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2 ESTRUCCTURAS LATENTES Y ESTRUCTURAS LOGICAS DEL LENGUAJE

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Cap XI LAS ESTRUCTURAS LATENTES Y LOS UNIVERSALES LINGÜÍSTICOS

2 ESTRUCCTURAS LATENTES Y ESTRUCTURAS LOGICAS DEL LENGUAJE

Mientras que unos autores, como CHOMSKY tienen en cuenta las dimensiones y leyes sintácticas de estas estructuras profundas o estructuras latentes, otros autores toman en consideración las dimensiones y leyes semánticas (BRESNAN) o las dimensiones y leyes pragmáticas (GAZDAR). En efecto: a) Para CHOMSKY, tanto la construcción del lenguaje como el aprendizaje del mismo, dependen de las estructuras generales o estructuras profundas de los contenidos, de los principios generales o reglas que determinan la organización de esos contenidos y de los principios o reglas en virtud de las cuales esas estructuras profundas pueden transformarse en estructuras superficiales. b) BRESNAN, por el contrario, estima que la construcción y aprendizaje de una lengua depende del léxico y sus funciones, pues la información, como contenido del lenguaje, depende del léxico, no de la sintaxis. Por eso, además de la 'estructura constituyente' que es comparable a la estructura superficial de CHOMSKY, hay en todo lenguaje otra estructura funcional constituida sobre la base de relaciones gramaticales aptas para la interpretación semántica del enunciado. En otras palabras, se tiene en cuenta, no ya la corrección del mismo, sino la verdad o correspondencia con la realidad. Son reglas que afectan a la estructura de la frase, pero le afectan en razón de los morfemas y en razón de los lexemas que son los elementos que soportan la carga semántica del enunciado. c) GAZDAR, por su parte, entiende que las reglas de la gramática transformacional de CHOMSKY son innecesarias, pues las transformacio- nes de estructuras profundas en estructuras superficiales pueden hacerse de una manera simple y espontánea. Por otra parte ciertos enunciados sometidos a esta transformación, que parecían idénticos, resultan ser bastante diferentes. Para una correcta interpretación semántica no hay que descender a las estructuras profundas del enunciado. Las reglas de la interpretación pueden ser aplicadas directamente a las estructuras superficiales, pues hay una correlación entre las reglas de la sintaxis y las reglas de la semántica. Como el uso del lenguaje está constituido precisamente por las estructuras superficiales, es el uso el que nos permite hacer una interpre- tación correcta de sus enunciados9.

Parece, no obstante, que la dimensión que los niños tienen en cuenta en los primeros años es únicamente la dimensión semántica, ya lo hemos dicho anteriormente. BROWN llega a decir que para el niño en ese primer momento la deducción de reglas para la construcción de ese patrón o estructura lingüística es un hecho demostrado, pero que los elementos de la misma a los efectos de la sintaxis tienen todos ellos el mismo valor10.

Sin embargo SINCLAIR, tomando como base de la argumentación la existencia previa de frases holofrásticas y juegos simbólicos antes del habla, piensa que la dimensión sintáctica es tenida en cuenta por el niño mucho antes que la dimensión semántica11. En otras palabras, el niño descubre o deduce antes las reglas de la sintaxis que las reglas de la semántica.

Entiendo que la contradicción entre ambos autores es sólo aparente. Creo que la exposición de estas teorías está siendo desarrollada desde dos puntos de vista distintos: el punto de vista de la lógica y el punto de vista de la ontología.

En efecto, en más de una ocasión he insinuado mi opinión según la cual las reglas de la sintaxis tienen su base en las reglas y leyes de la lógica, mientras que las reglas de la semántica tienen su base en las reglas y leyes de la ontología. Vamos a verlo sobre algunos ejemplos.

a) Una de las estructuras lingüísticas mas corrientes o más elementales es la estructura de la frase nominal: 'S es P', donde S es el sujeto y P una de sus determinaciones. De acuerdo con las reglas de la sintaxis S es un nombre o una expresión equivalente y P es un adjetivo o una expresión equivalente. La unión entre ambos se encuentra representada por el verbo 'es' en su tercera persona del singular del presente de indicativo del verbo ser.

