Cap XVII PENSAMIENTO Y LENGUAJE: RELACIONES
5 EL LENGUAJE Y LA CONDUCTA
El lenguaje cumple la función de dirigir la conducta interna y externa. Los representantes de esta teoría son sobre todo LURIA Y VIGOTSKY16. El mecanismo de este proceso es descrito por LURIA como algo que acontece en varias etapas: 1) En el niño de muy poca edad el lenguaje no influye en la conducta: la regulación de la misma está a cargo de los procesos perceptivos derivados de la propia acción; el niño que aprieta una pelota mientras una luz está encendida, no afloja la pelota aunque se le diga 'suéltala'; la suelta cuando la luz se apaga. 2) En la segunda etapa la palabra ya determina la acción, pero sólo en el sentido de activación; no, de inhibición; si se le ordena que apriete, aprieta; pero si se le ordena no apretar, sigue apretando. 3) En la tercera etapa (4,5 a 5,5 años) la palabra dirige la acción tanto en el sentido de activación como en el sentido de inhibición; obedece tanto cuando se le manda apretar como cuando se le manda aflojar. 4) En la cuarta etapa el niño ya no necesita la voz; cuando ve la luz encendida o apagada aprieta o afloja por sí mismo sin necesidad de orden alguna. Es la interiorización del lenguaje. La interiori- zación de la orden constituye su lenguaje interno; con lo cual el lenguaje sigue dirigiendo la conducta. Si la conducta es compleja y encuentra dificultades, acude de nuevo al lenguaje externo hasta que las resuelve, es decir, hasta que es capaz de dominar o controlar la conducta desde dentro. El lenguaje interno, pues, constituye un sistema de orden superior que regula las acciones de la voluntad y del propio pensar.
VIGOTSKY hace esta misma distinción entre lenguaje interno y lenguaje externo. El interno es un pensar constituido a base de significaciones puras, inconsistente y fluctuante, que se halla entre dos polos: la palabra y la idea. El lenguaje interno no se identifica sin más con el pensar: por ser inconsistente y fluctuante no puede ejercer esa función reguladora y directora de la conducta; pero al unirse y constituir una síntesis con el pensamiento, éste gana en claridad y se sitúa en un nivel superior.
La forma concreta según la cual el lenguaje se convierte en factor regulador de la conducta nos es descrita de la siguiente manera: en la primera etapa de la vida el lenguaje es social, como hemos visto; se dirige al adulto; se dirige a él en general para pedirle ayuda; es la madre la que orienta su atención; el niño cumple sus instrucciones. En un segundo momento el niño, con ayuda del lenguaje, comienza a analizar la situación por sí mismo esforzándose por encontrar sus propias soluciones a sus problemas. En un tercer momento, y también con la ayuda del lenguaje, comienza a planificar personalmente la conducta para realizar lo que ya no puede conseguir por medio de la acción sobre el adulto (petición de ayuda); las órdenes se las da él a sí mismo. Este último paso constituye una función intelectual que es la función reguladora de la conducta desde el interior por medio de su propio lenguaje. La interiorizacion o racionalización del lenguaje consiste en la formación de nuevos tipos de actividad psíquica que van apareciendo juntamente con nuevos tipos de lenguaje. De esta manera el lenguaje interior del niño conserva las mismas funciones analíticas, reguladoras y planificadoras del lenguaje del adulto. Y en esto es en lo que consiste la acción voluntaria compleja entendida como sistema de autorregulación de la conducta con ayuda del lenguaje. En el primero de estos momentos el acto voluntario o dominio sobre la conducta se encuentra repartido entre dos personas: el acto conductual comienza con la expresión verbal de la madre y termina con la acción motórica del niño. En el segundo momento, cuando ya el niño domina el lenguaje, las órdenes se las da él a si mismo, en forma verbal externa, al principio, y, después, en forma abreviada que es el lenguaje interno. Por esto mismo el origen de la voluntad del niño se encuentra en la comunicación con el adulto.
Esta dirección del lenguaje sobre el pensamiento y la acción quedó demostrada ya antes con los experimentos de GAGNE Y SMITH17: para resolver el problema de la torre de Hannoi (traspaso de los aros a otra torre) dividieron a los individuos en cuatro grupos: a) el primer grupo tenía que resolver el problema sin más (acción); b) el segundo grupo tenía que resolver el problema y explicar al final por qué lo habían hecho así (principio de la acción); c) el tercero debería resolver el problema diciendo cada uno lo que iba haciendo sin dar explicación de ningún porqué; d) en el cuarto, además de ir diciendo cada uno lo que iba haciendo, tenían que dar una explicación de por qué lo hacían así. Evidentemente los resultados de estos últimos fueron exactamente los que cabía esperar de ellos: fue el grupo que economizó más energías, es decir, el que evitó más movimientos inútiles, con mucha diferencia.
Esta misma hipótesis fue confirmada también más tarde por los experimen- tos de STERN: estos efectos de ayuda al pensamiento y a la conducta no se producen cuando el lenguaje es utilizado a posteriori, es decir, cuando la acción ya ha sido realizada. Por tanto el lenguaje no es algo que acompaña al pensamiento y a la conducta, sino algo que influye poderosamente en ambos aumentando el rendimiento de los mismos18.