CAPÍTULO 2. EL ENTIERRO DEL SEÑOR DE ORGAZ (1586-1588)
2.4. Trabajos previos del autor al conocimiento de esta obra maestra
2.4.1. Una mitra en la catedral de Toledo: Nuevas aportaciones y descubrimiento
2.4.1.4. El retratado como san Agustín es don Gaspar de Quiroga
En alguna ocasión se ha escrito que quizá El Greco retrató al cardenal Quiroga como el San Agustín del Entierro del señor de Orgaz65. En el audio con la descripción del lienzo que se proporciona a los visitantes de la parroquia de Santo Tomé se afirma
62 ACT, O y F, año 1578, nº 876, folio 141. 63
ACT, O y F, año 1578, nº 877, folio 115.
64 Rafael RAMÍREZ DE ARELLANO, Catálogo de Artífices de Toledo, 1920, Reimpresión de la
Diputación Provincial de Toledo, 2002, p. 215.
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con otras supuestas identificaciones, que El Greco representó al cardenal Quiroga como el San Agustín del cuadro. Hasta el momento no se ha aportado ninguna prueba para apoyar esta afirmación.
Don Andrés Núñez de Madrid, cura de Santo Tomé, solicita permiso del arzobispo Gaspar de Quiroga para encargar el lienzo que mostrará el hecho milagroso acaecido durante el entierro de don Gonzalo Ruiz de Toledo, Señor de Orgaz, conservado en la tradición popular, cumpliendo así con las determinaciones del Concilio de Trento. Permiso que le fue concedido el 23 de octubre de 1584.
Una vez visto que la mitra que lleva san Agustín en El entierro del señor de
Orgaz es la que se bordó en 1577 para el recién nombrado arzobispo de Toledo don
Gaspar de Quiroga ¿cómo sería posible explicar que el pueblo toledano, que conocía perfectamente la mitra por su asistencia al culto de la Catedral, viera esa misma mitra en otras sienes que no fueran las de su arzobispo Quiroga? Si las intenciones de El Greco y de Quiroga no hubieran sido hacer un retrato de este último en San Agustín, hubieran elegido otra mitra de las que en la Catedral tenían a su disposición, incluso pintando una mitra ficticia que resultara combinación de dos o más de ellas para no crear confusión en los fieles.
La primera y más importante responsabilidad de Quiroga como arzobispo de Toledo fue la de impulsar los decretos del Concilio de Trento. Ese concilio que se reunió intermitentemente entre 1545 y 1563 y tenía como finalidad clarificar las doctrinas de la Iglesia que habían sido impugnadas por los protestantes. En obras devotas escritas por algunos de los más eminentes clérigos de Toledo se podía leer el mismo género de ideas. En el Flos Sanctorum de Alonso de Villegas se recalcaba el papel especial de los santos en la historia de la Iglesia Católica. Diego de la Vega, lector
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de teología en el monasterio franciscano de San Juan de los Reyes, explicaba que al escribir su Paraíso de la gloría de los santos había querido mostrar de qué manera las vidas de los santos podían servir de “espejos de cuya luz y hermosura compongamos y ataviemos las nuestras”66.
Como ha señalado Calvo Serraller67, “san Agustín y san Esteban toman en sus brazos al difunto señor de Orgaz y le sostienen, a despecho de estar todo él revestido con bruñida y sobredorada armadura, cual si fuera una pluma, un dato éste que lógicamente ha llamado la atención porque además contrasta con la gravidez pesante con que se representaban escenas similares contemporáneas”. “Éste es un rasgo típicamente manierista, pero lo sorprendente de la interpretación que hace el Greco en esta ocasión consiste en la “humanización” del fenómeno sobrenatural. San Esteban y san Agustín no sólo no están aureolados con ninguna de esas típicas mandorlas luminosas que distinguen a los seres sobrenaturales, sino que aparecen plenamente integrados al ceremonial funerario que tiene lugar como podrían hacerlo un Obispo y un Diácono reales. De esta manera, en cierta forma se rompe el espíritu de contradicción característico del manierismo convencional, integrándose lo sobrenatural en lo natural de manera asimismo natural. Se puede alegar que subsisten elementos irrealistas, como, desde el punto de vista físico, ese mismo de la ingravidez de un hombre tocado con pesado arnés y sostenido, por su parte más pesante, la del tronco, por un anciano, así como también la inadecuación protocolaria de un Obispo cumpliendo esa función de bajar directamente a la tumba al finado, aun cuando se tratara de la persona más principal, pero este segundo aspecto concuerda con la orientación contrarreformista de
66 Citado por Richard L. KAGAN, “La Toledo del Greco”, en VV.AA., Cat. expo. El Greco de Toledo,
op. cit., pp. 56-57.
