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1 EL ORIGEN FILOGENETICO DEL LENGUAJE: TEORIAS

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Cap XVI ORIGEN DEL LENGUAJE

1 EL ORIGEN FILOGENETICO DEL LENGUAJE: TEORIAS

Este problema es más bien de carácter antropológico y filosófico. Sin embargo tiene gran importancia para la psicología. Es la única forma de entender algunos aspectos del pensamiento emergente de la humanidad y el desarrollo incipiente de la vida racional en las especies vivientes. En torno a este tema nos encontramos con las siguientes teorías científicas:

a) La evolución y la espontaneidad de la naturaleza:

Los autores que propugnan esta teoría ponen de relieve la procedencia del lenguaje a partir de ciertos signos naturales que utilizan el hombre y el animal para expresar ciertos fenómenos de la vida psíquica: gestos, gritos, exclamaciones. El lenguaje vendría a ser una continuación de los mismos, su desarrollo evolutivo.

En efecto, esos signos expresivos de los fenómenos del psiquismo eran, y siguen siendo, signos naturales, pues: a) la conexión entre ellos y los fenómenos que expresan está estable-cida por la naturaleza; b) son, por tanto, involuntarios; c) son subjetivamente universales (no objetivamente), es decir, por el hecho de que la naturaleza es universal, sus efectos también son universales; por tanto son producidos de la misma manera por todos y tienen la misma validez y el mismo significado para todos los seres de la misma especie. El grito de dolor del hombre es el mismo para todos los hombres; de la misma manera que el grito de dolor de los animales de una especie es el mismo para todos los animales de esa especie.

Ahora bien, el hombre, dede hace muchos miles de años, se ha dado cuenta de que puede utilizar esos mismos signos para expresar estos mismos fenómenos a voluntad. Se ha dado cuenta también de que puede cambiarlos o perfeccionarlos e, incluso, sustituirlos por otros. Es decir, se ha dado cuenta de que puede manipularlos. Por ejemplo, gritar más o menos fuerte, gritar de otra manera o gritar, incluso, cuando no siente dolor, utilizando el grito para significar otros

fenómenos psíquicos distintos del dolor, por ejemplo, para llamar la atención de

las personas que tiene alrededor o para pedir el alimento. Cuando esto acontece, los signos que antes eran naturales se convierten en signos arbitrarios o símbolos,

que son los propios del lenguaje humano, como hemos visto. El desarrollo y perfeccionamiento de los signos naturales (gritos, exclamaciones, gestos, interjecciones, etc.), ha dado origen al lenguaje ordinario tal como nosotros lo conocemos y utilizamos.

Entre los autores que defienden esta teoría se encuentran: LUCRECIO, DE BROSSES, DARWIN, HUMBOLDT, etc. Sin embargo el propósito que anima a muchos autores cuando invocan estas teorías no es exactamente el mismo que acabo de desarrollar en este párrafo. Si el lenguaje natural de los animales es de la misma naturaleza que el lenguaje de los seres humanos, los animales están en camino de obtener un lenguaje semejante al nuestro y, con el lenguaje, un pensamiento semejante al nuestro. Sólo falta que se consume en ellos el proceso evolutivo que ya se ha consumado en el hombre2.

Esta hipótesis parece muy coherente a primera vista. No obstante tiene una gran deficiencia: a) de hecho el lenguaje de los animales no ha evolucionado a pesar de los millones de años de existencia; b) la hipótesis supone que los animales están dotados de inteligencia, pues sólo la inteligencia permite convertir un lenguaje natural en lenguaje arbitrario o convencional; hecho éste que tampoco está demos- trado, ni mucho menos; c) la hipótesis supone igualmente que los animales son capaces de dotar a su lenguaje de intencionalidad o propositividad, lo cual constituye otro hecho que tampoco está demostrado. Cuando se dice que el perro ladra para ahuyentar al enemigo, estamos haciendo una interpretación antropo- mórfica de su conducta. Por dos razones: 1) el ladrido es un signo natural; por tanto la conexión del mismo con el fenómeno psíquico que expresa no necesita intencio- nalidad alguna; la naturaleza se encarga de ello; 2) la conducta del ladrido parece más bien una conducta mediante la cual el perro adapta su organismo al medio ambiente que ha cambiado en ese momento por la presencia de un ser extraño. La adaptación en los animales y las plantas se produce de forma automática, por con- dicionamiento, sin necesidad de intencionalidad o propositividad alguna.

La transformación de los signos naturales en signos artificiales, arbitrarios o convencionales es uno de los indicadores más expresivos de que el ser que lo hace posee inteligencia.

