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La enseñanza de la danza en México a nivel superior

CAPÍTULO I. Reconocimiento del escenario

1.2. La enseñanza de la danza en México a nivel superior

La institucionalización de la enseñanza de la danza en México, tanto clásica como contemporánea, tiene una historia relativamente reciente en comparación con otras disciplinas artísticas como la música, la pintura, la escultura, la literatura y el teatro en nuestro país (Flores, 1990; Tortajada, 1995; Acevedo, 2014). La configuración del campo de la educación dancística profesional se ha caracterizado por experimentar un largo proceso de lucha por parte de sus fundadores para ser reconocidos como legítimos artistas e intelectuales, puesto que los bailarines-maestros que fundaron las primeras escuelas formales tuvieron que sortear muchos obstáculos, sobre todo burocráticos, los cuáles pudieron superar para conseguir el apoyo del gobierno y los demás círculos de la alta cultura mexicana (Ferreiro y Lavalle, 2002; Ramos, 2009).

Es en la década de los treinta cuando se funda la primera escuela profesional de danza en la Ciudad de México, en el marco de los gobiernos posrevolucionarios de corte nacionalista que alentaron las manifestaciones folkloristas en busca de una mayor cohesión identitaria a través de las artes. Este intento tuvo un gran impulso gracias al artífice más importante del resurgimiento cultural y educativo de esta época, José Vasconcelos, a través de sus misiones culturales (Carranza, 2003). El posterior desarrollo del movimiento renovador del arte mexicano estuvo a cargo de José Manuel Puig Casauranc, Secretario de Educación Pública en el gobierno de Plutarco Elías Calles (Ramos, 2009). En 1929 ocurre una nueva reestructuración en el Departamento de Bellas Artes; el Conservatorio Nacional de Música y la Escuela de Escultura y Talla Directa se incorporaron a la Secretaría de Educación Pública luego de cinco años de pertenecer a la Universidad Nacional (Ferreiro, 2005).

El primer gran intento de sistematización de la enseñanza de la danza en México fue el proyecto de la Escuela de Plástica Dinámica de Hipólito Zybin, bailarín de origen ruso que realizó una gran labor de difusión de la danza clásica y de formación de intérpretes en escuelas tanto públicas como privadas (Aulestia, 1995; Ramos, 2009). Aunque fue muy breve su existencia, este proyecto fue el antecedente inmediato de la Escuela de Danza de la Secretaria de Educación Pública. Impulsada por el Consejo de Bellas Artes en enero de 1932, con la aprobación del secretario de educación Narciso Bassols, la Escuela de Danza se creó por decreto presidencial el 15 de mayo del mismo año (Ferreiro y Lavalle, 2002). Una vez que se supo que esta escuela tendría auspicio por parte de la SEP, la bailarina y maestra Nellie Campobello manifestó su interés por estar a cargo de su funcionamiento, al igual que el compositor y director de orquesta Carlos Chávez, siendo al final designado Carlos Mérida como su primer director (Ramos, 2009).

El siguiente hito para la danza mexicana y su enseñanza llegaría con la creación del Instituto Nacional de Bellas Artes en 1946 y la designación de Carlos Chávez como su primer director, ya que estos acontecimientos permitieron la actualización de las propuestas de la enseñanza formal de la danza en México, dando pie a la fundación de la Academia de la Danza Mexicana (ADM) en el año de 1947 (Ferreiro, 2005; Ramos, 2009). De esta manera, el Departamento de Danza se constituyó por tres secciones: la de educación, a la que perteneció la Escuela de Danza, cuya función siguió dirigida a la formación de bailarines y

maestros; la de creación e investigación, a la cual fue adscrita la Academia de la Danza; y la de Difusión, encargada del cuerpo de Ballet de la ADM (Tortajada, 1995).

Aunque se acaba de ver que se fundó en 1947, la ADM inició su labor como instancia de formación profesional hasta el año de 1956. Posteriormente, a finales de los 70’s y principios de los 80’s, se creó el Sistema Nacional para la Enseñanza de la Danza, que más adelante se convertiría en la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea (Dallal, 1994; Ferreiro, 2005). Algunos años más tarde surgimiento las denominadas compañías oficiales, como Ballet Nacional de México, Ballet Teatro del Espacio y Ballet Independiente. Este acontecimiento permitió que se crearan nuevos espacios de formación de bailarines, puesto que las escuelas de danza existente se enfocaron en formar a los bailarines que nutrían a los planteles de ejecutantes de estas compañías.

