CAPÍTULO 1. DE LA VIDA Y OBRA DE UN PINTOR QUE SE BURLÓ DEL NATURAL
1.5. El Greco a la conquista de la Corte: El martirio de san Mauricio (1580-1582)
La fecha y las circunstancias en que se produjo el encargo del Martirio de San
Mauricio y la legión tebana no nos son conocidas, aunque quizá estuvieran
relacionadas, como señaló Pita Andrade, con la visita que hizo el monarca a Toledo en junio de 1579 para pasar las fiestas del Corpus166. El 11 de junio de ese año Felipe II llegó a Toledo acompañado de la reina doña Ana y de las infantas Isabel Clara Eugenia
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Leticia RUIZ GÓMEZ, “El Greco en el Museo Nacional del Prado”, op. cit.,. p. 187.
162 Aureliano de BERUETE Y MORET, El Greco, pintor de retratos, (conferencia dada en Toledo en
ocasión del III centenario del Greco), Madrid, Imprenta de Blass y Cía., abril 1914.
163 Leticia RUIZ GÓMEZ, “El Greco en el Museo Nacional del Prado”, op. cit., p. 187. 164
José GUDIOL, El Greco, op. cit., p. 54.
165 Alfonso E. PÉREZ SÁNCHEZ en Leningrado-Moscú, 1980. En Leticia RUIZ GÓMEZ, “El Greco en
el Museo Nacional del Prado”, op. cit.,. pp. 187 -188.
166 Enrique LAFUENTE FERRARI, Il Greco di Toledo e il suo espressionismo estremo. Con un
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y Catalina Micaela, permaneciendo diez días en la ciudad. Durante la estancia del rey, el 15 de junio, tuvo lugar la primera valoración del Expolio. Es posible que en este encuentro podría haber surgido la idea de exaltar la figura del rey en conexión con la de su hermanastro don Juan de Austria y la Batalla de Lepanto, componiendo la obra que unos titulan El sueño de Felipe II, otros La adoración del nombre de Jesús y que, Anthony Blunt tituló, como fruto del análisis iconológico que realizó, Alegoría de la
Liga Santa167; de ella se conocen dos versiones, una en la National Gallery de Londres y otra en El Escorial. Con motivo de la exposición Felipe II, un príncipe del
Renacimiento celebrada en el Museo del Prado en 1998-1999168, la versión conservada en Londres se expuso en Madrid, y David Davies, después de un detenido estudio del cuadro optó por titularlo Adoración del nombre de Jesús, fijando su cronología entre 1577-1579.
Pero el mayor logro del encuentro de El Greco con Felipe II sería el encargo de
El martirio de san Mauricio y la legión tebana, que debería ocupar uno de los altares
laterales de la iglesia del monasterio del Escorial, el correspondiente a la primera capilla, desde la entrada, del lado del Evangelio. El 25 de abril de 1580, el rey dio orden al prior del monasterio para que se remitiese al pintor una cantidad de dinero a fin de que pudiese adquirir los colores necesarios para la ejecución del cuadro. El 11 de mayo recibió 200 ducados a través de su ayudante y criado Francisco Preboste, a cuenta de la ejecución del lienzo; otros 200 ducados se le entregarían el 2 de septiembre; la pintura se concluyó dos años después, pero como no agradó al rey quedó sin colocar en el templo. Concretamente, el pintor entregó el cuadro el 16 de noviembre de 1582 y la obra fue apreciada en 800 ducados por Rómulo Cincinnato, que actuó como árbitro en
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Anthony BLUNT, “El Greco´s Dream of Philip II: An Allegory of the Holy League”, Journal of the
Warburg and Courtauld Institutes, III, 1939-40, pp. 58-69.
168 David DAVIES, en VV.AA., Cat. expo. Felipe II, un príncipe del Renacimiento,(Madrid), 1998-1999,
Madrid, Museo Nacional del Prado, Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 1998, nº 156, pp. 503-506.
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la tasación, al no haber llegado a un acuerdo el tasador nombrado por el Rey (Diego de Urbina) y el que representaba a El Greco, que nos es desconocido. Cuando se habla de este cuadro se recoge siempre el comentario crítico del padre Sigüenza: “De un Dominico Greco, que ahora vive y hace cosas excelentes en Toledo, quedó aquí un cuadro de San Mauricio y sus soldados, que le hizo para el propio altar de estos santos; no le contentó a su Majestad (no es mucho), porque contenta a pocos, aunque dicen es de mucho arte y que su autor sabe mucho, y se ve en cosas excelentes de su mano”169.
Pita Andrade170 y Álvarez Lopera171 coinciden en considerar este cuadro como “la obra más meditada de cuantas realizó el pintor en sus primeros años en Toledo”. En efecto, El Greco había alcanzado la oportunidad que había estado anhelando desde que llegara a España, recuérdese que creía que un artista no podía realizarse plenamente si no obtenía “el favor de los príncipes”, pensaría que no podía fallar; y quizá por eso se planteó hacer una obra ingeniosa, intelectual, un cuadro para ver y meditar, un cuadro que apelara más a la razón que al sentimiento y en el que todo estuviera medido. En el lienzo se muestran, en un primer plano que acapara la atención del espectador, una agrupación de personajes en la que San Mauricio aparece de frente, apuntando hacia el cielo con el dedo índice de su mano derecha, acompañado por sus capitanes, quienes asienten a sus palabras en defensa de su fe en Cristo, y expresan la aceptación del martirio extendiendo el brazo derecho con la palma de la mano abierta hacia arriba. Cuatro figuras principales y un niño sosteniendo una celada se desarrollan, en posiciones distintas, con gran sentido escultórico. En un segundo plano se ve la escena en que San Mauricio consuela a los soldados, que estaban bajo sus órdenes y que han
169 Fray José SIGÜENZA, Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, Doctor de la
Iglesia. Dirigida al Rey nuestro Señor D. Philippe III. Por Fray Joseph de Sigüença, de la misma Orden.
