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Influencias identitarias del microuniverso de la danza

CAPÍTULO IV. Allegro con spirito : voces y acciones de los maestros de danza

4.2. Caracterización de las prácticas docentes de los maestros de danza

4.2.2. Identidad docente

4.2.2.3. Influencias identitarias del microuniverso de la danza

Es de destacar que estas identidades docentes que se perciben en los maestros de danza no provienen de una idealización de la figura docente utópica y descontextualizada, puesto que su proceso de definición identitaria lo han llevado a cabo a partir de modelos reales de la práctica educativa que ocurre en las instituciones de enseñanza, tanto las oficiales como las informales. En vez de ser inspirados por una figura ideal y utópica, estos maestros aspiran a alcanzar un potencial real de desempeño (Ferreiro, 2005; Duval, 2011; Torres, 2017).

Entre los primeros factores de transacción biográfica que tienen impacto en la configuración de la identidad profesional, se puede reconocer al trato y proximidad con los maestros inmediatos, sobre todo los que les dieron sus primeras clases, como figuras de referencia en las que los profesores se vieron reflejados como personas y profesionales. Al igual que en otras investigaciones sobre profesores de danza mexicanos como las de Ferreiro (1999), Saldaña (2010) y Torres (2017), los docentes de ambas academias manifiestan una veneración y aprecio por aquellos maestros que los hicieron enamorarse de la danza y tomar la decisión de dedicarse profesionalmente a la interpretación y la docencia, puesto que se vieron identificados en las actitudes que mostraban estos docentes al dar clase. Samuel, Carina, Beatriz y Juana resaltan a esos:

“maestros apasionados, que se ve que disfrutan dar clases, comprometidos, con la propuesta general y con los estudiantes también, en esta relación que establecen con los estudiantes de un compromiso personal dentro del grupo y con una claridad y una aprehensión de haber interiorizado la propuesta” (Maestra Carina).

De lo que comparten los docentes entrevistados se aprecia que los maestros que impactan de forma inmediata son aquellos que, además de ejercer la profesión de bailarín con excelsitud, transmiten la propuesta danzada de una forma tan clara y fácil de asimilar que logran la aprehensión por el estudiante de una forma casi total e instantánea.

De estos referentes de la danza evocados, los entrevistados también resaltan su calidad humana en el trato con el estudiante así como su actitud de completa disposición al trabajo intenso y comprometido en todo momento, lugar y con cualquier tipo de población estudiantil. Jürgen y Beatriz destacan a los maestros que les mostraron el lado humano del arte dancístico, al mostrar que se debe hacer la danza “con amor y dedicación” (Maestro Jürgen). Un caso muy particular fue recordado por Beatriz, al describir las clases de uno de sus maestros referenciales, quien lograba brindar en una sola sesión la atención adecuada a

estudiantes de diferente nivel de dominio, desde principiantes que nunca habían tomado clases hasta bailarines profesionales. Este evento fue crucial y relevante para ella, ya que al presenciar este excelso desempeño docente se dio cuenta que la danza se podía enseñar a todo el mundo, “porque estamos trabajando con seres humanos, no con máquinas que están afinadas para ciertos niveles” (Maestra Beatriz). Estos testimonios dan cuenta que los grandes maestros de la danza han brillado tanto por sus logros como artistas como por su convicción y compromiso con un ideal educativo bien definido.

Al cuestionarles por los maestros con los que han decidido marcar la diferencia con ellos ahora que también ejercen como enseñantes, la gran mayoría evocó experiencias no muy gratas con maestros tradicionalistas o mecanicistas aunque ya no les guardan rencor ni resentimiento, puesto que el conocer diferentes formas de enseñar y concebir la danza y el arte también les ayudó a forjar su identidad profesional como bailarines y maestros. En palabras de los maestros entrevistados se destacan las evocaciones de Manoella, quien comparte de aquellos maestros “que piden una cosa pero en realidad quieren otra”, práctica muy habitual entre maestros tradicionalistas de ballet de la cual ella se ha desvinculado. Al igual que Manoella, Samuel y Judith reconocen que tuvieron maestros con los cuales no fue agradable tomar clase pero admiten que esa experiencia de conocer una forma de hacer la danza como suele pasar en las escuelas autoritaritas les ayudó a forjar un criterio propio para decidir la manera en que se conducen actualmente como docentes. Lo que sale a la luz con estos testimonios es que es tan importante encontrar oposiciones como identificaciones para definir un modo de ser como artista y maestro de danza.