En esta línea del origen espontáneo del lenguaje cabe incluir también la teoría de POPPER según la cual el lenguaje humano procede del lenguaje animal por evolución, lo mismo que su organismo. En efecto, piensa POPPER que hay un 'estadio inferior' o espontáneo del lenguaje en el cual se emplean sonidos vocales para expresar ciertos estados psíquicos, por ejemplo, los emotivos, y un 'estadio superior' en el cual se emplea el lenguaje para expresar el pensamiento abstracto, la reflexión. Entre ambos estadios hay una continuidad evolutiva, pertenecen a un mismo proceso, hay un desarrollo progresivo de lo simple a lo complejo, de lo imperfecto a lo más perfecto; el mismo desarrollo evolutivo que la ciencia constata en la aparición de los organismos de la serie evolutiva 2b.

Sin embargo en el texto de POPPER no se aporta argumento alguno, es decir, no se aportan datos suficientes para determinar el mecanismo que permitiría la transición a un estadio concreto desde el estadio inmediatamente anterior. Está claro que el tránsito entre ambos estadios está marcado por la conversión de los signos naturales en signos convencionales tal como lo hemos expuesto anteriormente. Ahora bien esta conversión no es fruto de una continuidad evolutiva. Supone un

salto cualitativo y de mayor trascendencia. Este salto puede darlo únicamente el ser que ya es inteligente y en virtud de su inteligencia.

b) La imitación:

De acuerdo con esta teoría el lenguaje tiene su origen en el instinto de

imitación. Este instinto en realidad es una tendencia que lleva al hombre a imitar

todo lo que percibe reproduciéndolo de alguna manera: la pintura, la música, los gestos y posturas del cuerpo, etc. En el caso del lenguaje este proceso tiene lugar por medio de las onomatopeyas o palabras que imitan los sonidos o ruidos que producen las cosas. Hoy tenemos palabras como 'chirriar' para expresar el ruido de una puerta desengrasada, 'rugido' para expresar los sonidos del león, 'trueno' para expresar la descarga del rayo, etc. En el origen del lenguaje hay palabras como 'guau, guau' para expresar el perro, 'tantán' para expresar el tambor, etc. Estas palabras primitivas, por evolución, han dado lugar al lenguaje tal como hoy lo conocemos.

Son defensores de esta teoría LEIBNITZ, HERDER, TYLOR, SAUSSURE, etc. La hipótesis de la imitación de los sonidos de las cosas como origen del lenguaje se desmarca de la anterior desde el momento en que esos primeros elementos del lenguaje son ya signos arbitrarios o convencionales. El hecho de esa semejanza con los sonidos naturales de las cosas no impide el margen de libertad suficiente para que los primeros hombres hayan utilizado esos elementos como verdaderos signos convencionales. La simple semejanza por naturaleza no es una significación. La virtualidad significativa les viene de la intencionalidad o del hecho de que el hombre los haya utilizado precisamente con esa finalidad3.

No sabemos si todos los elementos del lenguaje han tenido este origen onomatopéyico, pero sí estamos seguros de que las onomatopeyas se convierten en verdadero lenguaje desde el momento en que el sujeto supera o trasciende la mera imitación de los ruidos de las cosas; es decir, desde el momento en que el sujeto las utiliza para expresar la idea que tiene de las cosas que producen esos sonidos, con independencia de la experiencia sensorial de los mismos.

c) La vida laboral y social:

La escuela sociológica constata el hecho de la aparición del lenguaje, pero no el modo concreto de producirse. En este sentido defiende que el lenguaje tiene su origen en el pueblo; es decir, es un producto de la vida común nacido de la 'transmi-sión de los éxitos y proyectos técnicos del hombre y de los lazos múltiples y fuertes de colaboración que producen' (DURKHEIM, REVECZ)4.

Esta hipótesis que tantos éxitos parece haber cosechado, cuando expone el origen social de muchos procesos psíquicos de la vida del hombre y cuando afirma que el uso de la palabra no puede organizarse si no es en la comunidad de seres hablantes (DURKHEIM), se presenta oscura y enigmática a la hora de exponer el origen del lenguaje. En efecto, en todo ser humano se da la tendencia a comunicar o hacer partícipes a los demás de sus éxitos y sus fracasos, de sus necesidades y aspiraciones. Pero, aun en aquel momento remoto y primario de la humanidad, esta comunicación o intercambio material de experiencias hubo de ser expresada de alguna manera utilizando algunos elementos significativos. La propia 'transmisión' de la que habla la escuela sociológica debió hacerse por medio de ciertos objetos materiales o por medio de ciertas acciones o conductas, las cuales, por el hecho de servir a esta finalidad, ya tienen una carga significativa, es decir, constituyen un ver- dadero lenguaje. En otras palabras, la coherencia ontológica de los fenómenos impone la exigencia de que los elementos significativos hayan sido establecidos con anterioridad y utilizados luego para esa transmisión de éxitos, proyectos y lazos de

colaboración. El lenguaje, por tanto, no es efecto de la transmisión, sino su causa o un instrumento de ella. En la sociedad el lenguaje no es un producto de la acción pragmática, sino un medio para ella.