Madrid, En la Imprenta Real, 1695. Reedición: La fundación del Monasterio de El Escorial. Reed. de la
Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, Doctor de la Iglesia. Madrid, Aguilar, 1963.
170 José Manuel PITA ANDRADE, “El Greco en España”. En José ÁLVAREZ LOPERA (Ed.), El Greco.
Identidad y transformación, op. cit., p. 127.
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decidido morir con él, mientras van siendo decapitados por seguir siendo fieles a su fe. Más lejos, “las figuras parecen transformarse en seres espectrales; una de ellas, desnuda y atravesada por un rayo de luz, representa, posiblemente, el alma de uno de los mártires que asciende a los cielos”172. Según Álvarez Lopera, las figuras del fondo son los legionarios desnudos o en trance de desnudarse –primera humillación infligida a los destinados al martirio- que acuden hacia el lugar en que se ha de escoger a los que han de morir173. Todo el ángulo superior derecho está ocupado por un rompimiento de gloria con dos ángeles de túnicas verdosas que descienden, en acusado escorzo, portando las palmas y la corona del martirio; otros cuatro cantan o tañen instrumentos musicales; sobre ellos hay otros ángeles niños, y aquí y allá aparecen las formas semitranslúcidas de los serafines. De la parte superior desciende, serpenteando entre ángeles y nubes, la luz dorada de la Divinidad y un potente haz luminoso cae sobre la escena del martirio.
Alguno de los recursos que utilizó El Greco, como la colocación descentrada del grupo principal o el valor concedido al lenguaje de los gestos eran de vieja estirpe veneciana, pero el conjunto, regido por una gran diagonal que lo atraviesa de izquierda a derecha, aislando la escena de la deliberación de la del martirio y la celebración angélica, resultaría profundamente manierista merced al desplazamiento del momento culminante de la historia a un segundo plano, a los fortísimos saltos de escala y a la elongación de los cuerpos. Esta apretada descripción permite comprender cómo El Greco trató de unificar en un solo lienzo episodios producidos temporalmente de manera sucesiva, “incluso acudiendo a un recurso tan medieval como es representar a los mismos personajes dos veces”174.
172 José Manuel PITA ANDRADE, “El Greco en España”. En José ÁLVAREZ LOPERA (Ed.), El Greco.
Identidad y transformación, op. cit., p. 127.
173 José ÁLVAREZ LOPERA, “El martirio de san Mauricio y la legión tebana”. En José ÁLVAREZ
LOPERA, (Ed.), El Greco. Identidad y transformación, op. cit., pp. 368-371.
174 José Manuel PITA ANDRADE, “El Greco en España”. En José ÁLVAREZ LOPERA (Ed.), El Greco.
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Desgraciadamente para El Greco, su cuadro no gustaría a Felipe II, que tras pagarlo decidió que no se colgara en la iglesia, relegándolo a la sacristía alta, y encargó otro para sustituirlo a Rómulo Cincinnato. Éste, que entregó su cuadro en agosto de 1584, recibiría 550 ducados, es decir 250 menos que El Greco por el suyo. Cincinnato concibió su obra teniendo en mente la de El Greco, dando la impresión de que más que plantear una composición totalmente propia, corrigió la de su antecesor, despojándola de sus “impropiedades”175, introduciendo varios cambios esenciales, como por ejemplo, eliminando la escena de la deliberación y trayendo la escena del martirio al primer plano, donde ahora San Mauricio ya no aparece confortando a sus soldados, sino ofreciendo su cuello al verdugo. El sentido inmediato de la escena se hizo más claro y más crudo, y ahora el creyente, que ya no tendría que aventurarse por intrincados senderos discursivos, podría identificarse más fácilmente con San Mauricio y sus compañeros tebanos.
Felipe II era, a la vez que un gran entendido en arte, un profundo creyente de mentalidad típicamente contrarreformista, y querría (puesto que el cuadro era para la iglesia y no para las salas de su palacio) una obra clara y accesible, capaz de llegar rápidamente al corazón de todos. Y este era un requisito que no cumplía el San
Mauricio de El Greco, demasiado intelectual y más destinado a la cabeza que al
corazón. Y, ya para terminar, continuando con el relato que el padre Sigüenza escribió unos años después “como decía, en su manera de hablar, nuestro Mudo, los santos se han de pintar de manera que no quiten la gana de rezar en ellos, antes pongan devoción, pues el principal efecto y fin de la pintura ha de ser ésta”176.
1.6. Acomodación definitiva en Toledo (1580-1586)
175 José ÁLVAREZ LOPERA, “El martirio de San Mauricio y la legión tebana”. En José ÁLVAREZ
LOPERA (Ed.), El Greco. Identidad y transformación, op. cit., pp. 368-371.
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