En la configuración identitaria del ser docente de estos maestros, ha tenido un gran peso la influencia de figuras referenciales en la escena dancística mundial, como la han sido los alumnos y bailarines de las grandes maestras y coreógrafas como Martha Graham y Pina Bausch. Por ser la técnica Graham el estilo dancístico con más historia en México, los expertos en la técnica Graham, sobre todo los alumnos directos de la gran bailarina de Pittsburgh, son los mayores referentes identitarios en los bailarines y maestros que trabajan con técnicas contemporáneas, como se puede apreciar en las palabras de la maestra Beatriz:

“La maestra Christine Dakin ha sido […], vaya, maravilloso conocer a la maestra Christine, que fue primera bailarina de Martha Graham, una técnica que yo aprendí en la escuela, que manejo y enseño, una de las tantas que doy, […] después de su clase yo me quedaba a platicar con ella, y yo la cuestionaba: ‘maestra, es que usted nos dice que aquí las nalgas no se aprietan y a mí me enseñaron a apretarlas y yo toda la vida las he apretado’; me acuerdo mucho que me dijo: ‘Hay demasiadas tensiones en la vida

como para que todavía tensemos el cuerpo’, ¡Paaang!, o esas cosas que ella me decía cuando yo le preguntaba: ‘¿por qué las rodillas así si a mí me enseñaron que iban arriba y usted dice que estén más libres en segunda posición de danza?’, [contestó]: ‘pues porque Martha Graham tenía hiperextensión, entonces ella, en su trabajo personal, hacía las rodillas arriba, pero si tus rodillas o las de tus alumnos no te lo permiten, pues no lo hagas’, entonces ahí empecé a entender la flexibilidad dentro de las técnicas, algo que me habían dicho: ‘así es, aquí y en China’, vi que no era así ni aquí ni en China, entonces mi nivel de pensamiento en el cómo dar la clase se empezó a modificar”. (Maestra Beatriz)

Estas influencias identitarias son de gran impacto incluso para profesores de danza académica, como en el caso de Manoella, quien reconoce tener una reafirmación identitaria como bailarina y maestra de ballet al tener la oportunidad de aprender directamente de varios bailarines y maestros que se dedican a estilos y productos dancísticos más actuales, como Lutz Förster, alumno de Pina Bausch y bailarín en la Tanztheater Wuppertal Pina Bausch :

“[Yo] encuentro que el ballet es tan contemporáneo como cualquier otro, entonces tengo maestros de contemporáneo, tengo maestros de ballet, tengo maestros de teatro, tengo muchos [maestros] músicos, la música tiene como un papel muy importante en mi concepción de lo que hago, este […], ¿quién más te puedo decir?, bueno, Lutz [Förster], cuando vino aprendí muchísimo, de esa visión que tienen ellos en Alemania y he tenido muchísimos maestros, muchísimos, entonces yo siento que un solo maestro no, o sea tengo muchos maestros que me han dejado cosas que eventualmente tomo y dejo”. (Maestra Manoella)

Estas evidencias mostradas sobre las diferentes identidades docentes que advertí, me llevan a la conclusión que no existe una etiqueta que englobe las diferentes formas de ser como profesionales de la danza y la docencia de estos maestros tal como las proponen los referentes citados en el marco teórico como Blin (1997), Pérez Gómez (2004), Day (2006) o Tardif (2009), ni que algún maestro tenga una identidad profesional constante en todo momento, puesto que es posible que un maestro se manifieste con una fuerte convicción de transformación social en su discurso y al mismo tiempo admita recurrir a medidas tradicionalistas y rigoristas que en ciertos momentos son necesarias para generar un ambiente de trabajo adecuado en el aula, como en el siguiente ejemplo:

“[…] me gusta tener un trato de igual a igual con los alumnos, sin embargo a veces eso podría causar conflicto en cómo se dirigen a ti, entonces sí hay que poner como un alto a esas cosas, como estructura de ‘oye, a ver, sigo siendo tu maestra, sigo siendo la que guía la clase’”. (Maestra Juana)

Esta expresión, que puede parecer contradictoria a simple vista, refleja la complejidad que alberga el ejercicio de la enseñanza en una actividad artística tan demandante como lo es la danza, y es aún más compleja en un entorno institucional que tiene que rendir cuentas a distintas instancias de control burocrático. Es por esto que recurro a una categoría no utilizada

para identificar a los docentes hasta ahora en la literatura especializada en didáctica: el docente-actor plural.