A mediados de los setenta se inició un movimiento de profesionalización de la danza desde los ámbitos de la educación superior, con la aparición de las primeras licenciaturas en Danza Clásica y Danza Contemporánea, ofrecidas por la Universidad Veracruzana y la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea (Cruz, Peredo & Schwartz, 1994). Fue en las décadas de los ochenta y noventa que la enseñanza de la danza a nivel superior cobra más fuerza. Las escuelas pertenecientes al INBA (Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey, Centro de Investigación Coreográfica, Academia de la Danza Mexicana y Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea) mantuvieron su perfil de escuelas a nivel medio superior (Ferreiro, 2005; Cámara & Islas, 2007).

Otro gran parteaguas en la historia de la danza mexicana fue la creación del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de la Danza José Limón (CENIDID) en 1983, institución creada ex profeso para difundir y preservar el legado dancístico mexicano a través de la investigación y la creación de propuestas curriculares de alto impacto en el campo de la danza mexicana (Adame, 1989). La Maestría en Investigación de la Danza fue, por muchos años, el único programa de posgrado dedicado exclusivamente a la investigación de la danza en el país. Aunque está incorporado al INBA, este centro posee el carácter de institución educativa autónoma y sus integrantes realizan investigación y docencia en otras instituciones como la UNAM y la UPN.

Para los primeros años del siglo XXI, varios estados de la república contaban con universidades e instituciones que ofrecían programas de licenciatura en Danza, mientras que

las escuelas del INBA ubicadas en el Distrito Federal se vieron afectadas al continuar ofreciendo a sus estudiantes una formación equivalente a bachillerato técnico; esta situación se convirtió en una preocupación que los maestros de las diferentes escuelas profesionales del INBA demandaban resolver constantemente a las autoridades de la SEP y del instituto.

En los años de 2004 y 2005 se exhortó a las escuelas adscritas al instituto a acceder a ser evaluadas por las agencias acreditadoras de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), los Comités Interinstitucionales para la Evaluación Superior (CIEES) y el Conseja para la Acreditación de la Educación Superior (COPAES). Con ese propósito se organizaron —gracias a la intercesión del CENIDID— cinco reuniones en las que estuvieron presentes funcionarios, investigadores y docentes de las cinco escuelas superiores de danza ubicadas en el Distrito Federal y de los Centros de Investigación de Danza y de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA); funcionarios de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y de universidades públicas y privadas tanto nacionales como extranjeras; así como integrantes de los CIEES, a fin de atender la necesidad de las Escuelas de Educación Superior del INBA de revisar y replantear los criterios y parámetros con los cuales podrían ser evaluadas por los expertos acreditadores. Fue hasta el año 2007 que las escuelas de danza incorporadas al INBA se transformaron en instituciones de nivel superior avaladas para certificar estudios profesionales.

Hasta el momento en que se realiza esta investigación se encuentran consolidados varios programas de licenciatura en universidades públicas y privadas de la Ciudad de México y la república en los estados de Veracruz, Jalisco, Puebla, Michoacán, Chiapas, Hidalgo, Querétaro, Nuevo León, Chihuahua, Sonora y Baja California. El perfil de egreso de estas instituciones se ha diversificado para ofrecer alternativas profesionales como la creación coreográfica, la investigación y la educación dancística.

La formación de profesionales de la danza ha tenido un papel destacado en la consolidación de la danza profesional en la República Mexicana, ya que ha propiciado el desarrollo de bailarines y ha dotado a los nuevos intérpretes de cada generación con las herramientas técnicas y actitudinales que se requieren en cualquier compañía dancística o institución de enseñanza de la danza en el mundo. De los centros que brindan esta formación en México, siempre ha destacado la Facultad de Danza por ser la institución pionera en la educación formal de la danza mexicana y germen de la Universidad Veracruzana.