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CAPÍTULO 1. DE LA VIDA Y OBRA DE UN PINTOR QUE SE BURLÓ DEL NATURAL

1.1. Los orígenes: Creta (1541-1567)

1.2.2. Obras venecianas

En la mayor parte de las obras que se adscriben a este período, desde el Tríptico

de Ferrara o el Tríptico de Módena, al Entierro de Cristo de la Pinacoteca Nacional de

Atenas, pasando por La Última Cena de la Pinacoteca de Bolonia, las diversas versiones de la Estimagtización de San Francisco o la Adoración de los pastores del Museo Willumsen, lo que se observa es la continuación de los procedimientos ya observados en las obras cretenses. Es decir, la utilización de motivos tomados de grabados ajenos para la construcción de escenas propias66. Lo que cambia durante los primeros tiempos en Venecia, al menos hasta 1568-1569, en que debió realizar el Tríptico de Módena, es el dominio de los medios técnicos, no los procedimientos conceptuales. Avanzó paso a paso, lentamente, hasta que llegó a un cierto dominio del lenguaje veneciano en obras como La expulsión de los mercaderes del templo, hoy en la National Gallery de Washington.

La obra central del período veneciano de El Greco es, probablemente, el Tríptico

de Módena. Se encuentra esta obra en la Gallería Estense de Módena. Su autoría se

considera definida, pero el lugar en donde fue pintada, Creta o Venecia, aún se discute, aunque la mayoría de las opiniones recientes se inclinan por la segunda posibilidad67.

65 José ÁLVAREZ LOPERA, El Greco. La Obra Esencial, op. cit., p. 28. 66 José ÁLVAREZ LOPERA, El Greco, Madrid, Arlanza Ediciones, 2005. p. 40.

67 María CONSTANTOUDAKI-KITROMILIDES, “Tríptico de Módena”. En José ÁLVAREZ LOPERA

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Lleva la firma “CHEIR DOMENI/KOU”, con letras mayúsculas negras, como el San

Lucas y La adoración de los Reyes del Museo Benaki. Se trata de un pequeño altar

portátil de madera tallada destinado a la devoción privada, que se conserva íntegro, formado por una tabla central y dos alas, todas ellas pintadas por ambas caras. Abierto, presenta en la tabla central una Alegoría de la coronación del caballero cristiano, en el ala izquierda la Adoración de los pastores y en la derecha el Bautismo de Cristo. En la cara posterior aparece una Vista del Monte Sinaí con la entrega de las tablas de la Ley, flanqueada a su izquierda por la Anunciación y a la derecha por una escena con Dios y

nuestros primeros padres. Realizado con toda probabilidad hacia 1568-1569, en medio

de su período veneciano, revela a la vez la profundidad de la formación técnica del pintor en Creta y la fuerza de su intento por expresarse siguiendo esquemas figurativos e iconográficos occidentales68. La factura, con sus trazos lineales, sus toques de claro sobre oscuro y su sentido refulgente de la luz y del color es aún típicamente cretense. También el alargamiento de las figuras parece de estirpe bizantina. Sin embargo, la trama figurativa descansa casi totalmente sobre ejemplos occidentales69.

En lo que respecta a la iconografía de la obra se han detectado la mayoría de las fuentes del pintor en grabados italianos. Ya Palluchini, quien descubrió el Tríptico de

Módena en 1937, advirtió que el grupo de ángeles de La Anunciación procede

literalmente de un grabado de Giacomo Caraglio y demostró a la vez que La Adoración

de los pastores consiste en una ingeniosa combinación de motivos tomados de tres

estampas que figuraban la misma escena: una de Giovanni Britto, otra de Giulio Bonasone y una tercera de Parmigianino. En cuanto a la Vista del Monte Sinaí procede directamente de una estampa en madera del grabador veronés Giovanni Battista Fontana, que era vendida a los peregrinos que acudían al monasterio de Santa Catalina

68 José ÁLVAREZ LOPERA, El Greco, 2001, op. cit., pp. 10-12. 69

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en el Sinaí, y la escena central, la Alegoría de la coronación del caballero cristiano, está basada en una combinación de motivos de al menos tres grabados occidentales70.

El autor de esta tesis ya advirtió en trabajos previos71 que en el cuadro Cristo en

casa de Marta y María, perteneciente al Retablo de Titulcia, obra pictórica de Jorge

Manuel Theotocópuli (el hijo toledano de El Greco), donde el artista representó a Jesús sentado en un sillón español frailero y conversando con Magdalena que está con las manos juntas y en éxtasis ante sus palabras. Centra este interior una magnífica puerta de guarnición renaciente, con jambas molduradas, arquitrabe sobre consolas y frontón triangular. En la claridad del fondo se advierte a Marta atareada en labores caseras. Este cuadro es de excepcional importancia en la obra de Jorge Manuel por el audaz juego de luces que plantea entre la habitación del primer término y la del fondo. No obstante, en cuanto a la puerta del fondo con frontón triangular sobre el dintel, a través de la cual se ve a Marta, tenemos un precedente en la obra de El Greco: La Anunciación que se representa en el reverso del ala derecha del Tríptico de Módena, a través de la que se ve el lejano paisaje sucintamente representado, y el cielo amarillo dorado. Sin embargo, en esta última obra, El Greco no logra perspectiva mediante distinta iluminación, consiguiéndola mediante la técnica de los puntos de fuga. Así, el suelo enlosado con mármoles policromados, en forma rectangular y circular, por efecto de la perspectiva aparece elipsoidal.

A la vista del Tríptico de Módena, se podría pensar que El Greco era un artista subsidiario, incapaz de idear sus propias composiciones y que se conformaba con reproducir lo que otros habían plasmado. Sin embargo, y pese a las torpezas en la

70 Íd., p. 12.

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Francisco LÓPEZ MARTÍN, El Retablo Mayor de la Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena

de Titulcia (s. XVII). Trabajo de Investigación para la consecución de la Suficiencia Investigadora y DEA

en Historia del Arte, Facultad de Humanidades de Toledo. Universidad de Castilla-La Mancha. Mayo de 2007. Francisco LÓPEZ MARTÍN, El Retablo Mayor de la Iglesia Parroquial de Santa María

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representación del espacio, por ejemplo en La Anunciación, el Tríptico de Módena revela ya tanto la originalidad de la posición intelectual de El Greco como su capacidad de expresión pictórica. El pintor aparece ya aquí plenamente orientado hacia los esquemas figurativos renacentistas. Aún no los dominaba, pero no se puede negar la sabiduría con que manejaba sus fuentes, su capacidad para integrarlas felizmente, mejorándolas, clarificándolas y dotándolas de una nueva dimensión intelectual72. Por otra parte, en los años finales de El Greco es frecuente la aparición de una misma figura en cuadros diferentes, lo que no es síntoma de decadencia o agotamiento73, sino como ha señalado Wethey, “una confirmación de la incansable búsqueda de variedad en los medios expresivos” por parte del artista74.