Capítulos 4 y 5.

Orford, J. (2001). Excessive Appetites: A Psychological View of Addic- tions,2nd ed. Chichester: John Wiley.

Para una exploración minuciosa de la conducta «apetitiva» que incluyen fumar, beber, comer y el comportamiento sexual, este libro es una lectura clásica. Orford trata tanto los cambios en las visiones sociales de la con- ducta de salud considerada adictiva, como las explicaciones psicológicas y fisiológicas de tales comportamientos.

Para una útil visión general de los estudios estadísticos actuales del Depar- tamento de Salud relacionados con el comportamiento saludable y de ries- go (Reino Unido):

www.doh.gov.uk/stats

Para una copia del reciente estudio llevado a cabo en el Reino Unido sobre la salud y la conducta saludable de los adolescentes, incluidas las recomen- daciones para la intervención:

Al terminar este capítulo, el lector debería tener una idea clara sobre: La conducta que tiene efectos de protección o mejora de la salud.

La importancia de una dieta sana, del ejercicio físico y de revisar el comportamiento saludable a lo lar- go de toda la vida.

La gama y complejidad de los factores que influyen para que se asuma y se mantenga un comporta- miento saludable.

DESCRIPCIÓN DEL CAPÍTULO

Como se ha mostrado en el capítulo anterior, el comportamiento está muy relacionado con la salud. Sin embargo, no todas nuestras conductas pueden tener efectos potencialmente ne- gativos sobre nuestra salud, por el contrario hay muchas conductas que son beneficiosas e incluso protegen contra las enfermedades. A veces se denominan «inmunógenos conductua- les». Este capítulo ofrece una revisión de la evidencia científica sobre una variada gama de este tipo de conductas protectoras de la salud, incluyendo una dieta sana, la realización de ejercicio físico, los chequeos médicos y las vacunas. Se analiza la evidencia relativa a los be- neficios para la salud de cada una de estas conductas y se revisan las actuales recomendacio- nes respecto a la evidencia estadística que existe sobre la práctica de cada una de ellas. Se presenta un variado conjunto de factores que influyen en el inicio o el mantenimiento de conductas saludables que se desarrollarán posteriormente en el Capítulo 5 (donde se anali- zan con detalle las teorías psicosociales sobre el comportamiento saludable).

El comportamiento saludable que se describe en este capítulo forma parte de los distin- tos planes de promoción y educación para la salud que se desarrollan en cualquier parte del mundo, de los cuales se muestran diversos ejemplos en los Capítulos 6 y 7.

Es importante tener en cuenta que la conducta individual puede minar la salud de una persona tanto como protegerla y conservarla. En una socie- dad en la que prevalecen las enfermedades crónicas y la población está en- vejeciendo, cada vez es más importante dar pasos positivos hacia un estilo de vida saludable y un envejecimiento sano. Aunque las campañas de sani- dad pública difundidas a través de los distintos medios de comunicación se esfuerzan por aumentar la sensibilización sobre los efectos beneficiosos o perniciosos de determinadas conductas sobre nuestra salud, es importante recordar que los individuos no actúan únicamente en función de sus moti- vaciones para proteger su salud o reducir su riesgo de padecer enfermeda- des. Como psicólogos de la salud, es importante que comprendamos no sólo las consecuencias de determinadas conductas sobre la salud, sino tam- bién los múltiples factores psicosociales que influyen sobre el comporta- miento saludable. En el Capítulo 5 se describirán las teorías dominantes aplicadas y puestas a prueba en el campo de la investigación de la psicolo- gía de la salud, pero primero vamos a analizar algunas conductas.

In document Val Morrison Paul Bennett (página 124-128)