De acuerdo con estas mismas reglas se exige que haya concordancia entre S y P, tanto por lo que se refiere al género como por lo que se refiere al número o cuantificación de ambos. En algunas lenguas se exige, además, que concuerden en caso, es decir, que ambos estén en nominativo, por ejemplo, 'nox erat opaca' (VIRGILIO); o que estén en acusativo si la frase que constituyen depende de un verbo transitivo, por ejemplo, del verbo decir, ver, pensar, etc: 'vidit nubes esse opacas' (OVIDIO). En las lenguas modernas esta exigencia se mantiene en toda su vigencia, sólo que la expresión de los casos a base de desinencias es suplida por la misma expresión a base de preposiciones. Se exige, además, que, tanto S como P, ocupen o desempeñen cada uno de ellos su papel, y que no puedan intercambiarse sin más estos papeles a menos que las estructuras sean tautológicas o totalizantes12.

Ahora bien, aunque esto parezca una redundancia, es evidente la necesidad de preguntarse por el fundamento de todas estas exigencias que impone la sintaxis. fundamento de una ley científica, el último fundamento, no se encuentra en la ciencia que ha descubierto o establecido esa ley. Por eso el último fundamento de las reglas y leyes de la sintaxis no se encuentra en la sintaxis. A mi entender ese fundamento se encuentra en la lógica.

En primer lugar la exigencia de que el sujeto sea un sustantivo o una expresión equivalente tiene su fundamento en otra exigencia lógica según la cual las propiedades de un con-cepto (expresado por el sustantivo) constituyen la comprehensión de ese concepto y sólo tienen sentido cuando están referi-das a él. La 'atribución lógica' va de las propiedades al sujeto de las mismas, pero no viceversa. Entre el sujeto y sus pro-piedades hay la misma distinción que entre el poseedor y la cosa poseída. Las funciones que ejercen uno y otra son completa- mente distintas. Por eso no pueden invertirse los papeles. Ahora bien, la ley que determina la comprensión de un concepto es una ley lógica, y las leyes lógicas son innatas. Pueden ir haciéndose conscientes para el niño o para la persona mayor con el tiempo, pero en modo alguno son adquiridas. Las leyes lógicas determinan la estructura de los conceptos, es decir, de las esencias de las cosas en tanto que conocidas. Esto implica que dichas leyes no son independientes de las leyes de las cosas en tanto que cosas. Por eso como veremos enseguida, las leyes lógicas tienen como fundamentos las leyes de la realidad. Está claro, por otra parte, que en las estructuras de la realidad el factor que sirve de soporte a las cualidades es la cosa, la substancia, no los accidentes o las determinaciones de la substancia.

En segundo lugar, la concordancia sintáctica entre S y P es una ley que viene exigida por la ley lógica de la identidad entre S y P. La concordancia, pues,

tiene a su base la identidad. En efecto, la concordancia tiene sentido sólo si hay identidad entre el contenido semántico de S y P. Y tiene sentido sólo en este caso porque, de otra suerte, la estructura sintáctica sería incorrecta. En un lenguaje cualquiera tienen que cumplirse dos condiciones: que sea correcto y que sea verdadero. Es decir, que se corresponda con la realidad o con lo que se piensa de ella. Estas condiciones no son independientes o disociables, pues el lenguaje que no expresa la realidad o no dice lo que se piensa de ella, en realidad no es un lenguaje. Por eso, cuando la forma externa cumple con los requisitos de la concordancia, esta concordancia tiene que tener su fundamento en la concordancia interna o concordancia de los contenidos, es decir, en la identidad entre el contenido semántico de S y P.

La identidad es entendida hoy: a) como identidad entre dos cosas singulares de tal forma que, no son dos, sino una sola, por ejemplo, la identidad entre la 'luna' y el 'satélite de la tierra'; b) como pertenencia de un individuo a una clase, por ejemplo, la pertenencia del individuo Pedro a la clase de los alumnos de esta Universidad; c) la inclusión de una clase en otra, por ejemplo, la inclusión de la clase de los españoles en la clase de los europeos. Esta identidad triple es expresada por medio de verbo 'es' que es el que une a S y P. Sin embargo un análisis profundo de estas estructuras hace poco menos que imposible la interpretación del verbo 'es' con esa carga semántica de identidad salvo en el caso a). Por eso la identidad que sirve de garantía a la concordancia sintáctica entre S y P tiene que ser una verdadera identidad entre ellos. Es decir, entre los contenidos semánticos, no entre las funciones, pues las funciones de S y P nunca pueden ser las mismas. Los contenidos semánticos o las esencias de las cosas constituyen, a los efectos del lenguaje, una dimensión mucho más profunda que las estructuras profundas de las que habla la psicología actual.