Salvadas las debidas distancias, esta es también la línea del pensamiento de HEGEL Y HERBART. Cabe situar igualmente en esta línea la teoría de STEINTHAL quien pone el origen del lenguaje en el espíritu del pueblo (volkgeist) o núcleo interno unificador de las distintas manifestaciones de las comunidades humanas, con posibilidades de creencias y mitos diferentes en cada comunidad.

Las psicologías soviética y anglosajona desarrollan aun más estas ideas, por ejemplo, ENGELS. LURIA, por su parte, llega a afirmar que 'tenemos una amplia base para pensar que la palabra, como símbolo que designa un objeto, surge del trabajo, de las acciones con objetos, y que es en la historia del trabajo y la comunicación, como señaló repetidamente ENGELS, donde hay que buscar las raíces que llevaron al surgimiento de la primera palabra'. La palabra, por tanto, tenía en sus comienzos un caracter 'simpráctico', es decir, tenía sentido, si iba unida la práxis o a la acción física; independientemente de ella no tenía contenido semántico alguno. Tenía también un caracter 'situacional', tomando su origen de una situación dada y cambiando de significado al cambiar esa situación. Esto es un hecho, pues la lengua de algunos pueblos primitivos es ininteligible si se la separa de la situación en la que son pronunciadas las palabras y las frases que la constituyen. La situación y la entonación de las palabras son dos factores que determinan su significado.

d) El origen divino y la necesidad:

Es la teoría creacionista según la cual Dios creó todos los seres de la naturaleza mediante una acción directa suya. Una acción física, al menos desde el punto de vista del término de dicha acción (terminative). Entre esas cosas creó al hombre infundiéndole, con el alma, todas sus facultades, incluida la del lenguaje. Por tanto la facultad del lenguaje procede directamente de Dios por creación.

Pero, no sólo la facultad. De Dios procede también el uso de esa facultad. Dios enseñó al hombre a hablar, o mejor, le obligó a ello, pues, conforme iba creando las cosas de la tierra, sobre todo los animales, iba haciéndoles pasar por delante de Adán para que él les impusiera un nombre en señal de dominio. La facultad moral de imponer el nombre a una cosa siempre ha sido considerada como un derecho muy claro que es la potestad de dominio sobre esa cosa.

Otros autores (HOBBES) entienden los textos sagrados como si Dios hubiera 'instruido a Adán en la denominación de las criaturas por Él presentadas ante su vista'. Este mismo autor añade que la Escritura no dice más, pero que fue suficiente esta 'instrucción divina' para que el propio Adán fuera añadiendo más nombres 'a medida que iban dándole ocasión la experiencia y el uso de las criaturas', y así, con el paso del tiempo, 'fue consiguiendo el hombre tanto lenguaje como cosas a designar'; pero siempre sobre la base del uso de palabras sobre cosas materiales, pues no hay nada en los Textos Sagrados que nos permita inferir el origen divino, inmediato o mediato, de otras palabras, tales como 'universal', 'general', 'optativo', 'entidad', 'quiddidad', 'intencionalidad', etc. que, para este autor, son palabras sin sentido. El lenguaje, por consiguiente, es de origen divino en cuanto a su uso; adquirido o aprendido en virtud de la enseñanza divina. Pero aconteció luego lo de la Torre de Babel, con lo cual se perdió el lenguaje de origen divino ('olvido de su lengua anterior'), viéndose los hombres obligados a dispersarse por regiones muy distintas y lejanas, en cada una de las cuales apareció una nueva raza y un nuevo lenguaje 'inventado' por cada uno de estos grupos. El origen de este segundo lenguaje es la 'necesidad' de organizarse para vivir y la 'necesidad' de

procurarse lo necesario para la vida: 'es necesario que la actual diversidad de lenguas proceda gradualmente de ellas (de las razas o grupos) teniendo a la

necesidad, madre de todas las invenciones, como maestra; y con el transcurso del

tiempo esta diversidad se hizo en todas partes más copiosa'4b.

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