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humanizar la santidad”68. Y si se trata de humanizar la santidad, y si se trata de un Obispo cumpliendo la función de poner directamente al finado en su tumba, ¿quién sino Quiroga, arzobispo de Toledo, para enterrar a la persona más principal?
Sabemos que Quiroga, siguiendo las determinaciones del Concilio de Trento, impulsaba activamente el culto de los santos y sus reliquias, y él mismo era devoto de san Agustín y san Jerónimo, así como de tres santos toledanos, san Eugenio, san Ildefonso y santa Leocadia69. También ayudó a los jesuitas a abrir un nuevo colegio en Toledo y fundó el monasterio de agustinos de san Torcuato70.
Es indudable el parecido físico que tiene el san Agustín del Entierro del señor de
Orgaz con el retrato que del cardenal Quiroga hizo el pintor Luis de Velasco y que se
expone en la Sala Capitular de la catedral de Toledo. Es posible que El Greco consciente que estaba “humanizando la santidad” sólo perfilara sus principales rasgos, pero el parecido es innegable, aunque sólo nos fijáramos en la nariz del ilustre efigiado. Cuando se firmó el contrato para pintar el cuadro, 1586, Quiroga contaba 74 años de edad, quizá en el san Agustín está deliberadamente envejecido y su blanca barba fue pintada como una niebla evanescente, mientras que Luis de Velasco la pintó cuidada, humana, aunque se trate de la misma barba blanca.
Otra razón para afirmar que el personaje retratado como san Agustín es el arzobispo Quiroga es de orden puramente pictórico. Desde el punto de vista de la técnica pictórica parece que la figura de san Agustín ha sido ejecutada pintando primero las vestiduras, para finalmente encajar la cara de la persona retratada. Si se observa con
68 Íd., p. 28. 69
Véase el testamento de Quiroga (hay una copia en el Archivo Histórico Nacional, Madrid, Consejos Suprimidos, leg. 27831). Citado en Richard L. KAGAN, “La Toledo del Greco”, en VV.AA., Cat. expo.
El Greco de Toledo, op. cit., pp. 57 y 73.
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detalle el retrato parece que la perspectiva con que se ha pintado la mitra es ligeramente diferente a la que se ha utilizado para el rostro. El Greco era un excelente retratista y, sin duda, esta doble perspectiva no se habría producido si el artista hubiera tenido delante al modelo tocado con la mitra. Por otra parte, la barba blanquecina deja transparentar debajo de ella el borde carmesí de la capa pluvial, lo que indica que las vestiduras estaban ya pintadas cuando posteriormente se encajó la cabeza en el hueco reservado a tal efecto. Esto es razonable si la persona retratada era alguien importante, “un insigne varón de ese tiempo” que no pudiera perder mucho tiempo posando para el artista. Es sabido que Quiroga se vio obligado a pasar la mayor parte de su tiempo en la Corte, donde sirvió como Presidente del Consejo de Italia (1567), y después fue conjuntamente Inquisidor General (1573) y consejero de Estado (1574), aunque a él le habría gustado cumplir estancias más largas en Toledo para poder atender a su Iglesia. Quiroga se vio forzado a vivir principalmente en Madrid, al lado de un monarca, Felipe II, que apreciaba en gran medida sus servicios71. Probablemente Quiroga solamente posó un breve tiempo para El Greco o incluso el artista empleó para realizar el retrato unos bocetos tomados durante algún oficio religioso celebrado en la Catedral.