La identidad no es la igualdad entre las cosas, la cual es efecto de la posesión por parte de ellas de una misma cantidad, por ejemplo, un kilo de arroz y la pesa que se coloca en el otro platillo de la balanza para medirlo. Tampoco es la semejanza, pues la semejanza emerge del hecho de tener una misma cualidad compartida, por ejemplo un color determinado. La identidad se da únicamente entre las esencias de las cosas, de tal manera que, cuando se dice que dos cosas son idénticas, no son dos, sino una, pues ambas tienen la misma esencia, por ejemplo, Madrid y capital de españa, Cervantes y autor del Quijote. Esta misma relación es la que existe entre dos mamíferos en razón de la naturaleza que ambos poseen, o entre dos grupos de mamíferos en razón de esa misma naturaleza. Son distintos en tanto que individuos o en tanto que grupos, pero no lo son en tanto que especies o géneros. En otras palabras, la distinción en estos casos es sólo numérica, no genérica o específica. La identidad que maneja la inteligencia y sobre la cual descansan sus juicios y sus razonamientos es la identidad entre los géneros y las especies contenidas en ellos, ('roedor' y 'ratón') o la identidad entre las especies y los individuos contenidos en ellas ('hombre' y 'Juan').

Pues bien, los elementos de una estructura sintáctica sometidos a la concordancia cumplen las leyes de la sintaxis cuando la forma externa desinencial o preposicional es la adecuada; pero es la adecuada cuando entre los contenidos semánticos hay identidad entendida en este sentido. Cuando decimos que 'Juan Carlos I es el rey de España', la concordancia es correcta, pero lo es porque hay identidad entre ese ser que se llama 'Juan Carlos I', que es el sujeto, y ese ser concreto que es considerado como el 'rey de España', que es el predicado. Cuando decimos que 'Pedro es un alumno de la Universidad', la concordancia es correcta, pero lo es porque hay identidad real entre ese ser que es Pedro y 'alumno de la

universidad', toda vez que la lógica establece que el predicado de un enunciado afirmativo no es universal sino particular, 'supone por' aquellos individuos expresados en el término sujeto; en este caso, por uno solo que es Pedro. Por tanto hay identidad como en el caso anterior. Cuando decimos que los españoles son europeos, la concordancia es correcta, no porque haya identidad entre la clase de los europeos y la de los españoles, pues es evidente que no existe tal identidad, sino por la identidad entre el grupo de los españoles y el grupo de los europeos que, además, son españoles. Por tratarse de otro enunciado afirmativo su predicado es particular como en el caso anterior, por eso el predicado no expresa a todos los europeos sino sólo aquellos que se identifican con los españoles. Tanto las reglas de la 'suppositio' como las reglas de la comprehensión y la extensión de los términos de un enunciado que emergen de la identidad entre sujeto y predicado, son reglas lógicas. Por esto mismo la concordancia sintáctica emerge de la concordancia lógica que en este caso recibe el nombre de identidad. Si la concordancia sintáctica no fuera una exigencia de la identidad lógica, no habría dificultad alguna para admitir como correcta una estructura como esta: 'Napoleón será la maestras de Sócrates'. Si la forma repugna incluso al oído, es, en último término, porque hay incompatibilidad entre los contenidos.

Esta concordancia o identidad lógica tiene otra exigencia. Esta nueva exigencia deriva de los valores del verbo copulativo que son dos, el valor atributivo y el valor existencial. Del valor atributivo (identidad fundamental) ya hemos hablado al analizar la identidad de los contenidos semánticos de S y P. El valor existencial es el valor temporal del verbo o tiempo verbal. La identidad tiene que darse de acuerdo con las exigencias temporales de la cópula. La concordancia es correcta si la identidad entre sujeto y predicado se da en el tiempo expresado por el verbo 'es'; por ejemplo, desde el punto de vista de la sintaxis, es correcta esta estructura: 'Lincoln es el presidente de los Estados Unidos'; sin embargo, desde el punto de vista de la lógica, esta estructura es incorrecta. La lógica, pues, va mucho más allá que la sintaxis. Por eso he indicado antes que la lógica suministra su fundamento a la sintaxis pero no se identifica con ella.

Hemos hecho un análisis de las estructuras elementales atributivas o nominales. Pero esto es aplicable a todas las estructuras, pues las estructuras latentes todas ellas son de esta naturaleza. Puede suceder que la forma externa no sea así, pero la forma de un enunciado, cualquiera que sea, puede ser reducida a esta; por ejemplo, la estructura lógica del enunciado 'los romanos vencedores asimilaron (acción) la cultura de los griegos vencidos', equivale a esta otra: 'los romanos vencedores son (identidad) los ciudadanos que asimilaron la cultura de los griegos vencidos'. Esta reducción hay que hacerla siempre si queremos comprobar la corrección y la verdad de nuestros enunciados. Hay que hacerla, sobre todo, porque el pensamiento del hombre, también el del niño, es un pensamiento de identidades o no identidades. Los dos principios básicos de todo pensamiento son el de identidad y el de contradicción. Y estos principios son innatos como todos sabemos. Constituyen la estructura de la mente lo mismo que las redes y las conexiones constituyen la estructura del ordenador.

b) Las reglas de la semántica tienen su base en las reglas y leyes de la ontología. Ya lo hemos visto en el apartado anterior al comprobar que las leyes del pensamiento tienen su base, a su vez, en las leyes de la realidad. Pero conviene analizar el problema desde otros puntos de vista. Las leyes lógicas son leyes del pensamiento y tienen su valor para construir y analizar las estructuras de conceptos. Aquí es donde se sitúa preferentemente BROWN13. Por el contrario, las leyes de la ontología son leyes de la realidad y tienen su valor para construir y analizar las

estructuras de cosas, con independencia de que se las conozca o no, es decir, con independencia de que se piense o no se piense en ellas. Aquí es donde se sitúa preferentemente SINCLAIR14.

Pues bien, cuando este autor nos dice que por debajo de las expresiones 'el chico rompió la ventana', 'la ventana fue rota por el chico' y 'fue el chico el que rompió la ventana', existe un mismo patrón o una misma estructura profunda, se sitúa en la perspectiva de la semántica, no en la perspectiva de la sintaxis, pues a lo que atiende es al contenido, no a la forma de expresarlo. Lo que aparece con absoluta evidencia, y lo que más se quiere resaltar a través de sendas frases, es que fue el niño el que ejerció la acción física de romper la ventana, siendo éste el sujeto o agente, y la ventana, el objeto de su acción. Se trata, pues, de cosas, no de pensamientos acerca de las cosas. Por tanto las leyes que gobiernan estas estructuras son leyes ontológicas, no leyes lógicas. Estas leyes son físicas y metafísicas. Son físicas la que afectan a la acción material de romper, determinando su potencia, su dirección, su incidencia en el cristal, la resistencia de éste, etc. Son metafísicas las que afectan a la acción en tanto que acción, al sujeto en tanto que causa de la misma y al fraccionamiento del cristal en tanto que efecto. En el primer caso son las leyes de los fenómenos; en el segundo, son las leyes de las causas. El principio de causalidad es ya un principio eminentemente metafísico.

Por tanto la existencia de un patrón común a todas esas frases, a manera de una estructura profunda o latente, constituye el universal lingüístico del que hemos hablado antes. Este patrón o estructura latente del lenguaje, considerado como estructura semántica, tiene valor cuando tiene a su base otras estructuras que ya no son semánticas sino ontológicas, como acabamos de ver. Ahora bien, el cumplimiento de las leyes de la ontología (no la existencia de ellas), tanto de las leyes físicas como de las leyes metafísicas, aunque sea de una manera elemental, forma parte de la experiencia de todos los individuos humanos. También, a su manera, forma parte de la experiencia del niño. Por eso las estructuras lingüísticas emergentes de ese hecho son universales.

3.- LAS ESTRUCTURAS DEL LENGUAJE, LAS ESTRUCTURAS DE LA MENTE

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